Excmo. señor ministro de Estado
(México)
Excmo. señor:
El ministro de Negocios Extranjeros me llamó el 23 del corriente y me dijo que el Sr. Gwin de California solicitó una audiencia del emperador Napoleón y tuvo la honra de presentar a S. M. un proyecto de colonización de la Sonora; que S. M. dio ese proyecto a Mr. Drouyn de Lhuys y que este último me lo entregaba a mí, manifestándome repetidas veces que no lo hacía para recomendármelo, sino únicamente para que México tuviese conocimiento de ello y supiese a qué atenerse.
Yo contesté a S. E. que la colonización de la Sonora es negocio vital para México pero que, siendo un departamento fronterizo, tendríamos que ir con muchísimo cuidado y delicadeza en la elección de la raza que deba poblarlo, sobre todo, respecto de los americanos del norte, para no exponerse a lo que acaeció con Texas, a pesar de todos los ofrecimientos y muestras de simpatías con que, por ahora, nos brinden los estados confederados del sur.
Aprobó S. E. mi modo de ver y añadió que había, además, otro proyecto de colonización -sin fijar el departamento-, debido a la iniciativa del joven miembro católico del parlamento inglés, Mr. Hennessey, el famoso defensor de la Polonia.
Propone este señor hacer que todos los irlandeses que hasta la fecha emigran a los Estados Unidos, lo hagan en lo porvenir a México, con sus familias y sus curas, etc., etc., y casi sin que nada cueste al erario; pero para esto necesita de hacer un convenio con el gobierno.
Contesté que daría cuenta de esto a V. E.
Ahora me permitiré decir a V. E. que por lo mismo que la Europa entera contempla codiciosa esa hermosísima provincia de Sonora -que encierra tantas o más riquezas que California- es mi opinión, fundada en datos serios y casi oficiales, que convendrá mandar a dicho departamento un cuerpo escogido y a las órdenes de un general de confianza para observar la frontera y conservar siempre bien demarcados los límites que los estados del sur puedan borrar fácilmente, si por recibirlos como amigos, tuviésemos la funesta condescendencia de dejarlos colonizar la frontera y esto lo digo a V. E. por el conocimiento que, repito, tengo de lo que debemos temer del sur, a pesar de la amistad que hoy nos ofrece.
Este es uno de los asuntos más graves, cuya resolución no puede hacerse esperar.
También me dijo Mr. Drouyn de Lhuys, que había hecho observar al representante de los Estados Unidos la contradicción que había entre el voto dado por el congreso de Washington y las seguridades del gabinete de no mezclarse en la cuestión de México y que Mr. Dayton le contestó que, sin desconocer la importancia que ese voto podía tener, aprobado por unanimidad convenía en que se habían abstenido de votar como cien diputados.
Aun antes de conocer aquí la resolución del senado de Washington, que no ha dado curso a la resolución de la Cámara de diputados, nadie se había alarmado aquí por no ver en este voto influencia alguna en el gobierno de Washington, ni posibilidad de darle una aplicación práctica.
Fuí a visitar a Mr. Dayton, ministro de los Estados Unidos, que está gravemente enfermo y, no pudiendo recibirme, quiso, sin embargo, que yo le dejara mi tarjeta oficial.
Adjunta hallará V. E. copia del proyecto de Mr. Gwin, que me confió S. E, Mr. Drouyn de Lhuys, el cual contiene proposiciones inadmisibles para México, que asombra cómo han podido presentarse.
Sírvase V. E. aceptar las protestas de mi alta consideración y aprecio.
José Hidalgo
Fuente:
Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.
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