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Siglo XIX > 1840-1849 > 1847

Discurso pronunciado ante las honorables camaras por el señor Benito Juárez, después de haber prestado juramento como gobernador del estado de Oaxaca.
Oaxaca, octubre 29 de 1847.

Señores diputados y senadores: (1)

El juramento que acabo de prestar es la garantía que por ley debo ofrecer, (2) de que corresponderé con lealtad a la confianza que me habéis dispensado nombrándome gobernador del estado libre y soberano de Oaxaca.

Es un deber de los ciudadanos prestar sus servicios, por insignificantes que éstos sean, cuando la patria los llama en algún puesto público.

Sin embargo, yo he dudado si debería admitir el difícil encargo con que me habéis honrado, porque veo entre mis compatriotas multitud de ciudadanos ilustres que por sus servicios y capacidades pueden llevar dignamente las riendas del gobierno.

En otra época que no fuera de transición y de prueba, como la presente, yo habría rehusado el distinguido honor con que me veo abrumado, aun cuando apareciera marcado con la nota de egoísta.

Pero hoy que el poder no tiene los atractivos ni los encantos que tanto lisonjean el amor propio en días de calma y de bienandanza, hoy que las fuentes del erario se ven agotadas y relajados los resortes de la obediencia y de la moral por consecuencia de nuestras revueltas intestinas; hoy, en fin, que el injusto invasor ocupa la capital de la República y amaga con la conquista completa de nuestro territorio, la primera magistratura del estado no es más que un puesto avanzado de inminente peligro y una pesada carga que sólo produce desvelos, fatigas y sinsabores.

En tal concepto, yo no he debido vacilar, y me véis aquí, señores, pronto a arrostrar con todas las consecuencias que ofrece el destino, cuyo fiel desempeño os he prometido ante Dios y los hombres.

Sabéis, señores, cuán débiles son mis fuerzas, cuán cortas mis luces; pero cuento con vuestra cooperación, cuento con el apoyo del pueblo oaxaqueño, y con tan poderosos auxilios yo me prometo que marcharemos venciendo las resistencias que una ingrata situación nos ofrece.

Afortunadamente, no una facción, no el favoritismo, no la intriga, sino la voluntad libre y espontánea de los escogidos del pueblo me ha colocado en este puesto.

No haya, pues, temor de que en mi gobierno se oprima a una clase o a una parcialidad de mis conciudadanos.

No, el bien procomunal, el bienestar de todos los oaxaqueños, serán los objetos preferentes que ocupan mi atención.

Tenemos una Carta fundamental donde están consignados los derechos y los deberes de los gobernantes y de los gobernados.

Esa Carta, pues, será mi único norte, y su exacta observancia y el cumplimiento de las leyes que emanen de los legítimos representantes del pueblo merecerán mi exclusiva dedicación.

La virtud y el merecimiento serán buscados, y los ciudadanos honrados y pacíficos encontrarán siempre en mi administración el apoyo más firme, la más sólida garantía de sus derechos.

Libre, y para mí muy sagrado, el derecho de pensar, mis compatriotas no serán molestados por sus opiniones manifestadas de palabra o por escrito.

Yo las respetaré y haré que se respeten.

En fin, con dulzura y con moderación procuraré que todos cumplan con sus deberes; pero el que traspasare la línea que le trazan las leyes, el que atentare contra el derecho ajeno, el que turbare la paz de la sociedad, ese sufrirá, yo os lo protesto, señores, todo el rigor de las leyes.

En este punto seré inexorable, porque sólo así podrá restablecerse la moral, y sólo así las autoridades recobrarán su perdido prestigio.

Ved aquí, señores, trazada la conducta que me propongo seguir en mi administración.

Señores:

Somos llamados a presenciar las angustias de la patria en los momentos terribles de su agonía.

Ella reclama nuestro socorro; hagamos los últimos esfuerzos, aún es tiempo de que la salvemos.

Pero si por uno de los decretos incomprensibles de la divina Providencia estuviere determinado que ella desaparezca de la lista de las naciones libres, trabajemos de manera que, al perecer bajo de sus ruinas, dejemos a la posteridad gratos recuerdos que honren nuestra memoria.

- Dije.

(Oaxaca, octubre 29 de 1847)

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.

Notas:

(1) “Discurso de Juárez ante el Poder Legislativo de Oaxaca, al prestar juramento como gobernador de la entidad. Oaxaca, octubre 29 de 1847”, Juárez, Miscelánea, p. 11 y siguientes.

(2) En la Constitución del estado de Oaxaca de 1825, se establecía en el artículo 134 lo siguiente: “El gobernador y vicegobernador, nombrados periódicamente, se hallarán el día 12 de agosto en la capital del estado o en el lugar donde resida el Congreso, y prestarán ante él el juramento comprendido en la fórmula siguiente: Yo, N., nombrado gobernador o vicegobernador del estado libre de Oaxaca, juro por Dios y por los santos evangelios que defenderé y conservaré la religión católica, apostólica, romana, sin permitir otra alguna en el estado: que guardaré y haré guardar la Constitución Federal, la Constitución Política y leyes de este estado, y que ejerceré fielmente el cargo que el mismo estado me ha confiando.”

Debido a las anormales condiciones del año de 1847, se designó al señor Juárez en otra fecha, por lo que el VII Congreso Constitucional de Oaxaca expidió, el 28 de octubre de 1847, un decreto especial señalando que los funcionarios designados deberían rendir ese juramento al día siguiente.