1849
Discurso de Juárez ante el soberano congreso del estado al prestar el juramento de la ley para continuar como gobernador del estado por haber sido electo.
Oaxaca, 12 de agosto de 1849.


Señores diputados y senadores:

Cuando esperaba volver a la vida privada entregando el mando a otra persona más apta que dirigiese con acierto la nave del Estado en el trienio que comienza en este día, vosotros, señores, por vuestras excesiva bondad me habéis reelecto, dispensándome consideraciones que ciertamente no merezco.

Abrumado con el peso de tan distinguidos favores, y lejos de ostentar el orgullo necio que regularmente fascina a los hombres que se ven elevados a un alto puesto por la voluntad general, me presento ante vosotros humilde y respetuoso a daros las gracias más expresivas por el voto de confianza con que os dignasteis honrarme.

Sin los talentos suficientes para gobernar un gran pueblo, sin los conocimientos profundos del corazón humano y de la ciencia difícil de la política, para librar a la sociedad de los escollos a que la impelen las pasiones exaltadas y las exageradas pretensiones de las facciones, no puedo prometeros otra cosa que una intención sana y un deseo ardiente de procurar la felicidad del pueblo oaxaqueño.

Esa sana intención, ese ardiente deseo de hacer el bien, y el juramento que acabo de prestar de cumplir bien y fielmente con el difícil encargo que me habéis conferido, son las únicas garantías que puedo ofreceros de que procuraré corresponder con lealtad a la alta confianza que habéis depositado en mí.

Elevado a la cima del poder no por el favor de una persona, no por los esfuerzos de una facción, ni por los medios que la ambición de mando pone regularmente en juego, sino por la escala constitucional y por el voto unánime, libre y espontáneo de los representantes del pueblo, yo debo ser como hasta aquí el jefe del Estado y no el corifeo de un partido, ni el instrumento de aspiraciones inmoderadas o de venganzas innobles.

Todas las clases de la sociedad, todos los hombres, cualquiera que sea su origen, cualquiera que haya sido o sea su color político, tendrán bajo mi administración toda la protección y todas las garantías que les conceden las leyes.

Convencido profundamente de que sin paz, sin orden, no puede haber libertad, confianza pública, ni el gobierno puede dedicar su atención a las reformas de los diversos ramos de la administración pública y a las mejoras materiales que deben conducir al Estado por la senda de su prosperidad y grandeza, será mi primer cuidado, como lo ha sido hasta hoy, la conservación de esos dos preciosos bienes.

Para llenar este deseo sincero de mi corazón, trabajaré con empeño para consolidar la unión de los oaxaqueños: usaré al efecto de todos los medios que me aconseja la prudencia, para reconciliarlos eficazmente, para hacer que se toleren y que moderen las pretensiones que sus resentimientos les sugieran; procuraré que cada uno sea respetado en su persona y en sus derechos, y exhortaré a todos con dulzura a que cumplan con sus deberes; pero si a pesar de mis esfuerzos, hubiera alguno que abusando de mi moderación o atribuyendo a debilidad la suavidad de mi carácter, despreciare la autoridad que ejerzo y osare atentar contra el derecho ajeno o levantare la fatídica bandera de la discordia o de la rebelión para turbar la paz pública, para destrozar las entrañas de la Patria con la sangrienta cuchilla de la guerra civil, os protesto, señores, que no quedará impune, porque lo reprimiré con todo el poder de que es capaz el gobierno, y será castigado con toda la severidad de las leyes.

Yo cuidaré de no agredir a nadie, de no provocar una revolución; pero esta conducta me dará un derecho para ser enérgico, severo, inexorable, con los transgresores de la ley, con los perturbadores de la paz.

La independencia nacional y el sistema federativo que México ha adoptado para su régimen interior, son dos objetos muy sagrados para mí.

A su conservación consagraré también mis afanes y desvelos, preparando los elementos necesarios para que, llegado el momento del peligro, Oaxaca pueda acudir al llamamiento del Gobierno Supremo, para escarmentar debidamente a los enemigos de nuestra independencia, de nuestras instituciones y de nuestras glorias.

Véis, señores, cuáles son mis deseos y cuál la conducta que me propongo seguir en el período de mi administración.

Difícil y penosa es, ciertamente, la posición en que me habéis colocado, porque para mí la primera magistratura del Estado, como ya lo he dicho otra vez, lejos de ser una plaza de descanso y de comodidades, es sólo un puesto avanzado de inminente peligro, y una carrera sembrada de disgustos y sinsabores.

Obligado a luchar con la inmoralidad y con los vicios de que aún está plagada nuestra sociedad, bastará que no satisfaga una pretensión por impertinente que sea, o que procure la represión de un delito o la corrección de un abuso, para que me concite la animadversión de algunos o el odio implacable de otros; pero esto no me arredra ni me retraerá de seguir la marcha legal que me he propuesto.

La rectitud de mis procedimientos será mi salvaguardia, y no faltarán hombres honrados que hagan justicia a mis operaciones.

Para llenar los objetos importantes que van indicados, bien sabéis, señores, cuán débil e impotente soy.

Sin la cooperación de todos los oaxaqueños, serán vanos mis esfuerzos.

Mis buenos deseos sólo servirán para contristar mi corazón por la imposibilidad de realizarlos.

Prestadme, pues, vuestro poderoso auxilio; yo os lo pido a nombre de la sociedad, cuyos destinos me habéis encomendado.

Vuestras leyes sabias y prudentes me servirán de guía para hacer el bien y evitar el mal, y vuestros saludables consejos harán mesurados mis pasos.

- Dije.

Oaxaca, 12 de agosto de 1849.

[Benito Juárez]

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.