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Siglo XIX > 1860-1869 > 1862

Doblado recibe malas noticias sobre la conducta de Plácido Vega.
Mazatlán, diciembre 23 de 1862.

Señor general don Manuel Doblado

Guadalajara

Mi estimado señor:

El día 19 del presente llegué a este puerto y desde luego dirigí al señor don Plácido Vega una carta, la que me fue contestada el siguiente día y ambas en copia tengo el honor de acompañar a usted.

Antes de ayer por la noche vino a mi alojamiento el señor Vega y me confirmó en lo verbal lo que me había dicho ya antes en su citada carta y es que no oponía ningún obstáculo para que ejerciere las funciones del empleo con que me ha honrado ese cuartel general; sin embargo, en la conversación desligó este señor la idea de que para mover su contingente necesitaba el haber de dos meses y además 15 días de rancho para su fuerza, en el concepto de que si yo le cubría esta necesidad, a los 15 días pondrá en marcha la brigada.

No me fue posible desentenderme de tratar el negocio, pues aunque promovido por accidente, en el fondo comprendí que era la esencia.

Le indiqué me presentara un presupuesto general de lo que pedía y que luego que supiese el estado de las rentas le contestaría definitivamente sobre el asunto.

En mi concepto, ésta es una exigencia solapada de $ 50,000, que por lo mismo que es muy difícil conseguirlos, se me ha propuesto a fin de rodearme de dificultades y de ahí tomar un pretexto para desconocerme, declarándome un obstáculo para marchar y señalándome como un escollo ante el que no puede contenerse el jefe del Estado; mas no obstante esto, voy a hacer los más grandes esfuerzos para conseguir los recursos puramente necesarios a fin de que pueda movilizar el contingente y lograr así su salida del estado, que es lo esencial, y no omitiré medio de hacerle rebajar su enorme exigencia, mostrándome condescendiente a fin de evitar que presente objeciones.

Sin embargo, no confío mucho en tener buen éxito, pues el señor Vega está acostumbrado a manejar las rentas federales sin restricción alguna, y creo que se aprovechará del menor incidente para continuar como hasta aquí, porque al fin ya se acostumbró a ver estos recursos como propiedad de su gobierno.

Como me temía, me he encontrado que dos buques de los que vienen con expediciones europeas han descargado ya, y el señor Vega ha dispuesto de todo sin quedarle nada, supuesto que aún necesita para mover el contingente, no obstante que dichos buques han producido de derechos como $ 180,000, después de hacer la rebaja de 40%.

Debo advertir a usted que de los derechos de estos buques, se han depositado en la casa de Echeguren $ 20, 000 a disposición del gobierno general y $ 31,000 se han remitido a California para compra de vestuario y una pequeña cantidad de armamento.

Antes de ahora también se habían mandado a México $ 10,000, de que ya dispusieron.

En la entrevista que he referido a usted, hice punto omiso el de los derechos que ha percibido el gobierno de Sinaloa sin pertenecerle y he dejado pasar todo como desapercibido, para que no se tomara como una hostilidad, pues en todo deseo ser prudente; pero no se me escapó oponerle como una razón poderosísima contra la penuria de que se queja, el qué había hecho de las fuertes cantidades que ha recibido no hace ni un mes apenas.

También una idea que no debe perderse de vista y que desde luego señalo a la atención de usted, me hizo abstenerme de toda recriminación, y ésta es la de que aún faltan cinco buques de las expediciones europeas y los derechos de ellos, tomando con anticipación las precauciones necesarias, pueden ser un buen recurso de que usted dispondrá, si desde luego pone usted en práctica los medios de conseguir una perfecta subordinación del señor Vega, lo cual si no imposible, bien difícil de lograr.

Esta aserción lejos de ser aventurada es, por el contrario, la más triste verdad, pues este señor está viciado completamente y ha adquirido la costumbre de hacer imperar su voluntad sobre todo.

Demasiados antecedentes tiene usted para juzgarlo, para que tenga yo nada que añadir.

A fin de que usted, tan buen apreciador de las cosas, tenga una idea exacta de esta situación y pueda usted ir a su objeto directamente, le diré que mi recepción como visitador no es el acatamiento, la subordinación a los mandatos superiores, ni siquiera un arranque de patriotismo dictado por las angustias de la patria; no, el resultado no tiene por origen ningún objeto noble: es, sí, la concesión hecha por temor al jefe que se presenta en Jalisco e incontinenti se encarga del gobierno y todo se le subordina; al temor de ese mismo jefe que de los elementos de emergencia saca medios de acción para robustecer su poder e investir de un gran prestigio al supremo gobierno; al temor de que ese mismo jefe pacifique a Tepic y destruya esa muralla dejando descubierto así al gobierno de Sinaloa que se encontraba parapetado y al abrigo de toda corrección, pudiendo permanecer en la más irrespetuosa desobediencia, no obstante ser una de las épocas más aflictivas para el gobierno general y para la patria.

Sin abrigar ninguna idea bastarda, sólo me expreso así animado del deseo de que usted tenga un exacto conocimiento de esta situación que a mi entender no ha cambiado, y que sólo se ha procurado, al recibirme, ganar tiempo y emplazar la cuestión para más tarde, dejándome por lo pronto ejercer las funciones de mi encargo.

Los empleados que ocupan los principales puestos, nombrados como lo son por el señor Vega, espero removerlos con la mayor prudencia, exigiéndoles las fianzas, pues usted comprenderá que están ligados a él por la gratitud y no sería conveniente, conocida esta circunstancia, dejarlos, pues seguramente más tarde o alguna vez que apelara a ellos, no sería desoído. Lo que ciertamente es un mal.

No puedo concluir la presente sin insistir en manifestar a usted que mientras haya temor habrá obediencia; que si Tepic se pacífica y usted insiste en llamar al señor Vega con el contingente, lo que no dudo, podrá usted conseguir que vaya con sus 2,000 hombres y entonces ejercerá usted un mando efectivo aquí; pero si la acción directa sobre esto se retarda y hace ilusoria, ilusoria será también la obediencia del señor Vega a ese cuartel general.

Confío en que abiertas las comunicaciones por Tepic, tendré ocasión de dirigirme a usted con frecuencia y con mejores datos ponerlo al corriente de lo que pase en este puerto, esperando, con política, salvar por mi parte hasta el último momento la situación usando de prudencia, sin que por esto, en caso necesario, deje de manifestar la energía que corresponde a la mano de usted.

Soy suyo.

Juan de la Peña

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.