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Siglo XIX > 1860-1869 > 1862

Discurso pronunciado por el Presidente de la República en la clausura del Congreso de la Unión.
Diciembre 15 de 1862.

Ciudadanos diputados:

Así como para congregaros en este augusto recinto, venísteis de todos los estados de nuestra confederación, sin que el peligro de la cosa pública inspirase otra consideración a vuestros ánimos que la del engrandecimiento de los deberes anexos a la señalada confianza que del pueblo mexicano merecisteis; así, también, a medida que la crisis política se ha hecho más violenta y amenazadora, os habéis consagrado asiduamente al desempeño de vuestras altas funciones.

La sola interrupción que ha podido notarse en las tareas legislativas de este Congreso, fue causada por el noble y patriótico deseo de dar la mayor solemnidad y prestigio a la recompensa de los intrépidos soldados que con sus hazañas inmortales conquistaron en todo el país una admiración duradera como él mismo.

El voto de confianza con que honrasteis al gobierno de la República, satisfizo la más imperiosa exigencia del servicio nacional en el rudo conflicto que nos ha suscitado la palmaria injusticia del emperador de los franceses.

Y el manifiesto que dirigisteis luego a la nación es no sólo un momento preciso de lógica y de saber que pulveriza los sofismas del invasor extranjero, sino también modelo de dignidad republicana, que debió hacerle comprender la viril resolución de México para sostener su autonomía y su honor o perecer en la demanda.

Los bravos guerreros que cooperaron poderosamente a la victoria del 5 de mayo, bien peleando contra las huestes traidoras, auxiliares de los franceses, bien manteniéndose firmes y prestos al combate en la plaza de Puebla, obtuvieron de vosotros el premio de qué se hicieron acreedores.

Pasasteis también leyes aconsejadas por la sana política, en orden a los traidores y a los actos de sus bastardas autoridades.

Sobre los prisioneros hechos al enemigo fijasteis la conducta de este último como regla de la que estábamos determinados a seguir; expediente irreprochable para nuestros invasores y que, sobre no atraer mal ninguno sobre personas extrañas a la guerra, es él solo capaz de forzar a los jefes de la expedición a respetar la ley de las naciones, que ellos han tenido el arrojo de quebrantar.

Pienso que no me equivoco al considerarme un órgano fiel de la opinión general, cuando elogio estos actos legislativos.

Cerráis el primer período de vuestras sesiones, precisamente e día designado por nuestra Carta Fundamental.

Esta regularidad tranquila y perfecta, esta marcha imperturbable y digna de la primera potestad mexicana, es una nueva y terrible lección para el enemigo que, tan a menudo y tan miserablemente, se ha engañado augurando nuestra pronta y afrentosa disolución.

Alentad, ciudadanos diputados, en el seno de vuestras familias la más profunda seguridad de que el gobierno se esforzará con diligente solicitud en corresponder a la expectación del país y de sus dignos representantes, defendiendo a todo trance la independencia de la República y sus hermosas instituciones.

Diciembre 15 de 1862

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.