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Siglo XIX > 1850-1859 > 1851

Discurso pronunciado por Juárez, gobernador de Oaxaca, al abrir sus segundas sesiones ordinarias el soberano congreso del estado.
Oaxaca, julio 2 de 1851.

Señores diputados y senadores:

Al venir a solemnizar la apertura de vuestras sesiones en cumplimiento de la ley fundamental del Estado, mi corazón palpita de gozo y mis esperanzas de remedio de los males que nos aquejan se fortifican, porque veo reunidos y en aptitud de ejercer sus altas y delicadas funciones a los representantes del pueblo, que con su sabiduría y patriotismo, sabrán librar a sus comitentes del peligro que los amaga.

Si me limitara, como otras veces, a manifestar sencillamente la situación que guarda la administración pública en sus diversos ramos, sin relación a los asuntos generales, cumpliría con referirme a lo que sobre este negocio manifiesto en la Exposición que os presento por separado en este acto, y que pone a la vista la marcha regular de los negocios interiores del Estado, y los esfuerzos y sacrificios de las autoridades y de los conciudadanos todos para mejorar nuestra situación y conducir al pueblo oaxaqueño al estado de prosperidad y de gloria a que es llamado por sus elementos; pero las circunstancias aciagas de la República me obligan a salir de este círculo, para llamar vuestra atención sobre algunas medidas del gabinete mexicano, que de llevarse a efecto causarían la ruina no sólo de nuestro Estado y de las instituciones federativas, sino de la independencia nacional.

La Hacienda federal se halla en una situación bastantemente angustiada, y cualesquiera que hayan sido las causas que la haya conducido a tan lamentable extremo, los Estados todos deben auxiliarla arbitrando los recursos con que puedan aumentar sus ingresos.

Este es su deber y éste el sentimiento que anima al de Oaxaca; pero desgraciadamente se han equivocado los medios de utilizar ese patriótico sentimiento, pues en vez de establecer economías reduciendo el número de los empleados y arreglando las dotaciones de éstos conforme a las circunstancias de los lugares y del erario nacional; en vez de cuidar de que se glosen las cuentas de los que han manejado y manejan caudales públicos, exigiendo el reintegro a los responsables y castigando severamente a los dilapidadores del Tesoro; en vez de obligar a los Estados morosos al pago del contingente que la ley les ha señalado; en vez, en fin, de establecer una contribución general sobre los Estados, señalando a cada uno, según sus circunstancias, la cuota con que deba contribuir, dejándolos en liberta de proporcionarse recursos para llenar este deber, a fin de no destruir el sistema federativo, se ha recurrido al arbitrio de iniciar la disminución de sus rentas.

A esto equivalen las iniciativas del ministerio sobre que ingrese en el Tesoro Federal la mitad del derecho de consumo, de la contribución sobre fincas, de la capitación y de los derechos sobre pastas de plata y oro.

Estos impuestos que la ley de clasificación consignó al Estado para sus gastos indispensables, apenas bastan para cubrir sus más precisas atenciones, no obstante las economías que ha establecido y la escrupulosidad con que cuida de la recaudación y legítima inversión de los caudales públicos.

Reducidos, pues, a una mitad esos impuestos, ¿cuál sería el resultado?

Sensible es, pero necesario decirlo: la destrucción del sistema federativo.

Los Estados sin recursos para pagar a sus empleados y para sostener su milicia que cuide de su seguridad, serán subyugados fácilmente por cualquier tirano, doméstico o extranjero.

Debilitar a los Estados disminuyéndoles sus rentas después de habérselas ofrecido y señalado para sostener su ser político, es siempre un mal; pero lo es mucho más agravante en las presentes circunstancias, en que se teme, como probable, una guerra extranjera, con motivo de la comunicación interoceánica por el Istmo de Tehuantepec.

Ya veréis, señores, si he tenido razón para deciros que de llevarse a efecto las medidas del gabinete sobre recursos se destruiría el sistema federativo y peligraría la independencia nacional; mas es necesario salvar estos dos importantes objetos, haciendo todos los esfuerzos que pendan de nuestro arbitrio.

Yo espero que el Congreso de la Nación no adoptará esas iniciativas que tanta alarma han producido en los Estados; pero es preciso que vosotros hagáis valer ante la representación nacional los derechos y prerrogativas del nuestro, y que con la entereza y energía que inspira el derecho de la propia conservación y que aconseja el amor de la Patria, le pidáis, no una, sino cuantas veces fuere necesario, que no permita se nulifique el sistema de gobierno que la Nación ha adoptado para su régimen interior y que ha sostenido con la sangre de sus hijos.

Comenzad, pues, señores, vuestras importantes tareas, y aun cuando en el presente período no hicierais otra cosa que dictar las medidas que alejan los males que os acabo de indicar, habréis hecho lo bastante para merecer las bendiciones de vuestros comitentes.

Dije.

Oaxaca, julio 2 de 1851.

[Benito Juárez]

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.