Siglo XIX
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1860-1869
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1862
El general Juan N. Almonte a los mexicanos.
Córdoba, abril 17 de 1862.
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Compatriotas:
Hace algunos días deseaba dirigiros la palabra para informaros del objeto de mi venida a la República; pero la circunstancia de estar pendiente una amnistía y encontrarme bajo la protección de las armas francesas no me permitía hablar y me obligaba a esperar la oportunidad de hacerlo.
Ahora que los representantes de Francia se encargan de la situación y manifiestan los verdaderos deseos de los gobiernos aliados, creo de mi deber romper el silencio que había guardado contra mi deseo, el cual ha sido un pretexto para que los enemigos del orden abusen publicando proclamas apócrifas.
Al regresar al seno de mi patria os diré que no vengo animado de otros sentimientos que los de contribuir a la pacificación de la República y de cooperar al restablecimiento de un gobierno nacional, de verdadera moralidad y orden, que acabe para siempre con la anarquía y dé suficientes garantías para las vidas y propiedades, tanto de los nacionales como de los extranjeros.
Extraño a la lucha sanguinaria que por tantos años ha desolado nuestro hermoso país, escandalizando al mundo entero, al grado de llamar seriamente la atención de las grandes potencias de la Europa occidental, mis esfuerzos siempre se dirigirán a procurar la reconciliación de nuestros hermanos y a desterrar de entre ellos el odio y disensiones.
Afortunadamente, para obtener tan doble objeto, no tengo venganzas que satisfacer ni recompensa alguna que pedir.
Suficientemente recompensado por la nación, por los servicios que fueron de mi deber prestarle, antes y después de su independencia, mi solo deseo, por ahora, es el de poder ofrecer el último y más importante, antes de descender al sepulcro y ese servicio es el de procurarle la paz de que ha sido privada por tanto tiempo.
Por otro lado, teniendo razón de saber, como sé, los deseos de los gobiernos aliados y particularmente los de S. M. el emperador de los franceses, que son los de ver restablecido en nuestro desgraciado país -y por nosotros mismos- un gobierno firme de moralidad y orden, que haga desaparece el merodeo y vandalismo de todos los rincones de la República y para que el comercio adquiera las inmensas ventajas que ofrece nuestro fertilísimo suelo por su natural riqueza y su posición geográfica, he creído conveniente apresurarme a explicaros esas intenciones que, por otra parte, envuelven a la idea filantrópica de hacer efectiva y duradera la independencia, la nacionalidad y la integridad del territorio mexicano.
Para el establecimiento de un buen orden de cosas, deberéis confiar en la eficaz cooperación de Francia, cuyo ilustre soberano hace sentir siempre su benéfica influencia en todas partes donde haya que hacerse prevalecer una causa justa y civilizadora.
Mexicanos, si mis honrosos antecedentes, si mis servicios prestados a la patria, tanto en la gloriosa guerra de nuestra independencia como en la dirección de su política en los distintos períodos en que ha formado parte de nuestro gabinete y representación a la nación en el exterior; si todo esto, repito, me hace acreedor a vuestra confianza, unid vuestros esfuerzos a los míos y os seguro que pronto obtendremos el resultado de establecer un gobierno adecuado a nuestra naturaleza, necesidades y creencias religiosas.
Os lo asegura vuestro compatriota y gran amigo.
Juan N. Almonte
Fuente:
Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.
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