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Siglo XIX > 1850-1859 > 1858

Forsyth continúa actuando con torpeza.
México, agosto 31 de 1858.

Sr. Lewis Cass
Secretario de Estado de los Estados Unidos

Señor:

He cumplido las órdenes del Presidente trasmitidas por el departamento (de Estado) en la comunicación número 49 de fecha julio 15, y reproduzco a continuación la correspondencia intercambiada para su ejecución.

Creo conveniente poner en conocimiento del Departamento la impresión producida en el palacio nacional de México por esta decisión de nuestro Presidente.

El gobierno mexicano conocía el contenido de mis instrucciones antes que llegaran a mi poder.

Por un periódico oficial del gobierno de esta capital tuve la primera información de que sería enviado un barco de guerra para mi regreso.

Se han esmerado en ofrecer razones equivocadas para justificar mi retiro.

Un caballero extranjero, de mi confianza, me dice que ha visto en un periódico la copia supuesta de un extracto del despacho al general Robles fechado julio 15, que dice que mi gobierno desconforme con mi actuación, me hacía regresar.

Este periódico ha sido circulado por el gobierno.

El general Zuloaga con acierto afirma que no se trata de una orden para retirar la legación de Estados Unidos de la República, sino sólo de un llamado que se creyó oportuno hacer después de un cambio de impresiones entre el señor Robles y el gobierno de los Estados Unidos y que se trata de un acto de complacencia hacia el gobierno mexicano, en atención a la solicitud del general Zuloaga y que se me ha enviado un barco de guerra simplemente como prueba de benevolencia para atenuar mis sentimientos, añadiendo que el hecho de que el secretario de Estado de los Estados Unidos haya indicado al señor Robles que espera no sea retirado del cargo de ministro de México, es otra prueba de que el gobierno de Estados Unidos no retira su legación, siendo indudable que esto no se hubiese dicho si el gobierno de Estados Unidos se sintiese tan agraviado como para romper relaciones con México.

Por último, el señor Robles escribe que mi retiro se debe a que mi gobierno no consiente en que yo signifique un impedimento para las amistosas relaciones de ambos países.

No sé si éstas son versiones inventadas y aumentadas en palacio o comunicados verdaderos del señor Robles; sólo sé que esto es lo que dicen el general Zuloaga y la gente del gobierno.

Zuloaga asegura que se siente profundamente reconocido a la complacencia que le muestra Washington y al éxito logrado al haberse liberado de un ministro estadounidense que ha significado un problema y que ha sido tan inoportuno al insistir, al menos dentro de un concepto mexicano decente de los derechos, pues para ella fue enviado a conservarlos y defenderlos.

Al mismo tiempo que demuestra su satisfacción por el éxito obtenido, manifiesta su admiración por la forma ingeniosa, en que él imagina que se ha llevado a cabo y quiere que se reconozca el método adoptado como una argucia diplomática que él concibe a la altura de cualquier proeza de las que se efectúan en su propio palacio.

Hombres de sentimientos y principios indignos son aptos para imputar a otros motivos indignos, y es muy natural no esperar que el general Zuloaga crea que existe un promedio más alto de cultura y honorabilidad en un gabinete estadounidense que el que se puede encontrar en el suyo.

Por un accidente revolucionario que lo coloque en una situación privilegiada, no varía el carácter del croupier de una mesa de juego convirtiéndolo en un caballero, ni tampoco ese viraje de la suerte le impediría creer que el Presidente de Estados Unidos se doblegaría ante una intriga que a él no lo haría ni ruborizar.

Menciono estos rumores que circulan en el palacio mexicano, porque considero que el Departamento debe conocer el grado de moralidad que prevalece y hay que soportar aquí.

Existe una profunda atmósfera de duplicidad y falsedad en el palacio nacional, imposible de concebir en países donde la honestidad y el honor son esenciales, tanto en la política y la diplomacia como en la vida privada.

Probablemente en ninguna parte que no sea México se podría acreditar una enunciación tan monstruosa como que el ministro de su país agraviado, cuyos actos han sido “aprobados y sancionados” por él, haya sido depuesto y el ministro de la nación agresora, retenido, resultando ambos actos obra del país agredido...(1)

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.

Notas:

(1) La parte omitida dice que lamenta no poder aceptar el barco de guerra para su regreso, por tener que permanecer en México unas seis semanas más, a fin de vender sin mucho sacrificio algunas propiedades y porque no desea llevar a su familia a Veracruz en época de enfermedad y por el Golfo de México, durante el tiempo de huracanes. (Nota del Dr. Manning.)