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Siglo XIX > 1850-1859 > 1854

Santa Anna considera el tratado modificado oneroso y ofensivo para la parte más débil.
México, junio 9 de 1854.

Sr. William L. Marcy
Secretarlo de Estado de los Estados Unidos

Señor:

Llegué a la ciudad de México la tarde del 4 del corriente y, en la entrevista del día siguiente, presenté al ministro de Relaciones Exteriores las únicas consideraciones que impulsarían al Presidente de Estados Unidos a aceptar el Tratado negociado, con esta República, tal como fue modificado por el Senado.

El señor Cripps, encargado interino de nuestros asuntos, al recibir la comunicación del departamento de Estado de fecha anterior, había concertado una conferencia con ese ministro y explicado extensamente, por intermedio de su excelencia al Gobierno mexicano, la conveniencia de aceptar y ratificar el Tratado ya modificado, antes de que expiraran las limitaciones fijadas por el Senado para ese propósito.

En cada una de estas entrevistas y en una posterior sostenida con el Presidente de México directamente, tanto su excelencia como el ministro expresaron su completo desacuerdo con un Tratado que no era recíproco, sino oneroso y ofensivo en todas sus estipulaciones a la parte más débil; que no solucionaba las dificultades existentes entre las dos repúblicas, como para garantizar una armonía de relaciones en el futuro, sino que renovaría muchas de las más amenazadoras que, por ser reclamaciones y demandas privadas, eran las más difíciles de obviar y, lo que era particularmente excepcional en el 8° artículo asegurara, bajo ciertas contingencias, el derecho de proteger un interés y una especulación privadas sobre condiciones que implicarían la renuncia al derecho a la soberanía nacional, no sólo en favor de Estados Unidos, sino de cualquiera otra nación con la que México hubiera.firmado tratados y que reclamara lo que se hubiera concedido a la más favorecida.

Además de serme muy difícil refutar todas estas verdades reconocidas y sorprendentes, no me sentí con el deseo ni la habilidad necesarias para presentar algunas consideraciones a favor o justificación de un contrato con pretendidos acuerdos que, por su parcialidad y falta de reciprocidad, era tan repugnante para una de las partes que todavía no lo aprueba y que era aborrecible a todas las objeciones instadas por los altos funcionarios, que, al cuidar los intereses y la integridad, de México, tenían la grave responsabilidad de provocar con ella una agitación interna cuya solución no podría ser prevista por sagacidad alguna.

Por tanto, en lo que se refiere a sostener la política y las instituciones de Estados Unidos, manifestando el más recomendable atributo del poder —la magnanimidad— en sus relaciones con otros gobiernos y, particularmente, con los más débiles, no quedaba otra cosa sino que esta legación explicara los hechos y presentara las consideraciones contenidas en la correspondencia con el departamento de Estado para lograr el consentimiento de México a las condiciones ofrecidas, no teniendo en cuenta lo inaceptables que sean, sin obstaculizar esta oportunidad que probablemente es la última, de reconciliar, en parte, las dificultades existentes entre ambos países.

Al cerrar las conferencias, el señor Bonilla, ministro de Relaciones Exteriores, me notificó que, al no anticipar mi llegada a México a tiempo para celebrar ningún arreglo sobre el Tratado tal como se modificó y sin saber qué instrucciones podría yo traer, se enviaron al general Almonte, por medio de un agente especial, plenos poderes para actuar en los preliminares; que la presencia de dicho ministro ante el gobierno de Washington y las oportunidades de que disfrutaría para realizar libres y francas conferencias con el Presidente y sus consejeros más influyentes en el Senado, con el fin de obtener modificaciones en el Tratado más aceptables para México, antes de que el periodo fijado para sus ratificaciones expire, habían influido sobre el gobierno mexicano en las direcciones dadas, para realizar posteriores negociaciones de acuerdo con estos puntos de vista, que probablemente eran los que, dentro del tiempo limitado, mejor calculaban la forma de armonizar las relaciones entre los dos Gobiernos.

Pospuse, por el momento, cualquier actividad posterior en la comisión que se me ha conferido.

Adjunto a usted un sumario de las conferencias entre el Presidente de la República y el ministro de Relaciones Exteriores, marcado —f— con la respuesta —f— de su excelencia, el ministro, confirmando lo dicho en esta comunicación.

Respetuosamente, etc....

James Gadsden
Ministro de los Estados Unidos en México

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.