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Siglo XIX > 1860-1869 > 1861

Los casos del obispo Madrid y del general Comonfort.
Monterrey, diciembre 28 de 1861.

Ciudadano Presidente Benito Juárez

Mi estimado amigo y señor:

Quizá por sus ocupaciones no tuvo usted la bondad de escribirme con el extraordinario, en que se me comunica la ocupación de Veracruz y se me manda poner 2,000 hombres en campaña, conforme al decreto que señala a los estados el contingente de sangre.

Mi contestación es consecuente a dichas prevenciones, aunque se resiente del escollo que representa desde luego la falta de recursos.

Sin embargo, por las disposiciones que he dictado y que incluyo impresas, verá usted el medio que adopto para llenar el vacío y, aunque la pobreza es extrema, no tengo motivo de desconfiar del éxito porque conozco que el patriotismo sabe hacer milagros y éste no falta en los hijos del estado.

De todos modos, puedo asegurar a usted que para la guerra sobran hombres y éstos aguerridos.

Si yo tuviera dinero de qué disponer ¡oh! entonces vería usted de cuánto era capaz Nuevo León y Coahuila para este conflicto.

Con todo, llevo siete años de luchar con enormes dificultades y por cierto que no cederé a las de hoy.

Ha llegado el tiempo de que hablen los hechos imponiendo silencio a palabras vanas y llenas de pasión.

Por mi parte, me remito de aquí para adelante a los primeros, dejando su calificación al gobierno y a mis conciudadanos.

Ya que se presenta esta oportunidad quiero hablar a usted sucintamente de dos personas: los Sres. Madrid y Comonfort.

El primero sucumbió, como no podía menos: tal era su enfermedad.

Movido de compasión que bien se puede tener al individuo, sin que esto importe una transacción con la clase que nunca me perdonará lo que he hecho contra ella, le concedí que viniera a morir a este confín de su patria, después de habérmelo pedido y de estar enteramente satisfecho, así de lo grave de su enfermedad como de que no podía, aunque hubiera querido conspirar, ni menos su presencia aquí afectar la causa pública.

Esta es la verdad neta y pura: lo demás que se ha dicho sobre el particular es enteramente falso, como salido de esa gente que no se cansa de atizar odios y desconfianzas.

Moribundo cuando recibí la orden para su aprehensión, juzgué prudente guardar silencio para evitar la pugna que resultaría entre el contenido de dicha orden y la buena fe con que otorgué aquel permiso y de que no di a usted conocimiento por estar interceptada la comunicación con la capital.

Por la misma razón suplico a usted me excuse de la contestación, que además no tiene ya objeto.

Al segundo, dispuesto como está a morir por su patria, defendiéndola, parece que se le excluye de este derecho según el sentido de la amnistía y hasta con humillación, cosa porque no pasa ningún hombre de honor.

Yo suplico a usted encarecidamente, a nombre de la patria y de nuestra amistad, si vale algo, que se obre con prudencia en este negocio y de otra manera que como previene la amnistía.

Es más fácil ser generoso y produce mejores resultados que el uso del rigor, principalmente en las actuales circunstancias y, si usted me hace este favor, con él llena todo mi corazón, y por lo mismo no habrá necesidad de pedirle otro nuevo y sí obligación de corresponderlo siempre, aunque sea con mi gratitud.

Sin querer he escrito a usted demasiado.

Dispénseme y de todos modos cuente con mi cooperación para la defensa de la patria y mande cuanto guste a su afectísimo amigo y servidor q. b. s. m.

Santiago Vidaurri

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.