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Siglo XIX > 1850-1859 > 1853

Notas de la Conferencia Diplomática Número 5, sostenida entre los delegados mexicanos y el ministro Gadsden.
Diciembre 24 de 1853.

El general Gadsden abrió la conferencia de hoy expresando el deseo de su gobierno, de que se reconozca la llamada concesión Garay, tal como fuera entregada a ciudadanos estadounidenses.

Sólo se trataba de reanudar este asunto incluido en el proyecto de Tratado presentado con anterioridad y de presionar a los comisionados de México, a quienes se había enviado una carta que el señor Bonilla contestó diciendo que, dado que el Congreso de México había declarado formalmente nula e inexistente esta concesión, el gobierno actual no podía reconocerla como válida; que la transferencia era una violación del espíritu y la letra de la misma concesión y, sin el consentimiento de México, que de hecho no lo había solicitado, era ilegal; por los términos de la concesión, los ciudadanos estadounidenses no podían reclamar ningún derecho pues, según sus estipulaciones, no debía cederse a extranjeros; por tanto, repitió que México no podía reconocer esta concesión ni el derecho de que Estados Unidos interviniera en un problema interno y administrativo.

Cuando el plenipotenciario estadounidense presionó sobre el punto, fue combatido enérgicamente por el señor Bonilla, quedando sin perspectivas de reconciliar sus puntos de vista y el último declaró que México deseaba conceder a Estados Unidos el territorio necesario para la construcción del camino que ellos juzguen conveniente, pues, tanto el mundo como la civilización serían beneficiados por él y, en consideración a la paz y armonía entre las dos naciones, consentiría en abolir, a cambio de una adecuada compensación, el artículo 11° del Tratado de Guadalupe, que tan amenazadoras consecuencias había tenido; que aunque dispuesto a ceder tanto a una república vecina, nunca consentiría en la más mínima degradación que pudiera afectar el honor de su país a lesionar su soberanía; por estas razones no podía aceptar ni consentiría nunca en reconocer la concesión Garay.

Con esta resolución, tan radicalmente expuesta, la única posibilidad de resolver el asunto era incluir esta concesión dentro del número de reclamaciones de Estados Unidos; esto no significaba que México reconociera su legalidad o admitiera dicho arreglo, pues con ello se preveía que los poseedores de la transferencia de Garay, antes de cualquier pago corno indemnización, debieran ceder a México los títulos y documentos que tienen en su poder como evidencia de la reclamación que pretenden.

Cuando el comisionado estadounidense ofreció nuevamente 3’000,000 de dólares por el derecho de vía tal como se otorgó a Garay y así reclamados por los ciudadanos de Estados Unidos, el plenipotenciario mexicano contestó que, sin tener en cuenta el monto de la oferta, la resolución de México sobre este asunto era inalterable.

El comisionado estadounidense afirmó que no pediría más de 5’000,000 de dólares para la satisfacción de las reclamaciones de los ciudadanos estadounidenses contra México y, aunque dicha suma era la solicitada por los poseedores de la concesión Garay, podría ser reducida.

El señor Bonilla observó que si esta concesión fuera examinada de acuerdo con los principios de justicia de la ley de las naciones y de las leyes de México, no tendría valor y en caso de que se devolviera a los tenedores de la concesión la suma que habían desembolsado, Estados Unidos no pagaría mucho.

En lo que se refiere a las reclamaciones restantes, calculando sobre la base de aquellas que se habían acumulado antes del Tratado de Guadalupe y las posteriores a esa fecha, no podrían exceder a 2’000,000 de dólares.

Cuando se preguntó al general Gadsden qué suma deseaba pagar Estados Unidos a México por las concesiones que éste haría, contesto que, puesto que el ajuste de ellas aportaría beneficios a ambos países terminando con las diferencias existentes, Estados Unidos, al liberar a México de todas las demandas de los ciudadanos estadounidenses, adeudaría 5’000,000 de dólares y, por los otros puntos convenidos, pagaría 12’000,000 de dólares, beneficiando así a México en 17’000,000 de dólares.

El señor Bonilla sostuvo que esta oferta era inadecuada y, en el curso de la discusión, al pesar ambas partes las razones en pro y en contra, se decidió finalmente que Estados Unidos pagaría 15’000,000 de dólares por las demás concesiones y 5’000,000 de dólares para satisfacer las reclamaciones privadas, quedando ambos países exentos de toda obligación a partir de la fecha de la firma del Tratado.

Se acordó también que México, al renunciar al artículo 11° del Tratado de Guadalupe, lo haría a condición de que, cuando Estados Unidos tuviera que trasladar a los indios, en ninguna ocasión los pondría en la necesidad de internarse en territorio mexicano para instalarse en él.

Los Tratados de 1831 y 1848 continuarían en vigencia en todo aquello que no fuera anulado por las estipulaciones del Tratado negociado actualmente.

El general Gadsden recalcó que los 15’000,000 de dólares deberían sen pagados en México, pero, a petición del plenipotenciario, se concedió que fueran pagados en Estados Unidos, en la forma que sigue: una quinta parte al canjearse las ratificaciones del Tratado, el saldo en mensualidades con interés de un 6% al año, reservándose el gobierno de Estados Unidos el derecho de pagar el monto total en una fecha anterior si así lo decide.

El canje de ratificaciones será hecho en Washington, en el término de cuatro meses, a partir de la firma.

El señor Bonilla propuso la mutua ayuda naval y militar, para la supresión de incursiones ilegales dentro de los respectivos territorios, medida que, según su opinión, honraría a ambos países y tendría un gran peso político y moral, por lo cual el general Gadsden dio su asentimiento; entonces se acordó que el señor Bonilla sometería a su gobierno el proyecto de un Tratado con los puntos discutidos, con lo cual se terminó la conferencia.

James Gadsden

Manuel Diez de Bonilla

José Salazar Ilarregui T.

Mariano Monterde

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.