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Siglo XIX > 1850-1859 > 1852

Singular carta del presidente Fillmore al presidente Gral. Arista.
Marzo 19 de 1852.

Ciudad de Washington, Estados Unidos de América

A. S. E. el Gral. don Mariano Arista
Presidente de la República Mexicana

Señor:

El profundo interés de que me hallo animado, así por la prosperidad de la República Americana como por la de México, y especialmente por la conservación de la buena armonía entre ambas, me induce a prescindir de la ceremonia de la correspondencia diplomática y a dirigirme a V. E. extraoficialmente, sobre los motivos de diferencia entre nuestros, respectivos países.

Según lo que he oído acerca del carácter de V. E. no puedo dudar que simpatiza plenamente conmigo en mi deseo de mantener las más armoniosas relaciones con el gobierno de V. E. y que sus extensas e ilustradas miras, no pueden menos de hacerle apreciar cumplidamente la importancia de que se abra una comunicación interoceánica entre el Atlántico y el Pacífico, a través del Istmo de Tehuantepec.

Aunque esta empresa no sea indispensable para el comercio de los Estados Unidos, no intentaré, sin embargo, disimular el hecho de que es de una grande importancia y que en ella tiene profundo interés el pueblo de este país.

Debe ser evidente a V. E. que, según toda probabilidad, se ha de abrir más de una comunicación de esa especie.

Actualmente se están tomando medidas para la apertura de una a través del Estado de Nicaragua y de otra por el Istmo de Panamá y, consiguientemente, la cuestión que se presenta es, si será acertado y político, por parte de México, negar su consentimiento para que se abra otro camino por su territorio.

Una simple ojeada sobre el mapa impondrá a V. E. de qué las comunicaciones y el comercio entre la costa oriental y la occidental de Norte América, tomarán naturalmente la vía más septentrional entre los dos océanos y lo mismo debe suceder respecto de Europa y especialmente de la Gran Bretaña en sus relaciones con la costa occidental de América.

El comercio de los estados del Atlántico de Norte América, con la costa occidental de la América del Sur, puede hacerse por la vía de Nicaragua o Panamá, con igual y aún mayor facilidad que por la de Tehuantepec.

Independientemente del derecho que algunos de nuestros ciudadanos reclaman, en virtud de la concesión de Garay, para abrir esta comunicación, sería asunto muy indiferente a los ciudadanos de esta República que dicha comunicación se construyese por súbditos de la Gran Bretaña, por ciudadanos mexicanos, o por los de cualquiera otra nación.

Todo lo que pedimos es que se establezca la mejor y más segura vía de comunicación que admita la naturaleza del país y que quede abierta y libre para el comercio de todo el mundo, sin derecho exclusivo a favor de ninguna nación y bajo la sola jurisdicción del mismo México.

La supremacía sobre un comercio semejante sería una mina de riqueza para México y creería perder el tiempo si me detuviese en encarecer a V. E. la importancia de afianzarla para ella, antes de que busque y se fije definitivamente en otras vías.

Puedo muy bien concebir las prevenciones que predominan en alguna parte de ese pueblo contra los Estados Unidos, a causa de recientes sucesos cuya memoria deseo sinceramente se sepulte en el olvido.

Puedo también comprender cómo esas prevenciones pueden afectar a los representantes de esa parte del pueblo en el Congreso, cuyo ascenso es necesario para la ratificación del Tratado que asegure esos bienes a México y al mundo comercial.

Pero estoy cierto de que V. E. se sobrepondrá a todas esas prevenciones locales y populares, que verá ésta como una cuestión de grande importancia para México y de no menor para el mundo entero.

Además de los motivos que he expuesto para el pronto arreglo de este asunto, me tomo la libertad de llamar muy encarecidamente la atención de V. E., a las dificultades probables que puedan suscitarse entre las dos Naciones si México faltase a la fe empeñada en la concesión Garay.

Descansando nuestros ciudadanos en su buena fe han adquirido interés en dicha concesión; han anticipado grandes sumas con el fin de llevar a cabo su objeto; han hecho reconocimientos para el establecimiento de un ferrocarril y demostrado la practicabilidad de construirlo y no es posible que hoy se les prive de los privilegios garantizados por aquella concesión y que sufran las enormes pérdidas que son consiguientes, sin apelar a su propio gobierno para que haga efectivos sus derechos.

Mi vehemente deseo es evitar consecuencias demasiado probables que deben resultar de semejante reclamo.

No podemos, aun cuando quisiéramos, ser indiferentes a éste.

Todo gobierno debe a sus propios ciudadanos la protección de sus derechos en el interior y en el exterior y las consecuencias emergentes del desacuerdo entre los dueños de la concesión Garay y el gobierno de México, son tales que ningún amigo verdadero de este país o de México puede verlas con indiferencia.

Cual sea el resultado de ellas, sólo el tiempo podrá decirlo.

Pocos meses tendré que permanecer al frente de este gobierno, para que cese mi responsabilidad y este difícil y complicado negocio pasará a otras manos.

Puedo asegurar a V. E. que el amor a mi propio país, así como mi sincero deseo de promover la prosperidad de ése, me inducen a instar a V. E., muy encarecidamente, para que no deje cosa alguna por hacer a fin de arreglar la' controversia sobre este asunto.

Cada día de demora es peligroso.

Y, si no puede arreglarse, temo que muy pronto llegue el día en que por él se turben las relaciones de armonía que hoy tan felizmente existen entre ambos países.

Me parece que México, independientemente de su empeñada fe, debe tomar un profundo interés en el arreglo de esta cuestión y en la apertura de la vía de que se trata.

No puedo dudar que las miras liberales e ilustradas de V. E., lo inducirán a convenir conmigo en estos sentimientos; pero, cualquiera que sea el resultado, permítame V. E. le exprese el alto respeto y estimación que animo hacia su persona, asegurándole que soy verdadera y sinceramente su amigo.

Millard Fillmore

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.