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Siglo XIX > 1860-1869 > 1861

Saligny continúa informando con dolo a su gobierno.
Veracruz, 22 de diciembre de 1861.

Sr. Edouard Antoine Thouvenel
(Ministro de Relaciones de Francia)

Salí de México el 6 de diciembre con el personal y los archivos de la legación imperial; llegué aquí el 17 en la mañana, en el momento en que las fuerzas de S. M. C. comenzaban a desembarcar.

Gracias a las medidas que había tomado, mi viaje, que para mayor seguridad hice a caballo, a pesar de la precaución que tuve de asegurarme, para en caso de que la necesitara, una diligencia para mí y para las personas de mi comitiva, se realizó sin accidente.

Dos o tres veces, en varios puntos del camino en que me encontré con tropas mexicanas, temí que la presencia en mi convoy de unos 30 españoles que aprovecharon la ocasión para salir de México, me acarrearía un conflicto que gracias a Dios logré impedir.

A mi llegada el 9 a Puebla, donde se sabía que tenía el proyecto de descansar hasta el 12, fui informado que una banda de 500 asaltantes de caminos, todos bien armados y que me aseguraron contaban entre sus jefes a dos sobrinos de Zamacona, ex ministro de Relaciones, se había reunido al pie de la montaña La Malinche, a tres o cuatro leguas de Puebla, con el fin de robarme.

Para hacer fracasar este propósito, adelanté mí partida 24 horas, después de haber tenido cuidado de reforzar con unos 60 hombres mi escolta ya bastante respetable.

Esto bastó para tener a distancia a estos bandidos, que la víspera en la tarde enviaron a la hacienda de San Bartolo, donde hice alto para almorzar, una vanguardia de 24 hombres que huyeron al acercarme.

Como lo había previsto y dicho, los españoles ocuparon la fortaleza sin disparar un tiro la fortaleza y la ciudad, abandonadas precipitadamente por las autoridades mexicanas, desde la primera intimación.

Quedaron allí una considerable cantidad de municiones y cerca de 100 piezas de artillería que no tuvieron tiempo de llevarse.

Tengo el honor de enviarle aquí bajo los números uno y dos, copia de la intimación dirigida el 14 de de diciembre por el almirante (Joaquín Gutiérrez de) Rubalcava al gobernador de Veracruz y de la respuesta de De la Llave, de fecha 15.

En lugar de aprovechar del buen tiempo para desembarcar desde el 15 como habían anunciado, el almirante español, no se sabe por qué, creyó necesario retardar esta operación hasta el día siguiente.

Pero en la noche se desencadenó un fuerte viento del norte que duró varios días y que no se calmó sino hasta la mañana del 17, durante dos o tres horas, que se aprovecharon para desembarcar algunos cientos de hombres.

El 21 se realizó el desembarco total.

No se explica uno la lentitud del almirante (Gutiérrez de) Rubalcava, el cual, sin hablar de las otras graves consecuencias que habría podido arrostrar, durante este tiempo comprometió la tranquilidad de la ciudad al dejar a ésta sin ninguna clase de autoridades.

Si el orden no ha sido turbado en ningún instante, puede ser que se deba a las prudentes disposiciones tomadas por el gobernador De la Llave.

Sea lo que fuere, el retardo en el desembarco no solamente ha provocado disgustos entre el almirante (Gutiérrez de) Rubalcava y el Gral. (Manuel) Gasset, sino disputas y recriminaciones entre la marina y el ejército españoles, que han dado como resultado un estado de completa desavenencia que ha llegado a oídos de la gente.

Es de desearse que el Gral. Prim no tarde en venir a tomar el mando en jefe, y yo no estoy menos impaciente por ver llegar al almirante Jurien de la Gravière.

La población de Veracruz, conmovida por los rumores absurdos esparcidos sobre las disposiciones de las tropas españolas y por las proclamas de (López) Uraga y de De la Llave, denunciando como traidores a la patria a todos los mexicanos que permanecieran en la ciudad, había huido casi toda, los días 15 y 16.

Para tranquilizarla y hacerla volver, al menos en parte, el Gral. Gasset, a petición mía, publicó el 17 de diciembre dos proclamas, que envío aquí bajo los números tres y cuatro.

Estas proclamas han producido un muy buen efecto que no podrá dejar de aumentar a consecuencia de la excelente conducta y la disciplina severa de las tropas españolas.

Ya algunos fugitivos comienzan a regresar a la ciudad la que durante algunos días parecía una tumba y que vuelve a tomar un poco su fisonomía habitual.

En cuanto al comercio extranjero de esta ciudad —el cual se compone casi exclusivamente de casas comisionistas—, a pesar de las medidas tomadas desde el principio por las autoridades militares para atenuar en lo posible los daños momentáneos que pudieran resultar a consecuencia de la situación, mantiene una actitud muy fría, si no abiertamente hostil, lo que se explica muy fácilmente.

La mayor parte de estas casas, acostumbradas a especular con las dificultades financieras del gobierno, sobre todo en los últimos años, comprenden que la intervención de las potencias aliadas va a poner fin a un estado de cosas que les permitía entregarse a toda clase de malversaciones con las autoridades mexicanas, y realizar en poco tiempo fortunas escandalosas en detrimento del tesoro público y en perjuicio de todo el país, sobre todo respecto a las casas de comercio extranjeras acostumbradas a buscar ganancias solamente en operaciones honradas y lícitas.

No hay que sorprenderse pues, ni preocuparse por este disgusto del comercio extranjero de Veracruz.

Desaparecerá pronto ante la fuerza de las cosas y los felices resultados de la intervención.

Las últimas noticias de México son de tal modo contradictorias que es casi imposible saber a qué atenerse.

Se habla de lamentables excesos, de actos de violencia cometidos en la capital y en Puebla, contra los extranjeros, sobre todo contra los españoles.

Creo que hay que mantenerse en guardia contra estos rumores.

Yo, por mi parte, me niego a creerlos.

Lo que parece cierto es que Doblado, que había llegado a la capital el mismo día en que yo partía, fue invitado por Juárez a tomar la cartera de Relaciones Exteriores.

Después de haberse rehusado, terminó por aceptar la misión de formar un nuevo gabinete y se hizo dar por el presidente y el Congreso poderes casi dictatoriales.

Todos se extrañan que no se haya decidido a suplantar a Juárez.

Se asegura que ofreció a Robles el ministerio de Guerra, lo que sería muy importante, y que anuncia la intención de no resistir a los aliados.

No veo, en efecto, dónde estarían los elementos que podrían utilizarse para una resistencia por poco seria que fuera.

Como le he dicho antes a V. E., encontré en mi viaje a varios cuerpos de tropas mexicanas, entre otras, la división del Gral. Mejía a la que se le había dado tanta importancia.

Esta división, que se decía contaba con un efectivo aproximado de cuatro mil hombres, se compone en realidad de 700 u 800 pobres indios casi desnudos, extenuados de fatiga y de privaciones.

Su caballería no cuenta con más de 60 caballos, casi todos fuera de servicio.

La artillería —seis piezas de campaña en bastante buen estado— estaba manejada a su salida de Puebla por 50 artilleros, de los cuales quince desertaron al día siguiente, según lo que me informa el coronel que las comanda.

Sir Charles Wyke, que ha debido ponerse en camino el 14 de diciembre, es esperado aquí el 24.

A fin de atender en lo posible a las conveniencias y a los intereses privados de los numerosos franceses que he dejado en la capital, he creído mi deber nombrar al empleado de la cancillería, Sr. Antoine Farine, canciller substituto, con autorización de redactar y entregar las actas del registro civil.

Tengo el honor de enviar aquí la firma de Farine.

Antes de salir de México, confié la protección de los súbditos e intereses franceses al Sr. Wagner, ministro de S. M. el rey de Prusia, quien ha puesto un gran. . .

Alphonse Dubois de Saligny

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.