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Siglo XIX > 1850-1859 > 1859

Una corbeta estadounidense comete atropellos en Guaymas.
Guaymas, noviembre 21 de 1859.

República Mexicana, gobierno del estado de Sonora

Excmo. señor ministro plenipotenciario de la república mexicana en Washington

Excmo. señor:

Al Excmo. señor ministro de Relaciones Exteriores de la República digo con esta fecha lo siguiente:

Excmo. señor:

Ocurrencias de seria consideración, acaecidas en el estado de mi mando con motivo del arribo a este puerto de la corbeta de los Estados Unidos St. Mary’s su comandante W. O. Porter, motivan la presente comunicación a la que acompaño todos los documentos justificativos para que V. E. se penetre mejor de la situación que guarda el país y peligros a que se halla expuesto.

El día cinco del mes pasado fondeó en este puerto de corbeta antes dicha y su comandante el Sr. Porter dirigió al gobierno en Hermosillo la protesta -documento número 1- de que acompaño copia, al señor prefecto del distrito de Guaymas a cuyo empleado, así como a los otros que ocupan los diferentes destinos de este puerto, mostró desde luego una prevención muy marcada por considerarlos, según privadamente ha dicho, autores del destierro del señor comisionado de deslinde don Carlos P. Stone, sin atender a que las autoridades de este puerto no podían dictar una providencia semejante sin que ella emanara de la superioridad.

Adjunto a V. E. -documento número dos- mi contestación a la protesta del Sr. Porter redactada con toda la moderación necesaria, atendido el carácter insultante que sus conceptos encierra, tanto para el estado de Sonora cuanto para todos los demás que componen la confederación mexicana.

Antes de que el Sr. Porter recibiera la contestación del gobierno y cuando el prefecto de este distrito estaba fuera del puerto, ocupado de la persecución de los indios yaquis, que habían invadido la población de San José de Guaymas, asesinando a sus habitantes y robando cuanto allí encontraron, mandó el mismo comandante enarbolar en una casa particular, la del ciudadano americano Fawelly Allden, la bandera de los Estados Unidos, fijando en una ventana de la misma casa el escudo de armas de su nación y proclamándolo por sí, ante sí y sin el conocimiento respectivo de la autoridad competente, vicecónsul de los Unidos de América en este puerto, V. E., sin que me esfuerce en persuadirlo, conocerá lo impropio e insultante de tal conducta, que no fue reprimida por el señor prefecto del distrito a su cargo por las recomendaciones que de mí tenía para no dictar una providencia que pudiera comprometer la situación, sin dar antes conocimiento de ella al gobierno.

Considerando por lo antes expuesto y que por extraordinario se me comunicó, que la presencia del gobierno en este puerto se cada vez más y más necesaria, inmediatamente me puse en camino para él, a donde llegué y después de las visitas de ceremonia que en tales casos se acostumbran, tanto la del Sr. Porter como la mía, acordamos tener una conferencia privada para en ella zanjar amistosamente las diferencias que se habían suscitado respecto del vicecónsul, su bandera y cualquiera otra que tuviera entonces o después el señor comandante americano.

La conferencia tuvo lugar el 31 del mes pasado; en ella exigió el Sr. Porter que fuera reconocido el Sr. Fawelly Allden como vicecónsul de los Estados Unidos y que pudiera enarbolar su bandera consular cuando gustara, concluyendo con pedir una explicación a1 gobierno sobre la conducta observada con el ciudadano americano Carlos P. Stone y los de su comisión, quienes pedía fueran admitidos nuevamente en el estado y permitiéndoles ejercieran su comisión de deslinde.

Fawelly Allden es un ciudadano americano que hace más de un año reside en este puerto ejerciendo la profesión de fabricante de ladrillos, muy propio por sus conocimientos de esa ocupación u otra semejante, pero sin los suficientes para desempeñar el encargo de vicecónsul en el que nunca será mas que un instrumento que se doblegue fácilmente a insinuaciones.

Sin embargo, Fawelly Allden deriva su nombramiento del Sr. don Roberto Rose, cónsul de este puerto, nombrado por el Presidente de los Estados Unidos, quien en mayo del corriente año a su patria, delegando su destino en el expresado Allden, quien lo ejerce hoy por exigencia del comandante Porter.

El gobierno, no obstante que reconoce la ilegalidad de tal sustitución, a la que de ninguna manera podía, convenirle el exequátur general dado por el supremo gobierno en 23 de abril anterior; no obstante que sabe que por muchas leyes está prohibido a los cónsules extranjeros enarbolar en nuestros puertos los pabellones de sus respectivas naciones, considerando que el comandante Porter no cejaría de sus pretensiones y que comprometería atropelladamente la situación -pues tal hasta ahora creo que sea su intento- convino con el Sr. Porter en reconocer a Fawelly Allden interinamente como vicecónsul y permitirle enarbolar su bandera que para ambos se solicitara por el interesado el correspondiente permiso y sujetando todo a la aprobación del gobierno constitucional de la república.

Respecto al Sr. don Carlos P. Stone y su comisión, el gobierno declaró terminantemente al comandante de la St. Mary´s que el ciudadano Carlos P. Stone y los de la misma nación que lo acompañan, no habían sido lanzados del estado como ciudadanos americanos sino como empleados en una comisión de mensura propia y exclusiva del gobierno de la república, a cuya decisión se sujetaría el asunto, que como súbditos de una nación amiga, como la de los Estados Unidos, podían regresar a Sonora y ejercer dentro de él las ocupaciones que mas a sus intereses convinieran.

Convino el Sr. Porter en que la decisión del asunto de deslinde aplazada hasta que de él tuvieran conocimiento los gobiernos de ambas repúblicas, conformándose con que se permitiera el regreso de Stone y ciudadanos americanos que lo acompañaron fuera del estado sin obstáculo ni oposición alguna.

Bajo la carpeta número tres, acompaso a V. E. los documentos relativos al reconocimiento de Fawelly Allden, ciudadano americano, como vicecónsul de los Estados Unidos de América, permitiendo en su casa consular el uso de la bandera.

Por lo expuesto y por los documentos relativos observará V. E. que ha sido necesaria toda la circunspección del gobierno y todo el deseo vehemente que lo anima, para evitar un rompimiento entre nuestra república y la vecina del norte, permitiendo que se le impusiera la obligación de reconocer un vicecónsul que ninguna misión legal puede ejercer, tanto porque esa misión no deriva de autoridad legal, cuanto porque el exequátur general a que se aludes no puede alcanzarle a él ni tampoco a su antecesor delegante, el Sr. Rose, quien a la fecha de la circular de 23 de abril no ejercía función consular alguna, no siéndole por consiguiente aplicables las prevenciones de ella.

En la misma carpeta de los documentos relativos al vicecónsul Aliden encontrará V. E. una comunicación de este individuo, anterior a su reconocimiento, en que perentoriamente pide al juez de 1ª. instancia de este lugar la excarcelación y relevo de toda fianza al ciudadano americano José María Vincent, bígamo, a quien aquella autoridad juzga con arreglo a las leyes, cuyos trámites quiere que se festinen en obsequio de aquel criminal.

Después de la conferencia privada de que anteriormente me he ocupado, ningún nuevo incidente vino a turbar las relaciones amistosas existentes entre este gobierno y el comandante de la St. Mary's hasta la venida de este puerto del Sr. capitán del ejército de los Estados Unidos, R. S. Ewell, quien, procedente del fuerte Buchanan, se presentó en este puerto con la misión de su gobierno, privadamente se me dijo, de protestar contra la expulsión de mister [Mr.] Stone, misión que creyó no deber ya desempeñar, atendido a lo que el particular había ya tratado el Sr. Porter.

La llegada de este nuevo personaje americano, digno por su circunspección y miramientos de respeto y a quien el gobierno debidamente atendió, reanudo más las relaciones entabladas con el señor comandante americano y, cuando creía que éstas no se turbarían fácilmente, la vuelta del Sr. capitán Ewell a Hermosillo, de tránsito para las posesiones de la república vecina, vino a ser causa de una nueva diferencia, que estuvo a pique de turbar la paz que reinaba y que aún a trueque de diferencias tal vez humillante para el país, me había esforzado en conserva.

La noche del 17 del actual se presentó el Sr. Porter a este gobierno, manifestándole por medio de su intérprete que un asunto de la mayor importancia y de graves consecuencias si no era atendido lo hacia presentarse, reclamándome que inmediatamente le diera órdenes que las autoridades de Hermosillo dejaran en libertad al Sr. capitán de los dragones de los Estados Unidos R. S. Ewell, restituyéndole una mula de su propiedad que allí se le había quitado, relevándolo de toda responsabilidad en el asunto y proporcionándole a más una escolta competente pagada por el estado, para llevarlo con seguridad e inmediatamente fuera de las posesiones mexicanas; previniendo al juez que lo detenía lo dejara seguir libremente su camino.

El gobierno, falto hasta aquella hora de los antecedentes relativos a un suceso tan extraño como inesperado, contestó al Sr. Porter que en espera de los informes que de un momento a otro deberían llegarle, nada podía contestarle definitivamente ni podía darle las ordenes que se exigían pero que aseguraba que el Sr. Ewell sería debidamente atendido por las autoridades con toda la justicia que tuviera, la cual el gobierno cuidaría de que se impartiera en toda su plenitud castigando, en caso contrario, a los que la desatendieran conforme a las leyes del país a las que todos debíamos someternos.

El Sr. Porter se manifestó disgustado de una negativa tan justa como legal, salió de la casa de gobierno donde teníamos la conferencia y con escándalo de toda la población de Guaymas, nacionales y extranjeros aun de su misma nación, entre 9 y 10 de la noche mando alistar 100 hombres de la corbeta St. Mary´s que en cinco embarcaciones del mismo buque, armadas de dos obuses, se dirigían a esta plaza a tomar posesión de ella según después privadamente he sabido por algunos de la tripulación suya.

Afortunadamente para los que componían esa fuerza el Sr. Porter entró sin duda más tarde en reflexiones más pacíficas y, cuando ya sus embarcaciones estaban a menos de un tiro de pistola del muelle, recibieron de él orden de suspender su marcha y de regresar a suelo, lo que verificaron.

Dejo a la calificación de V. E. la conducta de ese funcionario americano y el resultado que le hubiera dado una expedición tan descabellada en la que indudablemente hubiera sacrificado los 100 hombres de su tripulación, teniendo como yo tenía en tierra, a doble fuerza a la suya exaltada toda por los sucesos que presenciaba.

El desembarco de esa fuerza y su destrucción hubiera comprometido desde luego las buenas relaciones que yo había procurado conservar y, lo que es más sensible, hubiera sido causa de innumerables victimas sacrificadas al capricho y exaltación de un solo hombre que, según él mismo públicamente dice, quiere hacerse célebre con un atentado de esa clase que, a semejanza de los hechos de su padre, llame la atención del mundo, sin considerar que esos hechos de su antepasado estaban sellados de la justicia que asistía a la nación americana para emanciparse de una dominación extraña, para recobrar su independencia y libertad.

A las ocho de la mañana siguiente, 18 del actual, el cónsul americano Fawelly Allden, personalmente, fijó en las esquinas y públicas de este lugar el aviso que verá V. E. en el legajo numero cuatro relativo a este asunto, amenazando a la población, con un bombardeo inmediato que tendría lugar pasadas las 12 del día:

la St. Mary's inmediatamente levó sus anclas y aproximándose más a los muelles de la bahía se apoderó a corta distancia de ellos para indicar que las amenazas se llevarían a puro y debido efecto.

El gobierno, constante siempre en llevar las cosas al extremo sin provocar por su parte un conflicto, dirigió al señor comandante la nota, que verá V. E. en que le acompañaba los informes que por extraordinario había esa mañana mismo recibido de las autoridades de Hermosillo referentes a la cuestión del Sr. Ewell con ellas, probándole que ningún acto arbitrario se había cometido y contestando a otra nota por él pasada diciéndole que si el Sr. Ewell necesitaba bestias, escoltas u otros auxilios del gobierno, este tendría mucho gusto en facilitárselos a su pedimento.

La actitud firme aunque conciliadora del gobierno impuso sin eluda al Sr. Porter, quien vio burlada su esperanza de que la cuestión Ewell motivara el conflicto que desea y esta suposición mía es tanto más verosímil cuanto que la misma mañana a la diez de ella en que fueron los señores cónsules de Francia y España a conferenciar con el expresado comandante, sin duda para informarse de la realidad del bombardeo, el Sr. Porter les aseguró que si antes de las 12 del día no recibía del gobierno las satisfacciones por él pedidas a las tres de la tarde comenzaría irremisiblemente el bombardeo de la población que no cesaría hasta que quedaran reducidas a cenizas todas sus casas, respetando únicamente aquellas que pertenecieren a súbditos extranjeros, encargándoles en consecuencia que a esa hora sus nacionales y familias tomaren refugio en los consulados o fuera de la ciudad, para que sobre ellas no recayera inmediatamente por su parte una desgracia.

Difícil es de concebir, Excmo. señor, la alarma que tales amenazas, unidas a la actitud hostil, infundo en las familias de este puerto; los hombres se presentaron a la autoridad pidiendo armas con qué defenderla, mientras que sus familias solas, a pie y con sus tiernos hijos en los brazos, abandonaban sus casas y salían a los caminos y cerros que circundan la bahía en medio e un sol abrasador.

El Sr. Porter no pagaría con su vida los daños, perjuicios y desgracias que estos habitantes han sufrido en ese aciago día.

Si es lastimoso referir a V. E. ese cuadro me es muy grato decirle que nunca como entonces se ha mostrado más claramente el patriotismo sonorense hombres, ancianos, niños todos victoreaban la independencia e integridad de su nación y todos, a porfía, pedían armas a la autoridad con qué defenderla, llegando la exaltación en aquel momento al extremo de dirigirse una gran parte del pueblo a la casa consular, escalarla, arriar la bandera americana de el asta en que estaba izada y hacer pedazos el escudo de armas de la misma nación, que estaba clavado en una ventana.

Esta exaltación fue luego reprimida por la guardia nacional, la bandera americana fue recogida del pueblo y el gobierno inmediatamente mandó un comisionado a bordo de la corbeta St. Mary's, quien la entregó a su comandante dándole las debidas explicaciones sobre el hecho, las que fueron bien atendidas quedando el expresado señor satisfecho con ellas.

La actitud imponente del gobierno y esa exaltación extrema del pueblo en el más crítico momento, que presenció el vicecónsul americano, quien inmediatamente se refugió a bordo del buque de guerra de su nación, probó al Sr. Porter que a todo estaban resueltos el gobierno y los habitantes de este puerto y que si bien bombardearía a mansalva, no por eso sucumbiría sino después de haberlo en efecto reducido a cenizas; en consecuencia difirió sus amenazas hasta el día siguiente, en cuyo día recibió el gobierno un extraordinario de Hermosillo con carta abierta del Sr. Ewell para él, de que tengo el honor de acompañar una copia.

La ocurrencia antes dicha y sin duda la carta venida de Hermosillo han cambiado de tal manera la disposición del Sr. Porter, que ayer solicitó una conferencia que le fue otorgada y en la que se redujo a presentar sus respetos a mí autoridad sin siquiera darse por entendido de las ocurrencias anteriores pasadas en los días viernes y sábado de la otra semana.

Sin embargo, el Sr. Porter y el señor vicecónsul americano no desisten en provocar un conflicto que este gobierno evitará hasta donde sea posible.

Ayer el mismo señor comandante acompañado del cónsul y de un hijo suyo, a pretexto, de que no entendía y según, se me ha dicho, premeditadamente, con riesgo de su persona, atropelló un centinela que estaba de guardia el que ha sido debidamente por haberlo dejado pasar pegado al banco de armas que custodiaba, atendiendo a las recomendaciones terminantes de esta superioridad para que ni él ni los súbditos de su nación ni otros sean en lo más mínimo molestados o ultrajados en sus intereses o personas.

El Sr. Allden, con la impunidad del atropellamiento de ayer, quiso de nuevo atropellarlo hoy; pero ya advertidos los centinelas de la obligación en que están de cumplir en todo tiempo con su deber y advertidos ellos mismos de lo mal que hacían, le previno el centinela que no pasara por aquel lugar e insistiendo él hasta querer atropellar echando mano del arma que le impedía el paso se le dio con ella en la cabeza obligándolo a seguir el camino que debía llevar.

Inmediatamente mandé un comisionado para que explicara la ocurrencia al Sr. Porter quien aprobó, como era debido, la conducta del centinela, reprobando la del señor cónsul de su nación.

Por todas las ocurrencias que tan extensa como verídicamente he detallado, se persuadirá V. E. que un estado tan violento de cosas no puede ser duradero, por grandes que los empeños de este gobierno dominarlo; el señor comandante de la corbeta de los Estados Unidos, W. D. Porter y el cónsul de la misma república.

Fawelly Allden, trabajan sin descanso en provocar un conflicto y esos trabajos que conoce el pueblo lo exasperan y se hace cada día más y más difícil contenerlo.

No se me ocultan las miras que llevan estos agentes americanos para seguir adelante su propósito, que no es otro más que la adquisición de este estado, o conseguir de él o su gobierno privilegios o concesiones incompatibles con su bienestar y con el honor de la nación.

Estoy resuelto y todo Sonora lo está con su gobierno, a defender la integridad de la república y conservar su honor ileso y mientras me quede un soplo de vida defenderé una y otro sin admitir del gobierno americano más que aquello que sea compatible con nuestro bienestar y que no deprima en lo más mínimo nuestro carácter nacional.

Los agentes del Sr. Porter y otros han hecho diferentes propuestas al gobierno de concesiones, privilegios, derechos de tránsito y otros, hasta ofrecer recompensas públicas y privadas si se admitían, creyendo con ellas halagar los generales del estado y los particulares del que lo gobierna.

Ninguna cabida han tenido en mí tales ofrecimientos, porque tras del velo que los cubre y dora, encuentro la ruina de mi país y la destrucción de nuestra nacionalidad y no seré yo quien la venda.

Desengáñese V. E. y persuádase que al gobierno americano le conviene la posesión de Sonora., porque de ella depende la dominación del continente en él mar pacífico y es preciso que la política de nuestro gobierno tan previsora cuanto más astuta es la de él:  es preciso que nos anticipemos a satisfacer las necesidades que ellos creen tener para posesionarse de este país, concediéndoles en este estado los puertos de depósito, derechos de tránsito, etc., que ellos solicitan, en tanto que su solicitud sea compatible con nuestro honor y bienestar, porque de lo contrario por cualquier pretexto nos declaran la guerra y aprovechándose de nuestras disensiones interiores, de nuestra debilidad., pedirán a la conclusión de ella nueva desmembración del territorio nacional.

Este gobierno, que está al tanto de las miras del americano, está resuelto a tener con él y sus agentes una política circunspecta, evitando hasta donde sea posible todo motivo de queja, todo pretexto para un rompimiento hostil, proporcionando a los ciudadanos de aquella nación, así como a los demás de las potencias amigas, todas las franquicias que pueda legalmente otorgarles, dándoles seguridad en sus personas e intereses para que transiten libremente en el estado y se ocupen en él de aquello que más les convenga.

Acompaño a V. E., bajo los números cinco y seis, la orden que dicté a las autoridades de Hermosillo respecto al Sr. capitán Ewell y la que he dado el 19 del actual, encargando el respeto debido a los cónsules y ciudadanos extranjeros residentes en el país.

Ambos documentos probarán a V. E. con cuánto empeño trata este gobierno de evitar reclamaciones exteriores que tan mal resultado han dado en otros tiempos a la república.

Este gobierno cree que si bien a él toca observar la conducta expuesta en las actuales circunstancias, al de la república corresponde reclamar con energía y dignidad la conducta observada por los oficiales del gobierno de los Estados Unidos en este estado, pidiendo la destitución de los Sres. Porter y Allden, que tan indignamente se han portado y seguirán portándose, a no dudarlo, remplazándolos con hombres de honradez y representación social, debe igualmente exigir una indemnización al mismo gobierno por los daños y perjuicios que tan injustamente han sufrido los habitantes de este puerto, quienes tan violentamente amenazados de un bombardeo, abandonaron y perdieron gran parte de sus intereses en los momentos del conflicto.

Me tomo la libertad de mandar copia directamente de esta comunicación al Excmo. señor ministro plenipotenciario de la república en Washington, suplicándole que desde luego trabaje para obtener lo que este gobierno desea y que tan justo me parece.

Sírvase V. E. elevar lo expuesta al conocimiento del Excmo. señor Presidente de la República, admitiendo con tal motivo mi distinguida consideración y aprecio.

Y tengo el honor de transcribirlo a V. E. para que penetrado de la urgencia del caso y de la necesidad en que nos hallamos de reclamar sin demora tantos desmanes, se sirva interponer su influencia y respetos ante ese gobierno, a fin de obtener sin demora una reparación a los males que se han causado y que es probable seguirán causando los agentes de esa república en el estado de mi mando.

Protesto a V. E. con tal motivo las seguridades de mí distinguida consideración y particular aprecio.

Dios y Libertad.

Guaymas, noviembre 21 de 1859.

Manuel Monteverde

Ignacio Pesqueira
Secretario

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.