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Siglo XIX > 1850-1859 > 1854

Benito Juárez condena a los que se humillan ante el tirano.
Nueva Orleáns, julio 19 de 1854.

Sr. don Melchor Ocampo

Mi muy apreciable y querido amigo:

Quedo impuesto por su carta fecha 18 de junio, que no se me entregó a tiempo a pesar de haber ocurrido a pedirla dos veces; sé que llegó usted a esa ciudad con Josefina sin novedad y que se han instalado en una casita regular, donde supongo a usted formando ya su jardincito y trabajando incesantemente en arreglarla.

Celebro que el viento reinante en ese rumbo mitigue el excesivo calor que se ha experimentado en este año en todas partes.

En los últimos días del mes de junio faltó poco para morirnos aquí de calor.

Hubo días que el termómetro ascendiera a 96 grados en el lugar más fresco de la ciudad.

Literalmente regaba uno de sudor el suelo que pisaba.

Las gentes se caían muertas de coup de soleil.

Si la cosa dura en ese estado por otros dos o tres días, creo que esta ciudad hubiera sido consumida por el fuego, pero afortunadamente han comenzado a caer algunos aguaceros y todos los días corre una brisa que consuela y hace días que el termómetro se mantiene de 70 a 80 grados.

Hasta ahora no hay vómito ni otra epidemia.

Así es que en la semana que concluyó el día 16 de este mes, sólo hubo 129 entierros, cuando en junio hubo semana en que se enterraron hasta 329, habiendo aumentado el número los asoleados.

Miñón recibió la carta de usted que ha andado enseñando a todo el mundo, según he sabido, manifestando poca gana de ir a ese punto.

A la fecha se halla en Mobila.

Recibí oportunamente la carta de usted de 11 del corriente en que me dice que por fin recibió la de 19 de junio.

En esa carta incluí para usted dos que vinieron de México por el Orizaba y la que me dejó Arrioja, diciendo que era para usted aunque en el sobre no vi su nombre; pero supuesto que no la recibió usted debemos suponer que la carta fue abierta y extraída la que me dejó Arrioja, pues no me cabe duda de que la incluí en las demás.

De México no se ha sabido nada de importancia a favor de la revolución, pues hasta las últimas fechas que trajo el Orizaba, que llegó aquí el día 11 del corriente, las cosas seguían in statu quo.

Sólo en el estado de Michoacán había varias partidas de pronunciados que daban bastante guerra a aquellas autoridades, que se han visto forzadas a pedir tropas al gobierno para defenderse.

Salió una sección de México y otra de Jalisco para aquel estado.

Si Álvarez, por su parte, mandara alguna fuerza con un jefe regular, podría asegurarse como indudable el triunfo de la revolución en Michoacán, donde hay bastante entusiasmo, pero temo que no sea así; si es cierto, como lo aseguran generalmente las cartas particulares y los periódicos de México, que Álvarez ha muerto de resultado de una llaga que tenía en una pierna, y aunque algunos opinan que esa especie es inventada por los agentes del gobierno para desconcertar a los pronunciados de Michoacán; sin embargo, yo desconfío, atendiendo a la avanzada edad de don Juan Álvarez.

El Orizaba que llegue el día 25 nos sacará de dudas y ya tendrá el cuidado de participarle lo que haya y sepa de cierto.

El Daily Delta del día 10 del corriente dijo que sus editores tenían una carta recibida de Acapulco para entregarla a don Juan B. Cevallos, a don Melchor Ocampo o a don Ignacio Comonfort.

Ocurrí inmediatamente a pedirla a nombre de usted manifestando a los editores la que usted me escribió con fecha 18 de junio, encargándome ocurriera al correo por sus cartas; pero se me dijo que ellos tenían encargo de entregarla precisamente a uno de los interesados en mano propia.

Entonces les pedí una certificación que conservo en mi poder, en que consta que usted ha ocurrido oportunamente por esa carta.

Presumo que tal vez en ella se anuncia la enfermedad de Álvarez, con el objeto de que se determinase por usted quién debería encargarse de la dirección de la guerra.

Entregué a nuestro vecino la carta que le escribió usted y que él recibió con mucho gusto, pues incesantemente me ha preguntado por usted y por Josefita.

Por fin Isunsa y Sandoval han sido indultados.

Santa Anna les ha levantado el destierro a virtud de sus solicitudes y el Diario y el Universal, al insertar el comunicado de Sandoval, vienen elogiando su conducta juiciosa.

Yo no he podido leer esos periódicos, pero los que los han visto me dicen que Sandoval, como si no le bastara su humillación para volver a la gracia del tirano, acrimina vilmente a sus camaradas de destierro.

¡Pobre diablo!

Que ha tenido el talento de cambiar su ser de hombre por el de un despreciable reptil, a quien todos debemos escupir.

Almonte ha pedido licencia por ocho meses para ir a Europa a restablecer su salud, y se dice que es a consecuencia del disgusto con que vio Santa Anna reducidos a diez los quince millones de la venta de La Mesilla.

La licencia le fue otorgada a vuelta de correo y está nombrado para sustituirlo, don Panchito.

¡A cuánto llegan los hombres por sus ... letras!

El amigo Montenegro corresponde a usted sus expresiones.

Mi enviado ya no está conmigo y se ha ido no sé a que negocio fuera de esta ciudad.

Vivo ahora en las piezas que ustedes habitaron.

Esta circunstancia y la buena amistad que usted ha tenido la bondad de dispensarme, me hacen tener siempre presente a mi buen amigo el señor Ocampo y a Mademoiselle Josefina, cuyas finezas nunca olvidaré.

El amigo Montenegro me dijo que el señor Martínez del Campo había preguntado hace días dónde se hallaba usted, para remitirle una libranza que recibió de México, lo que le aviso para su gobierno.

Don Luis María Carbó y don Manuel Dublán, amigos míos de Oaxaca, me han encargado con mucho empeño le manifieste a usted el sentimiento que le ha causado el caso arbitrario que el gobierno ha ejercido contra usted, privándolo de sus bienes, y que sienten esta desgracia porque, aunque no lo conocen a usted personalmente, lo aprecian por sus honrosos antecedentes y por la firmeza de su carácter en el sostén de los principios liberales.

Memorias al amigo Arriaga, finas expresiones a Josefina y usted reciba, mi buen amigo, el afecto muy sincero del que es suyo muy atento y seguro servidor q. b. s. m.

Benito Juárez

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.