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Siglo XIX > 1850-1859 > 1855

El gobernador de Querétaro reprende al gobernador de Guanajuato.
Querétaro, diciembre 10 de 1855.

Señor don Manuel Doblado
Guanajuato

Muy señor mío:

Hallándose el licenciado don Sabino Flores a disposición del Sr. Gral. don Félix Zuloaga, por orden del Supremo Gobierno, a quien di cuenta luego de verificado su arresto, no puedo determinar cosa alguna respecto de su persona.

Por lo mismo que usted me dice en su carta de 8 del corriente, de que el señor Flores venía públicamente en clase de comisionado, no sólo á invitarme a mí a la rebelión, sino a invitar a los jefes de la División Zuloaga, yo, que debía impedir este desorden en el estado de mi mando y oponer a la reacción todos los obstáculos que estuvieran a mi disposición, por lo mismo repito, arresté y debí arrestar no al comisionado del gobierno de Guanajuato, que entre sus atribuciones no tiene la de rebelarse contra el jefe supremo de la nación y despachar emisarios para buscar cómplices, sino a un revolucionario, enviado de otro, que venía con todo descaro a hollar las leyes cuya custodia se me ha confiado en esta comprensión.

Tal era el carácter de la persona que mandé arrestar.

Si con ese mismo carácter y con igual objeto hubiera venido un comisionado de Inglaterra, enviado por la Reina Victoria, habría yo tenido el derecho y la obligación de proceder contra él, porque, mejor lo sabe usted, los fueros concedidos a las naciones y a sus representantes no excusan a unas ni a otros del deber de respetar las leyes del país a que se dirigen, y en el momento que un plenipotenciario u otro cualquier enviado pisa el territorio de una nación, contrae aquel deber indisputable.

Y, si esto dispone el derecho de gentes cuando se trata de dos potencias independientes, ¿qué deberá decirse con respecto a dos departamentos y provincias o estados que están sometidos a un mismo centro, tienen unas mismas leyes y unos mismos deberes, y cuyos representantes no gozan de la inviolabilidad acordada a los agentes diplomáticos?

De lo dicho se infiere que en nuestro caso no ha estado el atentado de mi parte; que obré en la órbita de mis atribuciones y deberes, ni ofendí de modo alguno al estado de Guanajuato, puesto que el que hace uso de sus derechos a nadie agravia; el atentado y el insulto lo cometió el comisionado de usted, que públicamente y con un inaudito descaro vino a revolucionar al estado de mi mando, como usted mismo lo confiesa.

Nada diré a usted de la conveniencia o justicia con que ha procedido al empuñar las armas contra el Supremo Gobierno, contra la nación, mejor dicho, que acaba de adoptar el Plan de Ayutla y sus consecuencias; pero si mi oposición a ese movimiento le causa extrañeza, más motivo tengo yo de extrañar que usted, que antes había figurado en el partido puro o liberal exaltado, de un momento a otro se haya convertido en conservador.

Misterio es éste que no puedo comprender ni me empeñaré en ello, porque usted es árbitro para obrar como mejor le parezca; lo único que exijo de usted es que me conceda la misma libertad, La nación, y no nosotros, resolverá de parte de quién están la razón y la justicia.

Entretanto, he de agradecer a usted que pongamos término a la polémica, no obstante la cual, puede usted, en lo particular, disponer de mí, como seguro servidor, que atento s. m. b.

Francisco Diez Marina

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.