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Siglo XIX > 1860-1869 > 1860

Benito Gómez Farías hace la defensa de Degollado.
Tepatitlán, octubre 15 de 1860.

Sr. don E. Le Févre
Morelia

Mi estimado amigo:

Su favorecida del 6 del corriente que acabo de recibir, requiere algunas explicaciones que gustoso me apresuro a ofrecerle para que forme usted juicio propio sobre las acusaciones que de tan mala fe se hacen al Sr. Degollado.

Verá usted, por los extractos adjuntos, que el Sr. Degollado pensó proponer y propuso en efecto a su gobierno y a sus compañeros de armas, las bases de pacificación que le parecieron más propias para terminar la guerra civil, cuidando de poner a salvo y asegurar para siempre los grandes principios por los que tantos sacrificios ha hecho el partido liberal.

Quisiera que se razonara un poco con el espíritu del más puro patriotismo y que aun los más exigentes en materia de principios liberales, dijeran lealmente si en las bases propuestas hay algo que destruya la esperanza por la que combatimos hace ya tres años.

Si el enemigo hubiera aceptado esas bases después que el partido liberal las hubiera proclamado por uniformidad ¿qué más podríamos desear?

¿Qué gloria para el Sr. Degollado haber alcanzado la pacificación del país sin más sangre, ni más ruina?

¿Qué más nos podía dar la más espléndida victoria por medio de las armas?

¿Qué suicidio más completo para las teorías o principios reaccionarios?

El partido liberal no sostiene y defiende la Constitución de 1857, sino a título de los principios que ella contiene y las bases propuestas son algo más que la Constitución de 1857.

¿No se asegura en ellas la representación nacional libremente electa conforme a la misma carta del 57?

¿No se afianza y perpetúa la Reforma?

¿No se establece la tolerancia religiosa?

¿No se proclama la preponderancia del poder civil?

¿No se confirma la nacionalización de los bienes llamados del clero?

Pues bien, ¿qué más desea el partido liberal?

Hasta hoy no lo ha dicho.

Veamos ahora los medios:

Un gobierno provisional establecido por el único modo posible de establecerlo, con duración únicamente de tres meses.

Un Congreso elegido conforme al sistema constitucional estableciendo un gobierno interino en su primera reunión.

Una Constitución para el país, definitiva, consagrada por la voluntad nacional, al cabo de otros tres meses, pero conteniendo precisamente los grandes principios de nuestra revolución, por los que tanto se ha luchado como sufrido.

Vuelvo a preguntar si el liberal más exaltado, el puro más vehemente ¿tiene algo más que pedir?

Y si sucedía lo que ha sucedido, que el partido reaccionario rehusara esas bases al mismo tiempo que el partido liberal las proclamara con uniformidad ¿qué nueva y prodigiosa fuerza moral para la causa liberal dentro y fuera del país?

¿No era evidente entonces que no peleábamos por personas y vanas fórmulas sino por principios?

Triste es decirlo, amigo mío, y yo hago esta confesión con desaliento y desconsuelo.

Los hombres que figuran en nuestra escena política no son de talla para llevar sobre sus hombros el porvenir de una sociedad como la nuestra.

Las malas pasiones están a la orden del día y el interés o cálculo personal hacen naufragar toda idea salvadora como lo ha sido la del Sr. Degollado.

¿A dónde vamos a parar?

No lo sé.

¿Se cree por ventura que pronto habremos exterminado completamente a nuestros adversarios políticos y que sobre las ruinas y la sangre vamos a fundar un gobierno que nos dará luego paz y bienestar?

No lo espero yo así.

Al contrario: me temo mucho que la guerra se prolongará indefinidamente, y que más tarde, no muy lejos, una fuerza extraña nos vendrá a imponer la paz y manera de gobernarnos.

¿Será tiempo entonces y será posible poner condiciones?

La mediación que hoy puede ser amistosa ¿no será después una intervención armada y violenta?

El porvenir nos lo dirá ya que no sabemos ver más que el presente.

He aquí en sustancia lo que tanto ha alarmado y hecho gritar a muchos hombres que usted conoce.

El motivo no es difícil descubrirlo.

En cuanto a lo relativo a la conducta y a cuanto han dicho a ustedes, son chicanas miserables que por su conocida malicia apenas merecen contestación.

Es cierto que el Sr. Degollado mandó devolver a la legación de su majestad británica $400,000 y para ello tuvo muy buenas razones que a su tiempo manifestará a la nación, como ya las ha manifestado al gobierno de Veracruz que no será ciertamente quien repruebe la medida.

No extraño que hayan recomendado a usted de Guadalajara escriba sobre lo ocurrido y en contra del Sr. Degollado.

Quienes tal hacen consideran a este desgraciado país como su patrimonio y usan y abusan de él.

La autoridad del Sr. Degollado es un estorbo y nada más lógico que procuren hacerlo a un lado.

Usted, amigo mío, forme su juicio sobre el contenido de esta precipitada carta y a él me atengo.

Pronto tendré el gusto de ver a usted, pues tengo la intención de retirarme por algún tiempo a algún pueblo o hacienda de ese estado.

Entretanto y como siempre, sabe usted que es su afectísimo amigo y seguro servidor.

Benito Gómez Farías

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.