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Siglo XIX > 1850-1859 > 1859

Mata sugiere una adición al proyecto de tratado respecto a la presencia de fuerzas militares estadunidenses.
Washington, octubre 4 de 1859.

Excmo. Sr. don Melchor Ocampo
Veracruz

Mi estimado amigo y señor:

Aunque no despacharé mi correspondencia sino hasta el día 7, en tiempo oportuno para que esté en Nueva Orleáns a la salida del Tennessee que comenzará de nuevo sus viajes el día 15, anticipo esta carta para tratar algunos asuntos cuyo carácter no variará en tres o cuatro días.

Comienzo por confesar que ha andado usted más acertado que yo en el juicio que se tenía formado respecto de Vidaurri, como lo comprueban los últimos sucesos que han tenido lugar en Nuevo León y que no pormenorizo porgue indudablemente que usted los conocerá a esta fecha.

Nunca pensé que pudiera suceder lo que ha ocurrido, pues yo me había fijado siempre en consideraciones muy distintas para formar mi juicio y lo que ha pasado estaba fuera de mi previsión.

Queda ahora por ver si los habitantes del estado de Nuevo León corresponden a la idea que de ellos tengo formada, o si en esto también quedaré chasqueado, porque ellos aprueban o se someten a las disposiciones de Vidaurri.

El señor Bickley estuvo a verme hace algunos días para decirme que la carta que se había publicado bajo su nombre, era una impostura y que estaba pronto a demostrarlo contrariando del modo más solemne la referida carta.

Díjele que me bastaba su declaración hecha delante de varias personas que estaban presentes.

Pasado esto volvió a instar en lo relativo a sus proyectos de auxiliar con dinero, armas y hombres al Gobierno Constitucional.

Le manifesté que, careciendo de instrucciones para hacer arreglos de la naturaleza que él proponía, todo paso dado cerca de mí era completamente inútil.

A esto me contestó que, si era necesario, estaba dispuesto a ir a Veracruz a explicar a usted y al señor Presidente sus ideas que creía serían aceptadas.

Como el señor Lerdo está en New York, dije al señor Bickley que, siendo aquel un miembro del gabinete debía conocer mejor que yo las ideas del gobierno y juzgaba conveniente que antes de ir a esa ciudad pasase a verlo.

Hízole así y ayer estuvo a verme de nuevo, manifestando estar resuelto a hacer el viaje y pidiéndome carta de introducción para usted y para el señor Presidente, que le di.

Juzgo inútil expresar opinión alguna con relación a este asunto, ustedes, que están al corriente de los sucesos, tienen mejores datos que yo para juzgar de la conveniencia o inconveniencia de aceptar las proposiciones del señor Bickley y resolverán lo que estimen más propio.

He querido únicamente dar a usted una relación sencilla de los hechos ocurridos aquí para que le sirva de gobierno en la conferencia que haya de tener lugar entre usted y el señor Bickley.

Voy ahora a ocuparme del tratado.

Había yo pensado ver al Presidente con el objeto de procurar convenir en la redacción de un artículo que hasta donde es posible satisfaciera a ambas partes y, aunque después de meditar sobre el asunto llegué a redactar el artículo que pondré después, he desistido de mi intento, por temor de que fuese yo a quedar en ridículo si ustedes no aceptaban lo que yo hubiese convenido.

Así, pues, me he abstenido de ver tanto al Presidente, como al secretario de Estado y no los veré mientras no tenga algo positivo en qué apoyarme.

El artículo dice así:

“En los casos imprevistos y repentinos de perturbación de la paz pública en algún punto de las vías de tránsito, en que es necesaria una acción pronta y decisiva para proteger la seguridad de la vía de comunicación, el comisionado del gobierno mexicano encargado de mantener la tranquilidad y la seguridad de la vía de comunicación, deberá, cuando los medios de acción que estuvieren en su poder fueren ineficaces a insuficientes para proteger el tránsito, pedir directamente auxilio a las fuerzas navales o de tierra de los Estados Unidos, que se hallen más próximas a la línea del tránsito.

Y, si por ausencia del referido comisionado, por hallarse imposibilitado de dar el aviso o por cualquiera otra circunstancia, sucediere que pasaren diez días después de que la paz hubiese sido interrumpida sin haberse ésta restablecido y sin que se pida el auxilio de las fuerzas de los Estados Unidos, las referidas fuerzas podrán marchar al punto del tránsito en que su presencia fuere necesaria para restablecer la paz; pero a condición de dar parte al comisionado del gobierno mexicano residente en la línea o, en el caso de no hallarse en ella, a la primera autoridad civil del tránsito por donde han de marchar manifestando la causa que determina su movimiento y de retirarse tan pronto como, a juicio del comisionado del gobierno mexicano residente en la línea del tránsito o, si aquel no estuviere presente, de la primera autoridad local mexicana, no fuere necesaria la presencia de las mismas fuerzas”.

Aunque temo ser fastidioso explicando las razones que he tenido presentes al redactar el articulo, quiero indicarlas compendiosamente.

No hay infracción de la soberanía de México,

1° porque México la ejerce y plenamente, al formar el tratado;

2° porque el plazo que se fija para la entrada de las fuerzas y condiciones con que ha de verificarse, son en ejercicio de la misma soberanía;

3° porque la condición de que las fuerzas se retirarán en el acto de ser requeridas para ella, comprueba el ejercicio de la misma soberanía en toda su plenitud.

Es conveniente para la seguridad del tránsito.

El comisionado puede faltar a sus deberes por espíritu de hostilidad de gobierno y a la vía de comunicación.

Puede morir a enfermarse de tal modo que no le sea posible dar el aviso.

Puede ser sorprendido, aprisionado y conducido fuera de la línea de tránsito por los que intenten turbar el orden para impedir, por este medio, que pidiese el auxilio de las fuerzas americanas.

Cualquiera de estos accidentes, sobrevenido en las vías del norte, a gran distancia de la capital y con nuestros medios imperfectos de comunicación, podría dar lugar a mil trastornos, antes no sólo de que el gobierno hubiese podido hacer sentir allí su acción, sino aun de que hubiese tenido tiempo de saberlo.

Creo, además, que el solo conocimiento de que la protección de las vías de tránsito está asegurada por los dos gobiernos de un modo eficaz, quitará a los que intentaran entorpecerlas, toda gana de poner en práctica sus ideas, lo que temo y mucho, que no sucedería en el caso contrario.

Es posible que la autorización para que las fuerzas americanas marchen al territorio mexicano en los casos previstos en el artículo, sólo quedase escrito en el papel sin llevarse nunca a la práctica.

Si así fuere, tanto mejor para nuestro crédito; pero, aún en el caso contrario, si había motivo para la introducción de las fuerzas, esto mismo justificaría la conveniencia y aun la necesidad del artículo.

En todas mis consideraciones yo parto de un principio necesario; los dos gobiernos proceden con la mejor buena fe y con los deseos más sinceros de realizar la importante obra de las vías de comunicación.

Si no fuese así y hubiese temor de que la buena fe no presidiese a las estipulaciones del tratado, en este caso la consecuencia es muy sencilla, no se debería tratar.

Aunque juzgo todo lo que dejo escrito sobre este asunto de muy poca utilidad, me ha parecido conveniente exponerla, para que, si lo que no espero, me mandan autorización para terminar aquí el tratado, serán los puntos en que yo me fijaré para el arreglo y, si prefirieren esperar la vuelta del señor McLane, es posible que entre todos haya siquiera una idea útil.

Acompaño a usted una carta y relación que me envió el señor J. Julio Morner.

La petición me parece peregrina, no sólo porque no envía los títulos para que sean examinados, sino porque casi todas las concesiones aparecen hechas por un soi disant subjefe político y sin saberse por qué, ni con autorización de quién.

Entre otras concesiones me da gusto ver la que hizo Comonfort a Arrioja regalándole probablemente, a título de buen mozo, una zona de terreno que ni uno ni otro sabían qué extensión tiene.

¡Pobre país!

Acompaño a usted también una carta del señor don Antonio del Castillo y unos documentos que con ella vinieron.

Si estuviéramos en paz, pediría yo oficialmente al general Case los documentos que comprueban todas las fullerías hechas por Limantour y socios en el negocio de los terrenos de la Alta California, para procurar el castigo de los empleados que han comprometido el buen nombre de la nación con sus procedimientos.

Lo más triste, no, no creo que es lo más triste, pero sí es sensible, que uno de los que en mi concepto fue cómplice de Limantour en forjar los títulos y que después se convirtió en su acusador, reclama ahora 500,000 pesos por daños y perjuicios a consecuencia de la persecución de Limantour que dio lugar a que lo tuvieran preso cosa de un año en Guerrero y después en México.

Vuelvo a repetir ¡pobre país! Ha pasado el término durante el cual debió funcionar el primer Congreso Constitucional.

Como la mayoría de los estados reconoce el orden constitucional, me ocurre la idea de que sería conveniente expedir convocatoria para la elección de diputados, a reserva de señalar oportunamente el día y lugar en que hubiesen de reunirse.

Al mismo tiempo que la elección de diputados, podría tener lugar la de Presidente, o bien, puesto que no hay la declaración oficial de haber cesado Comonfort de tener el carácter legal de Presidente, expresar en la convocatoria la necesidad que hay de que el Congreso se reúna para ocuparse de este asunto y determinar que se haga la elección de Presidente con arreglo a los preceptos de la Constitución.

El señor Oseguera me puso una nota que traslado al ministerio de Relaciones en que manifiesta que Gutiérrez Estrada logró obtener una audiencia de Luis Napoleón, por conducto del príncipe Metternich.

No me asustan esas audiencias, porque Napoleón tiene demasiado quehacer con la cuestión europea que está erizada de dificultades y porque la nueva guerra con China, que a primera vista aparece insignificante, puede adquirir proporciones mucho mayores de las que ahora se le dan.

El modo con que los chinos han peleado en la boca del Peiho y las armas que han empleado, prueban o que es cierto lo que se supone de estar dirigidos por los rusos a que han adelantado maravillosamente en el glorioso arte de matar al prójimo.

En uno u otro caso, un pueblo que tiene millones de sobra en cuanto a hombres, que debe tenerlos en cuanto a dinero, que se halla animado por el principio de una política tradicional de muchos siglos, y que se halla a tan larga distancia de los que han de ir a hacerles la guerra, posee elementos que, bien dirigidos, pueden ser superiores para la resistencia a todo el poder que para el ataque poseen la Francia y la Inglaterra.

Es muy fácil que yo me equivoque, pero la victoria obtenida por los chinos fue tan completa que ella ha bastado para destruir el prestigio de todos los hechos anteriores y para recobrar el prestigio perdido se necesitan esfuerzos extraordinarios y una serie de victorias que borre el recuerdo de una derrota que no tiene igual en la historia de los reveses sufridos por la marina inglesa.

Día 6

El telégrafo de New Orleáns anuncia que Degollado marcha con 3,000 hombres del norte de México hacia el sur, lo que me hace creer que Vidaurri no ha sido obedecido y que las fuerzas de Nuevo León, en vez de volver a su estado, siguen la compaña ¡ojalá y así sea! Anúnciase también que Coronado tomó a Tepic y que Márquez salió de Guadalajara para atacar a aquel.

Si Woll quedó tan mal parado, como dicen, en la batalla de León, ésta sería una buena oportunidad para caer sobre el mismo Woll con todas nuestras fuerzas y, después de aniquilarlo, marchar rápidamente sobre Guadalajara y procurar acabar con Márquez.

Después de dos victorias importantes poco podrían hacer en México para reparar estos descalabros, pues, aun cuando tuvieran hombres y dinero no tendrían armas.

Me complazco en levantar castillos en el aire que, como tales, es posible que se disipen por la llegada de alguna noticia desconsoladora.

Día 8

Noticias recibidas de Europa hasta el 24 del próximo pasado, anuncian que hay probabilidades de que se arregle la cuestión italiana del modo siguiente: Parma y Módena se unirán a Cerdeña; la casa de Lorena se restablecerá en Toscana y el Papa recobrará las legaciones.

Un congreso europeo se reunirá en Bruselas; Venecia tendrá un gobierno casi independiente regido por el archiduque Fernando Maximiliano.

Continuaban en Inglaterra los preparativos para la expedición a China y habían salido ya varios buques de guerra.

En este país lo único notable que ha ocurrido es la organización de una nueva expedición filibustera, capitaneada por Walker, con el objeto de ir a Nicaragua; pero el Gobierno ha adoptado medidas tan eficaces que todos o casi todos los filibusteros han sido aprehendidos.

Acompaño algunos artículos de periódicos que indican el estado de la opinión con respecto a nuestras relaciones.

Algunos artículos y cartas publicadas en el Noticioso y en el Herald, en que se indica que el tratado pendiente se arreglará, han contribuido a acallar la fuerte oposición que comenzó a declararse bajo la impresión de las primeras noticias de que no habría tratado.

He reflexionado en lo que dije a usted en mi carta escrita en New York, acerca de mi resolución de abandonar este puesto en el desgraciado evento de que no se realizara el tratado.

Mis reflexiones me conducen a adherirme más y más a aquella idea, que pondría en práctica sin demora alguna si, como temo que suceda, en los momentos de verificarlo, la situación de Josefina no lo impidiese.

Pero esto sólo producirá un retardo accidental y nada más.

Concluyo mi fastidiosa carta, deseando que se conserve usted bueno y repitiéndome su afectísimo amigo y servidor, que besa su mano.

José María Mata

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.