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Siglo XIX > 1840-1849 > 1848

Discurso que pronunció el señor gobernador de Oaxaca al clausurarse las primeras sesiones ordinarias del soberano congeso del estado.
Oaxaca, octubre 2 de 1848.

Señores diputados y senadores:

Cuando hace tres meses os reunisteis en este lugar para dar principio al periodo de vuestras sesiones ordinarias, el gobierno y el pueblo oaxaqueño concibieron la esperanza lisonjera de que la sociedad oaxaqueña mejoraría de condición, porque las medidas sabias y prudentes de sus legisladores darían vida y animación a lo distintos ramos de la administración pública.

Esa esperanza, señores, no ha sido engañada.

Vosotros la habéis satisfecho en cuanto lo han permitido el corto período de vuestros trabajos y los multiplicados obstáculos que el egoísmo y la inmoralidad presentan a cada paso a los que como vosotros tienen la noble misión de procurar la felicidad de los pueblos y de encaminarlos por el sendero de la paz y de la justicia, único que puede guiaros al culmen de su prosperidad y grandeza.

En la exposición que tuve el honor de presentaros, os indiqué las medidas que más urgentemente demandaban para su marcha y mejora los ramos de Hacienda, Guerra, Justicia, Instrucción Pública y Gobernación.

En todos ellos habéis legislado, dictando las disposiciones más oportunas y convenientes, y para que nada se dejase de hacer en beneficio público, ya que nuestra Carta Fundamental no os concede más tiempo para continuar vuestros trabajos, me habéis concedido por una de vuestras leyes la autorización suficiente para dictar en algunos ramos las providencias que el bien público demanda como indispensables.

Es una de ellas arreglar el cobro de alcabalas, de manera que el comercio no sufra las extorsiones que causan los abusos, o la demasiada dureza de nuestras leyes fiscales.

Esto será lo único que pueda hacerse de pronto sobre este negocio, ya que tenemos el sentimiento de ver frustrados nuestros esfuerzos, que se encaminaban a la abolición de este impuesto.

Vosotros, señores, habéis pulsado los inconvenientes que para ello se han presentado.

Los ha pulsado también una junta de honrados comerciantes que nombré para que trabajasen un proyecto que diera por resultado la creación de arbitrios que llenasen el vacío que aquéllos debían dejar en nuestras arcas; pero esos buenos ciudadanos han visto estrellarse sus afanes y sacrificios en el egoísmo y en la ignorancia de aquellos que más interés debieran tomar por la abolición de las alcabalas.

Sin embargo, el gobierno no pierde la esperanza de que bajo los auspicios de la paz puedan removerse los obstáculos que hasta ahora han burlado nuestros deseos; pero esto no podía conseguirse en el corto período de tres meses que han durado vuestras tareas.

El término será más dilatado; pero que podrá estrecharse por la constancia y por la asiduidad con que se trabaje en este asunto.

Entretanto, el gobierno procurará dar a la renta el arreglo más conveniente, conciliando los intereses del comercio, con los derechos de la hacienda pública.

Respecto de las demás leyes que habéis expedido, yo os ofrezco, señores, que no serán estériles.

Redoblaré mis esfuerzos para que ellas produzcan los benéficos resultados que os habéis propuesto al expedirlas.

Para conseguir este objeto, es absolutamente indispensable que haya paz, que haya empeño en los funcionarios públicos para cumplir cada cual con sus deberes, y que de parte de los ciudadanos haya la más completa subordinación a las autoridades establecidas.

Del buen sentido de los oaxaqueños debemos esperarlo todo; pero si por desgracia hubiere algún funcionario público que traicionando sus sagrados juramentos, conculcare las leyes que debe cumplir y hacer cumplir, o abusando del influjo que le da su puesto, vejare a los ciudadanos o fomentare las revoluciones; si hubiere algún ciudadano que menospreciare a las autoridades o intentare turbar el orden público, yo os protesto, señores, que el gobierno sabrá reprimir a los culpables con toda la severidad que la sociedad y las leyes exigen.

El gobierno no provoca las revoluciones con actos despóticos y arbitrarios.

El gobierno procura conservar y proteger a los ciudadanos en el pleno goce de las garantías sociales; pero esta misma conducta le da un derecho indisputable para hacerse respetar y hacer respetar la ley y las supremas autoridades de la Nación.

Así lo hará porque descansando en una conciencia que no está aguijoneada por los remordimientos de haber obrado el mal, y en la convicción de que rige a los pueblos a nombre de la ley y que sólo trabaja por la felicidad de los oaxaqueños, se siente con la energía bastante para afrontar y reprimir a cualquiera que se atreve a substraerse de la obediencia a las autoridades y del yugo saludable de las leyes.

En este concepto, podéis, señores, retiraros a descansar de vuestras penosas tareas, con la firme confianza de que el gobierno vigilará por vuestro reposo y por conservar intactas las leyes que habéis sancionado.

- Dije.

Oaxaca, octubre 2 de 1848.

[Benito Juárez]

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.