Buscar en  
  Página principal

  Conquista

  Independencia

  Revolución

  Siglo XXI

  Siglo XX

  Siglo XIX

      1890-1899

      1880-1889

      1870-1879

      1860-1869

          1869

          1868

          1867

          1866

          1865

          1864

          1863

          1862

          1861

          1860

      1850-1859

      1840-1849

      1830-1839

      1820-1829

      1810-1819

      1800-1809

  Siglo XVIII

  Siglo XVII

  Siglo XVI

  Siglo XV

Siglo XIX > 1860-1869 > 1862

De la Garza envía prolijo informe a Juárez sobre la huasteca.
Chocoy, diciembre 29 de 1862.

Señor presidente don Benito Juárez

Poco o nada ha ocurrido de importancia desde mi último extraordinario: dos escaramuzas que ya le comunico oficialmente.

No han desembarcado hasta ahora más franceses y, si no vienen más, creo que no podrán hacerse de la mulada y caballada que necesitan, porque nosotros cada día estamos más fuertes.

Hay ocho buques en la Barra que traen cuatro compañías de marina para desembarcar.

Unos dicen que vienen a remplazar el 81 de línea que ha sido llamado por Forey y otros que vienen solamente a reforzar a Tampico.

La Graviére está aquí y de acuerdo con el jefe que manda la plaza, han despachado un correo a Forey para ver si consiguen la permanencia de las tropas francesas en Tampico.

Hace veinte y tantos días que me recibí del mando de estas fuerzas.

Entonces contaban solamente de 500 hombres, de los cuales 200 estaban desarmados; además, debiendo ser 150 de caballería, sólo 30 estaban montados y los demás a pie y sin monturas.

Ahora tengo ya 700 hombres de caballería y 500 infantes, sin contar la artillería y maestranza que voy organizando muy poco a poco por la falta de oficiales a propósito.

Todos están regularmente armados y más de la mitad tienen ya muy buena instrucción.

Ya hubiera organizado unos 3,000 hombres en este tiempo, si hubiera armas; pero la escasez de éstas todo lo paraliza.

Hoy tiene usted a todos los armeros y herreros de Tamaulipas ocupados exclusivamente en recomponer armas, hacer lanzas, etc.; los talabarteros construyendo chacós, fornituras, atalajes; los sastres y una multitud de hombres y mujeres construyendo vestuario; juntas patrióticas de personas influyentes y de señoras recogiendo donativos y haciendo hilos, sábanas, vendas y útiles para los hospitales de sangre.

Los propietarios en general se prestan espontáneamente para todo, especialmente los rancheros, que facilitan caballos, mulas y reses, maíz, frijol y piloncillo, sin cuidarse de cuándo cómo se les pagará; de modo que dentro de pocos días nada falta: para el consumo de estas fuerzas en clase de provisiones de boca.

Sólo dinero no hay; pero tengo un presupuesto tan económico, que las rentas que se recaudan en el estado, me bastarán para mantener de cuatro a 5,000 hombres, dado caso que tuviéramos las armas necesarias para armarlos.

Es grande el entusiasmo de estos pueblos.

Sin contar el distrito del Norte, los del Centro, Sur y Tula, tienen alistados y organizados más de 4,000 hombres, que se ponen en marcha para este cuartel general, según van recibiendo las armas que necesitan.

Hay impacientes, que creyendo perder el tiempo en esperar las armas y en organizarse, se vienen en bandadas sin orden de la autoridad y sin pedir auxilios a nadie atraviesan una distancia de 40 o 50 leguas y se me presentan para que los organice y los ocupe.

A consecuencia de esto y de la escasez de armas en que me encuentro he tenido que recomendar a las autoridades de los pueblos, que no permitan que se me vengan a incorporar hombres desarmados y faltos de toda clase de equipos.

Hay más de 400 hombres que se han armado montado y equipado a su costa y se me han presentado ya organizados, sin más intervención de la autoridad que la simple licencia, conocimiento o aviso.

Las autoridades de los pueblos tienen que andar averiguando cuántos se me han venido a incorporar y si pertenecen o no (a) la guardia nacional, para no traspasar el número que se les fijó como contingente.

La cuestión local pertenece a la historia; así me escriben de todas partes.

Cuando llegue Serna, arreglaré con él la conducta que debemos observar para que no renazca.

Realmente, la dificultad consiste hoy exclusivamente en las formalidades de aparato legal, que subsisten en favor de Serna, por más que su elección haya sido defectuosa.

Sobre este punto, así como sobre cualquiera otro, crea usted que haré cuanto usted me indique y cuanto más me ocurra, con tal que nos dé el resultado que se desea: la paz ulterior del estado.

Ya por ahora quedan reducidas a su nivel multitud de aspiraciones que iban alimentándose entre personas, las menos a propósito para mover a las masas y que, sin embargo, pretendían dirigir la política de Tamaulipas, por medio de cartas e informes apasionados con que lograban extraviar de un modo lamentable la acción del gobierno general en el estado.

Respecto del transporte de la artillería gruesa, sus proyectiles, montajes y demás pertrechos de guerra para esa capital, le diré a usted que hasta ahora comienzan a llegar los carros y trenes de Nuevo León; son 28 carros chicos los que hay.

Todo lo que nos ha sido posible mover se ha trasladado ya por nosotros de Tampico a Tancameque y a Alamitos, y de este último punto seguirán los trenes de Nuevo León, según vayan llegando con las piezas más grandes y pesadas, sin perjuicio de que nuestras mulas de carga y carretas continúen llevando balas y cosas más ligeras.

Ya he despachado para Ciudad Victoria más de mil balas de a 24 y granadas de 68 en mulas de carga; pero hay unos 12,000 proyectiles de este calibre y no hay trenes suficientes para agotarlos.

Ya por Tula se remitieron de Ciudad Victoria para San Luis Potosí, 100 quintales más de pólvora.

Ahora quiero explicarle a usted una cosa.

Nosotros no tenemos aquí fábricas de pólvora y por el estado que guardan los norteamericanos no tenemos adonde comprar, ni menos con qué comprar; en los almacenes de Ciudad Victoria y Alamitos habrá todavía unos 150 quintales de cañón, fusil y rifle.

¿Quiere usted que los guarde para las necesidades de estos rumbos?

También pienso quedarme con las cápsulas necesarias para esta pólvora y con lo demás que me sea absolutamente indispensable para estas fuerzas.

Lo demás ya le he dicho a usted que lo remitiré, como ya se ha estado remitiendo, menos nueve piezas ligeras que estoy montando para el servicio de estas fuerzas.

Vidaurri ha mandado de comisionado a un viejito carrero muy díscolo, muy brusco y pendenciero con el que estamos continuamente en campaña; es, además, muy chismoso y gasta mucho en correos extraordinarios para Nuevo León, quejándose de todo y sin querer entenderse para todo, sino con Vidaurri.

Yo creo que es, necesario nombrarlo general en jefe o darle una buena apaleada.

Ahora voy a informar a lo que pasa al otro lado del Pánuco.

Pavón es un buen jefe y de mucha influencia en los cuatro distritos o cantones de la Huasteca pertenecientes al estado de Veracruz, inmediatos a Tampico.

Convendría que él sólo los mandara política y militarmente.

Tanta necesidad tiene él de mí como yo de él; convendría que estuviera directamente sujeto a mis órdenes en lo militar para obrar más eficazmente sobre Tampico.

Se pierde mucho tiempo en arreglar combinaciones y cuando se arreglan definitivamente, ya son inoportunas.

En tiempo de las comandancias generales, esos cantones siempre estuvieron sujetos a Tampico en todo lo relativo a Guerra y Marina.

Durante la última revolución, desde el 55 hasta fines del 61 todos los pueblos recibían mi dirección, buscada por ellos mismos y sin pretensiones ningunas por mi parte.

Cuando la reacción se ha apoderado de Tampico, el jefe reaccionario siempre procura tener subordinados a esos pueblos y cuando no ha conseguido esto, por lo menos ha alcanzado a neutralizar el elemento liberal que en ellos predomina, por los intereses mercantiles de Tampico.

Situado éste en la rivera izquierda del Pánuco, de este lado es Tamaulipas, del otro lado es Veracruz.

Las fuerzas que hostilizan a Tampico por uno y otro lado del río no tienen una comunicación rápida, aunque estén cercanas y se estén viendo, porque las lanchas cañoneras de que dispone la plaza, dominan enteramente las aguas del río y las lagunas, que separan a los sitiadores unos de otros.

Deben, pues, los sitiadores de cada parte bastarse a sí mismos y obrar bajo un plan previsto y calentado con anterioridad.

Si este plan es el resultado de simples combinaciones o acuerdos entre los jefes, cada jefe y cada fuerza desconfía del otro y casi nunca se deciden a hacer nada.

La experiencia me ha enseñado que esto es lo que sucede cuando menos; pero a veces acontece que el más cumplido se compromete y es sacrificado sin saber a quién echarle la culpa.

Todo esto quiere decir que las fuerzas de Pavón deberían estar a mis órdenes; pero en todo caso usted hará lo que mejor convenga.

Ya las fuerzas de Tancanhuitz y ciudad de Valles están a órdenes para lo que se ofrezca contra los serranos, pues en San Potosí he encontrado muy buena disposición para todo.

En cuanto a don Tomás Moreno, otra vez hablaré a usted con algún detenimiento; por ahora, yo me pongo en relaciones con él para lo que ocurra con los serranos.

Ya es muy cansada esta carta; para no escribir tan largo es necesario escribir con más frecuencia y esto se me ha dificultado hasta hoy por la falta de manos secundarias, por el recargo del trabajo y la escasez de recursos.

Bueno sería que diese usted órdenes tronantes para que tengan establecida una posta buena de a caballo desde México a este punto, para que nuestros correos no se embromen ni necesiten tanto dinero para caminar.

Aquí en Tamaulipas casi todo se hace de balde y los correos no ganan más que sus alimentos, por regla general.

Para concluir, suplico a usted, que con la mayor reserva me mande usted una autorización e instrucciones para tratar con los traidores de Tampico que han venido con los franceses.

Han conferenciado conmigo y me han ofrecido pasárseme o esperarme para darles un golpe a los franceses de acuerdo conmigo.

Florentino López, que es el jefe me ofrece poner de acuerdo a Mejía y Moreno, de la Sierra y que nosotros admitimos a Márquez, está seguro de reducirlo al orden y de conseguir que no quede mexicano con los franceses.

Me ha ofrecido entregarme todo el armamento y artillería que les han dado los franceses, para dejarlos en Tampico organizando traidores y apoyados siempre por una fuerza francesa.

Aunque yo desconfío mucho y nunca he querido creerlo, bueno será que usted medite bien esto resuelva lo que le parezca.

Suyo afectísimo.

Juan José de la Garza

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.