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Siglo XIX > 1840-1849 > 1849

Respuesta del presidente del congreso del estado de Oaxaca, Miguel Castro, con motivo de la reelección de Juárez.
Oaxaca, 12 de agosto de 1849.

Hay épocas en la historia de los pueblos cuya memoria se conserva siempre a pesar del tiempo que todo lo destruye.

El acto solemne en que V. E., reelecto gobernador del Estado, acaba de jurar por Dios y los santos evangelios desempeñar fielmente su encargo, ha venido a fijar una de ellas, y debiendo por lo mismo ser eterno su recuerdo, ojalá que al registrarlo alguna vez en sus anales la posteridad diga en honor de V. E.: “Cumplió su juramento”.

Este breve pero sencillo juicio, formado por los hombres que algún día habrán de examinar imparcialmente nuestras acciones a la luz de la razón y de la justicia, honrará más a las cenizas de V. E. bajo una tumba, que cuanto elevado hoy al poder pudiera decirle cualquiera de nuestros contemporáneos en merecido elogio de sus virtudes cívicas.

Infatigable V. E. antes de ahora, en el exacto cumplimiento de su encargo, se ha hecho acreedor a la gratitud del Estado, y es por esta consideración bien merecida por lo que los representantes del mismo han vuelto a depositar en sus manos las riendas del gobierno.

Libre y espontáneamente ha sido V. E. reelecto para llevarlas, y si como la Legislatura espera su continuación en el ejercicio del poder público, y éste es un nuevo motivo para que no omita sacrificio alguno en bien de los pueblos, con sólo esto habrá logrado el fin que se propuso en su nombramiento.

Rígido ejecutor de la ley, el gobernante debe ser su más fiel custodio.

La religión católica, que en valiosa herencia nos dejaron nuestros mayores, y el sistema federal que en un día de grata memoria proclamaran los pueblos todos del Nuevo Mundo, se hallan sancionados por aquélla y V. E. ha prometido conservar a los oaxaqueños en la posesión de tan inestimables bienes, repeliendo con mano fuerte a los que osando quebrantar nuestras leyes tiendan a despojarnos de nuestras instituciones.

Siendo cierto que la justicia es el alma de las sociedades, y que de su pronta e imparcial administración depende el bienestar de los pueblos, porque el inocente encuentra en ella la salvaguardia a sus derechos, a la par que el criminal el dique más retraerte a la funesta causa de sus delitos; el propietario, la seguridad de sus intereses, al paso que el propietario el asilo que busca para libertarse de la maléfica influencia del poderoso; y en fin, otras muchas ventajas que estando al alcance de todos sería inútil referir, no lo es menos que V. E., en uso de la facultad constitucional que le está cometida, vigile incesantemente porque en el Estado se administre a todos justicia.

Pero V. E., en el discurso que acaba de pronunciar, y al que contesto en términos generales, ha ofrecido de una manera solemne desempeñar su encargo; y supuesto que los puntos que por su mayor importancia he tocado le son anexos, réstame sólo, para no prolongar este acto, dar a V. E. a nombre de la Legislatura la enhorabuena, congratulándome porque habiendo concluido felizmente su administración en el gobierno del Estado, hoy comienza en el ejercicio del mismo un nuevo período constitucional.

- Dije.

Oaxaca, 12 de agosto de 1849.

[Miguel Castro]

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.