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Siglo XIX > 1850-1859 > 1852

Discurso pronunciado por Benito Juárez, gobernador del estado de Oaxaca, ante la X Legislatura, al abrir el primer periodo de sus sesiones ordinarias.
Oaxaca, julio 2 de 1852.

Señores diputados y senadores:

Al cumplir con la ley fundamental del Estado que ordena la asistencia del gobierno a la apertura de las sesiones del Soberano Congreso, me cabe la grata satisfacción de felicitaros, porque bajo los auspicios de la paz dais principio a vuestras importantes tareas legislativas.

Graves y muy interesantes son los negocios de que vais a ocuparos en el primer período de vuestras sesiones ordinarias.

Algunos ciudadanos de una nación vecina, alegando un derecho que no existe y un contrato que no favorecen las leyes, intentan apoderarse del Istmo de Tehuantepec para emprender la obra de comunicación de los mares Atlántico y Pacífico; pero el Gobierno Supremo de la nación, usando de su derecho, y obrando conforme a las reglas de la más estricta justicia, ha rechazado con dignidad semejante pretensión, y ha resuelto llevar al cabo la grande obra de la comunicación interoceánica con el exclusivo esfuerzo de los mexicanos.

Tan patriótica resolución debe sostenerse por todos los estados de la Confederación, y muy especialmente por el de Oaxaca, que por comprenderse en su territorio el codiciado Istmo de Tehuantepec, debe ser el primero que disfrute de las ventajas que producirá la grandiosa obra de la comunicación de los mares, y que participe de los peligros en el caso de que contra toda justicia y contra el derecho de las naciones, se quiera arrebatar a México parte de su territorio con la fuerza de las armas.

Debéis, pues, señores, dedicaros preferentemente, y hasta donde lo permitan vuestras facultades constitucionales y la naturaleza del sistema de gobierno que nos rige, a dictar todas aquellas medidas que preparen nuestros elementos de guerra y de hacienda para auxiliar eficazmente al Gobierno Supremo en la apertura del Istmo y en el sostén de la integridad del territorio nacional.

Debéis también dictar esas medidas para consolidar y defender el sistema federativo, hoy que los partidarios del despotismo hacen los últimos esfuerzos para destruirlo y restablecer el poder arbitrario que inundó de sangre y de lágrimas a la nación, debilitándola y empobreciéndola, para que en el conflicto nacional tuviera la deshonra de sucumbir a la ley del vencedor, como sucedió, sin que valieran a librarla de su infortunio los esfuerzos aislados de muchos de sus valientes y leales defensores.

Recordad por un momento las épocas de la centralización del poder y la ominosa dictadura; comparadlas con el presente estado de la nación, y por mucho que se exageren sus actuales cuitas, deduciréis todas las desgracias que tendría que sufrir si por una fatalidad sus instituciones fueran suplantadas por el poder central o por la dictadura.

Bajo el sistema federativo los funcionarios públicos no pueden disponer de las rentas sin responsabilidad; no pueden gobernar a impulsos de una voluntad caprichosa, sino con sujeción a las leyes; no pueden improvisar fortunas ni entregarse al ocio y a la disipación, sino consagrarse asiduamente al trabajo, resignándose a vivir en la honrosa medianía que proporciona la retribución que la ley haya señalado.

Pero los hombres que no pueden soportar el yugo suave de la ley, tampoco pueden conformarse con ese orden de cosas, y de aquí procede ese constante empeño de destruir el sistema federativo, substituyéndolo con el poder absoluto.

Por fortuna, no es la opinión pública, no es la nación la que quiere cambiar la forma de gobierno, sino una insignificante minoría, que al ensayar sus planes de trastorno causaría algunos males, es verdad, pero jamás conseguiría sobreponerse a la voluntad soberana de la nación.

Sin embargo, debemos evitar esos males, nulificando los impotentes esfuerzos de esa minoría enemiga de la paz pública.

Para esto debéis arbitrar recursos que hagan al Estado tan fuerte como es necesario que lo sea, para auxiliar al Gobierno Supremo en la defensa de las instituciones democráticas y de la unidad nacional, y para que si en el centro de la República los anarquistas lograren subvertir el orden establecido, Oaxaca coopere al restablecimiento de la paz y, en el último caso, que sirva de asilo a los Supremos Poderes de la nación y de firme baluarte de la independencia y libertad de la República.

Para que forméis juicio del estado que guardan los ramos de la administración pública, tengo la honra de presentaros la Exposición que he formado con este objeto.

En ella veréis que nuestras rentas mejoran año por año, de manera que con sus productos el Estado ha podido ir cubriendo sus gastos y compromisos.

En el año de 1848 se emitieron vales en cantidad de 126,000 pesos para el pago de la deuda que gravitaba sobre el Tesoro, y a la fecha sólo faltan 28,000 pesos para la amortización de esta cantidad.

La deuda de empleados que en el año anterior ascendía 25,000 pesos, queda reducida hoy a la corta suma de 8,000.

El contingente señalado para los gastos generales de la nación se ha pagado con debida puntualidad, y no obstante de que este impuesto se ha aumentado a un 20% por el supremo decreto de 19 de mayo próximo pasado, sólo tendremos en el año inmediato el pequeño deficiente de 6,577 pesos, según lo veréis en el presupuesto respectivo.

En el ramo de guerra, con los auxilios que ha podido dar el Gobierno General, y con los sacrificios que ha hecho el Estado, se cuenta con 3,505 fusiles, 531 carabinas y 11 piezas de artillería.

En la noticia que ha formado la excelentísima Corte de Justicia de los trabajos del Poder Judicial en el año anterior, y en el primer tercio del presente, notaréis la actividad con que proceden los funcionarios de ese ramo en el despacho de los negocios.

Igual actividad se advierte en los empleados del ramo gubernativo, debiéndose a sus esfuerzos los adelantos que se han hecho en varios de los ramos de su cargo, y la conservación de la tranquilidad pública y de la paz, de que felizmente se disfruta en el Estado.

En fin, en la misma Exposición veréis las medidas que someto a vuestra deliberación y que creo indispensables, ya para remover las dificultades que embarazan la marcha de algunos ramos, ya para la mejora de otros.

Tal vez no serán acertadas pero era mi deber proponerlas, con la confianza de que el Soberano Congreso dictará las que juzgue más a propósito para mejorar los ramos de la administración pública.

Así es de esperarse de la sabiduría y prudencia de los dignos representantes del Estado.

Comenzad, pues, señores, vuestras importantes tareas, y contad con el auxilio y cooperación que pueda daros el gobierno, que seguirá redoblando sus esfuerzos para que la paz se conserve, y podías a su sombra deliberar sobre los grandes intereses de la sociedad.

Como esta es la última vez que tengo la honra de presentarme como jefe del Estado en este augusto santuario, permitidme, señores, que manifieste al Cuerpo Legislativo mi más profundo reconocimiento por los inmensos favores que me ha dispensado, sin merecerlo, encargándome dos veces el ejercicio del Poder Ejecutivo.

Mi corta capacidad y la situación lamentable que guardaba el Estado al recibirme del mando, no me permitieron hacer todo el bien que deseaba; peor me queda la satisfacción de haberlo procurado hasta donde me fue posible, y la esperanza muy lisonjera de que dentro de breves días daréis al Estado un nuevo gobernante que lo dirija con más acierto al punto de prosperidad y grandeza a que lo llaman sus destinos.

Dije.

Oaxaca, julio 2 de 1852.

[Benito Juárez]

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.