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Siglo XIX > 1840-1849 > 1849

Encuentra justificado el pago de las obvenciones.
Oaxaca, enero 24 de 1849.

Secretaría del Gobierno del Estado Libre de Oaxaca Circular

Señores gobernadores de departamentos:

Las continuas quejas que muchos señores curas dirigen a este gobierno sobre la resistencia o morosidad de sus feligreses al pago de las obvenciones y demás emolumentos parroquiales que les corresponden, manifiestan al excelentísimo señor gobernador del Estado la necesidad que hay de dictar una providencia general sobre este punto.

Su actual estado puede ser hijo de la ignorancia, puede nacer de la malicia, y no es difícil que tenga principio en la mala inteligencia que se quiera dar a nuestras instituciones.

Desvanecer el error en cuanto sea posible, combatir con energía la mala fe y defender el sistema que nos rige de cualquiera imputación, es el deber más sagrado de una administración celosa de las mejoras sociales.

Este, pues, es medio el más eficaz para remediar semejante exceso.

En ellas se pondrá en claro la obligación de los ciudadanos para este pago, el derecho que tienen los señores curas para exigirlo, y el ningún fundamento que para atacar éste y faltar aquélla se pueda tomar del sistema, acordándose, por último, las providencias que son convenientes para poner término a este mal que desgraciadamente se va generalizando.

Hubo un tiempo en que las obligaciones de los fieles formaron el único recurso de que subsistían los ministros del Señor; entonces voluntariamente se ofrecían al altar, y ninguno tenía obligación forzosa de prestarlas a no ser que fueran de las llamadas eucarísticas.

Reformada la antigua disciplina de la Iglesia, estas obligaciones espontáneas degeneraron en costumbres a que eran llamados los fieles por su entusiasmo religioso, y esta nueva disciplina progresó tanto en algunas iglesias después del siglo X, que entonces fue universalmente recibida y aprobada por el Concilio general celebrado bajo el pontificado de Inocencio III, en el cual se mandó que los eclesiásticos confiriesen todos los sacramentos y celebrasen los demás oficios cristianos libremente, y que los fieles quedasen obligados a las oblaciones de costumbre.

Estos son hoy los derechos parroquiales que existen legalmente arreglados por los señores obispos, respecto de los cuales es forzosa e inexcusable la obligación de los fieles.

El monto total de estos derechos y las ofrendas voluntarias que en algunas parroquias aún tienen costumbre de presentar, corresponden, salvas las deducciones canónicas y civiles que reporten, a los señores curas que las sirvan.

Ellos tienen un derecho legítimo a percibirlas por el cuidado espiritual de que están encargados; por su residencia formal en aquéllos; por la eficaz puntualidad en la administración de los sacramentos; porque como cultivadores de la viña deben alimentase de sus frutos; en una palabra, porque como operarios en lo espiritual son dignos del sustento temporal.

Esta es, pues, la razón que tienen para exigir de sus feligreses los emolumentos parroquiales, que introducidos por costumbre han sido sancionados por autoridad competente.

Un sistema democrático y eminentemente liberal como el que nos rige tiene por base esencial la observancia estricta de la ley.

Ni el capricho de un hombre solo, ni el interés de ciertas clases de la sociedad forman su esencia.

Bajo un principio noble y sagrado, él otorga la más perfecta libertad a la vez que reprime y castiga el libertinaje; él concede derechos e impone obligaciones que no sabe dispensar; por consiguiente, está lejos de comprenderlo cualquier ciudadano que se cree protegido por él para faltar a su deber o barrenar la ley.

El puntual cumplimiento del primero y el más profundo respeto y observancia de la segunda, forman el carácter del verdadero liberal, del mejor republicano.

Es por tanto evidente, que a nombre de la libertad jamás es lícito cometer el menor abuso.

Demostrado como está que todos los feligreses de cualquiera parroquia tienen una obligación inexcusable y forzosa de satisfacer las obvenciones y emolumentos parroquiales; que los señores curas tienen un derecho legítimo para percibirlas y exigirlas, sin que el sistema liberal destruya este derecho ni menos aquella obligación, S. E., el gobernador del Estado, quiere que V. S. inculque estas verdades a todos los pueblos del departamento de su cargo por medio de las autoridades que le están subalternadas, que les haga entender que están obligadas al pago de las obvenciones y derechos que cada parroquia tenga señalados en su respectivo arancel, persuadiéndolos del desagrado con que este gobierno ve su resistencia y su demora en concepto que para destruir una y otra, V. S. dictará a su vez las providencias prudentes y eficaces que convengan al remedio de este abuso, dando cuenta con el resultado para acordar las más que sean indispensables.

Reitero a V. S. con tal motivo las seguridades de mi distinguido aprecio.

Dios y Libertad.

Oaxaca, enero 24 de 1849.

(Manuel) Ruiz

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.