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Siglo XIX > 1860-1869 > 1860

Mata analiza y comenta las modificaciones propuestas por el senador Simmons.
Washington, mayo 9 de 1860.

Excelentísimo señor secretario de Estado y del despacho de Relaciones Exteriores
Heroica Veracruz

Excelentísimo señor:

En sesión secreta de ayer presentó al Senado Mr. Simmons, senador por el estado de Rhode Island, las modificaciones a los artículos 8º y 10º del tratado, que por mi nota número 58 de 17 del próximo pasado tuve el honor de enviar a V. E.

Formalizada ya la presentación de las referidas modificaciones y siendo muy probable que con ellas sea aprobado el tratado dentro de muy pocos días, juzgo de mi deber presentar una reseña compendiosa de las razones que han guiado al senador Mr. Simmons a redactarlas, y de los que yo he tenido para convenir en ellas, bien que al prestar mi asentimiento haya sido con expresa declaración de que no teniendo instrucciones de ninguna especie de mi gobierno respecto de este asunto, todo lo que yo hacía era manifestar mi opinión personal y de ningún modo la de mi gobierno, que no conocía.

En la primera conferencia que tuve con el senador Mr. Simmons, me manifestó que si el artículo 8º del tratado hubiese de aprobarse en su forma original, los Estados Unidos y México, en vez de promover y proteger el desarrollo de sus intereses mutuos, obtendrían un resultado enteramente contrario, porque las demás naciones, apoyándose en el principio universal establecido en los tratados comerciales de gozar cada uno los mismos privilegios o concesiones que la nación más favorecida, pedirían que se les otorgasen las mismas franquicias por ambos países y no habría razón para negárselas.

Fundado en este principio el referido senador, determinó hacer dos listas separadas en vez de una sola, expresando en cada una qué artículos naturales de un país serán admitidos en el otro, libres de derechos.

En el mismo principio se funda la idea de expresar que los 4,000,000 de pesos que los Estados Unidos pagan a México, tienen el carácter de ser una compensación, por (el) sacrificio que México hace de sus rentas, admitiendo libres de derechos los artículos de producción americana fijados en la lista.

El objeto principal es, como lo expresa la misma modificación, que en el caso de que otra nación exija de México, en virtud de los tratados, la misma concesión, no la puede obtener sino a condición de pagar al mismo México una compensación equivalente a la que hagan los Estados Unidos y proporcional a la suma del tráfico, computada por un período, de los cinco últimos años.

El tratado limitaba la introducción de los artículos contenidos en la lista, a los términos de la vía al través del Istmo de Tehuantepec a Mazatlán, Guaymas y los puntos que sirvieran de término en la frontera a las rutas que partiesen de los dos puertos indicados.

Mr. Simmons propone que la introducción se haga por todos los puertos abiertos al comercio extranjero, porque dice que no se puede, con arreglo a la Constitución de los Estados Unidos, conceder a un puerto garantías de que no hayan de gozar todos.

La última y muy importante modificación, propuesta por Mr. Simmons, consiste en que el artículo de reciprocidad comercial no tendrá el carácter de perpetuidad que tienen los demás puntos del tratado, sino que será obligatorio para ambos países por sólo el término de 10 años, a la expiración del cual puede hacer cesar o continuar, según fuere la voluntad de una o ambas de las partes contratantes.

La razón alegada por Mr. Simmons para proponer esta reforma les que el Senado y el Ejecutivo, a quienes la Constitución comete el poder de hacer tratados, invadirían las facultades del Poder Legislativo si aceptasen el artículo 8º del tratado en cuestión con el carácter de perpetuidad, puesto que por este hecho el Congreso quedaría privado del derecho de alterar de tiempo en tiempo la tarifa, según lo requieran los intereses o las necesidades del país.

Estas razones me parecieron convincentes para decidirme a expresar una opinión favorable a las modificaciones del tratado, habiendo además otras que se refieren exclusivamente a los intereses de México y que yo tuve presentes.

Estas razones son:

1ª- Que apareciendo en el tratado original que los 4,000,000 de pesos se daban a México como pago del derecho de tránsito y como compensación del desfalco que sufrían sus rentas por la concesión que hace de que pasen las mercancías por su territorio libres de derechos, sin hacer mención de los que se admiten para el consumo con ese carácter y que son las que realmente ocasionarán desfalco en sus rentas, habría lugar de suponer que el artículo 8º no fue concedido por indemnización pecuniaria, sino sólo por la ventaja de reciprocidad que envuelve, con cuyas condiciones no cabe duda en que de luego a luego las naciones comerciales de Europa exigirían a México que pusiese en vigor para con ellas el contenido de la referida cláusula.

En consecuencia y para evitar a México semejante compromiso, me pareció mucho mejor la variación contenida en la modificación propuesta por Mr. Simmons, porque estando México dispuesto a hacer todas las concesiones que contiene el tratado por la suma de 4,000,000 de pesos, es mejor que esta suma aparezca pagada por aquellas de las concesiones que realmente importa desfalco a sus rentas y que importaría un desfalco mayor si se viese obligado a extenderla a las demás naciones sin compensación pecuniaria.

2ª- Que en la lista de productos mexicanos que serán admitidos en los Estados Unidos libres de derechos, figuran la cochinilla, zarzaparrilla, vainilla, purga de Jalapa, añil, maderas de construcción para la ebanistería, jarcia, etc., etc., que fueron olvidadas en la lista del artículo 8º original y que por indicación mía incluyó Mr. Simmons.

Esta adición es de grande importancia, si se atiende a que abraza un considerable número de objetos, algunos de ellos valiosos en la actualidad y otros de gran porvenir.

3ª- La circunstancia de limitar la acción obligatoria del artículo 8º a sólo un período de 10 años, la considera como muy favorable a México, porque al cabo de ese tiempo podrá hacerlo cesar si así le conviene, o podrá renovarlo haciéndose pagar una nueva suma porque continúe en acción y este principio puede aplicarse no sólo a los Estados Unidos, sino a las demás naciones comerciales de Europa.

De aquí pueden derivarse grandes beneficios al país y que consisten en que mientras el gobierno de México se procura una suma regular para atender a sus gastos, el pueblo de México goza el doble beneficio de consumir a precios bajos los artículos que se admiten libres de derechos y el de remitir sus productos a un mercado extranjero con esa misma franquicia, que dará por resultado mayores utilidades a los exportadores y un aumento de consumo de los mismos productos.

Otra consideración para mí de gran fuerza consiste en el triste estado de desmoralización a que han conducido a nuestro país las revueltas y la consiguiente falta de estabilidad en los gobiernos, que ha dado por resultado que el contrabando o introducción fraudulenta de mercancías se haya hecho un negocio ordinario e imposible de corregirse de pronto.

La introducción de cierto número de mercancías libres de derechos, hará cesar esa funesta plaga de la sociedad de un modo absoluto respecto de las mercancías admitidas y esta imposibilidad de hacer contrabando con partes de los artículos que se consumen en el país sea tal vez el primer paso para restablecer la moralidad en el manejo de nuestros empleados y hacer olvidar a los comerciantes la costumbre de hacer introducciones clandestinas, a que en gran parte ha dado lugar el estado de conmoción del país, pero que también ha estimulado y casi hecho necesaria nuestra fatal legislación fiscal, fundada en principios de prohibición absoluta o de altos derechos.

Temeroso de que el gobierno no estuviese en favor de la ampliación de la franquicia de introducir los productos de que se habla en el artículo 8º a todos los puertos de la República, lo hice así presente a Mr. Simmons y aun le indiqué que podría limitarse la operación del artículo, no a los términos de las vías de comunicación mencionadas en el tratado, sino a todos los puntos de la frontera que sirven de límite a ambos países y que por las leyes de éstos quedasen abiertos al comercio extranjero.

A esto me opuso Mr. Simmons la razón expresada antes, esto es, que conceder a un puerto de los Estados Unidos franquicias de que no pudieran gozar los demás, era cosa que no podría hacerse en este país.

Esta misma razón la juzgo yo aplicable a México.

Evidentemente no será justo conceder a Minatitlán lo que no le concediese a Veracruz, a Tampico y a los demás puertos del golfo, y aun cuando se tratase de llevar a efecto una medida semejante, pronto o tarde habría que hacer justicia a los legítimos derechos y a los justos intereses de los referidos puertos.

Como último recurso sobre este punto, manifesté la idea a Mr. Simmons de que se suprimiera el artículo 8º del tratado que en realidad no tenía conexión con los demás puntos del tratado; pero no pude lograr que fuese aceptado ni por el mismo Mr. Simmons, ni por el señor presidente, a quien hice la misma proposición con el objeto de allanar las diferencias de opinión que sobre esto se suscitaban.

Después de varias conferencias con el referido Mr. Simmons y cuando estuve persuadido de que no había posibilidad de que el tratado fuese ratificado por el Senado sin las modificaciones que él proponía, luego que se sirvió darme una copia de aquéllas y con su consentimiento, solicité una audiencia del señor presidente para presentárselas.

El señor presidente, en la conferencia que tuve el honor de tener con él, se manifestó opuesto a las modificaciones, expresando que, en su concepto, las demás naciones no tenían derecho para pedir a México ni a los Estados Unidos, los mismos privilegios comerciales que se concediesen entre sí, porque estos privilegios eran el resultado de su vecindad y de relaciones políticas que no existen para con las demás naciones.

Aunque con toda la deferencia debida al alto carácter y reputación de habilidad personal del excelentísimo señor presidente, le manifesté que las demás naciones tendrían, en mi opinión, derecho para pedir de México y de los Estados Unidos las mismas concesiones comerciales que las dos últimas acordasen entre sí; que el único caso en que podríamos libertarnos de tal obligación, sería aquel en que la acción del artículo 8º se limitase a la frontera de los dos países, porque respecto de México sólo Guatemala se halla en las mismas condiciones y, en cuanto a los Estados Unidos, ninguno S. E., para apoyar su opinión, se refirió al tratado de reciprocidad existente entre este país y el Canadá; pero, en mi concepto, la paridad no es igual, porque Canadá, siendo una colonia, se halla en condiciones excepcionales.

Hice también valer la circunstancia del carácter de perpetuidad que en el tratado se daba al artículo 8º y de las justas razones que contra esto se alegaban.

S. E. me dijo que tal observación era justa, pero que para evitar demoras podía aprobarse el tratado tal cual estaba y que me daba su palabra de que media hora después haría un nuevo tratado conmigo, limitando la acción de aquél en cuanto al referido artículo, a 10 o 5 años si se quería.

Como último recurso le propuse a mi vez que se suprimiera el artículo 8º del tratado, que era la causa principal de la diferencia y que creía que mi gobierno se prestaría a hacer un nuevo tratado puramente comercial, en que se procurará el desarrollo mutuo de los intereses de ambos países; pero, como antes he manifestado, este pensamiento no halló eco en el ánimo de S. E.

Al terminar mi conferencia creí conveniente procurar que el señor presidente y Mr. Simmons tuvieran una entrevista para que discutieran el asunto.

Esta entrevista tuvo lugar y, aunque el señor presidente insistía en sus opiniones de oposición a las modificaciones, parece que si no ha sido convencido de la solidez de las razones en que aquéllas se fundan, sí está persuadido, de que sin las referidas modificaciones el tratado no sería aprobado y este argumento de hecho ha dado lugar a que ceda.

He aquí hasta hoy lo ocurrido en este asunto, y que me parece digno de ponerlo en el conocimiento de V. E. para que si el tratado se aprueba con las modificaciones propuestas, pueda el excelentísimo señor presidente tener los datos necesarios para formar su juicio sobre un negocio que yo considero de vital interés para el país.

Reproduzco a V. E. las seguridades de mi muy distinguida consideración.

Dios y Libertad.

José María Mata

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.