Buscar en  
  Página principal

  Conquista

  Independencia

  Revolución

  Siglo XXI

  Siglo XX

  Siglo XIX

      1890-1899

      1880-1889

      1870-1879

      1860-1869

          1869

          1868

          1867

          1866

          1865

          1864

          1863

          1862

          1861

          1860

      1850-1859

      1840-1849

      1830-1839

      1820-1829

      1810-1819

      1800-1809

  Siglo XVIII

  Siglo XVII

  Siglo XVI

  Siglo XV

Siglo XIX > 1860-1869 > 1862

Remedios Meza explica que sólo él puede recoger las armas depositadas en la Tarahumara.
Zacatecas, diciembre 17 de 1862.

Señor don Benito Juárez

México

Muy señor mío y de mi respeto:

Por el correo de ayer ha venido a ésta, y he recibido hoy la muy apreciable de usted fecha 12 del próximo pasado, y la que creo habría sido detenida en el camino en virtud de los sucesos de Aguascalientes, que desde el 16 del mismo a la fecha no han cesado e, impuesto de su contenido, me apresuro a contestarle suplicándole muy encarecidamente preste su atención a mi dilatada y sincera carta, pues necesito en ella dar a usted una explicación, a la que de la mejor buena fe, espero sea acogida por usted como emanada de un verdadero deseo de servir a mi patria.

En su ya citada me dice usted, señor presidente, que siendo sólo mi nombramiento de comandante militar de Durango el que presentó las dificultades al desempeño de mi comisión en aquel estado, aquellas autoridades, sin que vaya investido de tal carácter, me prestarán todos los elementos de fuerza y recursos que necesite para transportar el armamento, que a cuyo efecto se les tienen libradas las órdenes respectivas para tal objeto, para que vaya yo o mande a otra persona de mi confianza por dicho armamento.

El señor gobernador de Durango nada me ha dicho sobre este particular y, por lo mismo, creo que de todos modos se rehúsa a que se presente en aquel estado.

Muy sabido es que si me hubiese sido posible el mandar a otra persona a esta comisión, lo hubiera hecho desde esa capital, pues que, por ningún otro motivo que prestar un positivo servicio a mi gobierno y a mi país, no me hubiera separado un instante del señor Patoni, a quien por mil títulos le soy obligado, y mi primer deseo en este mundo es resguardar la vida de este hombre a costa de la mía.

Hago a usted esta explicación; porque el mismo señor Patoni sabe que sin mi presencia no será entregado el armamento, lo mismo que hice presente con todas las causas que lo motivan al señor ministro de la Guerra y que hoy, para que no se atribuya a otra cosa, me es forzoso explicarlo a usted.

Sabido es que este armamento lo hice venir del extranjero por encargo del señor Patoni, cuando este señor luchaba con Ramírez y Cajen; sabido es también que lo puse en camino para el estado de Durango, cuando el señor Patoni se hallaba en marcha para la Flor y que en virtud de la derrota que sufrió en aquella jornada, el armamento no pudo llegar a Durango, quedando éste depositado en la Sierra en unión de 48 cargas de parque y 500,000 cápsules.

Posteriormente chocamos don Plácido Vega y yo, por cosas que omito decir, porque lo deshonraría demasiado; en este caso me retiré de Sinaloa, para mi estado natal, en circunstancias que el bandido Cajen gobernaba a Durango y previniendo que uno u otro de mis enemigos podrían echarse sobre el repetido armamento y como hubiese visto el pago de mis no pequeños servicios y fuertes sumas prestadas al estado de Sinaloa, no quise levantar más gente y me resolví quitar del alcance de ambos individuos los elementos de guerra ya mencionados, transportándolos a Chicorimpa y poniéndolos bajo la salvaguardia del general de la Tarahumara alta, temeroso de caer como sucedió el caso en las manos de algunos de los dos enemigos y que éstos me hiciesen firmar una orden de entrega, ordené a Vicente, que (a) menos que yo no fuera personalmente por el repetido armamento no fuese entregado, y que si yo moría lo entregase, al señor Patoni.

He aquí, señor presidente, por qué me fue forzoso separarme del señor Patoni, y he aquí por qué no puedo dar a persona otra alguna, ni aún mis propios hermanos, esta comisión, pues conozco el carácter del indio que deposita este armamento y que no lo entregará bajo ningún otro pretexto.

El señor gobernador de este estado me ha tratado de comprar el armamento; le he manifestado la mejor disposición para vendérselo, pero este señor desea se lo sitúe aquí y le he hecho presente la imposibilidad en que me encuentro para transportarlo de donde se halla a este estado, porque o caía en manos del señor Silva y perdía su importe o en los de más de 500 bandidos que hay hoy en aquel estado, con las que se harían fuertes y tendríamos esa doble plaga, pero el señor Cosío me ha dicho que él podrá mandar fuerza armada a que lo traigan y mi contestación ha sido decirle que estoy pronto a ir a entregar ese armamento a la persona que guste mandar, lo que servirá a usted de inteligencia.

He dado el debido cumplimiento a las órdenes que con fecha 8 del próximo pasado se me dirigieron por el ministerio de la Guerra, para que entregara al gobierno de este estado los pertrechos y equipos que había agenciado para el mejor desempeño de mi comisión, cuya copia del inventario adjunto a usted.

Al señor ministro de la Guerra le remití las listas de revistas, estados de fuerza y presupuesto de la compañía que levanté, y que se dio de baja por orden de la misma fecha 8; el señor ministro me ofreció en dichas comunicaciones que se me daría una paga de marcha para mí y mis oficiales, la que hasta esta fecha no he recibido.

Nada diría a usted, señor presidente, en este respecto, si mis circunstancias hoy no fueran tan precarias y tuviese los recursos suficientes para pagar los compromisos que me he contraído y poder moverme de este estado, o ya para incorporarme a mi brigada o ya para volver al seno de mi familia, si mis servicios no son ya necesarios; pero, repito, que no me es posible pagar más de 2,500 pesos que debo y que gasté en los objetos y gastos ya indicados.

Por lo expuesto, suplico a usted se digne dar sus superiores órdenes para que se me pague aquí esa suma y se me den los auxilios con qué poder marchar a esa capital a rendir mis cuentas.

Soy de usted su muy adicto y seguro servidor, que atento b. s. m.

Remedios Meza

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.