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Siglo XIX > 1840-1849 > 1849

Discurso pronunciado por el Dr. Mariano Carrasquedo, al cerrar las segundas sesiones ordinarias del congreso del estado.
Octubre 2 de 1849.

Al establecerse el sistema federal, los corazones de los oaxaqueños se abrieron a la esperanza, y desde entonces predijeron una época feliz para el Estado; no se equivocaron, porque es indudable que los pueblos tienen un instinto muy cierto y seguro por el bien.

Fastidiados ya de teorías engañadoras, en vez de promesas han querido gozar de mejoras positivas, y en vez de ilusiones que ocupan momentáneamente a la imaginación, han querido ver hechos; así es que los beneficios de una administración activa y constante, emprendedora y justa, se han hecho sentir al pueblo de una manera palpable, y prescindiendo de propensiones revolucionarias ha conocido sus propios intereses vinculándolos en la paz, porque éste es el único elemento que asegura el goce de las mejoras materiales, y sin él, poco o nada valdrían los esfuerzos de un gobierno empeñado en los adelantos, ni la bondad esencial de un sistema que garantiza todos los derechos del hombre.

La paz se afirma en el Estado por el íntimo conocimiento que los ciudadanos tienen de su conveniencia; el magistrado es obedecido y la ley se acata cumpliéndose sus soberanos preceptos.

Bajo tales auspicios V. E. ha podido dedicarse a promover con asiduidad cuantas medidas le ha sugerido su genio, y la VIII Legislatura Constitucional las ha dictado con la calma y circunspección propias de un cuerpo a quien no dominan influencias de partido.

El triste y doloroso recuerdo de lo pasado, el campo que dejamos atrás regado de sangre y de víctimas, no ha producido otro provecho que hacernos cuerdos y sensatos: ya no queremos rencillas personales, sino emplear el tiempo en hacer prosperar a una sociedad harto fatigada con nuestras revueltas políticas.

Los nobles sentimientos del patriotismo inspiran ideas grandes y generosas: la reconciliación con todos los partidos que bajo distintas nominaciones profesan principios republicanos, amor al pueblo e interés por mejorar su condición; he aquí el propósito de V. E. y el de la actual Legislatura.

El delito de conspiración cometido en algunos puntos del Estado debió haber sido castigado con el rigor de la ley, porque sólo así quedaba vindicada la sociedad del agravio que se le había inferido; pero un olvido del crimen o un perdón generoso, es las más veces el mejor correctivo que puede aplicarse a los hombres que en política se equivocan, y alentada la Legislatura con esta esperanza, decretó la amnistía a favor de varios desgraciados que aguardaban el fallo de sus jueces.

Los servidores del Estado tienen un derecho a ser bien y puntualmente indemnizados de sus trabajos, y a este fin se han expedido varios decretos que disminuirán algún tanto el deficiente de nuestras rentas.

Fomentar la instrucción pública es uno de los deberes más imperiosos de los gobiernos libres, porque la libertad no puede existir sin ilustración y virtudes, y este elemento de vida y progreso para las naciones, se crea multiplicando los establecimientos en donde la juventud se ilustre y aprenda a morigerar sus costumbres.

Este ha sido otro de los objetos del actual Congreso.

La minería, que es la que forma nuestra principal riqueza, reclamaba la protección del gobierno y del legislador, y para impulsar a un ramo tan importante se ha facultado a V. E. para que sin atacar las facultades de los supremos poderes de la Federación establezca una Casa de Moneda en esta capital.

Para acudir a una de las exigencias del gobierno nacional, y remediar los abusos de malos funcionarios, se ha reglamentado el contingente de sangre de una manera equitativa y proporcionada al censo de los pueblos.

La habilitación del puerto de Huatulco vendría a ser de poca importancia para el comercio si no contara con alguna población, y a este intento se han proporcionado al gobierno cuantos recursos se consideraron necesarios, concediéndose al mismo tiempo exenciones y franquicias a los pobladores.

La relajación de la moral pública ha establecido costumbres ruinosas para los infelices que en casos de necesidad tienen que proporcionarse cantidades a premio, y para poner coto a este mal, se han permitido casas de empeño bajo las bases que se creyeron más equitativas, atendidas las circunstancias.

La justicia, la Hacienda y los demás ramos de la administración demandaban la expedición de diversos decretos, de que se ha ocupado la representación del Estado en el período de sesiones que hoy termina.

Toca ahora a V. E. la ejecución y exacto cumplimiento de esas leyes, haga que se conserve el justo y necesario equilibrio que debe haber entre el poder general y particular del Estado; emplee V. E. todos los recursos del poder para que haya una perfecta igualdad ante la ley, para que se respeten las garantías individuales, y para que el ciudadano pacífico encuentre seguridad en los caminos y tranquilidad en las poblaciones.

Un deber muy grato a mi corazón me hace dirigir mis votos, porque V. E., justo apreciador del mérito, cumplido con la ley y virtuoso federalista, siga favoreciendo la opinión pública, y pueda así conducir al Estado por la senda del progreso, hasta colocarlo en la cima de su dicha.

Dije.

Octubre 2 de 1849

[Mariano Carrasquedo]

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.