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Siglo XIX > 1850-1859 > 1859

McLane insiste en poder tratar con los conservadores en defensa de los intereses de estadunidenses.
Washington, octubre 31 de 1859.

Sr. Lewis Cass
Secretario de Estado de los Estados Unidos

Señor:

Por la presente comunicación no oficial, acuso recibo de vuestro despacho número 20 fechado el 13 de septiembre del presente año.

He quedado enterado, por la comunicación que me hizo el capitán Farragut, comandante del barco de Estados Unidos Brooklyn, de las instrucciones que se recibieron del secretario de la Marina para que yo me embarcase en dicho barco con destino a Veracruz, así como para que se me consultase todo futuro movimiento del barco, ya que el servicio del mismo puede ser necesario para ayudarme en mi misión.

Siguiendo vuestras instrucciones hasta ahora recibidas y explicaciones verbales sobre las mismas, haré, a mi regreso a Veracruz, todo lo posible para llegar a una solución satisfactoria de aquellos puntos de divergencia, que motivan el que no se haya firmado aún un convenio entre Estados Unidos y México relativo a tránsitos, derechos de vía y relaciones comerciales.

En relación al asesinato de algunos ciudadanos estadounidenses en Tacubaya, los días 11 y 12 de abril de 1859, necesito que me sean enviadas instrucciones más amplias y, en vista de la reciente muerte o asesinato de Orlando (¿Ormond?) Chase en Tepic a manos de las fuerzas de Miramón, es absolutamente necesario que el gobierno determine cómo debo tratar esta clase de ultrajes.

Los hechos conectados con el asesinato de Orlando Chase están presentados en el despacho número 41 del señor La Reintrie, fechado el 5 de octubre de 1859.

La serie de despachos a que hago referencia, en relación a los asesinatos de Tacubaya, asientan ampliamente los motivos políticos que influyeron al gobierno de Estados Unidos para que reconociera al Presidente Juárez y vindicara ese acto bajo la más clara ley y derecho de las naciones.

El gobierno de Juárez reconoce su responsabilidad en los hechos y denuncia las atrocidades con términos de indignación, tan sinceros como aquellos con los que el gobierno de Estados Unidos ha expresado sus sentimientos al enorme daño causado a las infortunadas víctimas de esa brutal ejecución.

Por otra parte, el Gobierno de Miramón defiende y justifica la inhumana conducta de aquellos que actuaron bajo su autoridad y se niega a dar respuesta a la reclamación que le dirigiera el gobierno de Estados Unidos.

En estas circunstancias, como el gobierno de Juárez confiesa su incapacidad para castigar a los culpables de estas crueldades o para ofrecer cualquier otra forma de desagravio satisfactorio al gobierno de Estados Unidos o a las familias de los ciudadanos estadounidenses asesinados en Tacubaya, es deber del gobierno de Estados Unidos determinar qué debe hacerse con relación a este caso y qué forma de actuación debo adoptar en casos semejantes, para cumplir con mi misión y particularmente en el caso de Orlando Chase sobre el que se llama la atención de nuestro gobierno, en el despacho número 41 del señor La Reintrie.

En toda la serie de despachos en que he hecho mención a estos asuntos y, muy especialmente en el número 31, de agosto de 1859, recomendó la posibilidad de que el Presidente pidiera autorización al Congreso para emplear las fuerzas militares de Estados Unidos para reforzar la demanda presentada por desagravios y, en general, para proteger a los ciudadanos estadounidenses y los derechos que el tratado concede a Estados Unidos; ahora, tengo que recomendar se informe al gobierno de Juárez que la intención de mi gobierno a solicitar al Congreso esta autorización, no es otra cosa que el total y libre consentimiento de su gobierno para emplear las fuerzas de Estados Unidos con ese propósito y, en el caso de rehusarse a dar tal consentimiento, recomendaría que se me autorizase a informar que el Presidente demostraría al Congreso la necesidad de usar dichas fuerzas sin su consentimiento.

A este respecto y a causa de mi inhabilidad para llevar a un arreglo favorable con el gobierno de Juárez en lo relativo a tránsitos y derechos de vía a través de México, y a las medidas necesarias para proteger a nuestros ciudadanos que se encuentran en el interior de la República, creo que es de gran importancia que se me autorice y se me dé poder para comunicarme, ya sea personalmente o por escrito, a mi discreción, con cualquier autoridad o poder político o militar de facto que pueda establecerse en cualquier parte de la República contra el gobierno de Juárez, con miras a asegurar la tranquilidad de nuestros ciudadanos y el debido respeto a las estipulaciones del tratado entre ambas repúblicas; aunque dichos gobiernos revolucionarios se rehusaran a hablar conmigo en mi carácter de ministro acreditado de Estados Unidos ante el Gobierno Constitucional, no hay duda, en mi opinión, que respetarían y harían deferencia a mi cargo de comisionado especial, debidamente autorizado para vindicar los derechos de nuestros ciudadanos y para insistir sobre la necesidad que tienen todos los gobiernos y partidos de México de cumplir en forma debida con las cláusulas del Tratado.

También creo que aumentaría mucho mi ascendiente como ministro acreditado ante el Gobierno Constitucional, el hecho de que mi gobierno me hubiera autorizado, en caso de que no se pudiera asegurar en otra forma el resguardo y justicia de nuestros conciudadanos, a apelar directamente ante el poder dentro de cuya jurisdicción residan.

Bajo todas circunstancias, creo que el solicitar del Congreso la autorización para poder emplear las fuerzas militares de Estados Unidos en México, debe hacerse de acuerdo a las alternativas que he presentado, es decir, con el consentimiento del gobierno reconocido en los términos que el ejecutivo de nuestro gobierno juzgue prudentes o sin ese consentimiento, si se rehusara sin alegar motivos razonables para ella.

En relación a la sugestión contenida en vuestro despacho número 16 referente al proyecto de Tratado de Alianza presentado por el señor Ocampo, que fue entregado el 18 de junio de 1859, creo que el memorándum adjunto contiene puntos que pueden ser incluidos en cualquier convenio que puede ser negociado entre ambas repúblicas ya sea para tránsitos, derechos de vía o relaciones comerciales.

Muy respetuosamente, etc...

Robert M. McLane

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.