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Siglo XIX > 1850-1859 > 1850

Explica al gobierno federal la causa de un incendio en Juchitán.
Oaxaca, junio 17 de 1850.

Excelentísimo señor ministro de Relaciones Interiores y Exteriores (José María Lacunza)

Excmo. señor:

Aunque a muy precisas palabras pudiera reducir el informe que sobre el incendio de algunos jacales de Juchitán se sirve V. E. pedirme en su oficio de 10 del presente junio, no me ceñiré al deber, sino que pasando la línea que me señala para evitar siniestros comentarios, me extenderé a satisfacer en cuanto es debido el objeto de aquél.

V. E. sabe que si al citado incendio se le da el carácter de un crimen, y no el de una contingencia de la guerra, que realmente tiene, su averiguación y castigo corresponde exclusivamente a los Poderes Supremos del Estado, según la Carta Federal.

Sin embargo, y para que nunca se crea que este gobierno encubre por lo menos el crimen y que con estoica indolencia ve un suceso tan indigno de la premeditación y consumación que se le imputa, tengo el honor de acompañar a V. E., para conocimiento del Gobierno Supremo, copia certificada bajo los números 1 y 2 de los partes que el jefe de la sección de operaciones sobre Juchitán me ha dirigido, y por los cuales se descubre el origen del incendio y su cesación.

Este fue causado por los fuegos de las tropas que batieron al faccioso Meléndez, comunicado a algunos jacales por la acción del norte que soplaba y concluido por la desaparición de este fenómeno.

Las casas de Juchitán son de palma, los fuegos de fusilería y artillería obraron a las orillas del pueblo, sitio que el enemigo eligió para batirse, y estas circunstancias y la del viento dominante no podían producir otro resultado.

Para buscarlo es necesario desconocer las leyes físicas de la naturaleza, o imputar a las autoridades un horrible atentado que han estado muy distantes de cometer.

Esta es la convicción del Estado, la del departamento de Tehuantepec y la de los habitantes de Juchitán, y ninguno hasta hoy ha levantado su voz para quejarse, ni se ha atrevido a decir que el suceso de que unos tienen exacta noticia, y otros han sido testigos presenciales, haya sido obra de la premeditación.

Esta calumnia estaba reservada a los enemigos de la actual administración que residen en esa capital, y que constantes en su propósito de desacreditar a este gobierno y de ultrajarlo para desahogar mezquinas pasiones, profanan los más santo y sagrado de la verdad, y para llamar la atención del público forjan pruebas a su arbitrio y suponen noticias a su placer, en que hacen descansar lo que ellos llaman verdad.

V. E. conocerá la pureza y certidumbre de este aserto, si reflexiona que hay en la República un partido de hombres inmorales que para abrirse paso a los destinos, combaten acremente al gobierno, y para desprestigiarlo le suponen crímenes sobre crímenes que ni ha pensado perpetrar.

Así es que esos hombres, escudados por el anónimo, han imputado al poder supremo el asesinato de Cañedo, la muerte de Vidal Fernández y otros, sin que tenga visos de verdad semejante calumnia.

Los Gobiernos de los Estados han sido víctimas de esa maldad a su vez, y los de Puebla, México y otros también se han visto manchados por el cieno inmundo en que mojan sus fuertes plumas.

Hoy, pues, a más de otras veces, ha tocado al de mi mando ser el blanco de sus tiros, y careciendo hasta del más leve fundamento los descontentos con la actual administración que están filiados en ese partido, han inventado noticias, forjado planes y proclamas que ni han podido existir.

Para que V. E. descanse en esta verdad bastará que vea esos documentos apócrifos que se han insertado en La Palanca y El Huracán y recuerde que este gobierno ha dado conocimiento al Supremo por el Ministerio de su digno cargo, de todas las causas que iniciaban esta rebelión de Juchitán, y que se entere de las que últimamente la precipitaron y aparecen en los documentos (que en copia certificada) bajo los números 3 y 4 son adjuntos.

V. E., con presencia de éstos y de los antecedentes que me permito recordarle, hará una debida comparación ente las causas ciertas y legítimas de la rebelión, y las que falsamente suponen el plan y la proclama de que me ocupo, y se convencerá de que entre la realidad y la inepta ficción, no hay un solo punto de contacto.

A más, V. E. sabe, porque tiene las constancias en la secretaría de su despacho, que los juchitecos están en agitación para este motín desde el año de 48, en que descaradamente se dedicaron al robo de sales y ganado, a proteger el contrabando, a rehusar la obediencia a las autoridades y a negarse al pago de las contribuciones.

V. E. sabe que este gobierno, más que benigno, solicitó del señor Echeverría, por la mediación de V. E., algunas concesiones respecto a la sal a favor de los juchitecos, y que le fueron negadas.

V. E. sabe que en tanto tiempo se han apurado las medidas de lenidad y de persuasión para curar estos males, impedir el robo, el asesinato, el contrabando, la inobediencia y el derecho que se habían arrogado últimamente de exigir arrendamiento a los pueblos y a algunos vecinos particulares, como Niño López, y que todo ha sido inútil.

V. E. sabe que éste y no otro es el plan de Juchitán y la causa del motín que se ha reprimido por la fuerza armada, solicitada por el gobierno de Tehuantepec, como aparece de la copia número 5.

V. E. ve que esto no tiene objeto político ni jamás lo ha tenido, y sin embargo, habrá visto un plan y una proclama, aborto de los enemigos del orden, en que se le da a la rebelión objeto y fin político, en que nunca Meléndez ha pensado.

Estos hechos sobre los que llamo muy particularmente la atención de V. E., son una prueba más de mi verdad.

Habré sido difuso y tal vez molesto al referir a V. E. todos los sucesos que se enlazan, con el último de que me pide informe; pero he querido ser franco y presentar como en un solo punto el fin de esa grita injusta que se ha lanzado contra las autoridades del Estado, y que ha ocupado la atención del Honorable Consejo y Gobierno Supremo de la Nación.

Persuádase V. E., y persuada al señor Presidente, que no hay en todo más mira que la de manchar el honor del Estado que me confió su poder, desacreditar a sus autoridades con calumnias toscamente inventadas y acabar con su prestigio y el buen nombre que disfruta; y convénzase V. E., y convenza al excelentísimo señor Presidente, de que este gobierno no está revestido de un carácter atroz, bárbaro y sanguinario, como se le quiere hacer aparecer, y que si es enérgico para castigar el crimen, nunca traspasa las leyes, y que si es benigno con el criminal, jamás por consideraciones lo deja impune.

Añádale V. E. que si el incendio de Juchitán hubiera sido como se figura, antes que V. E. me hubiera pedido informe, yo le habría excusado el paso dándole conocimiento de estar el responsable sujeto a la acción severa e imparcial de sus jueces competentes, porque así lo exige el honor y el deber.

Pudiera agregar otros muchos documentos en comprobación de cuanto llevo expuesto, pero deseando satisfacer al Gobierno Supremo, a precisa vuelta de correo, me limito a lo que el tiempo estrecho da lugar, reservándome si necesario fuere, para cuando la causa que se instruye a los revoltosos termine.

Sírvase V. E. aceptar las protestas de mi alta consideración y distinguido aprecio.

Dios y Libertad.

Oaxaca, junio 17 de 1850.

Benito Juárez

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.