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Siglo XIX > 1860-1869 > 1862

González Ortega hace grave denuncia contra Comonfort.
Zaragoza, diciembre 26 de 1862.

Señor presidente don Benito Juárez

Mi querido amigo:

El señor general Comonfort puso algunos agentes por estos puntos con el objeto de que le trasmitieran noticias respecto de los movimientos del enemigo.

Presté mi aquiescencia a esta medida más bien por deferencia al señor general Comonfort y por conservar con él armonía y buena inteligencia, que porque la creyera de utilidad, atendiendo a que ninguna persona, sean cuales fueren los gastos que haga, puede tener los medios que yo para adquirir noticias respecto del enemigo.

El resultado de esto ha sido que he recibido ya distintas quejas de dichos comisionados, y algunas de ellas sobre asuntos serios y graves, si bien he creído que esas quejas sólo las ha motivado la tontera y la imprudencia de los referidos comisionados; pero lo que sí hay de cierto es que esas mismas imprudencias como la de que será presidente "dentro de muy poco el señor Comonfort", "que hay un partido poderoso en la capital y el interior que trabaja en este sentido para que de la misma manera se resuelva la crisis actual", introducen naturalmente la desconfianza entre nuestros jefes y nuestro ejército, y así lo he estado viendo de las preguntas que por medio de comisionados me han hecho muchos de los citados jefes.

Esa desconfianza que tonta o maliciosamente se anda sembrando, nos produce dentro de poco o un escándalo o un desquiciamiento entre nosotros que nos haga perder la situación con mengua del honor nacional.

Hay ciertas tendencias embozadas que se están dejando entrever y que, si bien son irrealizables en el terreno de la política, son sí suficientes para traernos todos los males posibles.

Para quitar todo motivo de disgusto, y conciliando la buena armonía que debe existir entre nosotros para hacernos fuertes con las medidas que exige la situación, he quitádoles a los referidos comisionados toda intervención en el telégrafo por lo que respecta a dar noticias de los movimientos del enemigo, y negándoles los pasaportes para que sus exploradores pasen a los puntos ocupados por el enemigo, pues, repito, que la conducta observada por aquellos hombres, los ha hecho ya sospechosos ante nuestros jefes, y de esta manera obligarlos a que se retiren sin disgustar al señor Comonfort.

No creo que este señor tenga participio en lo que le he dicho a usted, pero sí sus necios partidarios.

Soy ajeno de chismes, como usted lo sabe, y despreció todo aquello que lleva el sello de una vulgaridad: mas lo que ahora le refiero no tiene ese carácter sino algo más grave y serio.

Le acompaño a usted una carta que me escribe el agente que tengo en Acatzingo para que reciba todos los pliegos que me vengan de nuestro campo y me dé por el telégrafo las interesantes; esa carta impondrá a usted de todo lo que le he dicho.

El partido conservador trabaja sin descanso para proporcionar a los invasores medios de transporte y víveres; mas he comenzado a proceder contra ellos con todo rigor, despreciando aun las recomendaciones de nuestros más queridos amigos.

Aunque usted me dice que me atacarán el día 19, yo creo que no tendrá esto lugar hasta dentro de un mes, pues la actitud que guardan los invasores indica claramente que esperan un desquiciamiento entre nosotros, desquiciamiento que provocan por todos los medios posibles los conservadores, ayudados por nuestros candorosos partidarios, más claro, por los que creen que llegó la hora del partido moderado.

Le he dicho a usted todo esto para que de una manera sorda haga que el señor Comonfort retire a sus comisionados, ofreciéndole que puede contar con todas las noticias de movimientos del enemigo.

A multitud de razones que usted puede alegar sobre esto, no sería por demás que le manifestara al mismo señor Comonfort, que la permanencia de comisionados en este ejército para que den noticias, indica que no se tiene confianza en ese ejército o en el jefe que lo manda.

Con el carácter también de muy reservada, manifiéstele usted ésta y la que le acompaño al señor ministro de la Guerra.

Ambas explicarán a dicho señor mi telegrama de hace tres días.

El asunto de que se ocupa esta carta, es el principal objeto que lleva este extraordinario; pero ostensiblemente he querido manifestar que va con el objeto de llevarle a usted el decreto que le acompaño; así me supongo que lo hará usted entender a los curiosos de ésa.

Deseo que sea usted feliz y que mande a su amigo lo que sea de su agrado.

Jesús González Ortega

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.