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Siglo XIX > 1850-1859 > 1859

Barandiarán, agente confidencial conservador, objetivamente examina las posibilidades de que el tratado sea ratificado por el Senado.
Washington, diciembre 23 de 1859.

Excmo. señor Ministro de Relaciones Exteriores, etc.
(México).

Excmo. señor:

Quedo impuesto de las prevenciones que vuestra excelencia se sirve hacerme en su nota de 5 del corriente, respecto del tratado entre Juárez y este gobierno.

Desde que el Supremo Gobierno me nombró su comisionado en esta capital no he descansado en manifestar la nulidad de toda negociación que se pudiera celebrar entre este gobierno y el llamado Constitucional de Veracruz, haciendo ver a algunos diputados y senadores que conozco el ridículo que caería sobre este país si fuese ratificado cualquier tratado que este gobierno negociare con un puñado de amotinados, pues no merecían otro nombre los que se encuentran en Veracruz porque no poseen de la República sino una pequeña parte del terreno, del que serán arrojados tan pronto como las fuerzas del Supremo Gobierno avancen.

A la llegada del Tennessee a Nueva Orleáns el día 13 del actual, los simpatizadores de los llamados liberales perdieron toda esperanza de que se celebre el tratado porque, a pesar de las mentiras que hacen circular para mitigar los reveses que por todas partes han sufrido, conocían cuál era el verdadero estado de su causa y no dudaban que McLane tendría juicio suficiente para no entrar en negociaciones con un llamado gobierno que en poco tiempo debía desaparecer.

Don José M. Mata, representante de Juárez en este país, estaba tan convencido de esta verdad que anunció la intención de irse a Nueva Orleáns pretextando que el invierno le era perjudicial; las personas bien informadas ratificaron debidamente las razones verdaderas que motivaban la conducta de Mata y muchos de los señores ministros extranjeros me felicitaron porque esperaban que pronto sería reconocido el Supremo Gobierno por el de este país.

Tal era la situación cuando el día 21 se recibió el despacho telegráfico de Nueva Orleáns anunciando la llegada del vapor Brooklyn, trayendo al secretario de la legación americana con el tratado celebrado por McLane con el pretendido gobierno de Juárez; aún no se sabe cuál es su verdadero tenor porque el portador no llegará a esta ciudad antes del día 26, pero por las adjuntas tiras verá vuestra excelencia un resumen y se hará cargo de la monstruosidad cometida por una facción que compromete la nacionalidad mexicana con la esperanza efímera de prolongar un poco más su existencia.

La opinión general es que este Senado no aprobará el tratado, vistas las circunstancias en que se encuentran los de Veracruz, pero aun cuando fuere aprobado por el Senado, vuestra excelencia sabe que en este caso se necesita también la aprobación de la Cámara de Diputados, como he tenido el honor de comunicar a V. E. en otras ocasiones y seguramente la Cámara no lo aprobará, aun en el caso de que llegue a organizarse lo que está aún remoto, vista la actitud que ha tornado la oposición.

En una conversación que he tenido con el senador Benjamín me hizo presente que los señores liberales tenían el don de hacer las cosas mal y extemporáneamente, que las circunstancias habían variado mucho y que, en su concepto, si el tratado se hubiere celebrado cuando McLane llegó a Veracruz este Senado lo habría aprobado inmediatamente pero que ahora, a pesar de que la administración cuenta con la mayoría, cree el señor Benjamín que no sólo no será aprobado sino que el Presidente no lo remitirá para evitar el ridículo que caería sobre sí, si en los momentos en que se estuviere tomando en consideración el mencionado tratado, llegase la noticia de que Veracruz había sido ocupado por las fuerzas del Supremo Gobierno.

Como el señor Benjamin está interesado en el negocio de Tehuantepec y además es amigo personal del señor Buchanan le supliqué me señalase un día para hablar sobre los negocios de México, manifestándole que él, mejor que nadie, juzgaría nuestros asuntos por conocer el país y por ser una persona ilustrada que, no creía yo, formaba su opinión por lo que publicaban los periódicos; me manifestó su buena voluntad y dijo que estos días estaba muy ocupado pero que del 27 en adelante tendría mucho gusto en hablar conmigo sobre todo lo que quisiere.

Mi deseo habría sido ver al señor Benjamín antes de la salida del correo para México, para poder dar a V. E. algunos pormenores sobre lo que piensa este gobierno, pero aprovecharé la primera oportunidad para comunicar a V. E. el resultado de mi entrevista y espero que sacaré algo en claro de las intenciones de este gobierno hacia el Supremo Gobierno porque no dudo que el señor Benjamín, sabiendo que soy agente del Supremo Gobierno de la República, comunicará al señor Buchanan mi deseo y este señor aprovechará la oportunidad para hacer entrever sus intenciones.

Otras personas allegadas al Presidente Buchanan me han manifestado la misma opinión que el señor Benjamín respecto del tratado con Juárez, pero los interesados en el negocio no descansarán para obtener sus miras y se valdrán de todos los medios a su alcance para inclinar al Presidente a remitir el tratado al Senado y como éste es muy ventajoso para el país en general y para los reclamantes contra México en particular, éstos pondrán en juego todos sus recursos para que el Tratado pase, lo que no sería muy remoto si los de Veracruz consiguen sostenerse el tiempo suficiente para que en ésta sus agentes obtengan un buen resultado.

A vuestra excelencia no se le oculta que este gobierno está muy mal dispuesto hacia el de la República por haberse negado a negociar el tratado propuesto por Forsyth; por mi parte, aprovecho todas las oportunidades para manifestar que el Supremo Gobierno tiene las mejores disposiciones hacia los ciudadanos de este país y de su gobierno pero que no transigirá con cosa alguna que no esté de acuerdo con la dignidad nacional y con su decoro, que el Supremo Gobierno está dispuesto a entrar en arreglos justos y honrosos y que desea que concluyan de una vez los motivos de queja que pueda haber de una y otra parte.

Creo, excelentísimo señor, que es indispensable que el Supremo Gobierno mande a esta ciudad una persona suficientemente caracterizada y con instrucciones precisas para que, aprovechando la primera oportunidad, haga proposiciones a este gobierno para hacer un arreglo definitivo de todas las cuestiones pendientes; se conseguirá, si no el arreglo final de las diferencias con este gobierno, hacer patente que el Supremo Gobierno no se niega, como se pretende hacer creer, a tener relaciones amistosas con las potencias extranjeras y que su política (no) es la de perseguir a todos los que no han nacido mexicanos.

Me tomo la libertad de hacer esta indicación, aunque no se me oculta lo delicado del estado actual de las relaciones o, más bien, de falta de ellas entre el Supremo Gobierno y éste y de ninguna manera entiendo que la persona que se enviase se presentare aquí a mendigar un reconocimiento, sino que estuviese pronta para aprovechar la oportunidad que no tardará en presentarse, trabajando entretanto con mayores facultades y recursos de los que están a mi disposición.

La dificultad que tienen para organizar la Cámara de Diputados los diferentes partidos de que se compone este cuerpo da tiempo suficiente al Supremo Gobierno para tomar sus disposiciones y hacer fracasar los manejos de sus enemigos.

Me abstengo de extenderme más sobre este asunto porque V. E. mejor que yo juzgará de lo que se deba hacer y de las medidas adecuadas que el Supremo Gobierno deberá tomar para conjurar la amenaza que contra nuestra nacionalidad han preparado los enemigos del orden y de las garantías.

Por mi parte no descansaré en trabajar para entorpecer los manejos de los revoltosos y si lo consigo me encontraré bastante remunerado con el servicio que preste a mi país y al Supremo Gobierno.

Reitero a V. E. las seguridades de mi muy distinguida consideración.

Gregorio Barandiarán

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.