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Siglo XIX > 1850-1859 > 1859

Matías Acosta informa de la derrota de Degollado por las fuerzas de Miramón.
México, noviembre 19 de 1859.

Excmo. Sr. Presidente don Benito Juárez
Veracruz

Mi muy querido amigo:

Al escribir a usted el día 11 estaba yo casi completamente seguro de poder dar a usted al día siguiente muy buenas noticias, pues la madrugada del 1º.

estaba señalada para el movimiento y las órdenes de nuestro general en jefe todo lo habían previsto.

Un accidente ha retardado el suceso y digo retardado porque el negocio no puede darse por frustrado.

Contamos con la mayor parte de esta guarnición y, creyendo débiles las fuerzas que tenemos en Palacio, uno de nuestros jefes habló y compró a tres oficiales del cuerpo que manda Pérez Gómez.

Parece que uno de estos oficiales denunció al jefe a última hora.

El jefe fue reducido a prisión y la ciudadela fue reforzada desde muy temprano por el único cuerpo que nos es hostil.

Uno de los jefes de este cuerpo había estado engañando al Sr.

Parra y, para entregarlo, sólo esperaba recibir el dinero que le había prometido, pero con la denuncia de los oficiales se hicieron numerosas prisiones.

De todos los presos sólo son nuestros el jefe de un cuerpo y uno de nuestros principales agentes.

El denunciante no estaba en los pormenores y así sólo ha podido entregar a la persona que le habló.

Nada, pues, se ha traslucido de la combinación y ningún otro militar de los comprometidos ha sido aprehendido, estando libres el general en jefe y sus agentes principales, de los que todos tienen algún mando, pues jefes sin soldados de nada sirven.

Por más esfuerzos que hicimos, hemos tenido que retardar el negocio y, tanto la derrota de las fuerzas de Oaxaca como las malas noticias del interior, nos han obligado a prolongar esta demora, aunque seguimos trabajando sin cesar y mantenemos en pie todos los elementos, exigiendo el cumplimiento de sus compromisos a jefes que, en su mayor parte, están ya pagados, pues por triste que sea es preciso que usted sepa que de los soldados no hay uno solo que proceda por opinión, sino sólo por interés de dinero o ascensos.

En una y otra cosa hemos procedido con mucha parsimonia, reduciendo los gastos hasta donde ha sido posible y rebajando todas las exigencias que al principio pasaban de 100 mil pesos.

Uno de los jefes principales ha tenido que salir para Querétaro, debe volver muy pronto y, aunque su regreso nos es indispensable, nos ocupamos ahora de activar las cosas sin él.

Crea usted que no omitimos esfuerzo, que para estar en relaciones con la guarnición no nos hemos parado en dificultades y que seguiremos trabajando sin descanso.

Nada se ha traslucido, contamos con los mismos elementos y, a pesar del cambio de la situación, espero llegar, pronto a un buen resultado y no desmayo en mis trabajos.

La demora es para mí una terrible mortificación y he pasado por ella contra toda mi voluntad.

Estos jefes contaban en que nuestras tropas de Oaxaca hostilizarían a Puebla y participaban de la esperanza de que triunfaríamos en el interior.

Usted comprenderá fácilmente la mala influencia moral de nuestros desgraciados descalabros, aunque ahora, como antes, todos conocen que las ventajas de la reacción no pueden conducirla a un triunfo decisivo.

El mismo Miramón se creía perdido y solicitó una entrevista de don Santos, quien le propuso que jurara la Constitución y le ofreció dejarlo al frente del ejército.

Sin la primera exigencia, él hubiera preferido salir del paso mediante ventajas pecuniarias.

Don Santos tenía 6,200 hombres en buenas posiciones, Miramón las flanqueó con menos de 3,000 hombres y nuestra derrota ha sido completa e increíble.

Nuestro ejército se dispersó y sólo quedan en las secciones, las de Doblado y Arteaga.

Perdimos toda nuestra artillería, los trenes, muchas armas, etcétera [etc.].

Murió en la acción el Gral. Tapia el Gral. Álvarez ha perdido una pierna, Chesniar cayó prisionero y ha sido fusilado.

Miramón debe estar en Guanajuato.

Don Santos pasó con su estado mayor por Celaya y no sabemos qué rumbo ha tomado.

Es probable que Woll, que no había salido de Zacatecas, marche sobre San Luis y que se intente algo sobre Morelia.

Estamos, pues, pésimamente en el interior y es de temer que se redoblen los esfuerzos para hacer estallar una defección en Tampico.

Las fuerzas de Alatriste, Soto y Carbajal han sido rechazadas de Tulancingo después de sufrir muchas pérdidas.

Es probable que Márquez se vuelva a unir con Miramón y que entonces se piense seriamente en la campaña de Veracruz.

Esta situación no debe hacernos desmayar, pues ya otras veces hemos estado en el mismo estado.

Seguiremos trabajando aquí con constancia y actividad.

Del interior habrá que esperar algunos meses para que don Santos vuelva a organizar nuestras fuerzas.

Entretanto es menester decidir a Robles a que se una a los liberales y, en mi concepto, es llegada, la hora de tomar medidas extremas que aconsejan la experiencia, la imperiosa necesidad y los mismos sacrificios del país, que no es justo prolongar.

Aun es tiempo de contratar cuatro o cinco mil soldados extranjeros que, en dos o tres meses, pacificarían todo el país y serían después el apoyo de la Reforma y de la legalidad.

Esta fuerza obrará como las legiones extranjeras que hay en los ejércitos de las primeras naciones del mundo y, de ningún modo, sería una degradación para la república.

En contra de este proyecto no veo más que las declaraciones de la prensa conservadora.

También creo que es tiempo de terminar la negociación del tratado con los Estados Unidos no sólo para tener recursos, sino para evitar más serias complicaciones.

Sé de muy buena tinta que, en el gabinete, Muñoz Ledo ha propuesto ya hacer grandes esfuerzos para tratar con los Estados Unidos y ofrecer, en último caso, la ratificación del tratado pendiente, sin pararse en ningún escrúpulo; Gabriac anda en este asunto.

Los Estados Unidos no verán más que su interés y los últimos descalabros que hemos sufrido tendrán malísima influencia.

Si no se apela a estos dos medios, la lucha seguiría y, al fin, si no triunfamos nosotros, triunfarán más tarde nuestros principios, pero no debemos conformarnos con esta esperanza.

En mi opinión es urgente acelerar este triunfo y no debe desperdiciarse ningún arbitrio.

Usted ha dado ya pruebas incontestables de su respeto a la dignidad nacional y a la integridad del territorio.

Los medios que se nos ofrecen no atacan ni la una ni la otra y si pueden servir para la pronta pacificación del país.

No crea usted que estas indicaciones nacen del desaliento, sino del deseo de que cuanto antes triunfe la legalidad.

Por lo demás, nunca abandonaré mis ideas y seguiré la suerte que toque a usted, trabajando hasta el fin.

El Sr., M… no ha vuelto a verme y creo que espera ver si cambian algo las cosas.

Repito a usted que aún podemos esperar mucho en esta capital e insisto en recomendar a usted las ideas que dejó indicadas, para terminar la lucha que está acabando con el país.

Me repito de usted afectísimo amigo.

Matías Acosta El 11 nos fue preciso librar contra usted por $6,200 al plazo del 4 de diciembre para completar lo rigurosamente indispensable.

Un amigo nos proporcionó esa suma y, como en este negocio no hay gravamen, le ruego que acepte nuestra letra.

Si la combinación se realiza pronto, cumpliremos aquí ésta y los compromisos anteriores.

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.