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Siglo XIX > 1840-1849 > 1849

Los frailes dominicos no aceptan la petición, pero ofrecen el edificio de la perpetua para cárcel.
Oaxaca, febrero 14 de 1849.

Excelentísimo señor gobernador del Estado (de Oaxaca)

Excmo. señor:

Tan luego como fue en mi poder la atenta comunicación de V. E. de 7 del corriente, mandé convocar la reunión del Consejo, por no ser de mis facultades resolver por sí solo el objeto que se indica en dicha comunicación.

Hasta hoy que logré que se reuniera aquél, se ha tratado el asunto con madura detención y se pulsan inconvenientes muy graves para convenir en franquear todo el departamento del patio que llaman “de locos”, para la cárcel que se intenta establecer.

Este patio está en el interior del convento, contiguo al claustro de lectores, a la aula general, a los lavaderos que tienen uso cotidiano; y por los altos se halla también contiguo a la librería y local de estudios y a las celdas de noviciado y coristado.

¿Será conveniente que estos establecimientos estén inmediatos al bullicio de la cárcel?

¿Será compatible la educación religiosa, el sosiego y tranquilidad del claustro y la quietud tan necesaria para las horas de estudio, con las obscenidades y desmoralización que produce la desesperación o el despecho de unos hombres que por desgracia forman la polilla de la sociedad y que se encierran para castigar el escándalo que causan en ella y compurgar sus crímenes? Reflexiones son éstas, señor Excmo., que la comunidad dominicana desea sujetarlas a la literatura de V. E., que desde su juventud pasó por el camino del estudio.

Si no estuviéramos íntimamente convencidos de la buena fe y sanas intenciones de V. E., fácil era sospechar que tal vez se nos consideraba dignos de habitar entre una sociedad de malhechores; pero mi comunidad no ve otra cosa, sino el excesivo anhelo con que V. E. procura aliviar, hasta en lo remoto de los calabozos, al hombre desdichado que su infortunio le hace padecer.

Por otra parte, si a la provincia dominicana le hubiera llegado el hasta aquí, aún así, la construcción de su edificio tan suntuoso y de tanto costo, bastaría para emplear, por parte del gobierno, todo esmero en conservarlo sin destruir.

Porque el extranjero y todo hombre de gusto le tributa la sorprendente admiración que causa la vista de la fábrica de un convento fuerte, grande y sublime.

Convertirlo hoy en cárcel y habitación de delincuentes, sería generalmente sentido y precipitado a su más violenta ruina.

La tropa, que por fatalidad repetidas veces ha ocupado este edificio, lo tiene deteriorado, y no obstante las recomendaciones y vigilancia de los jefes que gobiernan en los cuerpos.

Las rejas, llaves y cerraduras de todas las celdas, aun las pinturas más recomendables de los claustros han perecido.

¿Qué daños dejarían de hacer los hombres que por robar o asesinar devoran a sus semejantes?

No pueden ser éstos más virtuosos que la tropa, ni guardar el respeto y la subordinación que con severidad castiga la ordenanza.

En fin, Excmo. señor, el acuerdo del Consejo está por la negativa, sin embargo de permanecer en la buena disposición de obsequiar los deseos del gobierno y de conservar los lazos de la sincera armonía que nos ha unido con las supremas autoridades del Estado.

Comisión muy especial se me dio para manifestar los obstáculos que se tuvieron presentes, rogando a V. E. que al contemplarlos se sirva dispensar que ésta sea la única vez en que por nuestra parte no haya anuencia.

A más de que nuestra condescendencia privaría al prelado que suscribe de introducir las reformas y arreglo que desde mi elección trabajo por establecer, también le privaría de otras mejoras que con el tiempo se pueden conseguir.

Todos los medios se están tocando, y es notorio que a pesar de las cuantiosas sumas que a mi convento se le extraen por demandas judiciales, por préstamos y aun por exacciones de multas y contribuciones directas, hoy de mi orden existe una cuadrilla de albañiles destinada exclusivamente al reparo de todo el interior del convento.

La necesidad me hizo extenderme más de lo que deseaba, pero el asunto lo requiere, y para dejarlo concluido diré a V. E. que el edificio de la Perpetua pertenece al dominio de esta comunidad y que, por condescendencia, ha quedado en poder del provisorato.

Si a V. E. le parece a propósito este local para la cárcel que se intenta establecer, cederemos el derecho que tenemos por el tiempo que se acuerde y tenga a bien.

Para cerrar esta comunicación no me resta otra cosa que disfrutar la honra de renovar a V. E. las protestas de mi singular aprecio y consideración.

Dios guarde a V. E. muchos años.

Monasterio de Santa Catalina de Oaxaca, febrero 14 de 1849.

Fr. Jacinto Castro Provincial
(Provincia de Predicadores de Oaxaca)

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.