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Siglo XIX > 1860-1869 > 1862

Carta que el general Prim dirige a un amigo residente en Londres.
Orizaba, 14 de abril de 1862.

[...] (Ver Nota *)

El inexorable destino es más fuerte que el querer del hombre; si de ello hubiese yo dudado, convenciérame de esta verdad lo que pasa aquí.

La Triple Alianza ya no existe.

Los soldados del emperador permanecen en este país para establecer un trono para el archiduque Maximiliano ¡qué locura! mientras que los soldados de Inglaterra y España se retiran del suelo mexicano.

Usted que sabe bien cuán afecto soy al emperador y conoce la estima verdaderamente fraternal en que tengo a los valientes franceses y a todo cuanto les concierne, fácilmente comprenderá la amargura de mi corazón al verme obligado a dejar el campo de batalla y a separarme de mis camaradas, cuando el más bello sueño de mi vida era pelear por una misma causa y en un mismo suelo con los franceses.

Pero imposible se ha hecho para mí el permanecer en este país, sin olvidar enteramente lo que debo a mi reina y a mi patria.

La verdad del caso, hablando francamente, es que los comisionados del emperador se han apartado completamente de la convención de Londres, resueltos a obrar por su sola cuenta.

El pretexto para ello ha sido la protección que se empeñan en querer extender a los emigrados mexicanos.

Almonte y demás, que llegaron a Veracruz confesando que habían venido con el proyecto determinado de destruir la República y crear una monarquía para el archiduque Maximiliano.

Desde aquel momento, en la conferencia del 10, es decir, cinco días antes de las propuestas negociaciones con el gobierno mexicano, Mr. de Saligny declaró que no quería ya tratar con el gobierno de Juárez.

En la última acta todo esto se consigna claramente y se expresa in extenso, como dicen los diplomáticos.

Este documento por sí solo basta para que la opinión pública decida quién tiene razón y quién no la tiene.

En cuanto a mí, español, usted comprenderá desde luego que no me era lícito sostener semejante cambio radical en el sistema político de este país, para imponerle un príncipe de la Casa de Austria.

Los aliados vinieron aquí ligados por la convención de Londres.

No podíamos apartarnos de ella, sin colocarnos en la sin razón.

Me retiro, pues, con mis tropas y paso a La Habana a esperar las órdenes de mi gobierno.

Soy de usted, etc.

Juan Prim

Nota:

* Se publicó incompleta, sin indicar destinatario. Véase la introducción de este capítulo.

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.