Buscar en  
  Página principal

  Conquista

  Independencia

  Revolución

  Siglo XXI

  Siglo XX

  Siglo XIX

      1890-1899

      1880-1889

      1870-1879

      1860-1869

      1850-1859

          1859

          1858

          1857

          1856

          1855

          1854

          1853

          1852

          1851

          1850

      1840-1849

      1830-1839

      1820-1829

      1810-1819

      1800-1809

  Siglo XVIII

  Siglo XVII

  Siglo XVI

  Siglo XV

Siglo XIX > 1850-1859 > 1859

Mata conforme con la designación de Matías Romero como secretario de la legación.
Washington, septiembre 12 de 1859.

Excmo. Sr. don Melchor Ocampo
Veracruz

Mi estimado amigo y señor:

Hace tres días recibí las gratas de usted de fechas 20 y 21 del próximo pasado y hoy he recibido la de 31 del mismo.

Mi salud está completamente restablecida desde hace tiempo y doy a usted las gracias más expresivas por el interés que por ella se sirve manifestarme.

Estoy conforme con la proposición que se sirve usted hacerme de nombrar secretario de legación al señor Romero.

Ya que hablamos de legación, supongo que Navarro ha mandado su renuncia, que yo le aconsejé hiciera, porque es absolutamente inútil y es incapaz de ser útil.

Hace un mes que sólo se ocupa en pasear, que es lo único que sabe hacer y, quizás por esto, lo hace de buena voluntad.

Preferiría estar solo a tener semejante auxiliar.

Degollado, aunque carece de conocimientos tiene pundonor y deseos de aprender y es a quien ocupo en lo que me puede ayudar.

Quedo impuesto de la entrada del señor (de la) Fuente al ministerio de Relaciones.

Varias personas que me han hablado sobre esto, desde que se supo la noticia no están satisfechas del cambio y es lo peor que yo no puedo contrariar esa opinión porque es también la mía que es muy posible sea errónea, pero que se funda en que el señor Fuente, en el Congreso Constituyente fue enemigo de la libertad religiosa, del juicio por jurados, etc.

Como yo lo creo honrado y juzgo que procedió entonces con arreglo a sus convicciones, creo que no puede sostener un principio quien no tiene fe en él y que, en este caso, ustedes tienen en vez de un auxiliar en la grande obra de la reforma del país, un obstáculo para esa misma reforma.

Recuerdo que en una de mis conversaciones con este señor no hallé otra expresión para calificarlo más que la misma que le apliqué a Comonfort y le dije que le tenía miedo al diablo.

Es posible que ya no se lo tenga y entonces todo irá bien, porque lo creo honrado e inteligente.

Es posible que a Vidaurri le disguste, no por lo del miedo al diablo, sino porque parece que contribuyó considerablemente a la guerra que Comonfort hizo al primero.

Hace un año pensaba de Vidaurri como usted.

Si él hubiera logrado derrotar a Miramón en Ahualulco y hubiera después entrado triunfalmente a México, es probable que se hubiera querido declarar héroe, salvador, etc.

pero su derrota redujo al hombre a otras proporciones y esta circunstancia y la idea que tengo de que en caso de que quisiera seguir mal camino se vería abandonado y aun contrariado por todos o casi todos los hombres influyentes que ahora lo ayudan, me hace confiar en que no tendremos mucho que temer de él.

El estado de Nuevo León, quizás más que ninguno otro de la República, se gobierna por la opinión y ésta se ha pronunciado con demasiada fuerza en la contienda actual para que Vidaurri, aun teniendo aspiraciones bastardas, se atreviera a contrariarla.

En punto a la adquisición de armas, habrá usted visto por mi nota oficial, lo que se le remitió, debido a la casualidad de que el contratista no pudo entregar todas las que había contratado.

Me dice usted que me envía una carta para que la entregase a su título.

No he recibido más carta que una para Navarro y no sé por qué, creo que no es esa carta a la que usted se refiere.

En efecto que, individualmente, la conducta que han observado los yankees en Texas y la Alta California con los mexicanos, no es para alabarse y éste es el más eficaz medio que tenemos para prevenir el desarrollo del sentimiento anexionista en nuestra frontera.

Doy a usted mil gracias por el envío de mis cartas y también por la orden para la entrega de los $1,000 a la casa de Zamora.

Temo mucho que la redención de los $ 2,000 que reconoce la casa de Jalapa no pueda hacerse en virtud de la circular que libra de los efectos de la confiscación las capellanías de sangre a cuya clase creo, pero no la sé, pertenece la que reconoce la casa.

Envío a usted la liquidación confidencial de mi cuenta con la Tesorería, en la cual como usted verá no comprendo los $ 50 de la suscripción al Noticioso, ni los otros $ 50 que pagaré mañana por el segundo mes porque, ateniéndome a lo que usted me dijo, espero que estas sumas irán pagándose regularmente.

Confidencialmente también diré a usted que para hacer frente a mis gastos en todo este tiempo, he tenido que echar mano de todos los fondos de que podía disponer, prefiriendo esto a aparecer exigente por dinero, cuando sabía que no lo había, o a abandonar una misión que mi conciencia me decía ser de primera importancia para nuestra causa.

Estoy liquidando mis cuentas y, juzgando por encima, me parece que deberé de 4 a $ 5,000 y ahora no me queda más paño de donde cortar que los sueldos, pues las especulaciones de vainilla y tabaco tuvieron un resultado infeliz y en vez de ganancias han dejado pérdidas.

Nadie abrió las cartas de usted.

Fue una majadería del cónsul decir que el pliego estaba abierto.

El sobre estaba estropeado por el roce, pero no abierto.

Todo el mal que hubo fue que las cartas fueron enviadas a New York y no a esta ciudad.

Cuando usted reciba ésta, creo que habrán llegado los 500 quintales de pólvora y los fusiles que mandó (el) señor Lerdo.

No he vuelto a hablar al señor Thompson sobre el pensamiento relativo a California e indios, pero mientras más medito sobre él más me convenzo de que es irrealizable bajo todos aspectos.

Lo que decía a usted sobre el periódico de Trasher, es, que debiendo pagar, según la orden de usted, $ 50 cada mes por cuenta del gobierno como suscripción o auxilio al periódico, esta suma bastaría para ir haciendo los pagos de los capitales redimidos.

El recibo del dinero dado a Degollado, lo remití en mi siguiente carta; ahora acompaño otro.

Los comisionados de Zacatecas trajeron $ 32,000 para comprar armas.

Después de perder tiempo tontamente apelaron a Butterfield para procurarse las armas y pronto se irán.

Día 13

(El) señor McLane estuvo a verme anoche y me refirió el estado en que había dejado la negociación.

Lo he sentido mucho porque creía firmemente que traería el Tratado.

Después de hablar con él, se ha hecho más intenso el disgusto producido por la separación de usted del ministerio de Relaciones.

Hoy temprano se ha ido (el) señor McLane para New York y yo me iré esta tarde para que hablemos los dos con (el) señor Lerdo.

Me causa pena saber que el Presidente ha sido mal informado acerca de los motivos porqué en 1851 hubo tan fuerte y decidida oposición al Tratado Letcher-Pedraza, pues no es exacto que el artículo 4°, en los términos en que quedó redactado, fuera causa de oposición.

Ésta la hubo, porque el gobierno americano procuraba, por media de aquel tratado, hacer que México reconociera la validez del privilegio Garay y esto y sólo esto, fue lo que ocasionó el desacuerdo final entre los dos gobiernos y lo que hizo que el Congreso rechazara el tratado.

Tengo en mi poder toda la correspondencia oficial habida con motivo de este negocio.

En el proyecto que don Fernando Ramírez pasó a Mr. Letcher con el objeto de abrir de nuevo la negociación, proyecto que éste no quiso considerar, hay al fin del artículo 9 lo siguiente:

“El gobierno de los Estados Unidos se compromete asimismo a ayudar y proteger al de México con el objeto de prevenir y perseguir el contrabando que se haga o intente hacerse por la referida vía de comunicación a sus aguas adyacentes, hasta donde alcanza o se extiende su territorio marítimo, así como para remover cualquiera clase de obstáculos que pudieran impedir o embarazar el libre y expedito tránsito por ella, quedando entendido que esta ayuda y protección no se proporcionará sino cuando sea solicitada por el gobierno de México o por su agente autorizado en el Istmo y únicamente para el servicio que la referida ayuda y protección hubiere sido pedida”.

¿No es éste el mismo pensamiento del artículo 4° de la convención rechazada? Pues Ramírez, que lo redactó, fue el enemigo más decidido de la referida convención, como lo prueban los escritos de la época, que prueban también, que todo su objeto fue probar que México no estaba obligado a reconocer el privilegio Garay.

He entrado en estos pormenores por especial encargo del señor McLane, quien se puso muy contento de oírme referir la historia de la convención Letcher y, de la causa de su no admisión por el Congreso de México.

Estoy persuadido de que el señor Lerdo nada conseguirá en New York.

Todas sus esperanzas y las mías se fundaban en la venida del Tratado.

Voy, pues, a indicarle la conveniencia de su regreso, puesto que ahora ni pretexto le queda ya para permanecer, habiéndose suspendido todo paso en la negociación.

En esta creencia, no me ocupo de expresar a usted mi modo de ver la cuestión respecto del mundo, emergencias repentinas, casos imprevistos, que comprenden las últimas instrucciones del señor Buchanan.

Acaba de llegar un despacho telegráfico de New Orleáns en que se dice (que) La Bandera de Brownsville del día 19 dice: “corre el rumor de que Miramón con 3,000 hombres había marchado sobre San Luis.

Márquez estaba en Zacatecas.

El general Ortega fue muerto en una batalla”.

Todo me parece mentira.

He hecho publicar en los periódicos que ya hemos pagado lo que se debía a la convención francesa y las pillerías de Mr. Gabriac para ver si sus defensores se avergüenzan de tal protegido.

Me habla usted de una carta que debía enviar al señor Lerdo después de leerla.

Tal carta no vino.

El señor Presidente, a instancias del señor McLane, ha acordado mandar instrucciones a Mr. Dallas, ministro americano en Londres, para que urja el reconocimiento de nuestro gobierno por el inglés.

Temo que sea fatuidad; pero tengo la idea de que yo hubiera podido arreglar aquí la dificultad relativa a protección del tránsito de un modo satisfactorio para ambas partes.

Aun llegué a esperar, cuando supe que el tratado no había sido concluido, que me mandaran ustedes instrucciones y facultades para arreglarlo aquí, convencidos de la importancia que hay no sólo de procurarse los recursos que el tal tratado dará sino, lo que es más, de ligar a los dos gobiernos en términos de que se identifiquen en política y en intereses.

Concluyo ahora para seguir en New York.

(José María Mata)

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.