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Siglo XIX > 1860-1869 > 1861

Prim, desde La Habana, expresa su deseo de no derramar sangre en México.
La Habana, 29 de diciembre de 1861.

Sr. Edouard Antoine Thouvenel
(Ministro de Relaciones de Francia)

Ayer pasé la tarde con el Gral. Prim.

Tuvimos una larga conversación confidencial, en la cual el general me expuso en parte sus proyectos.

La proclama que el Gral. Gasset, comandante de las tropas españolas que ocupan en este momento Veracruz dirigió al pueblo mexicano, no responde completamente a sus intenciones.

En efecto, él desea hacer conocer por una nueva proclama el objeto de la expedición cuyo mando le ha sido confiado.

En su pensamiento, este objeto es esencialmente generoso y los aliados no pueden proponerse sino una cosa fundamental; provocar la expresión libre y sincera del voto nacional y, cualquiera que sea éste, respetarlo.

Al llegar a Veracruz, el general (Prim) piensa pedir al Gral. (López) Uraga, comandante en jefe de las tropas mexicanas, un salvoconducto y una escolta para el brigadier Lorenzo Millans (del Bosch), oficial que goza de toda su confianza y al que desea encargar de llevar a México su ultimátum.

Un oficial francés y un oficial inglés, recibirían naturalmente una misión análoga.

El plazo fijado al gobierno de México para responder a esta intimación no excederá de cuatro o cinco días.

Durante este tiempo los cuerpos expedicionarios terminarían sus preparativos.

Yo no sé con qué fundamento considera Prim la posibilidad de una respuesta conciliadora.

Mis informaciones personales tenderían, al contrario, a hacerme suponer que el gobierno mexicano declinará toda transacción con los extranjeros sobre cualquiera otra base que no sea la evacuación pronta y completa del territorio.

Cualquiera que sea el partido que se encuentre en el poder, el general querrá ofrecerle el apoyo de las armas aliadas si este partido admite las condiciones puestas por el ultimátum y si consiente en consultar al pueblo mediante el sufragio universal.

El Gral. Prim admite que la forma monárquica es la única forma de gobierno que podría garantizar los intereses del país y de los extranjeros, pero busca en vano un candidato que le parezca aceptable para el trono.

Reconoce como yo, la necesidad de no dejar que se prolonguen las negociaciones; sin embargo, como la permanencia de las tropas en Veracruz no ofrece ningún peligro para ellas durante los meses de enero y febrero, no vería ningún grave inconveniente en no ponerse en marcha para el interior sino hasta los primeros días de marzo.

La ambición que él proclama en alta voz, es la de llegar a México, si se puede, sin combatir.

"Juárez mismo —dice él— puede desear ahí nuestra presencia.

Él puede comprender que la resistencia que nos opusiera no tendría otro resultado que asegurar el triunfo del partido de Márquez y Zuloaga".

Si no es posible llegar a la capital con el consentimiento de los mexicanos, si hay que abrirse un camino hacia esta ciudad por la fuerza, el general cree preferible maniobrar antes que abordar de frente las posiciones, que no podrían tomarse sino a costa de una gran efusión de sangre.

En una palabra, el Gral. Prim desea evitar tanto como esté en sus manos, toda probabilidad de una campaña violenta, esto es, de una campaña que serviría para revivir el odio de los mexicanos contra la raza española.

No habrá que equivocarse y contar como propósitos firmes los proyectos enunciados en el curso de una conversación familiar.

Sin embargo, en una acción combinada en que los motivos de divergencia pueden ser tan numerosos y de importancia, yo no he creído deber callar a V. E. esta primera exposición de las intenciones del Gral. Prim.

Expresé al general la elevada estima que le tenía el emperador, así como el ministro de Relaciones Exteriores, y la confianza que me había recomendado depositar en su lealtad.

Él me ofreció poner a mi disposición a algunos de sus oficiales de estado mayor para suplir la insuficiencia de mi estado mayor general que él encuentra muy poco numeroso y considera no está en condiciones de poder dar todas las transmisiones de órdenes que exige el servicio de un ejército en campaña.

A esta amable proposición respondí que una vez que hayamos arribado frente a Veracruz podríamos agregar a mi estado mayor todos los oficiales de la división que me fueran necesarios, pero que no estaría menos orgulloso de tener cerca de mi a oficiales que pertenecen al ejército español.

Nosotros partiremos probablemente de La Habana el 1º o el 2 de enero, y alcanzaremos en el Cabo San Antonio a la división inglesa.

(E. Jurien de la Graviere)

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.