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Siglo XIX > 1850-1859 > 1850

Exposición de Juárez como gobernador constitucional en la apertura del IX periodo de sesiones ordinarias del congreso del estado.
Oaxaca, julio 2 de 1850.

Señores diputados y senadores:

Al venir a solemnizar la instalación del IX Congreso Constitucional de Oaxaca, experimento dulces emociones del más puro regocijo, porque veo al Estado ejercer los actos normales de su vida política sin ser inquietado por el impulso frenético de las revoluciones; prueba perentoria e incontestable de que ha regularizado su marcha a la sombra de la paz y recobrado el vigor y la fuerza que los desmanes de sus hijos habían debilitado.

¡Cuántas veces, señores, se venía a realizar este acto augusto, sólo por cumplir con una ceremonia y con la triste convicción de que a los pocos días y acaso a las pocas horas sería cerrado este santuario por la mano sacrílega de la anarquía!

¡Y cuántas otras los fautores de los motines y de los desórdenes se han presentado a ejercer este acto solemne, no para promover el bien procomunal, sino para proteger los intereses de un partido, de una clase o una familia!

Pero gracias a la Providencia Divina esos días de vergüenza y de baldón han desaparecido.

Vosotros, que habéis cooperado a la reconciliación de los ánimos, al restablecimiento de la paz y de la concordia, y a la extinción de los partidos que tantas desgracias causaron a nuestra infeliz Patria; vosotros, que debéis al Estado y no al favor de los partidos el honroso título de representantes del pueblo; vosotros, en fin, que lejos del estrépito de las armas y de la grita tumultuosa de las facciones, habéis sido electos libre y espontáneamente por el pueblo oaxaqueño, venís a sacrificar vuestro reposo y vuestros intereses para consagraros exclusivamente a las difíciles tareas legislativas que den por resultado el bienestar de vuestros comitentes, la consolidación de la paz y la prosperidad del Estado.

Legítimos representantes del pueblo, vuestras resoluciones llevarán el sello de la legalidad y serán acatadas sin contradicción.

Conocedores de las necesidades del pueblo y de los vicios que lo degradan, vuestras leyes serán las más adecuadas para satisfacer esas necesidades y para extirpar esos vicios.

Testigos presénciales de los males que causa la discordia y el espíritu funesto de partido, vuestras decisiones tenderán a consolidar la concordia entre todas las clases y entre todos los individuos de la gran familia oaxaqueña.

Medidas tan benéficas espera el Estado de vuestra sabiduría y de vuestra prudencia, y lo espera con tanta más razón, cuanto que viviendo con los oaxaqueños conocéis perfectamente sus inclinaciones, sus vicios y sus necesidades.

Gobernantes o súbditos, sabéis cuáles son las dificultades que la administración pública encuentra en su marcha, y cuáles los obstáculos que conviene remover para que la máquina social no pierda el movimiento progresivo que le imprimen las luces del siglo.

Vosotros lo sabéis todo, y esta circunstancia pudiera excusarme el haceros una sencilla exposición sobre mi administración pública; pero un precepto constitucional me impone este deber, y voy a cumplirlo con toda la brevedad que me sea posible, para no molestar demasiado vuestra atención.

[GOBERNACIÓN]

El Estado tiene el doble carácter de soberano en su administración interior, y de súbdito en los negocios relativos al sostén de la unión federal y a la nacionalidad de la República.

Por esta consideración he cuidado de guardar por una parte la más perfecta armonía y buena inteligencia con los poderes supremos de la Nación, y por otra de prestar a sus disposiciones la más estricta obediencia, porque sólo de este modo las diversas ruedas de que se compone la máquina social pueden recibir un impulso uniforme sin chocarse en sus movimientos y conducir el carro nacional por la senda de la gloria, con admiración de aquellos que odian el sistema federal porque no alcanzan a comprender su ingenioso mecanismo, o porque este sistema creado para los hombres de la ley y de los principios no se presta a justificar los avances de los que quieren gobernar a los mexicanos con una voluntad despótica.

Como resultado de esta conducta que he observado, me cabe la satisfacción de manifestaros que no existe contra nosotros ninguna providencia represiva de los Poderes Supremos, ninguna queja de los estados vecinos, que pueda menoscabar el buen nombre del nuestro y entibiar sus relaciones.

En consecuencia, he dispuesto que se cumpla en el Estado la última ley sobre elección del primer Magistrado de la República, porque aunque tengo la convicción de que esa ley y la de 3 de junio de 1847 están en oposición con el artículo 95 de la Constitución Federal, vigente en la parte que éste fija el periodo de cuatro años para la duración del Presidente de la República, yo no soy el que debo hacer la calificación de esas leyes.

Me basta haceros esta indicación para la medida que creáis conveniente dictar, teniendo en consideración que si como yo creo, y quiera Dios que me equivoque, estas leyes son anticonstitucionales, y a pesar de esto se llevan al cabo, se interrumpirá la marcha constitucional que llevan los poderes nacionales, se dará un motivo demasiado fuerte a los descontentos para que vuelvan a encender la guerra civil, y no tardará el día en que el Gobierno Supremo se vea en la cruel alternativa o de acceder a las pretensiones de los revoltosos que pidan en lo ostensible la observancia de la Constitución, para realizar sus planes de desorganización, o de contrariarlos cometiendo una grave inconsecuencia que rebajaría mucho de su buen nombre y le haría perder la respetabilidad que da al gobernante el imparcial cumplimiento de las leyes.

Meditad, señores, esta cuestión, calculad el porvenir funesto que se nos espera si la dejamos pasar desapercibida, y si fuere clara o por lo menos dudosa para vosotros la anticonstitucionalidad de la ley que yo percibo, iniciad su derogación o aclaración en obsequio de la futura tranquilidad de la República.

Conociendo los graves apuros del gobierno general y la necesidad de que el centro de la unión federal sea sostenido y auxiliado por las partes integrantes que lo firman, he cuidado con celo eficaz que el Estado cumpla fielmente las obligaciones que le impone el pacto fundamental de la Nación, y me es grato aseguraros que ninguna de aquéllas ha dejado de llenarse, aun interesando esfuerzos y sacrificios dignos de presentase al examen imparcial de las generaciones venideras.

Respecto de la paz interior del Estado, debo manifestaros que para conservarla he cuidado de dos cosas principalmente:

1º.- Respetar y hacer que se respeten las garantías individuales para que los asociados no tengan motivo alguno justificado que los obligue a lanzarse a la revolución para asegurar sus derechos contra las arbitrariedades del poder; y

2º.- Organizar y conservar la fuerza pública y preparar los elementos de guerra, para que la vez que la paz se vea amagada o interrumpida pueda reprimirse y escarmentarse a sus perturbadores, tan pronta y eficazmente como lo exige la seguridad de los oaxaqueños y la dignidad del gobierno.

Para lo primero, no sólo he recomendado a las autoridades subalternas el exacto cumplimiento de sus deberes y la religiosa observancia de las leyes, sino que he vigilado sus operaciones para evitar que los pueblos sean vejados y oprimidos por aquellos mismos que deben protegerlos; y para lo segundo, he mantenido sobre las armas el competente número de guardias nacionales, a quienes se cuida de dar constantemente la instrucción necesaria.

En el año anterior contraté en el extranjero la compra de 500 fusiles nuevos que recibí en noviembre último, y con ellos y con el resto del armamento útil que había existente, se han armado las fuerzas indispensables para conservar el orden interior del Estado.

Para armar otras fuerzas que puedan obrar fuera de su territorio a la vez que el servicio federal lo demande, quedando bien resguardada la paz en el Estado, se necesita de más armamento que no he podido contratar, porque las escaseces del Tesoro Público no me lo han permitido y porque estoy esperando que el Gobierno Supremo venda al Estado, como lo ha ofrecido, parte del armamento nuevo que ha mandado comprar en el extranjero hace más de dos años.

A nuestra artillería se le ha aumentado una pieza ligera sumamente útil para nuestras guerras de montaña.

Con las medidas que van indicadas, se ha logrado afianzar la paz pública en lo general del Estado.

Sólo el pueblo de Juchitán ha dado en marzo último el escándalo de alterar la tranquilidad de que gozaba el Departamento de Tehuantepec, no para llevar al cabo algún plan político, no para proponer alguna reforma útil, no para quejarse de su actual gobierno, no para variar el personal de la administración, como falsamente se asegura en los escritos apócrifos que se han publicado en México por los enemigos de la administración del Estado, sino para sustraerse de la obediencia de toda autoridad y del yugo saludable de la ley, a fin de ejercer impunemente el robo y entregarse sin trabas a los excesos que la moral reprueba.

[El caso Juchitán]

Sería largo describiros el estado de inmoralidad y desorden en que desde muy antiguos tiempos han vivido los moradores de Juchitán.

Bien sabéis sus grandes excesos, no se os ocultan sus depredaciones bajo el régimen colonial y los atentados cometidos contra los agentes del gobierno español.

No ignoráis que en tiempo del gobierno central se burlaron de la fuerza armada que el poder general destinó para reprimir sus crímenes, derrotándola y causándole pérdida, burlando a sus jefes y despreciando a sus autoridades locales.

Testigos habéis sido de estas escenas de sangre y de horror; todo lo sabéis y esta circunstancia es otro motivo para que omita la relación de sucesos que han pasado a vuestra vista, y que a más no tocan al tiempo de mi administración; de éstos me ocuparé adelante permitiéndome recordaros los pasados, para que conozcáis mejor el carácter inquieto de esos desgraciados, y se vea también que no es ésta la vez primera que se da al Estado semejante escándalo.

Desde que me encargué del gobierno en el año de 1847, comencé a recibir nuevas quejas de los dueños de las salinas y de las haciendas marquesanas, reducidas a que los vecinos de Juchitán, a pretexto de que les pertenecían estas fincas, los hostilizaban incesantemente robándoles las sales, matándoles sus ganados y causándoles toda clase de perjuicios.

También recibía quejas de las autoridades sobre que el pueblo de Juchitán se negaba al pago de la capitación, protegía el contrabando de los efectos que se introducían por el rumbo de Chiapas, y que entregados sus vecinos a la embriaguez y a la vagancia, no sólo vivían en el desorden, sino que prevalidos de su número se burlaban de las autoridades que intentaban corregirlos.

Antes de usar de la fuerza para reprimir estos excesos, quise valerme de los medios de la persuasión y de la lenidad, y al efecto di repetidas instrucciones a las autoridades subalternas de aquel departamento, para que hiciesen comparecer ante sí a los contraventores, les manifestasen sus faltas, previniéndoles se abstuviesen de cometer los errores referidos, en la inteligencia de que si persistían en ellos, se les haría reducir al orden con la fuerza.

Cuantas veces les hacían estas prevenciones, otras tantas se manifestaban sumisos y arrepentidos, y protestaban obedecer a las autoridades y respetar la propiedad ajena; pero sus protestas eran engañosas, porque a los pocos días volvían a cometer las mismas faltas, por lo que en el año de 1849 me vi en el caso de mandar una fuerza de 150 hombres, que pidió el gobernador de Tehuantepec para contener los desórdenes de Juchitán, que eran ya escandalosos; pero la fuerza, lejos de encontrar resistencia de parte de los juchitecos, fue recibida con las mayores muestras de sumisión y respeto, y para infundir confianza protestaron de nuevo obediencia a las autoridades y sumisión a las leyes.

El gobierno los vio con indulgencia, pero apenas se retiró la fuerza cuando continuaron cometiendo los mismos excesos, reputando la lenidad del gobierno por un acto de debilidad y de temor.

Sin embargo, hasta entonces obraban con disimulo y procuraban excusar sus faltas; pero en marzo del corriente año se resolvieron a obrar con descaro y con audacia.

Sus principales cabecillas, abusando del carácter de empleados municipales de que se hallaban revestidos, se decidieron a hacerse justicia de autoridad propia, mandando embargar los bienes de don Manuel Miño López por la cantidad de 800 pesos que le cobraban de arrendamiento de unos terrenos que decían ser suyos, y redujeron a prisión al supuesto deudor, usurpando al juez de primera instancia sus legítimas atribuciones.

No bastando las órdenes que se expidieron para contener estos excesos, pasaron a Juchitán personalmente el gobernador del departamento y el juez del partido, sin llevar fuerza armada, para llamar al orden a los contraventores por medio de la persuasión; pero estas autoridades, lejos de conseguir el noble objeto que se propusieron, fueron desairadas y desobedecidas descaradamente.

Semejante ultraje ya no podía ser tolerado y por este motivo el gobierno dispuso hacer uso de la fuerza para reprimir este atentado.

Antes de que llegaran a Tehuantepec las tropas que se hicieron marchar de esta capital, el gobernador del departamento, con parte de la pequeña guarnición de aquella plaza, pasó a Juchitán a aprehender algunos cabecillas que remitió a la cárcel de esta ciudad por vía de auxilio y a disposición del juez competente.

Aunque los demás revoltosos tuvieron la audacia de emprender librar a los presos a la salida de Juchitán, la tropa los rechazó dispersándolos.

El juez de primera instancia comenzó a instruir la causa correspondiente contra los sublevados, trasladándose al pueblo de Juchitán con el gobernador del departamento, que llevó una fuerza de 80 hombres para auxiliar al juez y para aprehender a los demás criminales, pero ésos que ya estaban organizados y acaudillados por Meléndez, lograron envolver la fuerza del gobierno matando a un oficial y varios de nuestros soldados.

Consumando este nuevo crimen, y sabiendo el cabecilla Meléndez que marchaban fuerzas de esta capital para escarmentarlo, remitió al gobierno un escrito, haciendo protestas de respeto y excusando su atentado con pretextos frívolos e inatendibles; pero esto lo hacía estando aún con las armas en la mano y después de haber resistido a la autoridad y de haber derramado la sangre de los defensores del gobierno.

En tales circunstancias el decoro de la autoridad no permitía transigir con los criminales, que tan repetidas veces habían engañado al gobierno con hipócritas protestas de sumisión de arrepentimiento.

Yo puedo condonar las ofensas personales que se me hagan; pero no está en mi arbitrio permitir que se ultraje impunemente la dignidad del gobierno y que sea el escarnio y la befa de los malvados.

Por esto es que sin entrar en contestaciones con el cabecilla de Juchitán previne al gobernador de Tehuantepec intimase edición a los sublevados y los pusiera a disposición de su juez para que los juzgase y, en el caso de que resistieran, hiciera uso de la fuerza que tenía a sus órdenes; le di las instrucciones correspondientes para que en la tropa se evitasen desórdenes y para que el triunfo de las armas del gobierno no se manchara con excesos de ninguna clase.

Organizadas las fuerzas que debían obrar sobre Juchitán y próximo el día en que debían moverse, el padre fray Domingo Ramírez solicitó garantías para los revoltosos; pero el gobierno, que no tenía motivos para variar de resolución, ni facultades para perdonar a los criminales, ordenó al gobernador de Tehuantepec que así lo manifestara al padre Ramírez.

Desde entonces el jefe de las armas comenzó sus operaciones: marchó sobre los revoltosos que le presentaron acción en el mismo Juchitán, donde fueron derrotados el día 19 de mayo próximo pasado.

El incendio de algunas casas de la población fue una de las desgracias que produjo el combate.

Siendo estas casas de palma y habiendo obrado cerca de ellas los fuegos de fusilería y artillería, a la vez que soplaba un furioso norte, era inevitable esta contingencia; pero afortunadamente el fuego no cundió en toda la población, que en su mayor parte se salvó de la voracidad de las llamas.

Desconcertado Meléndez, no volvió a presentar acción, sino que se acogió a los bosques para librarse de la persecución de nuestras tropas; pero éstas lo estrecharon de tal modo, que se vio obligado a salir fugitivo del Estado, internándose con sus cómplices en el territorio de Chiapas.

El señor gobernador de aquel Estado solicitó que nuestras fuerzas continuaran en la persecución de Meléndez, y aunque deseaba complacerlo, no estando autorizado por nuestras leyes para mover las guardias nacionales fuera del Estado, sólo me limité a situarlas en la frontera para impedir el regreso de Meléndez, y para que estuviesen listas a perseguirlo en ajeno territorio, si el Gobierno Supremo así lo disponía.

Esto último se ha realizado, pues con fecha 19 de junio último determinó el Gobierno Supremo que la acción de nuestras guardias nacionales que operaban en Tehuantepec se pusiese al servicio de la Federación, en cuyo concepto libré en el acto las órdenes convenientes para que el jefe de dicha sección se pusiese a disposición del Gobierno General con todas las fuerzas de la sección, y además le remití el parque suficiente de artillería y fusilería, para que la falta de elemento de guerra no paralice sus operaciones.

Ya veréis, señores, que el gobierno ha cumplido con restablecer la paz en Tehuantepec y con haber puesto al servicio de la Nación, a la vez que el Gobierno Supremo lo ha ordenado, nuestra sección de guardias nacionales para perseguir a los facciosos en el territorio de Chiapas.

Disimulad, señores, si os he molestado con la relación minuciosa de los sucesos de Juchitán, pero he creído indispensable hacerlo a fin de poner a vuestra vista las causas y el objeto verdadero de aquel escandaloso motín y los medios que se han empleado para sofocarlo, y también para que fuera del Estado se rectifique la opinión que los enemigos del gobierno han pretendido extraviar respecto de este asunto, publicando en la capital de la República, bajo la salvaguardia del anónimo, planes y proclamas apócrifos.

[Gobierno interior]

Los departamentos están bien atendidos, tanto en el ramo gubernativo como en el judicial, porque, como he dicho antes, el gobierno vigila las operaciones de las autoridades subalternas, haciendo que se separen aquellos funcionarios que ineptos, viciosos o abandonados, no cumplen sus obligaciones.

Para que el servicio público sea atendido sin perjuicio de los pueblos, creo absolutamente necesario que las leyes sobre división política y judicial del territorio, sufran las reformas que las necesidades y circunstancias de los pueblos exigen, a cuyo efecto os presentaré oportunamente las iniciativas correspondientes, en vista de los informes de las autoridades de los departamentos.

[EDUCACIÓN]

La educación primaria, objeto preferente de los cuidados del gobierno, aunque no se halla en el estado brillante que yo deseara, por la escasez de fondos de los pueblos, no se encuentra sin embargo en el atraso que en los años anteriores.

Los gobernadores de los departamentos y los subprefectos hacen todos los esfuerzos posibles para que tenga adelantos este interesantísimo ramo, y deseando que los pueblos tengan fondos con que poder fomentarlo, expedí en diciembre último un reglamento para la conservación, aumento y buena administración de los citados fondos.

En muchos pueblos del Estado se ven ya los buenos resultados que ha producido esta medida.

En el pueblo de Zaachila se ha establecido una escuela donde se enseña a la juventud por el método lancasteriano, pero ha sido necesario costear del Tesoro Público la compara de los útiles indispensables, porque la municipalidad de aquel pueblo carece de fondos suficientes, de manera que la corta dotación que tiene el preceptor sale en su mayor parte de la contribución voluntaria de algunos particulares.

Sería, pues, muy conveniente que el erario pagase el sueldo del preceptor, y que otro tanto se hiciera para establecer una escuela regular en Juchitán, porque sólo la ilustración puede desterrar de esos pueblos los vicios y la inmoralidad que los dominan y que los precipitan a cometer los desórdenes, que el gobierno se ha visto en la necesidad de reprimir con la fuerza de las armas.

La instrucción secundaria sigue atendida con el cuidado que demanda su interesante objeto.

El decreto de 19 de septiembre último previno el establecimiento de un colegio de estudios preparatorios en Tehuantepec.

Éste se abrió el día 4 de abril del corriente año, no obstante el desorden de Juchitán que alteró la paz en aquel departamento.

En el colegio de Tlaxiaco siguen abiertas las cátedras que estableció el decreto de 30 de septiembre de 1848.

El Instituto de Ciencias y Artes de esta capital hace progresos que se palpan, con la multitud de jóvenes que concurren a las cátedras, y con los exámenes lúcidos y actos públicos que da el establecimiento anualmente.

Con la oportunidad debida os iniciaré las reformas que deben hacerse en la ley creadora y en el reglamento de la casa, y que su junta directora juzga indispensables para el mejor arreglo y progreso del Instituto.

[OBRA PÚBLICA Y ECONOMÍA]

El decreto de 19 de agosto de 1848, que impuso al gobierno la obligación de abrir caminos de ruedas desde esta capital a la ciudad de Tehuacán y a uno de los puertos del Pacífico, sigue teniendo su cumplimento, pues aunque el Tesoro Público no puede proporcionar todos los recursos que son indispensables para que esta obra interesante concluya prontamente, el gobierno cuida de excitar a los pueblos para que presten su cooperación como lo han hecho; y a esta circunstancia y a la actividad y empeño de los gobernadores y subprefectos respectivos, es debido el que las obras no se paralicen, sino que adelanten más de lo que debieran, atendidas las escaseces de nuestro erario y las dificultades del terreno.

Desde la villa de Etla hasta el rancho de Salomé, cerca de Cotahuiztla, que comprende la distancia de 14 leguas, está ya abierto un camino amplio, que aunque no tiene toda la perfección que requiere el arte, pueden rodar carruajes con poca dificultad, y ya es fácil darle la perfección que corresponde.

De Don Dominguillo a Buenavista están abiertas dos leguas de camino de doce varas de latitud, de manera que sólo faltan como seis leguas para que quede abierta la línea de esta capital hasta el citado Don Dominguillo.

Deseando yo que esta obra concluya cuanto antes, y con el menor costo posible, pasé personalmente a reconocer la línea que el director don Antonio Diebitsch había buscado para evitar que el camino se llevara por El Salto, línea fijada por los peritos nombrados en los años de 1833 y 1844, y que es bastante difícil por los peñascos de que abunda.

La línea designada por Diebitsch tiene el inconveniente de ser cortada por una barranca, en que era necesario poner un puente de 67 varas de altura y de 100 de longitud, operación que demandaba muchos gastos y mucho tiempo.

En el acto del reconocimiento de esta última línea, el mismo Diebitch me manifestó que podría también llevarse el camino por el cerro de Cotahuixtla y llano de los Ocotes, a salir a dos pasos del río de Vueltas, y sólo faltaba encontrar la ruta por donde se bajara de la cumbre del cerro citado al llano de los Ocotes.

Reconocimos este cerro, se encontró el modo de vencer la bajada, y habiendo manifestado el director que abriendo el camino por esta línea costaría menos tiempo y menos dinero que en la línea del Salto y en la de la barranca, y que sólo se tendría que pasar dos veces el río de Vueltas, le previne que abriese el carril para que por allí se continuase trabajando; pero el informe de Diebitsch no salió exacto, pues el camino llegaba a salir a los 24 pasos del río, se aumentaba la distancia y casi el gasto era el mismo, con corta diferencia, que en las otras líneas.

Por este motivo se ha determinado definitivamente que se siga abriendo el camino por la línea del Salto, designada por los referidos peritos en los años de 33 y 44, aprovechándose las dos leguas que ya están abiertas entre Don Dominguillo y Buenavista.

Respecto del camino que conduce de esta ciudad al puerto de Huatulco, se ha trabajado con un empeño digno de elogio por los pueblos del departamento de Ejutla, y muy especialmente por los pueblos del partido de Miahuatlán.

Desde este punto hasta la raya del partido de Pochutla, queda ya abierto un camino de cuatro varas de ancho, por donde transitan los atajos con mucha comodidad, y se ha salvado el fragosísimo que conducía por los pueblos de Río Hondo y La Galera.

Entre el pueblo de Ocotán y Coyotepec está ya abierto un camino de ruedas y otro tanto se ha hecho entre este último punto y Tlacolula.

La obra del palacio de esta ciudad sigue adelantando, merced al empeño y constancia del señor tesorero don José Esperón.

Para dar exacto cumplimiento al decreto de 16 de agosto último, que mandó se estableciese una población en el puerto de Huatulco, no sólo he librado las órdenes respectivas para invitar a los colonos, formarles casas y proporcionarles recursos para su subsistencia, sino que he ido personalmente a reconocer el puerto y a establecer la población con sus autoridades civil y eclesiástica.

Considerando que la colonia estará mejor servida en lo espiritual quedando a cargo de la parroquia de Piñas, dispuse, de acuerdo con la autoridad eclesiástica, que se pusiera en aquélla un vicario, que a la vez de atender las necesidades de los colonos, auxiliase a los otros pueblos inmediatos, como lo deseaba el cura de la citada parroquia, a reserva de dar cuenta con esta medida al Cuerpo Legislativo, para que reforme la ley creadora de la Villa de Crespo.

Aún es necesario hacer algunas obras para proporcionar a los habitantes las comodidades más indispensables; pero las escaseces del erario no han permitido destinar a este objeto toda la cantidad que señaló el decreto citado de 16 de agosto.

De la sabiduría de los representantes del pueblo espera el gobierno nuevos arbitrios para poder fomentar y llevar al cabo tantas obras de utilidad pública que ha emprendido el Estado y que deben conducirlo a la cima de su prosperidad y grandeza.

[Finanzas públicas]

Los productos fijos de nuestras rentas, fuera de los ramos accidentales y ajenos, ascienden a 337,690 pesos, 7 reales, 6 gramos anuales, y para los gastos del año entrante hay un deficiente de 17,022 pesos, 1 grano, que es preciso cubrir estableciendo economías y arbitrando otros recursos con el menor gravamen posible de los pueblos.

Este trabajo es de vosotros, señores.

Al gobierno cumple cuidar, como lo ha hecho, que los caudales públicos sean manejados con pureza y que no se inviertan en objetos que la ley no haya señalado.

[JUSTICIA]

Para que la administración de justicia sea desempeñada tan cumplida e imparcialmente como quieren nuestras leyes, como lo exige la paz y el buen nombre de nuestra sociedad, el gobierno pone en este ramo el cuidado y la vigilancia que cabe en sus atribuciones, sin atacar la independencia de que goza el Poder Judicial en nuestro sistema constitucional.

En el nombramiento de jueces, el gobierno busca la aptitud, la honradez y la actividad, y aunque en ciertos casos tiene el sentimiento de ver que sus deseos son contrariados por el mal manejo de algunos de esos empleados, también tiene la satisfacción de asegurar que luego que esta conducta llega el conocimiento de la excelentísima Corte de Justicia, ya por queja de los particulares o ya por excitación del gobierno, se procede contra los culpables con la energía que corresponde, porque es preciso decir en honor de la magistratura oaxaqueña, que los actuales señores ministros cumplen con su deber obrando con actividad, con energía y con integridad en el despacho de los negocios.

En lo sucesivo se expeditará más este despacho si se remueven algunos obstáculos que lo paralizan, burlando el empeño y la actividad de las personas encargadas de la magistratura, obstáculos que no dependen de los hombres, sino de la organización de nuestros tribunales y del confuso laberinto de nuestras leyes.

Mientras llega la época en que se determine constitucionalmente que las salas de la Corte de Justicia puedan alternarse en el despacho de los asuntos de segunda instancia, medida que acelerará visiblemente el curso de los negocios, será muy oportuno que por ahora se arregle la manera con que deban cubrirse las faltas temporales de los ministros propietarios, evitándose el inconveniente que se nota sobre las repetidas separaciones de los suplentes para atender a sus negocios particulares.

La falta de códigos, como indiqué en la Memoria del año anterior, es otro de los graves males que aquejan a la administración de justicia.

Este trabajo es ciertamente difícil y no puede concluirse, sino a la vuelta de un espacio dilatado de años, atendido el corto periodo de las sesiones ordinarias y a las escaseces del Tesoro Público; pero, por otra parte, es urgente la necesidad de esos códigos y debe hacerse todo esfuerzo y toda clase de sacrificios para realizar su formación.

El gobierno desea auxiliar al Cuerpo Legislativo en la parte que le permitan sus facultades constitucionales, y cree que el mejor modo de prestar su cooperación es iniciar dichos códigos, auxiliándose del trabajo y de las luces de personas de instrucción notoria y acreditada en la ciencia del derecho y en la práctica de nuestro foro.

Al efecto, desearía que el Cuerpo Legislativo lo autorizase para abrir los trabajos de la iniciativa, haciéndose los gastos indispensables para retribuir suficientemente a las personas que le presten sus auxilios.

De esta manera, al abrir el honorable Congreso sus segundas sesiones ordinarias, ya podrá el gobierno presentarle parte de sus trabajos para que los legisladores los discutan y adopten lo que creyeren útil y conveniente.

[Anexos documentales]

Para no seguir molestando vuestra atención, no os hago una relación minuciosa de todas las providencias que he dictado para expedir la marcha del gobierno y para promover el bien de los oaxaqueños.

Las iniciativas que os iré dirigiendo, las que se hayan pendientes de resolución en las cámaras y las Memorias presentadas en los años anteriores, os acabarán de instruir del estado que guardan nuestros negocios y os presentarán los datos que podáis necesitar para mejorar los ramos de la administración pública y para remover los obstáculos que embarazan sus marcha.

Como para este importante punto no debo perdonar medio alguno, os presento el estado general de caudales, y él os demostrará la suma con que puede contarse para los gastos de la administración pública.

Cuales sean éstos y cuanto falta para que todos estén plenamente atendidos, está demostrado en el documento número 2.

Para que os quepa la satisfacción que disfruto al haberos asegurado la religiosidad con que el Estado cumple sus obligaciones constitucionales, acompaño los documentos oficiales; con ellos se puede contestar satisfactoriamente a los que por ignorancia o mala fe declaman contra la fidelidad del Estado. (1)

Para que a un solo golpe de vista conozcáis los trabajos del ramo judicial en todo el año anterior, he agregado el documento número 3; fijad en él vuestra consideración y otorgad a los empleados de ese ramo la misma calificación que merecen al Gobierno.

Siendo conveniente que el legislador esté al alcance del estado que guarda la fuerza pública, del número total de individuos que la forman, del de su armamento, artillería, útiles de guerra y vestuario, son adjuntos los documentos relativos a este ramo.

En ellos tenéis, señores, todas las noticias que puedan serviros para la reforma, mejora y engrandecimiento de nuestras guardias nacionales.

Difusamente os he hablado de los sucesos de Juchitán; los conocéis, lo sabéis, estáis al alcance de sus causas y no podéis dudar de la fe con que los he referido.

Sin embargo, en los documentos oficiales encontraréis la prueba robusta en que descansa todo cuanto respecto de ellos ha ocupado vuestra atención, y con ella podéis reprochar, a nombre del Estado que representáis, todas las calumnias con las que se han querido manchar su nombre.

Si más datos necesitáis sobre alguno de los ramos que ligeramente he tocado, os serán presentados por el secretario universal del despacho, para que vuestra marcha y vuestras saludables y prudentes resoluciones no se embaracen.

[COLOFÓN]

Por ahora creo haber cumplido con haberos indicado sucintamente la conducta que he observado en la administración pública de un año a esta  parte.

Natural es que haya obrado mal; pero a la vuelta de los yerros que haya cometido, encontraréis una sana intención y un deseo ardiente de hacer la felicidad de mi país.

Si por equivocación o por ignorancia hubiere extraviado el curso de algunos negocios, o hubiere cometido algún abuso de la autoridad que se ha depositado en mis manos, me queda el consuelo de que esos males serán remediados prontamente por vosotros.

Comenzad, pues señores, vuestras importantes tareas, y contad con la cooperación que el Gobierno pueda prestaros en vuestros trabajos legislativos.

Meditad y discutid en la calma los grandes intereses del Estado y no temáis que el huracán revolucionario venga a turbar vuestras deliberaciones.

Combatido como se ve el gobierno por enemigos que quisieran convertirlo en instrumento de sus pasiones innobles, y calumniado por los que careciendo de méritos personales no encuentran el orden legal medios decorosos de saciar sus aspiraciones y venganzas injustas, ni teme ni [se] desalienta para seguir trabajando en beneficio de la sociedad.

Apoyado en la opinión pública, guiado por una conciencia sin mancha y descansando en la confianza que inspira el recto modo de obrar, se considera bastante fuerte para reprimir a los que intentan turbar la paz y la concordia que reina entre nosotros, y para inclinarlos a respetar la dignidad del gobierno y la santidad de nuestras leyes.

Oaxaca, julio 2 de 1850.

Benito Juárez

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.

Notas:

(1) Por desgracia, los informes de gobierno de Juárez insertos por el Ing. Tamayo, no van acompañados de sus anexos documentales [HCHS].