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Siglo XIX > 1840-1849 > 1845

José de Arrillaga a Ángel María Salgado, informa detalladamente del mal estado de las propiedades de la testamentaría de Victoria, sus deudas y albacea.
Boca del Monte, mayo 27 de 1845.

Señor licenciado don Ángel María Salgado.

Méjico.

Muy apreciable señor mío:

Ahora regreso de Teziutlan.

Veinte y seis días he andado por allí, Jalacingo, Papantla y algunos de los terrenos del señor Victoria, por unos caminos infernales, como todos los de esos rumbos.

Buscaba a don Francisco de Paula López, que siempre ambulante y de viaje, no lograba yo encontrarlo en ninguna parte.

Al fin llegué a dar con él, y habiéndolo impuesto de mi misión, entramos en conferencia sobre cómo podría pagar lo que está debiendo la testamentaría de su cargo al juzgado de capellanías de esa capital y a los religiosos agustinos de Manila.

Lo primero que nos ocupó fue el examen de la testamentaría del señor Victoria, que está radicada en Veracruz, pero cuyo expediente tenía en su poder, afortunadamente el albacea.

Vi, pues, los inventarios y avalúos de los bienes, y los estados de créditos activos y pasivos.

Le aseguro a usted, que no dejé de desconsolarme bastante, porque, en último análisis, me he desengañado que no puede pagar sus deudas la dichosa testamentaría y que si aún los acreedores privilegiados quieren coger algo y no exponerse a las demoras indefinidas y a los quebrantos que son consiguientes en un concurso, deberían prestarse a un avenimiento sin pérdida de tiempo.

Los bienes de la testamentaría del señor Victoria, no consisten en otra cosa que en las tierras hipotecadas al juzgado de capellanías y en una casa que son en ruinas sita en Teziutlan.

Esta por la razón dicha, y las tierras porque se hallan desiertas en absoluto abandono, no producen un medio real de renta.

Pero además de no consistir esos bienes más que en los terrenos que están hipotecados al juzgado de capellanías, tiene usted menoscabados esos propios considerablemente.

La hacienda del Jobo fue adjudicada a los señores Torres, como acreedores de dominio, porque se les quedó debiendo cuando vendieron 27,000 pesos, que se aumentaron hasta 486 pesos con los réditos que se caían y no se pagaban.

Otros terrenos adjudicó también el albacea al señor don Luis García Teruel por 10700 pesos que le debía la testamentaría.

Otros terrenos por fin, vendió el mismo albacea para pagar a la viuda del general Garza 10,654 pesos, importe de ganados que este general había remitido al general Victoria, así como para acudir los cuantiosos gastos erogados en un litigio, que procedió a la adjudicación de la hacienda del Jobo, y para satisfacer las alcabalas de las tierras adjudicadas y vendidas, y aún otras atrasadas; porque no cabe duda, tanto en que el señor Victoria dejó sus negocios y ya los tenía a su fallecimiento en el más absoluto abandono e inaudito desorden, en que su albacea ha sabido aprovecharse de estas circunstancias para dilapidar en grande y sacar para sí considerable provecho con perjuicio de los acreedores.

Admira no encontrar en todas las tierras que existen aún en el poder de la mortual del señor Victoria, mas que el miserable número de 100 cabezas de ganado mayor.

Todo lo demás que era bastante, ha desaparecido, según la voz pública, después de la muerte de aquel general; aunque según el albacea jamás ha existido, y siempre las tierras estuvieron baldías antes y después de que él funcionara, y hace también su papel de pobre y sin recurso que hasta él mismo cree que en efecto se halla sin un cuarto.

Bien considero que usted se indignará y que me dirá “a ese albacea debe reprochársele ese manejo que ha tenido y exigírsele la responsabilidad”, y no sólo esto, sino que deben anularse todas las ventas que haya hecho de los terrenos hipotecados al juzgado de capellanías.

No niego que todo esto podría hacerse, mas no me parece prudente que se haga por dos razones.

Primero, porque los que acusan al albacea en secreto y en lo privado, es seguro que no se atreverían a hacerlo judicialmente, y por lo mismo tampoco se le podría probar su vicioso comportamiento; por otra parte él se escudaría con el caos que ha sido la testamentaría, y este caos tal vez lo salvaría.

Segunda, porque a la anulación de las adjudicaciones y ventas hechas, se opondrían los mismos compradores y adquirientes, y esta oposición y las disputas que traería consigo, conducirían a los acreedores a un concurso que duraría cien años, o más, o que no tendría término.

Ahí las razones que me mueven a aconsejar al juzgado un avenimiento.

Es necesario tener presente, que además de lo que se debe al citado juzgado, se deben: 10,000 y más pesos a los religiosos de Filipinas; 2,707 pesos a los Carmelitas de San Ángel; 500 pesos a la parroquia de Papantla; 750 pesos a la aduana del mismo pueblo; 739 pesos de alquileres de una casa que ocupó en esa capital el señor Victoria; 3,000 pesos al señor Bretón de Chachicomula; y 2,000 pesos a una capellanía vacante de Puebla.

Estos créditos todos son escriturarios y privilegiados.

Hay otros quirografarios que excusa apuntar.

Y para pagar estos créditos, [¿]con qué cuenta la testamentaría deudora?

Únicamente con los terrenos de Larios, de San Miguel del Rincón, de Masacapa, de Mesa Grande, de Mesa Chica, de San Marcos, de Malpica, de Tesquitipa, de San Lorenzo, de la Candelaria y de Cabestros, teniendo la Candelaria un gravamen desde su adquisición por más de 2,000 pesos.

Todos estos terrenos se hallan desiertos, no tienen el valor que si estuvieran poblados, están situados en las riberas del río que forma la barra de Nautla y desde esta barra hasta la de Tecolutla, es decir, lejos de poblado, los unos en el partido de Papantla y algunos en el de Jalacingo.

Son feraces y útiles para labores y cría de ganado, pero el que los compre necesita un capital para hacerlos productivos, de lo que resulta que su valor no es ni puede ser el que tienen los ranchos ya establecidos y en giro, ni el que merecen las tierras colonizadas u en corriente producción.

Yo que anduve las tierras, que tomé de cerca los informes, que he palpado el aniquilamiento a que ha venido a pasar la testamentaría deudora, originado por el antiguo e inveterado descuido con que se han visto sus intereses, que he pulsado los tropiezos que el albacea se ha creado, puedo hablar con pleno conocimiento, y creería faltar a la confianza que en mí ha depositado ese juzgado de capellanías y el apoderado de los religiosos de Manila, sino les propusiera con franqueza y buena fe el sólo medio eficaz para que pronto queden reembolsados.

Este es, por más que parezca duro, hacer una quita total de todos los réditos vencidos, y conformarse con cobrar sus capitales.

El albacea se prestará sin duda, a adjudicar en pago de estos y del capital de los Carmelitas de San Angel, todos los terrenos que he nombrado, exceptuando sólo los de San Lorenzo, de Candelaria y de Cabestros, y la casa-mesón valuada en un mil pesos, para pagar con el importe de estos bienes la alcabala de la adjudicación y los otros créditos que quedan a la testamentaría, si es que los derechos que debe en el juzgado militar de Veracruz le facilitan esto último.

Los terrenos que adjudica el albacea tendrán compradores, yo los realizaré, en el término de un año habrán sido todos parcialmente vendidos, y darán, obrando con tino, para cubrir totalmente de sus capitales al juzgado de capellanías, a los religiosos de Manila y a los Carmelitas de San Angel.

Bajo este concepto, que desde luego es un compromiso a que me obligo, si los tres acreedores repetidos entran por mi propuesta, y quieren abjarse [sic] de los riesgos y demoras de un concurso que será inevitable en caso contrario.

Suplico a usted conteste a la brevedad posible.

Estando de conformidad con lo que llevo propuesto, necesito poderes en que se me faculte para recibir en adjudicación (en pago), los terrenos suficientes para cubrir los capitales, perdonando parte o todos los réditos vencidos; cuyos poderes será bueno que también se me remitan a la mayor brevedad, pues esto facilitará el más pronto resultado que todos deseamos, a saber: el cobro efectivo de los capitales, que se conseguirá con la realización de los terrenos.

Este resultado si se quiere, lo garantizo yo con la hipoteca de mis bienes, pero no me comprometo a más, porque los terrenos que pueden recibirse no son capaces de producir en ventas mayores cantidades que las que suman los tres capitales.

Soy de usted muy atento afectísimo servidor que besa sus manos.

José de Arrillaga.

[Rúbrica]

Fuente original:

AGN (Archivo General de la Nación), Bienes Nacionales, Leg. 1693, c. 2517, exp. 5.

Fuente:

Carlos Herrejón Peredo y Carmen Saucedo Zarco. Guadalupe Victoria. Documentos. Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México. Secretaría de Educación Pública. México, 2012. Primera edición. 557 pp.