1859
Lafragua informa sobre el tratado Mon-Almonte.
París, diciembre 14 de 1859.


Excmo. señor ministro de Relaciones del gobierno constitucional

Excmo. señor:

Al fin he conseguido una noticia, si no plenamente oficial, a lo menos enteramente segura, de los términos en que se han arreglado las diferencias con España por parte del gobierno reaccionario.

El día 26 de septiembre el Gral. Almonte, como ministro de la República en París, y especialmente autorizado ad hoc, ha firmado con el Sr. Mon, embajador de su majestad católica en esta corte, un convenio cuyas principales bases son:

Castigo de los culpables que hayan podido hasta hoy eludir la acción de la justicia; indemnización a las familias de los españoles muertos en San Vicente, Chiconcuaque y San Dimas; indemnización cuya suma será fijada por los gobiernos de Inglaterra y Francia, y que se concede sólo por el deseo de terminar las diferencias, sin que sirva de base ni de antecedente para otros casos de igual de naturaleza; cumplimiento del tratado del 12 de noviembre de 1853, en tanto que por ambas partes no se altere ni modifique; arreglo ulterior de los demás puntos pendientes.

Este convenio será ratificado dentro de cuatro meses contados desde e1 día de su fecha.

Como V. E. verá, se han aceptado literalmente las proposiciones que el marqués de Pidal me presentó en 23 de junio de 1857.

Aunque aparentemente se ha modificado una de ellas, es indudable el perjuicio de los intereses y sobre todo de los derechos de la nación; pues la reserva puesta, respecto de la indemnización., no puede salvar a la república de los males que el convenio debe producir, según manifesté a V. E. en mi nota de 22 de octubre, tanto menos cuanto que el arreglo se ha hecho sin intervención de las potencias mediadoras y sólo por los representantes de México y España.

Si las primeras hubieran tenido parte en el arreglo, la reserva podría hacerse valer en cualquier caso ante ellas mismas; pero tal como se ha celebrado el convenio, apenas puede servir para contestar a otras reclamaciones de España, quedando siempre vivo y consumado el hecho de que indemnizamos en los que casos señala el derecho de gentes; puesto que la indemnización se ha concedido sólo por el deseo de terminar las diferencias y no por principios de intrínseca justicia.

México al conceder, y España al aceptar la indemnización en los términos acordados, han convenido en que los asesinatos fueran delitos comunes y han confesado que no regía en caso la ley de las naciones.

Por consiguiente, el gobierno reaccionario ha hecho pública la que es responsabilidad privada, y el gobierno español ha renunciado a todo derecho, pagando México sin obligación lo España recibe sin justicia.

Grande es el gravamen que por este pago van a sufrir los intereses nacionales; pero es incalculable el perjuicio que él causa a los derechos de la nación; porque dígase lo que se quiera en el convenio, ha quedado establecido un precedente, cuyas funestas consecuencias deplorarán y sufrirán las generaciones venideras.

Malísimo es prescindir de la revisión de los créditos; pero a lo menos este acto no establece precedente alguno.

Ese pago no da derecho a nadie: más la indemnización da derechos, que en el porvenir haré valer las naciones menoscabo de los intereses y de la honra de la república.

Durante dos años la prensa española ha agotado contra nosotros el diccionario de los dicterios; no ha habido cargo, siquiera fuese absurdo, siquiera ridículo que durante dos años no se haya hecho al gobierno y al pueblo de México; de lo alto de la tribuna que han lanzado en el parlamento de España acusaciones tan graves como infundadas, cerrándose, intencionalmente, los ojos para no ver la realidad de los hechos y llevándose la exageración hasta el extremo de no considerarse bastante prueba la confesión de los mismos reos, ni expiación suficiente la muerte que cinco de ellos sufrieron hace más de un año.

Y los ministros y los diputados y los escritores, empeñados en hacer nacional la causa de unos cuantos españoles, no han esquivado medio, desde la calumnia hasta la burla, para presentar a la república como una horda de bandidos indigna de pertenecer a la gran familia de los pueblos civilizados.

Ahora bien y el único fundamento de tan inconsiderada conducta era la convicción que tenía el gobierno español de que los crímenes de San Vicente, eran, como decía el Sr. Pidal, un sistema de persecución contra los españoles en cuyo caso la nación debía ser responsable.

Mas al aceptar la indemnización en los términos convenidos España ha declarado que aquellos hechos fueron delitos comunes, echando por tierra en un momento el baluarte que el interés privado de unos, la ignorancia de otros y el espíritu de partido de algunos habían levantado y desde el cual se ha hecho una guerra terrible, al buen nombre, a la dicha, al progreso y a caso a la independencia de la república.

Por lo mismo, era muy difícil para mí, creer que el gobierno de la ciudad de México, que más que el de España debía estar convencido de la injusticia de la indemnización haciendo a un lado todo derecho y desentendiéndose de tanto agravio, causado no a mexicanos sino a la nación, consintiera en un convenio en que no se decida otra cuestión de dinero, sino cuestión de principios y no se decide por justicia por favor.

Muy bueno es conservar la amistad de España; pero es mejor salvar la honra nacional y esto sólo puede lograrse conforme indemnizando conforme al derecho de gentes.

Hacerlo de gracia es ofender a México y a España porque es calificar a aquél de débil y a de injusta.

No sé si el convenio ha sido ratificado en México; pero lo creo seguro.

El supremo gobierno determinará lo que crea conveniente.

Reitero a V. E. mi muy distinguida consideración.

José María Lafragua

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.