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Siglo XIX > 1860-1869 > 1862

González Ortega expide un decreto inconveniente.
Zaragoza, diciembre 26 de 1862.

Señor presidente don Benito Juárez

México

Mi apreciable y querido amigo:

El partido conservador está trabajando aquí con bastante actividad, siendo la base de sus trabajos las comunidades de monjas, que existen con tal carácter, en casas particulares; esto, la idea de consumar la reforma en esta importante parte de la República, en la que ha estado estacionada hasta cierto punto, y como un medio para proporcionarme recursos y hacerle frente a tantas atenciones que tengo, todas graves y de la mayor preferencia, me han impelido a expedir el decreto que le acompaño; de los objetos que le indico y que han motivado esta medida, no sé cuál de ellos sea preferente al otro.

He querido, con golpes de audacia y enérgicos, desconcertar al partido conservador, que es una minoría nula insignificante hoy, pero que ensanchará su círculo a proporción que nos vea débiles y sin vigor en el terreno de la política.

Esos mismos conservadores nos han metido 500 mulas a Orizaba para proteger a los invasores, digo, a Chalchicomula; el general Álvarez aprehendió en otras dos partidas, poco más de 200 que iban con el mismo objeto, y el gobernador de Tlaxcala acaba también de aprehender más de 600 que se les remitían a los mismos invasores; para corregir estos males he dictado las órdenes más enérgicas y concluyentes, que serán cumplidas al pie de la letra y no es remoto que en virtud de ellas sea mañana, pasado por las armas un rico propietario de Chalchicomula.

Mi decreto, pues, lo he creído conveniente, político y de la época y, sobre todo, propio para desquiciar al partido conservador.

Déle usted, pues, este carácter y no el de imprudente, pues lo he meditado y, repito que lo he creído conveniente, porque estoy palpando las tendencias del partido conservador que comienzan a agitarse y es por lo mismo necesario matarlas enérgicamente en su cuna.

He dispuesto que los ganados y semillas que se hallan en puntos que ocupará dentro de poco el invasor y que no han sido retirados por sus dueños, con frívolos pretextos, pero con miras bien dañadas, se repartan a los pobres.

Estas medidas de rigor nos presentarán ante los invasores como hombres que tenemos la conciencia de que mandamos y de que para ello contamos con la fuerza moral de la nación.

No le pido a usted la aprobación del referido decreto, pues sólo me limito a suplicar a usted y a la Diputación permanente, por conducto de usted mismo y de una manera particular, que se sirvan guardar silencio respecto del mismo decreto, que no me cansaré de repetir a usted que lo he creído de alta política y conveniente en sumo grado.

Las cartas que le acompaño y los pliegos que dirijo al ministerio de la Guerra, le impondrán a usted de cuanto le he dicho respecto de acémilas y víveres.

Lo saluda a usted su amigo.

Jesús González Ortega

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.