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Siglo XIX > 1850-1859 > 1851

Exposición de Benito Juárez al soberano congreso de Oaxaca al abrir sus sesiones.
Oaxaca, julio 2 de 1851.

Señores diputados y senadores:

Pongo en vuestro conocimiento la situación que guarda la administración pública, cumpliendo con el deber que me impone la Carta Fundamental del Estado.

Siento la pena de no poder ofrecer a los representantes del pueblo el cuadro lisonjero de mejoras y adelantos que yo hubiera deseado; pero la fatal epidemia del Chólera Morbus y la escandalosa sublevación de Juchitán interrumpieron la marcha de los negocios, absorbiendo por algún tiempo casi toda la atención del gobierno, casi todos los recursos del erario, y paralizando, en consecuencia, las obras de utilidad común que se habían emprendido y las reformas que se estaban operando en los ramos de la administración pública.

Sin embargo, el gobierno ha redoblado sus esfuerzos hasta donde le ha sido posible, para librar a los pueblos de estas plagas destructoras de la humanidad, y le es grato confesar, en obsequio de la justicia, que en los momentos de mayor conflicto, la inmensa mayoría de los habitantes del Estado, cada cual con su influencia, con su hacienda o con su persona, ha robustecido la acción de las autoridades y cooperado a la salvación de la sociedad.

A este noble proceder de los buenos y al eficaz auxilio de la Providencia Divina, se debe que el Estado goce de paz y que los ramos de la administración vuelvan a tomar la marcha progresiva que corresponde y que os iré manifestando en el curso de esta ligera exposición.

[GOBERNACIÓN]

Siendo la paz la base esencial de la felicidad de los pueblos, debe ocupar la preferente atención del gobierno, pues sin ella desaparece la confianza pública.

El agricultor, el comerciante, el artesano y todos los hombres industriosos que a la sombra de aquélla multiplican sus capitales, para proporcionar a sus hijos el sustento y al Estado los recursos que necesita para cubrir sus gastos más indispensables, paralizan sus giros y se abstienen de aplicar sus fuerzas y su industria a la producción de la riqueza, porque temen justamente que la mano de la anarquía y del despotismo les arrebate el fruto de sus afanes y sudores.

Convencido de esta verdad he cuidado de la conservación de la tranquilidad pública, dictando cuantas providencias me han parecido conducentes.

Pero por buenas que sean las intenciones del que gobierna y por grande que sea su actividad para dar impulso a los diversos ramos de la administración, y para hacer que reinen la paz y la justicia, son estériles sus esfuerzos si no son secundados por los agentes y colaboradores que la ley le ha señalado.

Por esto he cuidado de colocar en los gobiernos de los departamentos, en las subprefecturas de los partidos y en los demás destinos de la provisión del gobierno, personas de capacidad, de honradez y de actividad, y me cabe el placer de asegurar que generalmente esos funcionarios han correspondido a mis deseos; pues cada cual en el círculo de sus facultades procura llenar cumplidamente sus deberes.

Restablecida la Federación se comenzaron a observar las leyes que la Legislatura del Estado había expedido en la primera época, relativas a las facultades de los gobernadores y subprefectos; pero como no se habían derogado expresamente las que se dieron durante el sistema central y que contenían muchas disposiciones que expeditaban el gobierno económico de los departamentos, vacilaban aquellos funcionarios en los repetidos casos que se les ofrecían, porque no encontrando la decisión en las primeras leyes, temían contraerse una responsabilidad si recurrían a las segundas.

De aquí resultaba el entorpecimiento de los negocios gubernativos con mengua del decoro de la autoridad y con detrimento de la paz pública, principalmente en épocas de turbulencia en que es necesario obrar con celeridad y con energía.

Para evitar este inconveniente me vi en el caso de reducir a una sola disposición las citadas leyes, haciendo las aclaraciones y adiciones que demandaban las circunstancias y las escaseces del erario.

El decreto de 30 de diciembre próximo pasado comprende ese arreglo, con que daré cuenta por separado al Soberano Congreso, así como con las demás providencias que dicté en uso de las facultades que me concedió el decreto de 30 de noviembre del año anterior.

Con esta medida y con las demás que se han dictado para proveer de armamento y municiones a algunas compañías y piquetes de guardia nacional en varios puntos del Estado, se conserva la paz en los departamentos.

Aun en el de Tehuantepec se disfruta ya tranquilidad.

Sin embargo, no puede asegurarse que ella sea duradera, porque el cabecilla José Gregorio Meléndez existe todavía en el teatro de sus depredaciones, acechando la oportunidad de continuar los robos y asesinatos de que ha sido víctimas aquella parte del territorio del Estado.

[Rebelión juchiteca y desembarco norteamericano en Tehuantepec] Desde que apareció la escandalosa sedición de Juchitán me propuse reprimir a sus autores con toda la severidad que quieren las leyes y que demanda la vindicta pública; porque ha sido siempre mi más ardiente deseo restablecer el imperio de la ley y el prestigio de la autoridad, poniendo coto a la costumbre de transigir con el crimen y con el vicio, costumbre criminal y vergonzosa que envilece a los gobiernos y que alienta a los criminales a imponerles condiciones degradantes.

Consecuente con este propósito y apoyado en la opinión pública, que se pronunció abiertamente contra los desórdenes de Juchitán, pedí auxilio al Gobierno General y puse en juego todos los elementos del Estado para restablecer la paz en el departamento de Tehuantepec.

Todo estaba listo en noviembre último para dar un golpe decisivo a los sediciosos, pero la funesta epidemia del cólera vino a paralizar las operaciones militares.

Por ella quedó reducido a una pequeña fuerza y por fin destruido el destacamento de Ixtaltepec.

Murió el gobernador don Marcelino Echavarría; murió el jefe de la sección de operaciones, comandante general y vicegobernador don José María Castellanos; murió su segundo el comandante de escuadrón don José Vicente Magro, y se desbandó la fuerza que estos jefes llevaron, aterrorizada de los estragos de la epidemia.

Tales fueron las causas que detuvieron el golpe que se iba a descargar sobre los sediciosos.

Las noticias de estos sucesos que se recibieron una tras otra, la de la aproximación de Meléndez a Tehuantepec para apoderarse de aquella plaza, alentaron a algunos ilusos, que juzgando débil al gobierno creyeron llegada la ocasión de enseñorearse del poder para satisfacer sus innobles pasiones.

Para impedir que el gobierno hiciera marchar nuevas fuerzas contra los sediciosos, tentaron el medio de la seducción a la tropa y supusieron triunfos del cabecilla de Juchitán; pero la heroica defensa que hicieron los tehuantepecanos el día 1º de diciembre, las providencias activas y enérgicas que se dictaron para restablecer la moral de la tropa, y la eficaz cooperación de los buenos ciudadanos, burlaron los esfuerzos de los revoltosos, y a los pocos días marchó otra sección respetable al mando del teniente coronel don José María Muñoz, quien llevaba la orden de obrar con arreglo a las circunstancias y como le aconsejara su honor e instrucción militar, hasta conseguir el objeto del gobierno, que era castigar a los revolucionarios pronta y eficazmente, obrando de acuerdo con el gobierno del Estado; pero ese jefe, separándose de las instrucciones que se le dieron y sin que mediara un hecho de armas que hiciera indispensable un acomodamiento, entró en tratados con los sediciosos, les ofreció el perdón de sus crímenes y dejó a los principales cabecillas en absoluta libertad, desoyendo la voz de la justicia que pedía el castigo de éstos por los asesinatos que ejecutaron en el subprefecto don Pedro Portillo, en el teniente don Fidencio Rodríguez, en el español don Miguel Solana y en otros tantos infelices; sin tener en cuenta las propiedades de los particulares, robadas unas e incendiadas otras, ni los grandes sacrificios que había hecho el Estado, agotando su tesoro y perdiendo sus mejores hijos por defender sus leyes, las vidas e intereses de sus ciudadanos, y por hacer respetar a las autoridades vilipendiadas por aquellos cabecillas.

De aquí es que cuando supe este desenlace vergonzoso ordené que fuesen aprehendidos y conducidos a esta capital los cabecillas Meléndez, Haedo y Orozco, y aunque esta disposición surtió su efecto en cuanto a los dos últimos, no sucedió así respeto de Meléndez, por la morosidad con que procedió en este negocio el jefe de la sección de operaciones sobre Juchitán.

Con vista de la prevención que contiene el documento oficial número 1, esperaba que el Gobierno Supremo si no desaprobaba la conducta del jefe militar don José María Muñoz, a lo menos dispusiera que los principales cabecillas de la sedición fueran consignados a los tribunales del Estado, para que los juzgasen y castigasen con arreglo a las leyes; pero el nuevo gabinete, juzgando las cosas de otra manera, resolvió que los citados reos se pusiesen a disposición del juez de distrito, no para ser juzgados y castigados, sino en espera del indulto que ya se había iniciado al Soberano Congreso General.

Como esta medida vulneraba los derechos del Estado, a quien corresponde perdonar o castigar a los cabecillas de Juchitán por los asesinatos y robos que han cometido, dirigí a la representación nacional la exposición que acompaño.

Este negocio aún está pendiente en el Congreso General y, entretanto, Meléndez permanece libre, algunos de los sediciosos se están juzgando por los tribunales del Estado y otros están a disposición del juzgado de distrito en espera del indulto que les ha ofrecido don José María Muñoz.

A los tribunales y a los representantes del pueblo oaxaqueño toca ahora dictar las medidas de su resorte para sostener los derechos y prerrogativas del Estado.

El Ejecutivo cumple con dar cuenta de estos sucesos y con seguir dictando las providencias conducentes para la aprehensión de Meléndez y para el completo restablecimiento de la paz.

Ha habido en ese departamento otro hecho que alarmó a los habitantes del Estado y aunque cesó a los pocos días, por las medidas que se dictaron oportunamente, es sin embargo de grave importancia, porque bien puede considerarse como preliminar de la ocupación de nuestro territorio por las vías de hecho, no obstante las garantías que se estipulan en los tratados; pues la experiencia y el hecho que acaba de pasar en Tehuantepec demuestran evidentemente el poco respecto que se tiene a nuestras leyes.

No estando aprobado aún el tratado sobre la comunicación interoceánica, vino una comisión científica de los Estados Unidos de Norteamérica a reconocer el Istmo y sus puertos.

El director de la comisión, don Pedro Eduardo Trastour, se avanzó a fijar el morro conocido antiguamente con el nombre de La Ventosa, como puerto de desembarco de las costas meridionales de Tehuantepec, participando a las autoridades que el primer buque que debía llegar a aquel puerto a los pocos días, era el Gold Hunter (Buscador de Oro), procedente de California.

Como este procedimiento del director Trastour ataca directamente una de las facultades exclusivas del Congreso Nacional, que es el único que puede habilitar puertos para el comercio extranjero, di cuenta inmediatamente al Gobierno Supremo de esta ocurrencia, quien me contestó que no permitiese el desembarco del citado buque por no ser La Ventosa puerto de los habilitados por la Nación.

Como lo había anunciado el director de la referida comisión, el día 6 de abril se presentó en el morro el buque Buscador de Oro, y aunque el jefe de la sección hidráulica don Guillermo Temple y el gobernador de Tehuantepec manifestaron al capitán Mott que estaba prohibido por las leyes mexicanas el desembarco en aquel punto, no hizo aprecio de esta indicación y desembarcó a los pasajeros que traía a bordo.

Se me dio parte por extraordinario de este suceso y en el momento previne al gobernador de Tehuantepec mandara reembarcar a los pasajeros e hiciera regresar el buque.

Comunicada esta resolución al cónsul don Carlos Webster y por su conducto al capitán Mott, éste se retiró sin reembarcar a los pasajeros, a quienes dejó abandonados en Tehuantepec.

Al comunicase al cónsul Webster la resolución que se dictó para no permitir el desembarco del buque Busca-Oro, pretendió eludir su cumplimiento, alegando que el buque conducía gente al servicio de la comisión, y conforme al tratado debía permitirse su desembarco; pero este alegato no descansaba en la verdad, porque el buque conducía pasajeros contratados en California para ser conducidos a Orleáns, y porque el tratado sobre la comunicación interoceánica por Tehuantepec aún no está aprobado por el Congreso mexicano.

Llama la atención el que un agente del gobierno norteamericano haya ignorado estas circunstancias, o que sabiéndolas las haya alegado, separándose de la franqueza que aconseja la buena fe.

Llama también, y muy fuertemente, la atención, la conducta del capitán Mott, el que después de haber infringido las leyes del país y burlándose de las órdenes del gobierno, desembarcando a los pasajeros en un puerto no habilitado y no reembarcándolos, como se le ordenó, haya formulado una insultante protesta contra el gobierno mexicano y contra todas las autoridades del Estado, agregando a la ofensa de los derechos de la Nación el insulto y la burla.

Las piezas oficiales que acompaño os confirmarán el relato que acabo de hacer de este negocio y os revelarán la suerte futura del Estado y de la Nación toda, si por desgracia se llega a aprobar el tratado sobre la comunicación de los mares por el Istmo de Tehuantepec.

[Chólera Morbus]

Fuera de estos males que han alterado la paz del Estado, hemos tenido otro no menos grave que ha disminuido nuestra población y los recursos del erario.

A mediados del año anterior apareció el cólera morbos en el Estado, y aunque ya se habían dictado algunas medidas para precaver a los pueblos de los efectos de la epidemia, se redoblaron entonces con la actividad que convenía.

Se suspendió la obra de la apertura del camino de Tehuacán, porque era necesario echar mano de sus fondos para el auxilio de los pueblos y para restablecer la paz en Tehuantepec.

Se destinó el presidio a la limpieza de la ciudad.

Se estableció una junta compuesta de todos los médicos de la capital para que formase métodos curativos y preservativos que se repartieron oportunamente en todo el Estado.

Se mandaron medicinas a las poblaciones invadidas del cólera y facultativos a Huajuapan, Jamiltepec y Ejutla, y en Tehuantepec se contrató por el gobierno el único que allí había para que atendiera la clase indigente.

En fin, las autoridades todas tomaron cuantas providencias les fueron posibles para salvar a la población, y puede asegurarse, que ellas contribuyeron en mucha parte para que la peste no hubiera hecho los grandes estragos que en las demás poblaciones de la República.

El estado que presento manifiesta que murieron de la epidemia del cólera 10,689 individuos, que unidos a 16,610 que fallecieron de otras enfermedades en 1850, hacen el total de 27,299, cuyo número es inferior al de nacidos en el mismo año.

Desde el mes de diciembre último que desapareció el cólera, no ha habido otra epidemia en ningún punto del Estado, y si por desgracia la de viruelas, que parece existe en la República, llegara a invadir nuestras poblaciones, es de esperarse que no haga los estragos que en otras épocas, porque conocida ya generalmente la eficacia de la vacuna para preservarse de los funestos efectos del mal, los padres de familia se prestan con gusto a la vacuna de sus hijos, y el Gobierno cuida de que se administre con empeño.

[ECONOMÍA]

[Minas y Casa de Moneda]

Os presento el estado que manifiestan las minas que se trabajan en el Estado, sus productos y el número de operarios que se ocupan en ellas.

Muy satisfactorio es ver reanimarse este ramo de riqueza que se hallaba tan abatido y casi abandonado hace pocos años.

El decreto de 5 de septiembre próximo pasado, que facultó a los jueces de primera instancia y alcaldes para dar posesiones de minas con los escribanos de los respectivos juzgados o con testigos de asistencia, ha dado los buenos resultados que se deseaban, porque pueden ya los mineros tomar posesión de sus minas, sin los grandes gastos y dilaciones que antes.

He manifestado en mis anteriores Exposiciones, y de ello está persuadido el Cuerpo Legislativo, que el establecimiento de la Casa de Moneda en el Estado es uno de los medios más eficaces con que se puede proteger el ramo de minería; pero desgraciadamente se han presentado graves obstáculos para realizar este pensamiento y sólo queda la esperanza de que al fenecimiento del término en que fueron arrendadas las casas de moneda por el Gobierno de la República, se consiga establecer la que hace tanto tiempo se desea para el fomento de la minería entre nosotros.

Por ahora me parece indispensable que el Cuerpo Legislativo se ocupe de establecer un fondo de que deban satisfacerse los gastos de visita, pues por falta de esto casi la mayor parte de las minas se trabajan contra lo prevenido por las ordenanzas del ramo, de lo que resulta, que muchas de las mejores de aquéllos se hallan desbordadas y azolvadas.

[EDUCACIÓN]

Respecto de la instrucción pública, el Gobierno ha dictado incesantemente cuantas providencias ha creído oportunas para que este interesantísimo ramo progrese.

El Colegio de Tlaxiaco bajo la dirección del reverendo prelado ministro fray Manuel Márquez, sigue sosteniéndose con los fondos del erario, lo mismo que el Instituto de Ciencias y Artes de esta capital.

Recomiendo al honorable Congreso la iniciativa que presenté en el año anterior sobre reforma de este establecimiento.

Todos los catedráticos son provisionales, porque hasta ahora no se han presentado opositores a las cátedras, y es necesario que en la reforma se designe el modo de proveerlas en propiedad.

En la referida iniciativa se indican extensamente las medidas que deben adoptarse para el mejor arreglo y adelantos del Instituto, y por ese motivo omito reproducirlas en esta Exposición.

El Colegio de Estudios Preparatorios de Tehuantepec lleva un año de establecido, bajo la dirección del reverendo prelado presentado fray Mauricio López, y aunque las calamidades que ha sufrido aquella villa han paralizado algún tiempo los trabajos literarios de aquel establecimiento, hoy se sigue dando la instrucción con el empeño y eficacia que ha recomendado el gobierno; pero hay un mal que es preciso remediar de toda preferencia para impulsar los adelantos del Colegio, y es la falta de fondos suficientes para satisfacer sus gastos.

Desde el año de 1844 se estableció un fondo, consistente en dos reales que debía pagar cada carga de sal que se extraiga de las salinas, con el objeto de que se estableciera y fomentara una casa de estudios en aquella villa, y se dispuso que entre tanto se daba el reglamento y se organizaba el establecimiento, se invirtiera dicho fondo en la obra de la albarrada que debía precaver a la población de la inundación que la amenazaba.

Concluida esta obra, el excelentísimo ayuntamiento de Tehuantepec siguió tomando este fondo para sus gastos; por lo que cuando por el decreto de 19 de septiembre de 1849 esta honorable Legislatura dispuso que se estableciese en Tehuantepec un Colegio de Estudios Preparatorios, que debería sostenerse con fondo creado por la antigua asamblea departamental en 1844, previne en octubre de 1849 que los productos existentes hasta entonces del impuesto de la sal y los que se recaudasen en lo sucesivo, se invirtiesen en el sostenimiento del Colegio, que debía abrirse en 1º de abril de 1850, pero el ayuntamiento representó manifestando que de tomarse ese fondo para el Colegio era necesario cerrar las escuelas y quitar el alumbrado que se costeaban de él, y pidió que se estableciesen nuevos arbitrios para aumentar sus fondos.

En vista de esto el gobierno, deseando que se cumpliese en lo posible el decreto que mandó establecer el Colegio y que el ayuntamiento no resintiese los perjuicios que indicaba, determinó que la mitad de los productos de la sal ingresase en la administración de alcabalas para el sostenimiento del Colegio y la otra mitad se destinase a las atenciones de la municipalidad, ínterin el soberano Congreso resolviese sobre el aumento de fondos.

Hasta la fecha sigue el ayuntamiento percibiendo la mitad de los productos de la sal, y es de absoluta necesidad que el Cuerpo Legislativo tome en consideración este asunto, como se lo suplico, para que el Colegio de Tehuantepec no carezca de recursos para sus gastos indispensables.

La instrucción primaria, aunque no tiene todos los adelantos que fueran de desearse, puedo asegurar que se halla en mejor estado que en los años anteriores, merced a los esfuerzos de los señores gobernadores y subprefectos y de algunas municipalidades, que cumpliendo con las prevenciones y recomendaciones del gobierno ponen especial esmero en el fomento de las escuelas.

El atraso que se ha notado en este interesante ramo ha dependido de la muy escasa dotación de los preceptores, y en muchos pueblos no por falta de recursos sino porque los fondos municipales se invertían en provecho de los individuos de las repúblicas y ayuntamientos.

Para remediar este abuso expedí el reglamento de 15 de diciembre de 1849, haciendo todas las prevenciones que creí conducentes para la recaudación, aumento y legítima inversión de los fondos municipales.

Este arreglo ha producido los mejores resultados, pues muchos pueblos cuentan ya con regulares fondos para dotar competentemente preceptores de capacidad y de buenas costumbres para dar a la juventud una educación sólida y esmerada.

Las escuelas normales no se han podido establecer en todas las cabeceras de partido y de departamento, como previene el decreto de 19 de agosto último, porque hay pueblos sumamente miserables que no pueden contribuir con la cuota que el citado decreto les ha señalado.

Hay otros que, aunque exhiben la cuota respectiva, no pueden costear la manutención de los alumnos en la cabecera, y muchos partidos hay que tienen un reducido número de pueblos que la contribución que producen no basta para la competente dotación del preceptor.

De aquí es que sólo a costa de esfuerzos de las autoridades [se han podido establecer] (1) una en la cabecera de Nochixtlán, otra en la de Villa-Alta y otra que a la fecha estará abierta en Yautepec, para lo que estaban dadas las órdenes y dispuesto todo lo necesario a fin de que el día 1º del corriente se verificase la instalación.

Es muy laudable el empeño que han tomado para el establecimiento de estas escuelas los subprefectos don Agustín Valverde, don Ventura Gandarillas, don Sabás José Alonso y el señor gobernador de Villa Alta, don Nicolás Fernández y Muedra.

Para poder realizar la benéfica idea que se propuso la honorable Legislatura al expedir el citado decreto de 19 de agosto, sería muy conveniente que se autorizase al gobierno para que fuese estableciendo dichas escuelas a proporción que fuera habiendo fondos, que se podrían formar ya de la contribución que el repetido decreto establece, ya de una parte de los fondos comunales, ya de los productos de las siembras que en común pueden hacer algunos pueblos con este fin, o ya de todos estos ramos juntamente.

Con la debida oportunidad presentaré al honorable Congreso el expediente que he formado sobre ese negocio para que resuelva lo que estime conveniente.

[ECONOMÍA Y OBRA PÚBLICA]

[Obra pública]

En cuanto a las obras materiales de utilidad general, debo manifestar que aunque no han tenido todo el impulso que el gobierno hubiera querido a causa de la epidemia del cólera y de la sedición de Juchitán, que distrajeron la atención de las autoridades y absorbieron por algún tiempo los recursos del erario, luego que estas causas han cesado han continuado aquéllas con cuanta actividad ha sido posible, sirviéndose el gobierno de la cooperación eficaz que han prestado los pueblos y del empeño de las autoridades subalternas.

En la apertura del camino que conduce de esta ciudad a Tehuacán se han hecho adelantos muy notables a pesar de las dificultades que presenta el terreno.

Existe ya un camino carretero desde la villa de Etla hasta delante de Necaltepec, de manera que sólo faltarán cinco leguas para que quede abierto el camino carretero desde esta ciudad al pueblo de Don Dominguillo.

Dos personas han prestado servicios muy importantes en esta obra de tanta utilidad: El subprefecto de Etla, don José María Filio, y el cura don Feliciano Peredo, que se dedicó personalmente a reconocer los cerros y cañadas para fijar definitivamente la línea por donde debe abrirse el camino sin los grandes gastos y dificultades que habían manifestado como insuperables otras personas de que se había valido el gobierno para el reconocimiento de la línea.

El señor cura Peredo, aplicando sus conocimientos prácticos del terreno y su influencia con los pueblos de su parroquia, dirige los trabajos alentando a los operarios incesantemente.

El subprefecto don José María Filio hace otro tanto en su línea respectiva, debiéndose a los esfuerzos de estos dos apreciables oaxaqueños y a los nobles sacrificios de los pueblos, los progresos de esta interesantísima obra que el gobierno está resuelto a llevar al cabo en obsequio del comercio, de la agricultura y de la civilización de nuestro país.

En la línea de Huatulco se trabaja con igual empeño.

En el presente año puede quedar concluido el camino carretero que conduce de esta ciudad a Ocotlán, salvándose el doble paso del río de Atoyac.

De Mihuatlán a Pochutla hay 16 leguas de camino carretero.

La nueva población del puerto de Huatulco se aumenta cada día.

Sus moradores se dedican a la pesca y a la agricultura, habiendo cogido en el año anterior una regular cosecha de maíz y de algodón.

El subprefecto don Isidoro Apolunio Manzano, que ha tomado tanto interés en el establecimiento y conservación de la nueva población, se dedica con mucho empeño en la construcción de la iglesia y de nuevas habitaciones, y en los trabajos necesarios para cegar la laguna que existe en aquel puerto, a fin de quitarle todo motivo de insalubridad.

En el Río Grande de Ixtlán, perteneciente al departamento de Villa Alta, se ha construido un puente de madera con su cubierta de tejamanil, y con tal solidez que ofrece una duración de muchos años.

Con esta obra se ha librado a algunos pueblos de aquel partido de los gastos que erogaban anualmente y de las desgracias que con frecuencia sufrían para cortar y conducir de larga distancias y por cerros, cañadas y voladeros, grandes planchas de madera para reponer el puente.

En Nochixtlán y en Zimatlán se han concluido las cárceles que se mandaron edificar.

La amplitud de sus piezas y la solidez de sus paredes prestan comodidad y seguridad para los reos.

Los subprefectos don Ventura Gandarillas y don Manuel Canseco han cumplido exactamente las órdenes del gobierno, empleando todo su influjo y esfuerzos para emprender y llevar al cabo estas obras de tanta utilidad, sin grandes erogaciones del Tesoro Público, pues han sabido persuadir a los pueblos para que presten con gusto sus auxilios, como lo han verificado.

La obra del Palacio del Estado sigue con visibles adelantos, porque el señor tesorero don José Esperón, a pesar de las multiplicadas atenciones de su oficina, la visita constantemente y cuida de que los gastos se hagan con economía y con provecho.

Tal es el estado que guardan las obras públicas emprendidas por disposición del gobierno.

[Finanzas públicas]

Por el documento número nueve se ve que nuestras rentas ascendieron en el año anterior a la cantidad de 350,993 pesos, incluso el ramo de instrucción pública, la existencia del año anterior y algunos ramos ajenos que se especifican al calce de este documento; de manera que a no haber sobrevenido la guerra y la peste aquéllas habrían bastado para cubrir la data, que en el presupuesto presentado en 1849 se calculó en 340,512 pesos; pero el auxilio ministrado a los epidemiados, el movimiento de tropas y el aumento de fuerzas para restablecer la paz en el departamento de Tehuantepec y para conservar la tranquilidad pública en los demás puntos del Estado, aumentaron considerablemente los gastos, causando en consecuencia un atraso notable en el pago de los empleados y de otros créditos que gravitan sobre las rentas.

Por este motivo, al fin del año de 1850, a más de la cantidad de 337,901 pesos que aparecen de data en el citado documento, resultó debiéndose a los empleados la cantidad de 34,087 pesos, que se ha ido amortizando en términos de que sólo se adeudaba hasta el 15 de mayo último la cantidad de 25,377 pesos, que espero será satisfecha en el presente año.

Para conseguirlo he establecido varias economías, tales como la reducción de la fuerza armada hasta el punto que sea compatible con la tranquilidad del Estado; la suspensión de gastos del hospital militar, que por ahora no es absolutamente necesario atendida la corta guarnición de la capital; y el abono de sólo el haber económico de las tropas, ministrándoseles directamente por la Tesorería el vestuario y demás útiles que necesiten.

Además, cuido, con el esmero que corresponde, de que las rentas se recauden y administren con pureza, de que se inviertan en los objetos absolutamente indispensables del servicio público y de que nada se gaste inútilmente.

Para saber el estado que guardan las cuentas de los responsables al Tesoro Público, pedí a la oficina respectiva una noticia de los negocios pendientes y concluidos; y notando un gran retraso en dichas cuentas, he recomendado su pronto despacho y he prevenido se me dé cuenta mensualmente de los trabajos de la oficina, para que el gobierno se ponga al tanto del estado que guarda el despacho y pueda dictar las providencias que convengan para la pronta revisión de las cuentas, de lo que depende la buena administración de los caudales públicos; pues sabiendo el empleado que su manejo será examinado prontamente, y que su responsabilidad será efectiva, celará por la conservación y religiosa inversión de los intereses que se ponen a su cuidado.

El arreglo que hice de la deuda del Estado en el año de 1848, ha producido el buen resultado que me propuse, a cuyo efecto he cuidado de que el fondo destinado para el pago se invierta religiosamente en este objeto para conservar el crédito del Tesoro.

De aquí es que, habiendo ascendido a 124,500 pesos el valor de los vales emitidos, sólo falta que amortizar la cantidad de 49,227 pesos.

Por manera que con el aumento que probablemente tendrá el fondo referido, a virtud del nuevo avalúo que se está practicando de las fincas rústicas y urbanas, en cumplimiento de la ley de 3 de octubre último, quedará amortizada la deuda en todo el año de 1852, y entonces ya se podrá disponer de la contribución sobre fincas para los demás gastos del Estado, que por falta de recursos no se cubren hoy con la debida puntualidad.

El documento en que se especifican los ramos permanentes y accidentales que forman nuestras rentas, manifiesta los productos y los gastos que podrá haber en el año venidero de 1852.

Se calcula que el ingreso ascenderá a 324,300 pesos, con exclusión del ramo de instrucción pública, que no debe figurar en el presupuesto por estar destinado exclusivamente a otro objeto, y la data importará la cantidad de 330,127 pesos, resultando un pequeño deficiente de 5,822 pesos, en el supuesto de que se lleven al cabo, como estoy resuelto a verificarlo, las economías que quedan indicadas, y de que la paz no llegue a ser alterada.

A pesar de las aflictivas circunstancias de nuestro erario, he tenido especial cuidado de que se pague con la posible puntualidad el contingente señalado al Estado para los gastos generales de la Nación, como se ve en las comunicaciones que presento; de manera que si no hay anticipaciones, como otras veces se ha hecho, tampoco hay atraso que indique morosidad o resistencia culpable de parte del Estado para cumplir con uno de sus principales deberes.

De la liquidación que conforme a la ley debe hacerse de la deuda del año pasado, deberá resultar a favor de la Hacienda federal una cantidad pequeña, que será satisfecha religiosamente en los términos que la misma ley previene.

Considerando que las economías que he establecido en los gastos y las medidas que he dictado para que se cobre lo que se adeuda al Estado, producirán algún desahogo a nuestro erario para llenar sus compromisos; me he abstenido de gravar nuestras rentas con un préstamo, para lo que la generosidad del honorable Congreso me autorizó en su decreto de 29 de noviembre próximo pasado.

Me reservaba hacer uso de esa autorización en los momentos más angustiados del erario; pero me cabe el placer de manifestar que esas circunstancias no llegaron.

Nada, pues, tengo que deciros de los gastos que haya hecho a consecuencia de ese decreto, y sólo me considero obligado a aprovechar esta oportunidad, para daros las gracias más expresivas por la confianza ilimitada con que me habéis favorecido.

[GUERRA]

[Guardia Nacional]

Os he dicho antes el arreglo y economía que las circunstancias me han permitido hacer en la Guardia Nacional del Estado, y para que tengáis completa noticia de la que se halla en servicio, de la que está en receso, del armamento, municiones, vestuario y equipo con que cuenta, os presento los estados; por ellos adquiriréis los antecedentes necesarios para disponer el completo arreglo de esta noble y republicana institución, y para proveerla abundantemente de los elementos que requiere la utilidad y necesidad de su servicio.

[JUSTICIA]

La administración de justicia, uno de los objetos del preferente cuidado del Gobierno, se halla en un estado de mejora cual nunca se había visto entre nosotros.

El decreto de 19 de septiembre último, que abrevió los términos en las causas de responsabilidad de los jueces, que aumentó el número de magistrados en la excelentísima Corte de Justicia, y que arregló el modo de suplir las faltas de los magistrados propietarios, y el de 24 del mismo mes, que designa los delitos de que debe conocerse en juicio verbal y el procedimiento que debe observarse en éste, han dado el buen resultado que se propuso la honorable Legislatura, al expedir los citados decretos.

Los trabajos de la Corte, de los jueces y asesores en el año anterior y en el primer trimestre del presente, se manifiestan en los estados que presento, y a la simple vista se conoce toda la actividad y todo el empeño con que esos funcionarios proceden en cumplimiento de sus deberes.

Podrá suceder que en otras épocas haya habido menor número de causas; pero no es porque haya habido más actividad ni porque se hayan cometido menos delitos, sino porque se ha tenido poco empeño en la averiguación de ellos y en el castigo de los delincuentes, debido en gran parte a nuestras revueltas políticas y al poco cuidado que se ha tenido en el pago de la lista judicial.

Hoy no sucede así.

Luego que se observa abandono en los jueces o se advierten excesos en el desempeño de sus funciones, se procede contra ellos y se les aplica pronta e irremisiblemente la pena que merecen.

En el corto período de seis meses que ha transcurrido de diciembre a la fecha, han sido destituidos de sus destinos tres jueces de primera instancia, suspenso uno, confirmada en última instancia la suspensión de otro y declarado sin lugar a la formación de causa en las acusaciones de otros.

Estos hechos manifiestan de bulto la verdad de lo que acabo de exponer, y que por sí mismos forman el más cumplido elogio de la magistratura oaxaqueña.

El Gobierno, en la parte directa que tiene en el nombramiento de los jueces, procura colocar aquellas personas que prestan garantías por su instrucción, por su honradez y por su actividad, y de este modo se ha logrado ver el ramo de justicia en el buen estado que hoy se advierte.

Si tenemos paz, nuestras rentas mejorarán de situación, y entonces podrá realizarse la formación de códigos, de la manera que lo previene el decreto de 26 de septiembre, que no ha podido llevarse a efecto por falta de recursos.

He dicho antes, que con motivo de la invasión del cólera en el Estado y de la sedición de Juchitán, fue necesario suspender la obra de la apertura del camino de Tehuacán y retirar de la misma el presidio que trabajaba en ella.

De aquí resultó el mal de que los que debieran purgar sus crímenes en los trabajos forzados de un presidio, permanecieran en la cárcel impunes y amenazando la tranquilidad pública con sus conatos de fuga, instigados por los agitadores del desorden que esperaban realizar sus proyectos con el auxilio de esos criminales.

Para precaver este mal, dispuse, por decreto de 8 de enero del corriente año, que los reos de delitos atroces que debían extinguir sus condenas en el presidio del Estado y que les faltasen seis meses o más para extinguirlas fuesen destinados al presidio de Veracruz, con descuento de la cuarta parte del tiempo que les faltaba para cumplirlas, y que los demás de la misma clase que se fuesen sentenciando a presidio se les destinase al mismo punto.

De este modo la pena se hace irremisible y las prisiones quedan desahogadas de hombres inútiles y perjudícales.

[DEFENSA DE LA SOBERANÍA ESTATAL]

A pesar de las plagas funestas y tristes circunstancias del Estado, habéis visto ya que no retrograda de la marcha regular y progresiva que bajo los auspicios de la paz emprendió.

Debéis por lo mismo creer que removidos aquellos impedimentos y consolidado el orden de una manera estable y duradera caminará rápidamente al engrandecimiento a que está llamado; pero al mismo tiempo debéis considerar que ese porvenir lisonjero será una quimera, una verdadera ilusión, si el Estado recibe el golpe mortal que le preparan a su vida administrativa las últimas iniciativas que el ministro de Hacienda ha dirigido al Soberano Congreso General.

Ellas absorben las tres cuartas partes de nuestras diminutas rentas, quitan el elemento esencial de la prosperidad de los pueblos, reducen la soberanía de los mismos a la nada, inhabilitan los resortes del poder y hacen que sea nominal la existencia del sistema federal.

A este objeto importante debéis consagrar toda vuestra atención con la preferencia y brevedad que exige.

La voz soberana de los representantes del Estado será escuchada en el seno de la representación nacional y robustecida por la muy imponente de todas las partes integrantes de la Unión Federal, que se encuentran en el mismo caso.

A más: el Estado, sobre sus derechos legítimos apoyados en el pacto constitucional, tiene otros que deben estimarse, si como es debido entra en la consideración del Soberano Congreso Nacional el comportamiento que ha tenido.

Bien sabéis, señores, que el contingente se paga con religiosa puntualidad, que los guardias nacionales del Estado sirven a la Federación cuantas veces se ocupan y que al gobierno general en todo tiempo se han prestado y se prestan con lealtad y franqueza todos los auxilios que requiere.

Estas circunstancias tienen un valor de importancia para un gobierno que sabe apreciarlas, y por ellas Oaxaca se hace digno no sólo de la consideración común sino de otra muy especial.

Vosotros sobréis representar sobre este punto los derechos del Estado, hacer valer su conducta y sostener, como es vuestro estrecho deber, la observancia de la Carta Fundamental de la Nación y la incolumidad y respeto de sus leyes.

El Gobierno llena su misión con interesar vuestro celo en el asunto y con excitaros para que lo toméis en vuestra consideración.

[COLOFÓN]

Tal es, señores, el ligero bosquejo del estado que guarda la administración pública.

Si en mis actos administrativos he causado algún mal, os protesto que en ellos no ha tenido parte la voluntad sino la incapacidad del entendimiento que habrá equivocado los medios; pero espero que la sabiduría de los representantes del Estado sabrá aplicar el remedio oportuno hoy que vuelven al santuario de las leyes a promover la felicidad de sus comitentes.

Oaxaca, julio 2 de 1851.

Benito Juárez

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.

Notas:

(1) En la edición impresa (tomo 1, p. 751) aparece repetida una línea anterior y no la que debería continuar el texto [HCHS].