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Siglo XIX > 1840-1849 > 1849

Excita a la iglesia para reorganizar los hospitales.
Oaxaca, septiembre 1º de 1849.

Gobierno del Estado de Oaxaca

Ilustrísimo señor obispo de esta diócesis

Illmo. señor:

Siempre franca y piadosa la Iglesia del cristianismo procuró, aun en medio de las persecuciones que sufría, el consuelo de los peregrinos, el alivio de los enfermos, la comodidad de los ancianos y la educación y socorro de los huérfanos, erigiendo casas proporcionadas a cada uno de estos objetos de beneficencia pública y empleando sus rentas y el auxilio de sus ministros en obras de tan ardiente caridad.

Ésta subió de punto y derramó con abundancia sus saludables efectos, luego que la Iglesia recibió la paz, y su empeño de clemencia no ha sido desmentido ni alterado por el curso de los años que todo lo destruye y lo consume.

Sin embargo, estos establecimientos debían pagar de algún modo el tributo que demanda su institución humana, y decaer también en proporción del indiferentismo, pobreza o frialdad de los fieles.

Así es que con el sentimiento más íntimo los hemos visto disminuir en recursos y llegar al extremo de no bastar a su sagrado fin.

No era el Estado [de Oaxaca], señor Illmo., el pueblo privilegiado que debiera salvarse de este azote terrible de la Providencia.

Ningún merecimiento debemos creer que tenía para suspender el enojo del cielo, justamente airado contra los hombres por su corrupción, y por esto es que los tres hospitales que en él existen aún, se han reducido casi a la nada, participando de la calamidad general.

Su esplendor se ha eclipsado, sus rentas se han minorado y hoy cada uno de ellos no puede llenar los objetos para que en otro tiempo tenía abundancia.

San Cosme, San Juan de Dios y Belén excitan los recuerdos más gratos por los inmensos beneficios que prodigaron a la humanidad doliente; pero hoy esos recuerdos se amargan al volver los ojos a su deplorable situación, y es imposible que un pastor de las esclarecidas virtudes de vuestra señoría ilustrísima [V. S. I.], de su celo y eminente caridad, y un gobierno que procura la mejora de los pueblos que rige, dejen de interesarse en el remedio que tan imperiosamente reclaman estos asilos del hombre achacoso y desvalido, poniendo cada uno la parte que le corresponda por derecho, para alcanzar su reforma tan necesaria como indispensable y hacerlos provechosos a la sociedad.

Ningún medio más eficaz para este objeto se presenta que la reunión de capitales piadosos destinados a él.

Formar de todos un fondo común y sostener con éste un solo hospital, amplio, decente y abundante de auxilios, es el pensamiento más noble y conveniente, más filantrópico y benéfico que puede realizarse.

San Cosme con 79,000 pesos de capitales, San Juan de Dios con 40,000 y Belén con más de 60,000 pesos, forman una suma de cerca de 180,000 pesos que debe producir anualmente más de 8,000 pesos, con los que un solo hospital es indispensable que esté bien servido y suficientemente habilitado de cuantos útiles sean necesarios para los enfermos, incluso los gastos del culto.

Este hospital así arreglado puede formarse en cualquiera de los tres lugares referidos que V. S. I. lo estime conveniente, conservando en él todos sus derechos, su intervención, sus prerrogativas y jurisdicción, que como al diocesano del Estado le conceden los sagrados cánones, sin que a nadie pueda atacar en lo más leve sus legítimas atribuciones, con la circunstancia de contar para todo con el auxilio que este gobierno pueda darle a V. S. I., ya para el mejor arreglo y servicio de la casa, ya para el cobro de los réditos destinados a su sostén y de los capitales que no se hallen en vía de producir, por falta de voluntad en los deudores, por defecto de acción en los cobradores.

Esta será la única intervención que tenga el Gobierno cuando V. S. I. la reclame y sus facultades para cualquiera otra cosa siempre estarán expeditas cuando V. S. I. las necesite.

Bajo este pie, ni temor ni dificultad ofrece esta gran obra, que si en todos tiempos ha sido útil a la sociedad hoy es de todo punto necesaria, porque la desoladora plaga del Chólera Morbus se acerca al Estado y la clase infeliz de él reclama un asilo y abundantes socorros.

Sin perjuicio de los más que este gobierno pueda proporcionarle a su vez, toca a V. S. I. franquearle el que queda referido, llenando de gozo su sensible corazón y conquistando de la generación presente un sentimiento de gratitud, y de las futuras una memoria de gloria y bendición.

En tal virtud, y convencido de que V. S. I. se encuentra animado de los mejores deseos a favor del rebaño que la Providencia tiene confiado a su cuidado, me tomo la libertad de excitarlo con el empeño y la eficacia más decidida, para que con cuanta brevedad sea posible, puesto que sólo de su voluntad depende, se sirva dictar las providencias que estime convenientes para realizar este plan de caridad en obsequio de un pueblo que ciertamente no es indigno de él, contando para cuanto juzgue útil y conveniente con el auxilio y la decidida cooperación del gobierno y de todas las autoridades del Estado, en cuyo progreso y beneficio estamos resueltos a sacrificarnos.

Sírvase V. S. I. comunicarme su resolución en este importante negocio y aceptar como siempre las protestas de mi particular consideración y distinguido aprecio.

Dios y Libertad.

Oaxaca, septiembre 1º de 1849.

Benito Juárez

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.