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Siglo XIX > 1850-1859 > 1856

El asunto Barrón y Forbes al desnudo.
México, noviembre 1º de 1856.

Excelentísimo señor licenciado don Benito Juárez
Oaxaca

Muy distinguido señor mío:

De intento me había yo abstenido de escribir antes de ahora a usted porque esperaba la llegada del último paquete ingles, para comunicarle las noticias de más importancia que trajera.

Por desgracia, las que tengo que darle ahora, no son muy satisfactorias para la república y se las digo a pesar de su carácter reservado, porque considero útil a la causa pública que esté usted al tanto de ellas.

El Sr. González de la Vega, encargado de negocios de la república en Londres, ha manifestado que el gobierno inglés se negó a recibirlo en su carácter diplomático, por estar interrumpidas las relaciones de ese gobierno con el nuestro y que, por consiguiente, mucho menos recibiría al Sr. Almonte; también ha comunicado que por este paquete se mandaron por el mismo gobierno a Mr. Lettson, órdenes muy fuertes y terminantes, sobre el asunto de Barrón y Forbes, hasta el extremo de autorizarle para romper abierta y formalmente con la república.

Yo no podré decir a usted de cuántos buques se compone la escuadra que debe venir a bloquear nuestros puertos, de dónde ha salido, en dónde está ahora y cuándo llegará a nuestras aguas porque esto todavía no lo sé; pero sí puedo asegurarle que muy pronto nos veremos envueltos en una guerra con la Gran Bretaña, en la que de seguro sacaremos la peor parte.

El doctor Gálvez, abogado y director de Barrón, cuya capacidad no le es desconocida a usted, ha empleado toda su astucia y talento en favor de la causa de éste y es, en gran parte, el que ha ocasionado tales complicaciones.

Barrón tiene copia de los documentos más interesantes y reservados en que se apoya la justicia de la nuestra; en esta capital, en Guadalajara y Tepic ha instruido averiguaciones sumarias en su favor, en las que han depuesto mexicanos respetables por su posición, para contraponerlas a la que instruyó en Tepic el Sr. Muñoz de Cote, y a las que se practicaron por orden del Sr. Degollado cuando estaba de gobernador en Jalisco.

En Londres cuenta con el poderoso influjo de Doyle y con el de su abundante oro que derrama con profusión su apoderado Mr. Warrel, hasta el extremo de comprar al gabinete inglés presume fundadamente el Sr. González de la Vega.

Se dice también - aunque esto no me consta- que a junta presidida por el Sr. Muñoz Ledo, a la que se en consulta el expediente del negocio referido, informo en términos muy favorables a Barrón y Forbes, de cuyo informe tienen ya éstos copia; lo que sí me consta a mí, es que en dicho expediente no aparece tal informe y que a Lettson se le dijo que había sido verbal.

Pero lo que nos ha perjudicado más que todo es que lord Palmerston, director de la política británica, tiene una aversión profunda contra México, según dice el Sr. Vega, y quiere aprovecharse de este pretexto para hacerse pago de los dividendos vencidos en la convención inglesa y para asegurar de una manera definitiva sus intereses.

Por lo expuesto conocerá usted la imposibilidad de que el gobierno inglés retire sus injustas demandas y lo indecoroso que sería para el nuestro acceder a ellas en estas circunstancias.

En vano se solicita la mediación de la Francia, en vano los Estados Unidos nos ofrecen su apoyo, en vano m pretende someter la cuestión a un arbitraje, en vano el gobierno se hace ilusiones la Francia cuando más sus buenos oficios, ineficaces en el caso por la decisión obstinada de la Inglaterra, la alianza con los EU sería todavía más peligrosa y nosotros, desgraciadamente, no estamos en estado de pelear con un coloso.

Además las disposiciones de nuestro gobierno son demasiado tardías y sin efecto; el Gral. Almanta hace de un mes que está en Veracruz y aún no se mueve de allí y todas las circunstancias conspiran en nuestra contra.

Al mismo tiempo que se le mandan instrucciones al Sr. Olaguíbel para que solicite la mediación del emperador de los franceses en nuestras actuales diferencias con la Gran Bretaña, se le extraña por haberse tomado 127,480 francos que el ministerio de Fomento tenía en el de Bruselas a disposición de don Andrés Negrete, ex-encargado de negocios de la república, para pagar los rieles y el locomotor que se mandaron a hacer en aquella ciudad para continuar el ferrocarril de Veracruz a esta capital.

Esta circunstancia es más notable cuanto que al Sr. Olaguíbel sólo se le debía hasta el 31 de octubre último 1,131 libras oro.

El ministro de Fomento ha manifestado los graves e irreparables perjuicios que resentirá la república por esta causa, pues se verá (privada) de tales útiles que servirían prolongar por leguas el camino de hierro, en cuyo caso produciría mensualmente el duplo de lo que ahora cuesta su construcción, el descrédito del gobierno en el extranjero si no cumple sus compromisos y las reclamaciones que sobre vendrán en que se cobrará un interés excesivo.

Supongo que estará usted impuesto de la sublevación del vapor de guerra nacional Demócrata y para que vea usted las disposiciones que de él ha tomado el gobierno de México, le adjunto una circular de las que se mandaron hoy a las legaciones y consulados en el exterior.

La reserva de las importantes noticias que ahora tengo el gusto de comunicarle, no creo necesario recomendársela a usted, pues usted, tan experimentado en estos negocios, hará el uso que le convenga.

Aprovecho esta oportunidad para repetirme de usted afectísimo muy atento y seguro servidor q. b. s. m.

Matías Romero

A última hora se dispuso en el ministerio de Relaciones que no se diera curso a la comunicación para el Sr. Olaguíbel de que hablé a usted antes.

(Romero)

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.

Notas:

(1) A fines de 1855 se produce en el cantón de Tepic, un incidente que provoca tirantez en las relaciones anglo-mexicanas.

Desde varios años atrás y, ante la anarquía reinante, los cónsules americanos e inglés, respectivamente, Guillermo Forbes y Eustaquio W., Barrón, hijo, habían acumulado una inmensa fortuna obtenida mediante el monopolio, contrabando y presiones políticas.

Su casi omnipotente poder les permitía quitar y poner a las autoridades municipales y aduanales que eran, prácticamente, empleados suyos, extendiendo su influencia económica y política al campo militar, cada vez que los gobiernos de Jalisco solicitaban préstamos a estos individuos, para cubrir la paga de las guarniciones de San Blas y Tepic.

Conociendo el problema, Degollado, como gobernador de Jalisco, destituye a las autoridades municipales y los cónsules extranjeros promueven la sublevación de la guarnición de San Blas y Tepic, desconociendo el plan de Ayutla y a las autoridades surgidas de él (13-XII-1855).

Degollado va a combatir a los sublevados, quienes se dispersan.

Forbes y Barrón se fugan en un buque nacional -embargado por el gobierno- sin los papeles en regla; se llevan a dos militares que organizaron la sublevación, un fuerte cargamento de plata sin ningún permiso aduanal y solicitan el auxilio de los gobiernos estadounidense e inglés.

Vuelven a San Blas en la fragata inglesa President, desde donde dirigen a Degollado, en notas por separado, insolentes protestas, a las que se une otra del capitán de la nave, Frederick.

Todos ellos reciben de don Santos la más digna respuesta, defendiendo con celo la integridad nacional ante un injusto apremio extranjero, pues Barrón lanzó una velada amenaza cié intervención armada al decir que ya se había dirigido a Lettson, encargado de negocios de la Gran Bretaña, para que ordenara a las fuerzas navales británicas en la costa mexicana del Pacífico, que tomara las medidas necesarias a fin de proteger su persona e intereses.

El gobierno estadounidense negó el auxilio a Forbes, quien no tuvo más remedio que renunciar.

Pero Barrón, a quien Degollado permite radicarse en San Blas obtiene, por intermedio de su padre, Eustaquio Barrón, que Lettson presente una nota formal de protesta al gobierno mexicano.

Degollado, sin hacer uso de las facultades de, que estaba investido, deja en manos de Comonfort la cancelación del exequátur del cónsul, pero la nota del encargado de negocios inglés y el escándalo eme provocó con su dinero don Eustaquio Barrón desde el periódico El Monitor Republicano, hicieron que Comonfort se inclinara por transar con el gobierno inglés.

En tanto, don Santos Degollado, que había enviado a Comonfort las solicitudes del ayuntamiento y de numerosos habitantes de Tepic para la expulsión del país de estos extranjeros perniciosos, que había obrado rectamente y por ello había recibido el estimulo y felicitación del Presidente Comonfort, tiene que sujetarse, primero, a una investigación que realiza el ministro de la Suprema Corte, Lic. José María Muñoz de Cote, después se le consigna al gran jurado del Congreso, juicio del que sale absuelto el 16 de febrero de 1857 y, por último, Barrón padre, lo acusa del delito de difamación.

Con sentencia en su contra, Degollado pide amparo a la Corte y como el fallo tarda, decide hacer un viaje fuera del país.

A pesar de su inmunidad es aprehendido y se presenta a la Corte para ser juzgado, declarándose el supremo tribunal incompetente para conocer del caso (12-V-1857).

Si en lo personal Degollado sufrió todo estos atropellos, en lo político el gobierno de México tuvo que soportar notas de protesta y la ruptura de las relaciones diplomáticas (24-IX-1856).