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Siglo XIX > 1860-1869 > 1863

Hernández y Hernández razona su renuncia al gobierno de Veracruz.
Tlapacoyan, diciembre 28 de 1863.

Sr. Presidente Constitucional de la República Mexicana, don Benito Juárez

San Luis Potosí

Donde se halle

Muy estimado compañero y amigo de mi respeto:

Hoy elevo oficialmente por conducto del ministerio de Gobernación mi renuncia del cargo de gobernador y comandante militar de este estado. (Ver Nota 1)

Suplico a usted muy encarecidamente me la admita persuadiéndose de que son muy poderosas las razones que me mueven a dar este paso; muy sensible me sería que usted lo atribuyese a tibieza de patriotismo o desaliento y espero me hará usted la justicia de creer que siempre me han animado y me animan los más ardientes deseos de servir a mi país y ser útil al suelo en que nací.

La situación a que hemos llegado hace, sin embargo, más difícil, si no imposible, mi permanencia en el poder y, para probarlo a usted y esforzar las razones en que fundo mi renuncia, añadiré en esta carta algunas otras, aunque brevemente, a fin de no distraerlo de más preferentes e interesantes atenciones.

Yo espero que el comisionado que acredité últimamente cerca de usted, le habrá hecho una pintura exacta y fiel de mi situación y la del estado y que usted se habrá persuadido de la necesidad que me obligaba a solicitar la mayor suma de facultades para poder dominar esa situación.

Esa necesidad es hoy más imperiosa que nunca; pero existe también otro mal de graves trascendencias que es necesario cortar muy pronto, puesto que envuelve en sí la pérdida de nuestro estado.

El fraccionamiento de éste por la presencia del enemigo en muchas de sus partes era ya un obstáculo terrible para comunicar sus órdenes; hoy que están ocupadas nuestras principales ciudades, aislada la costa de Sotavento, cuyos elementos se emplean para rechazar a los invasores, por aquel lado; hoy que Pavón, que manda en los cantones del norte, norma sus procedimientos tan sólo para las órdenes e instrucciones que recibe del gobierno general, la acción y representación del ejecutivo del estado queda limitada a cuatro poblaciones insignificantes como Papantla, Misantla y ésta que no produce recursos ni para mantener a sus autoridades locales.

El papel que representa el gobierno del estado no sólo es triste, sino ridículo; su deber es antes que todo defender la integridad de su territorio y, cuando para ello son nulos los recursos que produciría el que se halla libre del invasor, no puede disponer de ellos porque las órdenes supremas han dado diversos destinos a esos únicos recursos.

Hasta ahora no he querido ni por una vez desvirtuar el efecto de esas órdenes, a semejanza de otros gobernadores que lo hacen, escudados por la necesidad y por la distancia a que se hallan del gobierno; usted me conoce y sabe que antes que violar una disposición suprema, habría preferido abandonar el puesto, como hoy lo hago.

El resultado es que el gobierno del estado no cuenta ya con los ingresos que producen los cantones del norte, únicos de que podía sacar recursos; que no puede tomar cuenta de la inversión de ellos; que no puede dirigir la marcha pública, cuando hay entidades que reconocen otra autoridad que la suya y que no puede, siquiera, dar de comer a las pocas tropas con que procura hostilizar al enemigo, para ver si se recobra parte del terreno que éste lograba dominar.

Oficialmente también y por conducto del ministerio de Hacienda, hablo a usted acerca de la inconveniencia de que los empleados federales sean absolutamente independientes del gobierno del estado.

De aquí se originan tropiezos y abusos que ninguno mejor que éste podría remediar y además de los casos que cito en mi nota, referiré a usted otro que demuestra la ineptitud del Sr. Soto, administrador de la aduana de Tuxpan, y que daría por resultado que el tesoro pierda una suma de mil y pico de pesos que hubiera podido aprovechar mejor.

Es el caso que Soto envió esa cantidad al Gral. Prieto, cuando aquél era gobernador y en vez de hacerlo por las oficinas de la ley, se la remitió como particular en una libranza que el Sr. Prieto cobró y con cuyo importe se quedó, sin que esta sustracción haya sido justificada siquiera con un asiento.

Informado yo por el mismo Soto de la remisión de la libranza, ignorando que hubiese sido cobrada, exigí su pago al girador, el cual lo verificó y ahora reclama justamente por habérsele hecho pagar doble.

El vicio de la conducta de Soto, consiste en que procedió como particular, cuando debió hacerlo en su carácter de administrador y no haber distraído esa suma de las oficinas en que debía ingresar.

No sólo Soto, todos los demás empleados federales se creen autorizados para desvirtuar las órdenes del gobierno del estado; ellos se abonan sueldos, cuando hay otros empleados que no tienen para comer, cuando la tropa anda en campaña desnuda y sin socorros.

Este mal necesita también una pronta corrección.

Constante y diaria es mi lucha para poder sostener una corta sección -200 hombres- que al mando del coronel Milán tengo situada en Tlacolula, hostilizando diariamente a los traidores de Jalapa; nuestras tropas desnudas y en un clima crudísimo en la estación actual, sufren privaciones de todas clases, aumentando mi desesperación, por no poderlas aliviar, si no es parcialmente.

Yo agradezco a usted profundamente la justicia que me hace en su favorecida que me entregó el Sr. Mata, disponiendo que sea yo repuesto en el gobierno del estado.

El Gral. Díaz, según las últimas noticias, había llegado a Tehuacán y desde luego he procurado ponerme en comunicación con él, para obrar de acuerdo con las órdenes e instrucciones que trae.

Celebraré que una de ellas fuese la autorización para nombrar la persona que debe remplazarme.

Para concluir, manifestaré a usted que nada he exagerado en esta carta; he hablado a usted con franqueza y verdad, porque he deseado siempre corresponder a la bondad y confianza que usted me ha dispensado.

Ni he aspirado ni aspiro más que a ser útil a nuestra causa, pero mi buena voluntad de nada sirve cuando no cuento con ningunos elementos para hacerla efectiva.

Reitero a usted por lo mismo, la súplica que hago y entretanto me ofrezco como siempre a sus órdenes afectísimo amigo y atento servidor.

Francisco Hernández y Hernández

Nota:

1. Veracruz.

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.