Buscar en  
  Página principal

  Conquista

  Independencia

  Revolución

  Siglo XXI

  Siglo XX

  Siglo XIX

      1890-1899

      1880-1889

      1870-1879

      1860-1869

      1850-1859

          1859

          1858

          1857

          1856

          1855

          1854

          1853

          1852

          1851

          1850

      1840-1849

      1830-1839

      1820-1829

      1810-1819

      1800-1809

  Siglo XVIII

  Siglo XVII

  Siglo XVI

  Siglo XV

Siglo XIX > 1850-1859 > 1855

El Plan de Doblado no tiene justificación al irse los puros.
México, diciembre 22 de 1855.

(Sr., Lic. Manuel Doblado)

Mi siempre querido Manuel:

Largo seria de referirte todas y cada unas de las fases que la cosa pública ha estado teniendo aquí hace días; los despachos de Acevedo, puestos todos de acuerdo conmigo, te habrán dado algunas indicaciones de lo que ha pasado, y el mismo Acevedo, que sale de aquí precisamente pasado mañana, te hablará largo sobre todo esto y te explicaré las ideas de Comonfort, respecto de las que lleva amplias instrucciones.

Ayer, por fin, tomó posesión aquél de la Presidencia, y desde luego ha comenzado a ocuparse de la formación del gabinete, encomendándolo al señor (Luis de la) Rosa, para fijar inmediatamente el programa administrativo y circularlo a todos los estados a efecto de que sepan cuáles son las ideas y tendencias del Presidente substituto.

Este es el primer paso de una importancia vital que, bien meditado, podrá llenar de prestigio a la nueva administración, contando siempre con el apoyo de hombrea como tú, interesados en la subsistencia de un régimen prudentemente liberal, pero de progreso, de reforma y de moralización.

No veo todavía el Plan proclamado por ti el 6 o el 7 del corriente mes; pero los amigos que lo han visto, y entre ellos Comonfort, te diré con franqueza que están muy disgustados con él.

Ven que si llegase a ser admitido en toda la República se levantaría una escisión legal, reduciendo al poder del centro a una nulidad más grande todavía que la que tuvo en la última época de la Federación, es decir, que haría imposible la existencia de ese gobierno, siendo sólo de nombre la unidad nacional; ven que dando a los estados una indebida preponderancia e independencia del centro, se hace imposible toda reforma administrativa, porque el Gobierno General, convertido en rey de comedia, no podría ejercer su influencia y su poder sino dentro de las garitas de México, supuesto que carecería de los medios necesarios de hacerse respetar fuera, y supuesto que los gobernadores de los estados, más potentes sin duda que aquél, podrían calificar si era de ponerse en práctica una disposición suprema y desobedecerla impunemente; ven que al clero y al ejército y, sobre todo al primero, al respetarse y sancionarse sus privilegios e inmunidades, se les da una preponderancia contra la que hemos estado siempre todos los liberales, porque sujeta al gobierno a una tutela vergonzosa, porque hace imposible toda especie de progreso y reforma y porque sus constantes tendencias al statu quo, que son las mismas del partido conservador, imposibilitan al liberal para entrar en el verdadero camino del bien; ven, por último, que la revolución se nulifica en todos los sentidos, y que si su resultado hubiera de ser el que se conservasen los males y los abusos que hemos deplorado constantemente, mas valiera no haberla emprendido.

Yo, que creo conocer mucho tus ideas de libertad bien entendida, de progreso y de reformas útiles, y he supuesto que algunas ideas de las que han alarmado aquí llevan sólo por mira halagar y hacerte de prosélitos y llegar al término más pronto y fácilmente; pero, de todas maneras, la impresión ha sido muy desfavorable y creo que, si las cosas fueran adelante, te enajenarías absolutamente al partido moderado.

Por otra parte, me parece que tu plan hasta cierto punto era sostenible conservándose don Juan (Álvarez) y los puros apoderados de los negocios públicos; pero cuando el uno y los otros han sido derrotados absolutamente; cuando al frente del gobierno tu candidato, que es el nuestro, que a ti, como a nosotros, inspira la ciega y fundada confianza; cuando es preciso rodearlo de prestigio, de respetabilidad y de fuerza, he llegado a creer, y así lo he asegurado a Comonfort, que tú prescindirías, y que, reconociendo al Presidente substituto, serías el primer sostenedor de su programa administrativo.

Me temo con fundamento que cualquiera otra nos llevaría de nuevo a la guerra civil, nos despedazaría y concluiría con nosotros, sin que, por otra parte, tuvieras tú el gusto de ver satisfechos tus deseos, tanto porque Comonfort no se dejaría imponer condiciones ningunas, y menos la que pugnasen con sus principios y convicciones, como porque esas clases, apoyadas hoy por ti, más tarde y no muy tarde, te relegarían al desprecio, después de haberles servido de instrumento.

Según tu despacho de ayer en la tarde, tienes dos temores: primero, el de que siendo nombrado Comonfort por Álvarez, su permanencia en el gobierno será efímera, dependiendo del capricho de éste y de los que lo rodean o rodeen después; segundo, el de que continúe Comonfort con el actual Consejo de Gobierno.

Respecto del primero, sabe que don Juan se marcha con la firme resolución de no volver, y que Comonfort tiene en su poder un documento que nos garantiza absolutamente [eso]; y en cuanto a lo segundo, el Consejo actual se ha suicidado con su conducta de estos dos últimos días, y puedes estar seguro de que no continuará con Comonfort, tanto porque ésta es una exigencia nacional, como porque no podría entenderse aquél dos minutos con esa célebre corporación.

Ten confianza en lo que te digo, porque es la verdad, y porque, conociéndome, sabes que no faltaría a los deberes de la amistad.

Respecto de recursos, Acevedo ha hablado ya con Comonfort, y también estoy seguro de que serás auxiliado de toda preferencia.

El correo se tardó extraordinariamente y hasta ayer en la tarde llegó, sin que yo tuviese carta ni noticia alguna tuya; esto me tiene con cuidado y hasta cierto punto con mortificación, porque no sé explicarme tu silencio en las actuales circunstancias.

No sé si lo mismo habrá sucedido con A. Acevedo.

Tuyo, como siempre.

Manuel Silíceo

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.