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Siglo XIX > 1860-1869 > 1862

De la Peña informa sobre Plácido Vega.
Mazatlán, diciembre 23 de 1862.

Señor general don Manuel Doblado

Guadalajara

Mi estimado señor:

Como he dicho a usted en mis anteriores, esta situación no cambia creo que el señor Vega, aconsejado por las personas que lo rodean resistirá descaradamente, no haciéndolo desde ahora por temor de comprometerse y aun desde hoy, ha comenzado por negarme la facultad de disponer de las rentas, restringiéndome a la sola inspección del manejo de ellas, por ser, según él, muy aflictivas las circunstancias para el estado.

Antes de ayer se me citó y concurrí a una junta a la que asistieron los jefes de las oficinas, que pertenecen en cuerpo y alma al señor Vega y el secretario de gobierno en ella menudearon las exigencias, pero me mantuve inflexible, manifestándoles que sólo cedería siempre que se me ofreciera solemnemente que saldrían las fuerzas, para lo que les daría lo necesario hasta que llegaran a Guadalajara.

He querido, obrando así, poner de manifiesto hasta dónde llega el cinismo de estas gentes, pues si bien no creo que el contingente marche, siempre conviene que usted posea justificantes de que, hasta oficialmente, afirman lo que están muy lejos de pensar cumplir.

Ayer llegaron los comisionados de Corona acreditados competentemente para tratar conmigo; la situación de ese jefe no puede ser más apremiante, según me lo han pintado dichos enviados, que son el coronel Bibiano Dávalos y don Amad Santa María; ambos me han asegurado que el señor Corona se movería con su fuerza a mi primer llamamiento, si lo creo necesario, para apoyar las disposiciones del cuartel general.

Aseguro a usted que el desprestigio del señor Vega es grande; la irritación que hay contra sus presentes arbitrariedades en todo el estado, cada día se marca más; y si Corona hiciera un movimiento sobre este puerto, a no dudarlo, estos elementos se reunirían y darían por resultado la desaparición política del señor Vega: cierto es que tiene 2,000 hombres, la mayor parte reclutados de leva, acabados de quitar del lado de sus familias, sin instrucciones y sujetos a un vigoroso encarcelamiento para que no se deserten.

El señor Corona está en esta misma creencia y por eso me propone avanzar; sin embargo, no acepto su proposición y le escribo en contrario, esperando que usted, justo apreciador de las cosas, determine lo que convenga a sus proyectos.

Acompaño a usted las comunicaciones nuevamente cambiadas con don Manuel Díaz Vera que, como dije a usted en mi anterior, es el más adicto aliado que tiene el señor Vega para secundar el sistema de entorpecimiento que se han propuesto oponerme, para evitar el desempeño de la comisión que se me confió.

Díaz Vera es uno de esos hombres sin escrúpulos que para ejercer sus fechorías, sólo esperan la ocasión; como ésta no puede ser más oportuna, se ha descarado abiertamente, apoyando las arbitrariedades del señor Vega y lo impele a la desobediencia, único medio que tiene para sacar ventajas, pues se adhiere a una situación que aunque hostil al gobierno general, no podrá dejar de ser comprendido en una transacción, supuesto el caso de que llegara a imperar, por medio de la fuerza.

El gobierno del estado, de acuerdo con Díaz Vera, nombró a éste administrador de la aduana marítima, haciendo aparecer tal nombramiento con fecha 14 anterior, por supuesto a mi reconocimiento; el administrador de la aduana me informó de que iba a hacer entrega de la oficina por tener que pasar al servicio militar, y que lo haría al referido Vera.

Contesté al señor Banda entregara al nombrado, previa la caución de su manejo: mi deferencia sobre este asunto está expresada en mi comunicación oficial, de que acompaño a usted copia.

El día 29 en la tarde, supe que el jefe superior de Hacienda, sin mi conocimiento, procedió a dar la posesión referida y sin exigir el requisito previo del otorgamiento de fianza, como había yo determinantemente prevenido al señor Banda, cuando sobre el caso me consultó.

Este desagradable incidente me ha obligado a consignar al jefe superior de Hacienda al tribunal de justicia para que lo juzgue, suspendiéndolo desde luego por la gravedad de tal falta, que no ha tenido otra mira, por parte del gobierno, que ponerme en ridículo, valiéndose, para conseguirlo, de una de sus hechuras, pues aquí tienen hombres para todo.

No dudo que para nulificar la acusación que he hecho del citado jefe de Hacienda, quiten al incorruptible señor Cruz, que es el único magistrado que forma el tribunal, y en su lugar pongan algún otro que les sea enteramente adicto, según se me ha dicho.

La desmoralización no tiene límite.

La marcha de este gobierno está marcada por una brújula, que sólo señala a la aduana marítima; por lo mismo no puede desviarse y siempre se encaminará a ella; ni puede ser de otra manera pues ella forma el apoyo del gobierno y la ciencia administrativa del señor Vega: quitarle la aduana, es quitarle todo y por lo mismo no se desprende de ella.

Para este gobierno no se hicieron leyes, y sus caprichos no admiten discusión ni réplica.

Sus actos todos llevan un sello muy marcado de despotismo y barbarie; el licenciado Iglesias acaba de ser víctima de uno de esos actos, pues de estar preso 12 días, sale hoy a pedimento o indicación del periódico oficial, desterrado para San Francisco, sin que haya mediado ninguna fórmula de ley, no obstante ser uno de los jueces de V Instancia.

Sería muy conveniente diese usted por terminada la visita del señor Díaz Vera, para hacer más notable su desobediencia, acabando de ponerse en rebeldía.

No llegará a poder de usted la presente tal vez, sin que se haya roto toda inteligencia con el gobierno siempre, por supuesto, tomando éste la iniciativa.

De expediciones, aún no llegan; mas se esperan pronto y la más productiva se espera en marzo.

Con respecto a reforzar a Corona y subalternarlo a un jefe en comunicación con ese cuartel general, revestido de facultades, insisto mucho, o si éste no fuese posible deme usted sus órdenes para que obre conforme usted me indique, en el caso de (que) usted desee aquí el imperio de la ley. (Ver Nota 1)

Soy su afectísimo servidor.

Juan de la Peña

Nota:

1. El señor Juan de la Peña escribió nuevamente a Doblado el 27 de diciembre siguiente; como la comunicación es en lo fundamental repetición de la presente, no se reproduce.

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.