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Siglo XIX > 1840-1849 > 1845

Discurso de José Joaquín de Herrera al abrir las sesiones del Congreso. Enero 1, 1845. Al cerrar dichas sesiones. Mayo 30, 1845. Al abrir las sesiones. Julio 1, 1845. Discurso de José Joaquín de Herrera al jurar como Presidente. Septiembre 16, 1845.
Enero 1, 1845. Mayo 30, 1845. Julio 1, 1845. Septiembre 16, 1845.

El General Herrera, al abrir las sesiones del primer periodo, en 1 de Enero de 1845.

Señores Diputados y Senadores:

Hoy comienzan las tareas del segundo año legislativo. En él vais á ocuparos de los grandes negocios á que vuestra elevada misión os obliga, negocios que la anterior administración dejó complicados, y para cuyo arreglo no contáis con otros elementos que vuestra sabiduría y patriotismo.

No debo disimularos que el sistema administrativo es un verdadero caos, una mezcla confusa de disposiciones legales y de medidas arbitrarias del momento y poco meditadas, en que acaso en lo que menos se pensó fué en el bien público.

El único cimiento sólido sobre que podéis elevar el edificio social, son las Bases Orgánicas, salvadas afortunadamente por el esfuerzo simultáneo de todos los mexicanos, del desprecio y destrucción á que las había condenado el funesto decreto de 29 de Noviembre último.

Mas para que este pacto fundamental, que ha servido de punto de reunión en un grave conflicto, produzca los grandes bienes que la comunidad espera de él, necesita algunas reformas prudentes y graduales, aquellas que la experiencia y las necesidades locales demanden imperiosamente.

No son menos indispensables las leyes secundarias exigidas por las mismas Bases, sin las cuales no pueden desarrollarse el sistema ni hacer efectivos sus beneficios.

Formado el actual Ministerio en momentos en que ha debido llamar preferentemente la atención del Gobierno una crisis peligrosa, la salvación de la capital amenazada y con ella las instituciones y los Poderes Supremos, apenas ha podido ocuparse de los negocios ordinarios de la Administración.

Sin embargo, adornados de experiencia, y, sobre todo, de patriotismo y de un celo ardiente por mejorar la cosa pública, al presentaros sus memorias, os informarán del estado en que han hallado los ramos administrativos é indicarán con lealtad y franqueza los medios que juzgan á propósito para reorganizarlos convenientemente.

Entonces observaréis que el programa de la presente administración está fundado en los adelantos del siglo, y en la perfección de nuestra sociedad.

Entretanto debo comunicaros que las relaciones exteriores serán lo que deben ser entre naciones soberanas que respetan sus mutuos derechos. La República hará cumplida justicia á sus amigos y la exigirá de ellos.

Sin preferencias ni preocupaciones tratará á todos con igualdad recíproca, y mi Gobierno procurará que todos sus actos estén marcados por la equidad y la más franca benevolencia, sin olvidar jamás lo que se debe á la independencia y derechos del pueblo mexicano.

Muy pronto os propondrá el Ministerio las medidas que, á su juicio, son necesarias, para poner término á las dificultades que han podido dar un carácter poco amistoso á nuestras relaciones.

La cuestión pendiente del recobro de Texas, que ha sido motivo de escándalo para propios y extraños, y que hace mucho tiempo ha servido de pretexto para abusos de toda clase, será considerada con la preferente atención que demanda por su naturaleza.

Allí tiene México derechos que sabrá sostener y hacer respetar, con la misma decisión y dignidad con que conquistó su independencia y ha asegurado sus libertades.

En cuanto á la administración interior, estoy convencido, señores, que para que la Nación subsista y prospere, es necesario que comience por fijar y desarrollar las instituciones que ha adoptado; pero este desarrollo no puede tener lugar, si á las partes no se les facilitan los medios, expeditándoles, á la vez, el camino de las mejoras locales.

De ahí la importancia de que, cuanto antes, os ocupéis de preferencia en acordar definitiva y acertadamente, cuál deba ser la Hacienda de los Departamentos; y de ahí también la urgencia, que os recomiendo, de que en las reformas de las Bases, de que os debéis ocupar, tengáis muy presente la conveniencia de dar más latitud á las facultades de las Asambleas Departamentales, cuantas basten á dejarlas expeditas para el mejor estar y mayor prosperidad de sus localidades, sin daño de sus vecinos, ni menoscabo de la utilidad nacional.

Vuestra sabiduría comprenderá fácilmente, cuánto importa que la Nación Mexicana sea fuerte por su unión, feliz por el desarrollo de los innumerables elementos con que cuenta, y rica por la libertad que se deje al fomento de sus intereses respectivos.

Los mismos principios exigen que llame toda vuestra atención á la Hacienda general. Sin ella, en un perfecto estado de organización, el Ejecutivo no podrá jamás llenar las obligaciones de su elevada posición y continuará el funesto sistema de dejar abandonada la subsistencia de los servidores de la Nación á especulaciones inmorales.

Es necesario, pues, comenzar este arreglo por fijar el crédito público y darle sólidas garantías; que sin embargo, no dejen al Erario sin entradas que cubran sus preferentes atenciones, pues nadie ignora que sus necesidades son una continua amenaza para los acreedores del Estado.

El Gobierno dedicará todo su celo en restablecer la moralidad en la recaudación y manejo de los caudales públicos donde se halle alterada; en que la administración sea económica y la distribución proporcional y equitativa.

Si en algunos casos no bastasen sus esfuerzos y vigilancia os dirigirá correspondientes y vuestra cooperación completará la difícil obra que está resuelto a emprender.

La existencia de un Ejército es hoy una necesidad reconocida por todos.los pueblos que forman de territorios extensos y que tienen dilatadas costas y fronteras que guardar. El de la República tiene, además, títulos de gloria sobre nuestra gratitud.

En crisis peligrosas jamás ha desoído el llamamiento de la Patria; y si alguna vez se ha extraviado de la senda de sus difíciles deberes, culpa es de la ambición ó de los partidos que han procurado atraerlo á su bando, y no suya. Mas estas oscilaciones, que por desgracia han sido continuas, han alterado su moralidad y su disciplina.

Esta alteración ha sido fatal al mismo Ejército. Una carrera de privaciones y trabajos no tiene más aliciente en las clases superiores que la seguridad de sus empleos y ascensos, y en el soldado, el que el servicio sea temporal, sus necesidades atendidas y su constancia convenientemente recompensada. Estas dos bases han faltado en la Milicia por mucho tiempo.

Los empleos se han prodigado por el capricho y el favor; nadie ha estado seguro del premio ofrecido á su mérito y servicios. El soldado ha perdido la esperanza de dejar la profesión; y cuando por fortuna lo consigue, se le defrauda su mezquino alcance.

Los resultados están á la vista de todos. El oficial no tiene estímulos, el soldado ve con horror la carrera, y la Nación sostiene en un estado violento y precario á sus defensores.

La presente Administración os presentará oportunamente, señores, sus ideas sobre este punto, y espera que ellas, elevadas á la ley, volverán al Ejército su honor, sus intereses olvidados y la utilidad qué la Nación tiene derecho á esperar de esta noble institución.

En las medidas que se adopten para este arreglo, no serán olvidadas las que imperiosamente demanda la seguridad de los Departamentos expuestos á las depredaciones de los bárbaros.

El Gobierno, afectado profundamente de los males que aquéllos sufren, está resuelto á emplear todos sus esfuerzos para que cesen, reorganizando la fuerza presidial, de modo que baste á la seguridad de aquellos Departamentos, y á que sus vecinos vuelvan á sus ocupaciones productivas, que hoy abandonan por el fusil y la lanza, único medio de oponerse á la devastación del salvaje y al sacrificio de sus familias.

Los demás ramos que forman la ocupación ordinaria de nuestros conciudadanos, no serán olvidados por el Gobierno. Unos necesitan protección, otros libertad; mas todos constituyen la prosperidad nacional, y el mejor estar de los asociados.

Estoy íntimamente persuadido, señores, que el verdadero medio de fomentarlos, es el de conservar la paz pública y respetar las garantías individuales que á todos concede el pacto fundamental.

La Nación será fuerte cuando el pueblo disfrute la libertad legal que las leyes le aseguran; su Erario tendrá crédito y recursos cuando todos los habitantes de la República sean ricos, y cuando su manejo sea puro é inmaculado. Entonces el Gobierno será amado y obedecido de todos, y esta será su mejor recompensa.

Para llegar á alcanzar estos bienes, reconozcamos sin cesar la fuente y origen de todos. La Providencia nos ha libertado de la desastrosa guerra civil que ya tronaba sobre nuestras cabezas. Al comenzar un año que todo anuncia ser de paz y de prosperidad, ofrezcámosle nuestra humilde acción de gracias por lo pasado, actos de justicia y de moralidad para lo futuro, y estemos ciertos del feliz término de nuestros trabajos. —He dicho.

Contestación del Sr. D. Luis de la Rosa, Presidente del Congreso.

Excelentísimo Señor:

La reunión del Congreso en las circunstancias extraordinarias en que se halla esta capital, armada y fortificada para resistir á una agresión, será para México un acontecimiento memorable, porque no es este acto una de esas sesiones del Cuerpo Legislativo que tantas veces ha presenciado el pueblo como una vana, ceremonia.

La reunión actual del Cuerpo Legislativo, es uno de los grandes resultados de la reacción patriótica que inició el pueblo de México, apoyado por la guarnición, en el glorioso día 6 de Diciembre de 1844.

Revolución única y singular en la historia de la República, porque no fué comunicada con cruentos sacrificios; reacción que ha sido el fruto de los progresos de la civilización y de la experiencia de más de 20 años de agitaciones y de ensayos políticos, muchos de ellos sangrientos y desastrosos para México.

La Nación ha salido ya del aprendizaje político; su juicio ha madurado durante un largo período de infortunios; el carácter nacional se ha desarrollado; el pueblo ha llegado á conocer lo que vale el orden constitucional. Cuántas virtudes y cuántos sacrificios fueron necesarios para fijar en nuestro país este grande principio de libertad y de orden al que deben su prosperidad las naciones más civilizadas!

Séame permitido en este día memorable y al presidir esta augusta solemnidad, manifestar al pueblo magnánimo de México, al Ejército que ha sido fiel á la Nación y á sus ilustres jefes, la viva gratitud de que el Congreso está animado, al recordar en este momento el glorioso y memorable 6 de Diciembre.

La República, todas las naciones civilizadas y la posteridad apreciarán en todo su valor la intrepidez con que el pueblo y la guarnición proclamaron el restablecimiento del orden constitucional, la moderación y sensatez con que reprimieron su patriótica exaltación después del triunfo, en aquella tarde en que los representantes de la Nación fuimos conducidos del pueblo á este hermoso recinto, entre vivas y aclamaciones, cuyo recuerdo hace palpitar todavía nuestro corazón de gozo y de entusiasmo.

Por más de once meses había luchado el Congreso Nacional con la tiranía, que intentaba desarrollar sus desastrosas pretensiones; por más de once meses de debates parlamentarios había resistido con firmeza á un despotismo inmoral y desorganizador que pretendía dominar á su nación sin ningún designio político, sin ningún plan de engrandecimiento y de progreso, sin otra mira que la de enriquecer á unos cuantos hombres con los despojos de la República. Un año, pues, se ha perdido en esta lucha de la libertad y el orden con la inmoralidad y la opresión.

Durante este combate, el Congreso no ha podido hacer á los pueblos los bienes que deseaba; pero los males que ha evitado con su firmeza y energía, habrían consumado la ruina de la Patria: hoy es cuando apoyada la Representación nacional en la voluntad del pueblo, en el valor y fidelidad del Ejército y en la lealtad y patriotismo del Gobierno, comienza á trabajar y trabajará infatigablemente por la prosperidad de la República.

Quedan aún algunos elementos de discordia; se liarán todavía algunos esfuerzos para restablecer la arbitrariedad; pero la Nación se ha levantado en masa contra el caudillo de la anarquía, y un ligero esfuerzo de los pueblos bastará ya para humillarlo. El Congreso nacional se ocupará de preferencia en reformar la Constitución en aquellos puntos en que propende á un régimen monárquico.

Porque la democracia es principio predominante en la política americana, y México, la más rica y una de las naciones más civilizadas de América, no puede ni debe contrariar aquel principio.

Con el mismo empeño discutirá y reformará el Congreso las disposiciones constitucionales relativas á la administración departamental, y conservando en lo esencial las Bases del Gobierno establecido, dará á los gobiernos y asambleas de los Departamentos toda la amplitud de facultades que sea compatible con la nacionalidad del país y con la vigorosa autoridad que deben conservar los Poderes generales de la República, mientras el orden constitucional se consolida.

El Congreso examinará con circunspección las diferencias que un gobierno arbitrario suscitó con algunas potencias extranjeras. La Nación puede confiar en que las resoluciones del Congreso en puntos de tan grave interés, serán de tal naturaleza, que concilien el decoro y la dignidad de la República con la justicia y con la benevolencia que se debe á todas las naciones.

Después de su Independencia y de su Libertad nada hay más apreciable para México, que las relaciones de amistad y de comercio que conserva con las potencias más civilizadas de América y de Europa; y cualesquiera que sean las diferencias que se hayan suscitado entre México y aquellas potencias, terminarán de una manera ventajosa para aquellas naciones y para la República; porque debemos esperar de la civilización y filantropía de nuestro siglo, que no habrá ni pretensiones exageradas por una parte, ni por otra obstinación en negar lo que se reclame justamente.

El Congreso está investido de facultades extraconstitucionales para revisar y anular, ó modificar los actos del Gobierno provisional que se estableció por el plan de Tacubaya. El Congreso hará uso de estas facultades con toda la prudencia, circunspección y buena fe que exige el examen de unos actos en que están comprometidos tantos y tan diversos intereses.

Al hacer aquella revisión el Congreso no olvidará que representa á todas las clases de la sociedad, y que todas tienen derecho á ser oídas y á que sean atendidas sus reclamaciones.

Al ejercer una facultad verdaderamente discrecional, el Congreso escuchará con placer todas las opiniones, y en cuantos puntos lo creyere necesario al bien de la Nación, cumplirá con su prudencia y sabiduría lo que demande el rigor de la justicia.

El establecimiento del crédito público y el arreglo definitivo de la Hacienda, ocuparán toda la atención del Congreso en el próximo período de sus sesiones. El Gobierno actual, que profesa como principios de su administración la publicidad y la franqueza, patentizará ante la Nación todas las faltas y desaciertos cometidos por el Gobierno anterior, y manifestará al Congreso, con toda claridad y exactitud, el estado ruinoso á que quedó reducida la Hacienda bajo aquella Administración.

Conocerá entonces el Cuerpo legislativo toda la gravedad del mal, todo el desorden que se había introducido en la administración de los caudales públicos, todos los gravámenes á que están afectas las rentas del Erario, todos los contratos ruinosos para la Nación celebrados por un gobierno dilapidador; y, en fin, verá el Congreso hasta qué punto habían disminuido los ingresos al tesoro público, al mismo tiempo que se aumentaban sin cálculo y sin previsión las exacciones.

Pero conocerá también el Congreso nacional, cuáles son, á juicio del Gobierno, las economías y medidas administrativas que se deben adoptar para aumentar los ingresos y disminuir los gastos públicos. Conocerá igualmente los medios que convenga poner en ejecución para conciliar en cuanto sea posible los intereses de los acreedores al Erario, con los empleados y pensionistas que tienen derecho á percibir la retribución que la ley les ha asignado.

Este arreglo del Crédito público y la Hacienda, tan deseado por la Nación, es la grande obra que podrá consumar el Congreso actual, contando con el apoyo del Gobierno y con la cooperación de todas las clases de la sociedad, tan vivamente interesadas en que la Nación tenga Hacienda, y en que se ponga un término al aumento de esa deuda, que pesa ya enormemente sobre la República.

El hombre ambicioso que constantemente ha aspirado á establecer en el país un gobierno absoluto, creyó realizar sus miras dividiendo al Ejército y al pueblo; logró por mucho tiempo mantener la enemistad y la discordia entre el Ejército, á quien confía las armas la Nación para defender á las clases pacíficas é inermes, y el pueblo que paga al Ejército, que lo sostiene con su laboriosidad y que ha premiado siempre al guerrero sus patrióticos servicios. Tan profunda llegó á ser la división introducida por la tiranía entre el Ejército y el pueblo, que la existencia de uno y otro llegó á hacerse incompatible en la República.

Por una parte no se sabía cómo una nación tan extensa y tan despoblada como México pudiera hacer respetar su independencia, y por otra parte no se hallaba el medio de conciliar la existencia de un numeroso Ejército, con la libertad del país y con la estabilidad de sus instituciones. El problema se ha resuelto; la civilización ha penetrado entre las bayonetas, y ha hecho escuchar su voz entre el estruendo de las armas.

El pueblo y el Ejército se han dado al fin un abrazo fraternal; y este venturoso acontecimiento, por el que comenzó el movimiento político del memorable seis de Diciembre de 1844; este acontecimiento que con ansia deseaba la Nación hace tantos años, presagia á la República un porvenir de paz y de concordia, y al Ejército un porvenir de triunfos y de gloria, cuando tenga que combatir defendiendo la integridad de la Nación.

Consumada la gloriosa revolución del seis de Diciembre, el Congreso nacional confía ciegamente en la lealtad y patriotismo del Ejército, en el valor y en la fidelidad de sus ilustres jefes.

El Ejército y sus caudillos corresponderán dignamente á tan magnánima confianza. El hombre funesto, que degradando una institución tan noble como la del Ejército, quiso hacer de él un instrumento ciego de su tiránica ambición, introdujo en el mismo Ejército abusos y desórdenes funestos que es necesario corregir.

Una institución tan gloriosa no puede continuar en nuestro país llevando en su seno gérmenes de desorganización y causas de debilidad que la consumen; pero en esta vez, al tratarse de la reorganización del Ejército, los mismos jefes que han iniciado ó sostenido la gloriosa reacción contra la tiranía, auxiliarán sin duda al Congreso con sus luces, con sus talentos, y con la experiencia que han adquirido en los asuntos militares durante una vida de combates y de fatigas consagrada al servicio de la Patria.

La Nación es generosa y agradecida; y cuando salga del triste abatimiento á que la tiranía la ha reducido, recompensará con munificencia á los guerreros que han sido fieles á la causa del orden, de la civilización y de la libertad.

Cuando el Gobierno haya reprimido la sedición; cuando la República esté ya fuerte y vigorosa por la unión y concordia de sus hijos; cuando se hayan sancionado las bases para el restablecimiento del crédito público, para el arreglo de la Hacienda y para la reorganización del Ejército, el Congreso fijará toda su atención en los importantes negocios de Texas.

El Gobierno anterior aparentó deseos de hacer la guerra á aquel Departamento disidente, y con este pretexto exigía á la Nación sacrificios que la hubieran arruinado; contribuciones y gravámenes que habrían sido para aquella Administración una especulación muy lucrativa, pero que jamás hubieran dado por resultado la recuperación de Texas. Sin tantos sacrificios, sin tan gravosas exacciones, el Congreso y el Gobierno nacional terminarán la cuestión de Texas de una manera gloriosa y útil para México.

Si la guerra fuese inevitable, la Nación tendrá entonces todo el vigor, todos los recursos necesarios para hacerla; si la paz entre México y Texas fuere compatible con la gloria y dignidad de la República, quizá no convendría que se hiciera sino por tratados celebrados en la Frontera y al frente de un Ejército capaz de hacer respetar ante las Potencias extranjeras el poder y la nacionalidad de México.

Ojalá el Omnipotente, que ha dado fuerza y vigor á nuestras almas para resistir á una tiranía que parecía ya incontrastable, conceda á los hombres públicos de esta nueva época de libertad y de orden, la dicha de terminar esa cuestión de Texas que, con oprobio de la Nación, se ha prolongado tanto tiempo!

Quizá la Providencia, en sus benéficos designios, nos reservaba aquella gloria como una digna compensación de nuestros sacrificios y de las duras pruebas á que nos hemos visto sometidos en los puestos á que nos elevó la voluntad del pueblo.

Hemos permanecido en ellos fieles á las inspiraciones de nuestra conciencia, leales á nuestra Patria y firmes á nuestras opiniones y principios políticos, pero esperando siempre de la República un esfuerzo magnánimo que al fin se ha realizado; por él se ha reinstalado la Representación nacional, se ha restablecido una administración morigerada, franca y popular, y se ha afirmado el orden constitucional, única forma de gobierno por la que pueden regirse las naciones que hacen consistir su prosperidad en las luces que se difunden por medio de las ciencias, en las riquezas que proporciona la civilización, y en las virtudes que inspira el cristianismo.—Dije.

El General Herrera, al cerrar dichas sesiones, en 30 de Mayo.

Señores:

Vais á cerrar el primer período de vuestras sesiones con la satisfacción de dejar establecidos el orden y la paz en toda la República, restaurada la libertad y el sistema representativo, y asegurados los bienes del memorable 6 de Diciembre del año pasado.

El cambio que ha producido, tan glorioso por su origen como por sus consecuencias, lo encontraréis en los ramos de la Administración pública, en los Departamentos y en el respeto que se profesa á los derechos y garantías de los ciudadanos.

Seis meses han transcurrido, y este corto período, que encierra tantos beneficios para nuestra Patria, es más notable todavía por las esperanzas que ofrece de un porvenir digno del nombre que debe tener en el mundo civilizado.

Las ideas se confunden al pensar en la transición asombrosa de un estado violento en que nada valían las leyes ni el sistema constitucional, á otro que no presenta sino ejemplos de amor y veneración á las instituciones republicanas.

El Gobierno, desorganizado por un desorden qué hemos presenciado y que sin embargo, apenas podemos creer, vuelve á regularizarse. Departamentos se reaniman, y cubiertas en la mayor parte sus atenciones, la organización constitucional recibe sucesivamente grandes y saludables mejoras.

Se atiende al Ejército, y establecida la disciplina y desterrados los abusos que tanto degradaron la profesión militar, no se cuenta con otra seguridad para los ascensos que la del mérito y de la justicia. Se distribuyen, en fin, con equidad los caudales públicos, y son considerados sin favor ni distinciones odiosas, todos los que tienen derecho para ser atendidos como servidores de la Nación.

Los jueces y tribunales de Justicia que apenas podían ejercer sus importantes funciones por falta de medios para subsistir, desempeñan ya su autoridad y no hay ningún departamento en que no esté establecida.

La iniciativa que se ha hecho por el Ministerio de Justicia sobre códigos, podrá facilitar ó estimular, por lo menos, tan benéficos trabajos, que hace tiempo reclama la mejor administración de Justicia.

Por lo que toca á la represión de los bandidos que infestan algunos caminos de la República con tanto perjuicio de la propiedad individual y de la confianza interior, los Departamentos que van á tener ya los recursos suficientes para cubrir sus atenciones, podrán cuidar más inmediatamente de la seguridad pública con las fuerzas de policía que deben establecerse bajo una organización conveniente y que son las únicas que pueden exterminar á los malhechores, porque solo ellas podrán dedicarse á este servicio exclusivo con todo el éxito que desea el Gobierno.

El Congreso ha dado leyes altamente importantes .y benéficas. Ha fijado las bases y reglas para la revisión de actos del Gobierno provisional, y los trabajos del Ejecutivo y las Cámaras, sobre asunto tan grave, se hallan muy adelantados.

Está casi concluida la reforma de uno de los títulos de las Bases Orgánicas, y en ella están consignados todos los sentimientos que animan al Congreso en favor de la Administración. Departamental y del poder legal que debe conferírsele para que pueda cubrir todas sus necesidades, y florecer rápidamente los Departamentos.

La designación de rentas para éstos, les proporcionará más riqueza, y, en consecuencia, más recursos de todas clases para que puedan promover y llevar adelante los planes de mejoras y beneficencia pública, tan necesarios en todo pueblo ilustrado. Se ha quitado un gravamen odioso á la circulación de numerario en los Departamentos, y un préstamo injusto que pesaba todavía sobre los conciudadanos y que no estaba repartido con justicia ni con legalidad.

Se han dado algunos otros decretos menos importantes, y el Gobierno, que conoce todas las dificultades que se presentan á los Cuerpos legislativos para expedir multitud de leyes de trascendencia pública, se halla bien penetrado del celo de ambas Cámaras, y de que lo que falta que hacer quedará realizado en el resto del presente año.

Las relaciones diplomáticas se han restablecido satisfactoriamente, á excepción de las que conservaba la República con los Estados Unidos, interrumpidas de hecho desde fines del año pasado, y por una declaración oficial, luego que se supo que el Congreso y Gobierno americanos habían expedido una ley, en la cual se infiere un grande agravio á la República.

El Ministro de ésta en Washington y el de los Estados Unidos en México, se han retirado de sus respectivas misiones, y no es fácil decir á las Cámaras cuál será el término de estas diferencias, que ni el Gobierno ni la República han promovido directa ni indirectamente.

El Congreso, que fijando su atención en la política que debe seguirse respecto de Texas, ha considerado también la urgencia de poner término á una cuestión que tanto nos ha perjudicado, concedió al Ejecutivo la autorización necesaria para oír las proposiciones que Texas le ha hecho, y proceder á un arreglo ó celebrar un tratado conveniente y honroso para la República, sujetándolo al examen y aprobación del. Cuerpo Legislativo.

La necesidad por una parte, de apelar primero que á las armas á una negociación de paz, la de contrariar la política injusta de los Estados Unidos, y la de no contraer una especial responsabilidad decidiendo esta cuestión por el extremo más desfavorable para el país, han justificado completamente la conducta del Gobierno y las Cámaras, que sólo se han dirigido por una prudente y digna política y por sentimientos del más puro y acendrado patriotismo.

Recibidas las proposiciones preliminares de Texas y habiendo manifestado el Gobierno Supremo que está dispuesto á la negociación á que se le ha invitado, ésta tendrá ó no efecto, según el juicio que formare el Gobierno del carácter honroso y ventajas con que pueda concluirse.

Pero si Texas, en contradicción con el arreglo que acaba de iniciar, determinare su agregación á los Estados Unidos, el Congreso debe estar seguro de que, previsto este suceso muy de antemano por el Gobierno, y muy especialmente en la contestación que ha dado, quedan cubiertos para ese caso, no sólo nuestra justicia y nuestros derechos, sino, lo que es más todavía, el decoro y dignidad de la Nación.

Esta no podrá menos de estimar mucho que la conducta del Gobierno haya podido precaverla hasta ahora honrosamente del rompimiento que parecía inevitable con los Estados Unidos, y que por otra parte haya contribuido para impedir la agregación de Texas á su territorio. Si sus esfuerzos por una paz honrosa no fueren bastantes para conseguirla, sí realzarán la justicia de nuestra causa y de nuestros procedimientos.

Una complicación notable de circunstancias difíciles, y una necesidad urgente de que no podía prescindirse, obligaron al Congreso y al Gobierno á fijar su atención en los procesos políticos pendientes á consecuencia de la revolución de 6 de Diciembre.

Por graves que fueran los motivos para proseguirlos, por terminantes que fuesen las leyes por las cuales debía juzgarse á los que conculcaron las instituciones, la sociedad tenía otros derechos, que debían considerarse también por las Cámaras y el Ejecutivo.

La agitación que naturalmente producen las causas por delitos políticos, principalmente cuando éstas se prolongan por obstáculos que no pueden vencerse fácilmente, es un mal de tanta trascendencia, que siempre ha obligado á todos los gobiernos á pensar en diversas medidas de más ó menos clemencia que aseguren la paz, y quitar hasta el menor pretexto á los que puedan turbarla.

Ni era posible que volviera á desempeñar la Suprema Magistratura el que antes la había ejercido, ni tampoco podía procederse, durante su proceso, á la elección de Presidente constitucional. La ley de 24 del corriente ha salvado las dificultades de todos los extremos; y consecuente con el movimiento del 6 de Diciembre, ni ha dejado de ser generosa, ni ha puesto en peligro las instituciones y la libertad.

La elección de Presidente constitucional coronará la empresa que acometieron todos los mexicanos, y pondrá término, como lo espero, á ese cambio revolucionario que constantemente nos ha agitado, de los depositarios del Poder público y de los sistemas establecidos.

No parece ya probable que los que merezcan la confianza de gobernar á la Nación, abusen de sus leyes y conviertan contra ella la autoridad de que los ha investido.

Falta aún mucho que hacer al Congreso en el presente año para satisfacer las exigencias públicas. El Gobierno cuidará de designar como negocios propios de sesiones extraordinarias, todos aquellos que merezcan por su importancia ocupar el celo y la sabiduría del cuerpo legislativo.

Trabajemos pues, señores, sin descanso, y con el noble propósito de hacer el bien de nuestra patria, y de sobrellevar las dificultades que naturalmente presenta dejar concluida una acertada y conveniente organización política.

Sacrifiquémonos, si fuere necesario, por cumplir con nuestros deberes, bien penetrados de que la Providencia bendecirá nuestros trabajos, de que la Nación aplaudirá nuestros esfuerzos, y de que la justicia y las leyes serán en adelante el mejor fundamento de la paz y progresos de la República Mexicana.—Dije.

Contestación del Presidente del Congreso, D. Miguel Atristain.

Muy difíciles y comprometidas han sido las circunstancias en que la actual Representación nacional se ha encontrado para poder hacer el bien de los pueblos.

Después de un período excepcional de la Administración pública, en que la Nación corrió todos los riesgos del absolutismo para mejorar su situación, sin haberlo podido lograr; después de que en este tiempo parece que se quiso sobreponer la arbitrariedad al poder de la ley, y la voluntad de un hombre á la del pueblo, á quien pretendía mandar; y en fin, después de que se puso á prueba la fuerza moral dé los Cuerpos deliberantes, ya destruyéndolos con una providencia arbitraria ó ya oprimiéndolos con el Poder, poca esperanza tenían los mexicanos de que llegara un día en que se respetaran los principios, y las leyes ocuparan el lugar de una voluntad despótica.

Pero la Nación conoció sus derechos, y si algún tiempo estuvo adormecida ó alimentada con vanas promesas, después hizo un esfuerzo heroico y destruyó la tiranía, proclamando el cumplimiento de las Bases Orgánicas que actualmente nos rigen, con las modificaciones que era preciso adoptar, según las exigencias de los pueblos. El día 6 de Diciembre de 1844, era el señalado por la Providencia divina, para que en él se consumara el movimiento político que cambió la suerte de este país, y restituyó sus derechos á los mexicanos.

En este día de concordia y de alegría universal, todos pospusieron sus opiniones políticas al bien de la Patria, y no pensaron en otra cosa, que en unirse á las autoridades legítimas, para salvar el sistema representativo, que se había destruido en el memorable decreto de 29 de Noviembre del año anterior.

Entonces se creyó que la unión se había consolidado entre nosotros, que habían desaparecido las aspiraciones de los partidos, y que el triunfo de la ley había dado una lección bien clara de que á la Nación mexicana no se puede mandar despóticamente.

La Representación nacional y el Ejecutivo procuraron hacer que los pueblos percibieran todo el provecho de este glorioso cambio, y cada uno en la órbita de sus atribuciones constitucionales, ha tomado las medidas que las circunstancias han podido permitir.

Trastornados todos los ramos de la Administración pública por las providencias del Gobierno provisional, y contrariados los intereses locales, por el espíritu de aquella época que tendía á reconcentrar en el Ejecutivo toda la fuerza del Poder, era preciso que el Cuerpo Legislativo y el Gobierno procuraran expeditar el camino para que estos males tuvieran remedio.

Una de las primeras exigencias era la de declarar que la responsabilidad del Gobierno provisional no era de mera opinión, sino que se podía hacer efectiva según la sexta base del convenio de Tacubaya, único pacto que el dictador ofreció por garantía á los mexicanos.

Por eso el Congreso general, en una de sus primeras leyes, declaró nulo el decreto de 3 de Octubre de 1843, y fijó las bases para hacer efectiva esta responsabilidad, poniendo después en ejercicio esa facultad con la templanza y moderación con que un Cuerpo político debe tratar los grandes negocios del Estado.

Era también necesario para desarrollar el programa que adoptaron los pueblos al proclamar el último cambio político, que se reformaran las Bases Orgánicas, no tumultuariamente, ni como resultado de una revolución, siempre funesta para la Patria, sino por el orden legal que las mismas Bases señalan; y la Cámara de Diputados, obsequiando esta voluntad general, ha concluido ya dos actas de reformas, adoptando las iniciativas más liberales que han dirigido los Departamentos, y consultando en ellas todas las medidas que pueden asegurar los intereses locales.

Si estas reformas no satisfacen las ideas exageradas de algunos, la Representación nacional se lisonjea de que llenarán los deseos de los Departamentos y de la mayoría de la Nación.

La ley de clasificación de rentas que se expidió desde el año anterior, y que el Ejecutivo de aquella época no quiso sancionar, ha sido otro de los negocios que ha ocupado la atención del Cuerpo Legislativo; pues sin embargo do la gravedad é importancia se expeditó en la Cámara de Diputados, pasó á la de Senadores, y aunque volvió modificado el proyecto de ley, se ha reproducido en los términos que han parecido convenientes En esta ley se fija la Hacienda de los Departamentos, para que ellos la administren según les convenga con total independencia del Gobierno General.

El aseguramiento de la propiedad por medio de una ley que la garantice, la libertad de imprenta, el arreglo definitivo de la deuda exterior que de tiempo atrás se ha olvidado, la abolición del préstamo forzoso, la diminución de algunas contribuciones, el arreglo de la deuda interior de la República, la cesación de los tribunales militares que estableció el Gobierno provisional, la facultad que se le concedió al Ejecutivo para arreglar los negocios de la administración provisional, dando cuenta al Cuerpo Legislativo antes de poner en ejecución los convenios, la justa remuneración á que se han hecho acreedores los mexicanos que sostuvieron las instituciones y combatieron por ellas en los últimos meses del año anterior, el arreglo de los aranceles generales conforme á las Bases que han parecido convenientes; y, en fin, los negocios que han promovido algunos Departamentos, y otros particulares, han ocupado la atención del Cuerpo Legislativo en este período; y si algunos no se han expeditado aún, están muy adelantados y pueden concluirse fácilmente.

El Congreso, que no desconoció la situación del país, y que consideró que era preciso terminar con una medida política los resultados de la última revolución, concedió una amnistía franca y generosa á los generales, jefes y oficiales que pretendieron sostener con las armas en la mano el decreto de 29 de Noviembre del año anterior, y propuso también una conmutación de pena á la voluntad de los dos Presidentes de la República y de los Secretarios de despacho que intentaron destruir el sistema representativo.

Los resultados de esta medida los percibirá la Nación; y hoy, desde luego, se advierte que el Ejecutivo, manifestando un desprendimiento y desinterés que lo honra, ha iniciado la ley que se publicó ya, para que se proceda á la elección de Presidente de la República, concluyendo de este modo la actual crisis administrativa y consolidándose así el orden constitucional.

Entre las graves cuestiones que ha tenido que resolver el Cuerpo Legislativo, considera: como la más importante la de la agregación del territorio de Texas á los Estados Unidos del Norte, decretada ya por el Congreso de la Unión Americana.

Este proyecto usurpador, que el gabinete de Washington ha meditado muchos años ha, llegó, por fin, á descubrirse, y ha puesto á México en el caso de pensar seriamente sobre este negocio, en que se interesa no sólo el bienestar de la República en la actual generación, sino el de su felicidad perpetua.

Por eso se creyó conveniente autorizar al Ejecutivo, para quo, oyendo las proposiciones que ha hecho Texas, pueda arreglar un convenio que sea honroso para la Nación, impidiéndose de esta manera la agregación que está ya decretada.

Si esto se lograre, las generaciones que nos sucedan harán la justicia debida á los hombres que, sobreponiéndose al grito de los partidos, atendieron á la conveniencia pública, que siempre dura, sean cuales fueren las afecciones personales.

La Representación nacional ha oído con placer que se conservan en buen estado las relaciones de amistad con las potencias extranjeras, y siente que se haya alterado la armonía que debió haber entre México y los Estados Unidos del Norte, por la usurpación que se pretende hacer del Territorio de Texas; pero todo el mundo conocerá la justicia con que nuestra nación hace valer sus derechos.

Se congratula el Cuerpo Legislativo con el Gobierno por el deseo que manifiesta del arreglo de los ramos de la administración pública, y, en fin, cierra hoy sus sesiones con el dulce consuelo de ver restablecida la paz en todos los puntos de la República. Dios, que vela sobre los pueblos y los gobiernos, permita que se conserve para siempre entre los mexicanos.

El General Herrera, al abrir las sesiones del segundo período, en 1 de Julio de 1845.

Señores:

El Gobierno y la República os llaman para concluir los negocios importantes que quedaron pendientes en el período ordinario de vuestras sesiones y que hoy son el objeto de las extraordinarias á que estáis convocados.

El arreglo de la Hacienda y el examen y aprobación de los presupuestos generales, están designados, por otra parte, en las Bases, corno el trabajo á que debe consagrarse especialmente en el segundo período el Cuerpo Legislativo.

Ni vuestro celo ni vuestra solicitud por el bien público, debieron precipitar vuestras tareas; y ya que éstas se emplearon antes de una manera tan útil para la Nación, podéis continuarlas bien penetrados de que agradecerá debidamente vuestros servicios, y de que no hay duda tampoco del término feliz que tendrá la gloriosa misión confiada á sus representantes

La opinión cada día se rectifica más sobre las reformas constitucionales, y es muy satisfactorio observar que estando tan uniforme en cuanto á la ampliación conveniente de la administración interior de los Departamentos, lo está también sobre el principio conservador de la unidad nacional. Fortificada ésta por un sentimiento común, por una convicción profunda y por los títulos y grandeza de la Nación, cualquiera modificación que sufran las instituciones, ni será contraria al orden público, ni mucho menos á esa concordia general que existe y debe existir, así entre los ciudadanos, como entre los supremos poderes constitucionales y todas las autoridades superiores de los Departamentos.

La revisión de los actos del Gobierno provisional, hecha respectivamente ó por el Congreso ó por el Ejecutivo, quedará concluida, y yo no dudo que al ejercerse esta facultad se consultará á una prudente justicia. En una crisis en que nos hemos apartado de los extremos, nada debe interrumpir la conducta acertada que ha merecido la aprobación de los hombres sensatos y que es la única que puede cicatrizar las heridas que ha recibido la Patria.

Texas será el objeto, á un tiempo, de la política del patriotismo y de una resolución firme é irrevocable de la Representación nacional.

Tan dispuestos á unos convenios honrosos, como decididos á una guerra que hemos procurado evitar cuanto ha sido posible, la conducta que observare aquel Departamento al acordar ó no su agregación á los Estados Unidos, será también la que asegure un arreglo ó nos obligue á un rompimiento que por su misma naturaleza se hará extensivo á la Unión Americana.

No sólo posible, sino probable también es que Texas, en contradicción con el arreglo que ha, iniciado, sucumba á esas miras de usurpación que tanto irritan ya al mundo, y que amenazan turbar la buena inteligencia, no sólo con la República, sino con alguna otra nación poderosa, que, como nosotros, ve atacados sus derechos y en peligro sus posesiones.

Y si este fuera el extremo que las circunstancias hicieren adoptar, la República, que no ha rehusado la paz á que fué invitada por Texas, que ha recibido sus propuestas para que sean objeto de una negociación, pero que no ha manchado ni menoscabado ninguno de sus títulos á aquel Departamento, obrará como conviene á su honor, á sus prerrogativas y á su independencia.

Para que la Nación pueda conservar la misma actitud y el mismo espíritu con que se ha presentado en Diciembre del año anterior, nada conducirá más que el pronto y definitivo arreglo de la Hacienda pública.

Con este fin importante, y con el de asegurar los recursos de que necesita el Gobierno en las circunstancias presentes, el Ministerio del ramo propondrá los medios y leyes oportunas que ocuparán vuestra atención, y conciliarán, hasta donde lo permitan los gastos generales, el desahogo de la Administración con la comodidad y bienestar de todos los giros, y también de todos los ramos de la riqueza nacional.

Quisiera sepultar en el olvido la conjuración del 7 del pasado. Recordarla sólo, señores, debe encender vuestros ánimos, y agobiar con el dolor á nuestros corazones. Sin plan, sin excusa, sin pretexto siquiera, parece que fué dirigida exclusivamente á entronizar la anarquía y causar la ruina de los mexicanos.

Ni la clemencia del Congreso que acababa de conceder una amnistía, ni la política conciliadora y moderada del Gobierno, ni el voto de todos los ciudadanos, han podido desarmar á esos pocos hombres que quieren hacer un patrimonio de la Hacienda pública, ú ocupar por asalto los primeros puestos de la Nación.

Un esfuerzo unánime y una sola opinión sofocaron en una hora la tentativa infame, que no ha tenido otra consecuencia que el motín de Tabasco, y que ha sido execrada en toda la República, con el mismo entusiasmo que hizo del 6 de Diciembre un día de gloria y de unión nacional.

Sacrificados algunos mexicanos, atacado el Gobierno en su mismo palacio, protegida la traición, subvertidos los principios tutelares de la sociedad, y conculcadas la disciplina y subordinación militar, es enorme la responsabilidad que han contraído ante Dios y la Nación los promovedores de esos escándalos.

Fiel á mis juramentos, sujeto más que cualquiera otro ciudadano á las leyes, depositario de la fuerza pública, y protector con este carácter de la independencia del Poder judicial, dispuse que los criminales sometidos á sus jueces fuesen juzgados y sentenciados con la mayor libertad. La conducta de un gobierno que quiere ser justo, no debe variar por circunstancias pasajeras, y cuando él es ofendido inmediatamente, corresponde más á su buen nombre presentarse con la más generosa imparcialidad.

Pero sí debo lisonjearme de haber acatado las Bases constitucionales, de haber hecho cumplir en el jefe de la conspiración, la pena á que ha sido condenado; debo también lamentar, terminado el juicio y ante el Congreso nacional, que sus jueces se hayan separado de las leyes terminantes y expresas, que como todas las legislaciones del mundo, ha considerado el crimen de que se trata, tan grave, tan pernicioso, como son respetables y sagrados los primeros fundamentos de toda sociedad.

Luego que los tribunales encargados de administrar justicia, obran por consideraciones políticas ó por opiniones particulares, cesan las garantías, perece la libertad, quedan en inminente riesgo las vidas de los ciudadanos, y lejos de favorecer los principios de tolerancia y de concordia, se fomenta de la manera más funesta y odiosa la guerra civil.

El ejercicio de la atribución de perdonar puede ser en un congreso ó en un gobierno un acto sublime; pero usurparlo los que sólo están encargados de hacer triunfar la justicia, es destruir hasta sus cimientos el edificio social. Yo no he podido prescindir de suceso tan deplorable, porque el clamor general y la moral de la República, exigen que levante la voz para condenar un extravío, tanto menos excusable, cuanto ha sido conciliadora y humana la actual administración.

La lucha contra el orden legal y la existencia del Gobierno podrá prolongarse todavía lo que dure el frenesí de los que no conocen ni el poder ni la opinión de la República. Alguna prueba debía sufrir el cambio prodigioso que ha salvado á la patria, y era preciso y conveniente también que éste se realizara más con un nuevo triunfo y nuevas demostraciones de la voluntad nacional.

Nuestro deber, señores, es respetarla, sostenerla y unir todos nuestros esfuerzos para que ninguna facción, cualquiera que sea el ropaje con que se presente, se sobreponga al sistema de justicia y de legalidad en que están cifradas las esperanzas de los ciudadanos.

El Congreso y el Gobierno, centro de todos los bienes de unión y de paz, se prestarán mutuamente la cooperación que demanda el actual estado de la República. Satisfechos de su conducta, dirigidos por el patriotismo, encargados de una empresa tan difícil como gloriosa, y favorecidos especialmente por la Providencia, ni permitirán la anarquía, ni variarán de conducta, ni temerán tampoco el fallo de los mexicanos.—Dije.

Respuesta del Presidente del Congreso, D. Miguel Sagaceta.

Desde que triunfante la razón, se realizó en el mundo la asombrosa y filosófica revolución, que, cambiando el estado abatido de los hombres, hizo de los reyes ciudadanos, y puso el cetro en las manos soberanas de los pueblos, cesaron los gemidos que arrancaban al género humano la dura esclavitud, la arbitrariedad y el crimen: desde entonces la justicia pudo reprimir también los vicios de los poderosos; desde entonces el mérito y la virtud pudieron resplandecer también entre las clases humildes; no volvió ya más á confundirse el crimen con el poder, teniéndolo por nobleza; no volvió ya más á enmudecerse la voz augusta de la razón ante el enojo de los príncipes; y respirando la sociedad bajo la sombra protectora de la ley que impasible influye igualmente sobre todos, se fecundizó el sentimiento inextinguible, siempre naciente, de la libertad; sentimiento grande, sublime inspiración de la naturaleza; se proclamaron como tutelares de la sociedad y el más sólido fundamento de la legislación, las reglas inviolables de una moral pura y severa, reglas del corazón, preceptos inspirados por el Divino Autor de la naturaleza; y la política de los Gobiernos se cimentó sobre la máxima inmutable de que una República no puede ser bien gobernada sin la virtud en el pecho del ciudadano, sin un gran fondo de moral y de justicia en el corazón del magistrado; sublime máxima, encanto de la razón, noble objeto de la sociedad humana.

Saboreados con los frutos de tan importante máxima, los pueblos aliados de la antigua Roma, en los días felices en que su República la observó con integridad, bendijeron la suerte que los unió á un pueblo que aspiró á merecer por un suave y justo gobierno, el amor y la confianza; y todas las naciones de la tierra, á quienes la divina Providencia ha concedido magistrados íntegros, logran la felicidad de que sólo la justicia dirija las acciones del Gobierno, sólo la salud pública sea el objeto de los desvelos de la autoridad, y sólo el procomunal sea la norma de la Ley; nunca el capricho de los encargados del Poder.

Ejemplos bien tristes tiene la historia, de las desgracias que se originan por el olvido á la violación de estos saludables principios; pero ella nos enseña también, que si es cierto que los pueblos sufren por algún tiempo, al fin, su majestuosa voz restituye el reinado de la ley que es sólo el de la justicia, de la probidad y de la virtud.

Esta es, por fortuna, ciudadano Presidente, la época que parece ha llegado entre nosotros; la República Mexicana, que al conquistar su libertad entregó en manos de su gobierno mil elementos de felicidad, ha sido envuelta en las desgracias, destrozada por sus mismos hijos, y últimamente gobernada con un cetro de hierro en cambio de su generosidad y de sus virtudes: largo tiempo ha estado reclamando con dulzura los escandalosos excesos con que se ha violentado, y muchas veces recordó que ella era un pueblo libre y que debía ser gobernada por los sanos principios de una política justa; se despreció su voluntad, y no hizo eco en el corazón del Gobierno de la última época, la solemne declaración, que, á nombre de la República toda, se le hizo el día 1 de Enero de 1844 en la instalación del Congreso nacional, cuando desde este mismo asiento se la dijo de un modo expreso: "que los pueblos están cansados de promesas vanas y pomposas, que la contestación de si ha llegado el término de sus desgracias, ha de ser práctica, ha de reducirse á las obras, y que la base de éstas no puede ser otra, que la probidad de los depositarios del Poder."

Aquel Gobierno siguió otra senda, holló la Ley, violó sus juramentos, y la República, el 6 de Diciembre de 1844, día para siempre glorioso en la historia de los acontecimientos más hermosos, más puros, más admirables del mundo, con sólo invocar la Ley, hizo que el honor y la virtud ocuparan el asiento que asaltaron la perfidia y la maldad.

Este grato recuerdo será siempre una lección para los altos funcionarios; inculcará en sus almas la dulce verdad de que la política debe cimentarse sobre la base de una moral pura y estricta, y afianzará las garantías de los ciudadanos que sólo son felices cuando no los oprime la injusticia, cuando en la autoridad no ven acciones que censurar sino virtudes que imitar, cuando reinando la moralidad ella es la acusadora de los excesos y la salvaguardia de la inocencia; y este recuerdo importante en este día, anuncia á nuestra Patria que ya no será como hasta aquí el examen de los gastos públicos una teoría ineficaz, un medio engañoso, inventado para dilapidar impunemente el sudor de los ciudadanos que contribuyen para los gastos de la Nación, y que con dolor ven que sus afanes y privaciones, sus mismas lágrimas se emplean no en los sagrados objetos porque se les sacrifica, sino en el insultante lujo, en los torpes placeres de los altos funcionarios y el perjuicio del bien común; la solemnidad nacional de este día, anuncia á la República que el Poder Ejecutivo viene á tributar á la soberanía del pueblo el homenaje que le es debido, dándole cuenta fiel de la inversión de los caudales públicos: el Congreso desempeñará el penoso trabajo de su examen, no olvidando los severos principios de justicia y rectitud que han marcado su conducta.

Pasó ya el tiempo en que indignos Magistrados, considerando como su patrimonio los caudales de la Nación, multiplicaron los impuestos tanto como los nombres de los objetos, no para satisfacer necesidades reales del Erario, sí para cubrir deudas contraídas con ruina del tesoro y empleados en ruina de la Nación; no para fomentar los ramos de la prosperidad, sí para sostener una dominación, que no descansando en el amor del pueblo, necesitaba recursos de la violencia; no para hacer á la República fuerte en el interior y en el exterior respetable, sí para invertir con profusión insultante gruesas sumas para mantener un aparato vano de poder, á falta de la influencia que no merece un gobierno sino con la rectitud de su política: pasó ese tiempo, porque este día es el principio de un período de tareas legislativas, en que los representantes de la Nación, con fidelidad y empeño, se dedican á fijar como únicas las contribuciones que sean absolutamente necesarias, y á regularlas según las circunstancias de las clases contribuyentes, para que no pesen las cargas de la sociedad, ni de un modo desigual ni con perjuicio de las fortunas particulares.

Si para conseguir estos objetos fuere necesario establecer economías, las decretarán sin vacilar; si para moderar el gravamen que reportan los mexicanos, fuere preciso reducir los gastos, lo determinarán sin titubear; y para que no se consume la ruina de la agricultura, del comercio y de la industria, declararán su decidida protección á aquellos ramos, fuentes de la riqueza pública y dignos de fomento y de franquicias.

No será el actual Congreso quien olvide que los mexicanos han perdido la abundancia en que vivieron porque sus contribuciones se han dilapidado, y teniendo presente que aumentadas las necesidades y agotados los recursos, se afanan hoy por subsistir escasamente y pagar tantas contribuciones desusadas directas y fuertes que los agobian, no liará la designación de los impuestos sin atender al estado actual de la Nación; verá como muy sagrado el deber de aliviar al ciudadano el peso de las cargas sociales y contemplará como un axioma regulador de la ley, aquella célebre sentencia de un sabio economista de que todo lo que excede á las necesidades reales (en la designación de contribuciones) cesa de ser legítimo, sentencia eminentemente justa, que al mismo .tiempo defiende la fortuna del particular y condena el abuso de la autoridad.

Por lo demás, el Congreso nacional, convocado á sesiones extraordinarias en este mismo período, verá como un objeto digno de su preferente atención el de las reformas de las Bases constitucionales, para afirmar la tranquilidad pública, para organizar convenientemente el ejercicio de los Supremos Poderes, para dar vida á los Departamentos colocándolos en la altura política de que son dignos, de que fueron engañosamente arrebatados, y á la que no los elevará sino para derribarlos de nuevo, la exageración de los principios y el desenfreno de los partidos: por fin, para asegurar en el Código Fundamental los principios de una unión indisoluble entre todos los mexicanos, y el goce de los bienes de una sociedad arreglada en que imperen la ley, el orden y la justicia.

Sin reposo, el Congreso trabajará para arreglar todos los negocios pendientes, y se dedicará á, hacer efectiva la revisión de los actos del Gobierno provisional: así quedará obsequiada la voluntad de la Nación; así se habrá satisfecho la moral pública; así huirá para siempre de entre los mexicanos la esperanza de abusar, sin responsabilidad, de la confianza de la Nación.

En cuanto á los negocios de Texas, el Congreso los meditará: contemplando en el honor nacional, los resolverá sin mengua de la dignidad de la República.

La República Mexicana, con su moderación, sensatez y buen juicio, cooperará al logro de los deseos de sus representantes: el Ejecutivo de la Nación, y su digno Ministerio, auxiliarán eficazmente estas importantes tareas, dando un nuevo testimonio de su lealtad y patriotismo: por lo que al Congreso nacional toca, sin temor en los momentos del peligro y decidido á hacer el bien que de él dependa, reprimirá la anarquía con la firmeza misma con que venció al despotismo, y puede asegurar que desempeñará su alta misión, observando siempre los más severos principios de la moral, superiores á toda autoridad humana.

Si la divina Providencia, que tan manifiesta y bondadosamente ha protegido á los mexicanos, no retira su diestra bienhechora de nosotros, y nos concede los auxilios de clemencia sin los que el hombre nada puede, venturosa la República mexicana enjugará ya sus lágrimas, comenzará á gozar los dulces frutos de su independencia, y se realizarán los votos de los buenos mexicanos.—Dije.

El General D. J. Joaquín de Herrera, al jurar como Presidente Constitucional, en 16 de Septiembre de 1845.

Señores Diputados y Senadores:

La promesa que acabo de hacer delante de Dios en vuestra presencia, no será para mí un acto de pura ceremonia. En él he contraído un nuevo y solemne compromiso de guardar y hacer guardar las Leyes fundamentales de la República, y de procurar, en todo, el bien y prosperidad de la Nación; y en este mismo acto he cumplido, á la vez, dos diversas obligaciones: la una general, que la Ley impone á todo funcionario público antes de entrar al ejercicio de sus funciones; y la otra singular y contraída á mi persona, cuando me veo elevado á la Suprema Magistratura de mi Patria, por el voto libre y unánime de los pueblos, y por el conducto ordinario y legal con que ellos declaran su soberana voluntad. Yo imploro de nuevo el testimonio augusto del Ser Omnipotente que escudriña y conoce lo más recóndito del seno del hombre.

Él me sea testigo de la sinceridad de mi juramento y del firme y eficaz deseo que tengo de cumplirlo; y ¡vosotros, dignos é ilustrados representantes del magnánimo y generoso pueblo mexicano, recibid á su nombre el homenaje humilde de mi gratitud y considerad los tiernos impulsos que en estos momentos agitan mi corazón!

Aquí, y con tan cortas palabras, podría ya dar por terminada toda mi alocución, en un acto tan sublime y majestuoso.

Mas siendo justo y conveniente, por una parte, y estando, por otra, autorizado con la costumbre, que el Supremo Magistrado indique las reglas ó máximas que hayan de dirigir su conducta en el Gobierno, al tiempo mismo de poner sobre sus hombros una carga tan grave y delicada, yo voy á hacerlo así en este momento, insinuando muy breve y sencillamente los puntos capitales á que consagraré todos mis cuidados, y cuya reunión formará el plan ó programa de mi futura administración.

Debo, en primer lugar, hacer la más sincera protesta, ante el Poder Legislativo de la Nación, de que el fiel y puntual cumplimiento de las leyes, será el mayor empeño de mi Gobierno; porque estando, como estoy, muy persuadido de que las buenas leyes son el único apoyo de la felicidad nacional, llenaré mi deber ejecutando y haciendo ejecutar con exactitud las que dicte el primero de los Poderes, promoviendo las que, á juicio del Gobierno, fueren más convenientes y adecuadas á un fin tau importante, y ejerciendo las prerrogativas que le concede la Ley fundamental en la ardua empresa de la formación de las leyes.

Los pueblos no pueden gozar de felicidad sin orden y sin paz: éste, pues, será otro de los primeros empeños del Gobierno.

No puede haber orden y paz sin procurar con anhelo la unión y concordia de todos los mexicanos; y esto no podrá lograrse si no se guarda á todos y en todos los ramos de la Administración una justa igualdad, porque ella evita odiosidades y quejas fundadas y racionales.

Para que haya orden y paz, es también indispensable que el Gobierno sea el primero en dar ejemplo de la profesión práctica de estas virtudes, que son el fundamento y base de la prosperidad de las naciones.

En consecuencia, uno de los propósitos más firmes del Gobierno, será manifestarse sereno y pasivo entre los partidos que puedan formarse sobre la divergencia de opiniones.

Pero atended, os ruego, señores, á que hablo de meras opiniones, y de ninguna manera de desobediencias positivas, trastornos y asonadas Yo siempre tendré presente la máxima prudente y saludable que un profundo político dejó inculcada á los supremos directores de las sociedades civiles.

"Ninguno de éstos, dijo, debe hacerse partidario cerrado de alguna opinión política, sino dirigirlas todas con prudencia y precaución al bien común de la sociedad; pero reprimirá con vigor y con presteza el impulso de cualquiera facción, sea la que fuere, que llegue á comprometer la tranquilidad pública y la autoridad del Gobierno. Si éste no obrare así, se hará jefe de cábala; y debiendo ser padre común, se convertirá en enemigo de una parte de los ciudadanos, degradará su dignidad y se expondrá á todas las vicisitudes y á todos los peligros de la guerra civil."

Fuera de este caso en que lo exaltado de las opiniones llegue á tocar el extremo pernicioso y criminal de comprometer la tranquilidad pública, alterar el orden establecido y atacar ó perturbar siquiera la autoridad y el ejercicio libre y expedito de los poderes constitucionales, el Ejecutivo tendrá siempre en la memoria que todos los ciudadanos, de todas opiniones y partidos, forman el gran cuerpo social con iguales derechos para pretender é iguales deberes para transigir en beneficio de la comunidad.

Procurará, sobre todo, imitar en proporción á sus alcances, la conducta justa y filantrópica, noble y divina del gran Padre de la familia humana, que hace salir el sol sobre los buenos y los malos, y llover sobre los justos y los que no lo son.

Estando especialmente encomendado al Presidente el orden y tranquilidad en lo interior de la República, será también mi principal cuidado el de la Policía en todos sus, ramos, y señaladamente en el de la seguridad, porque estoy bien penetrado de que en ese ramo de la policía está apoyada la seguridad pública del Estado y la particular de los ciudadanos, y de que aquélla es el medio mejor para lograr la segunda, porque siempre es mucho mejor precaver el mal, que procurar el remedio después de padecido.

Cuidaré asimismo, y con el propio empeño, de la más pronta y recta Administración de la Justicia, sujetándome á los límites que prescribe al Poder Ejecutivo la ley fundamental de la República; pero procurando siempre, como lo he hecho hasta aquí, que la Magistratura sea cual debe ser en todo país libre y civilizado, esto es, dotada de toda la independencia y de toda la respetabilidad que corresponden al alto y noble fin de sus funciones naturales, y sacándola del abandono, de la miseria y abyección en que se ha tenido sumida por tanto tiempo, con oprobio y vilipendio de nuestra patria.

La conservación y mejora del Ejército, y su moralidad y disciplina, son tan indispensables en todo pueblo, como lo son los fines esenciales y precisos de su institución, á saber: el orden y tranquilidad en lo interior y la seguridad en lo exterior.

Y esta necesidad es hoy tanto mayor y tanto más urgente entre nosotros, cuanto se hallan interesadas la defensa de nuestro territorio, la recuperación de aquella parte que se nos ha usurpado, y la vindicación de los ultrajes é injurias hechas á la franqueza genial, á la sinceridad de nuestra confianza, al honor y dignidad y á la independencia y soberanía de nuestra patria.

Tales son, y de tanta magnitud y jerarquía, los empeños en que hoy se halla la República, y á proporción debe ser el desvelo y afán del Ejecutivo por la mejora de nuestro Ejército, de esa parte republicana de nuestro pueblo, que tiene el depósito de la fuerza armada, y sin la cual ni ella ni el Gobierno podrán llenar deberes tan vitales y sagrados.

La Hacienda pública será administrada con pureza y con esmero y distribuida con igualdad y proporción. Escandaliza, ciertamente, que entre hijos de una misma patria y entre servidores de una propia Nación, y tal vez de una propia clase, unos estén pagados con puntualidad, cuando á otros se adeuden cuantiosas sumas por sueldos devengados con su trabajo personal, y que unos gocen de comodidad y desahogo, cuando otros se hallen afligidos por la escasez y la miseria Remediar tan escandaloso contraste y establecer una justa igualdad entre todos los empleados que viven del Erario, es el más vehemente deseo del Ejecutivo.

Mas para que pueda hacerlo, y para quo el Gobierno pueda llenar en general todos sus deberes y desempeñar todas sus atribuciones, es indispensable que haya Hacienda, no en el nombre, sino en la realidad, ya que por desgracia el Gobierno actual no ha recibido más herencia que una deuda inmensa que cubrir, imposibilidad de satisfacerla con medidas ordinarias, y secas ó cegadas todas las fuentes de que pudiera sacar arbitrios para ocurrir á la conservación siquiera de la vida social. Y si el Gobierno para todo necesita de la cooperación del Cuerpo Legislativo, para esto ha menester de toda su autoridad, pero pronta é inmediata, enérgica y eficaz, constante y decidida.

Sin Hacienda las leyes no tienen objeto: el Gobierno carece de toda acción; la Policía no puede emprenderse en ninguno de sus ramos; la administración de justicia no podrá ni conservarse aun en el estado que tiene; los establecimientos de necesidad y de beneficencia se vuelven nulos y hasta ridículos; el Ejército no puede moverse; el territorio usurpado, lo quedará para siempre; y una vez perdida la esperanza de recuperarse, tras él irá perdiéndose sucesiva y gradualmente todo el de la República, y (me estremece el proferirlo) México, con tantos elementos de abundancia y de grandeza, vendrá á desaparecer de la vista de las naciones independientes; porque, en suma, señores, la Hacienda forma el alma del cuerpo social; con ella viven, crecen y se fortifican todos sus miembros; sin ella se paralizan y amortiguan, y aun sin que intervengan usurpaciones y causas extrañas, se disuelve y perece la sociedad. Así se explican los economistas, y así lo acredita evidentemente la experiencia.

Otra necesidad, también urgente é imperiosa tiene la República en las presentes circunstancias, y es, la de las reformas constitucionales. Esta exigencia es justa á todas luces y verdaderamente nacional.

Ella acompañó é hizo un eco suave y armonioso al grande movimiento del 6 de Diciembre; y su más pronta y cumplida satisfacción será un medio eficaz para reprimir el espíritu revolucionario que á veces se viste con el ropaje de la mejora y perfección, y con tal pretexto acomete empresas perniciosas y detestables.

Yo siempre veré con horror y tendré por un crimen atroz y por un atentado contra la soberanía nacional, el que en el campo de batalla y entre los furores de la guerra civil, se discutan y resuelvan á sangre y fuego, cuestiones políticas que sólo deben ventilarse y decidirse por razones y medidas de conciliación y conveniencia, en medio de la serenidad y de la calma, y por la autoridad libre y soberana de un Congreso formado por los representantes legítimos de la Patria.

Yo, por tanto, animado del más puro patriotismo, y estrechado por la fuerza imperiosa de estas necesidades, que el Gobierno está conociendo tan de cerca, me tomo la libertad de dirigiros respetuosamente la palabra, excitando vuestro celo y suplicándoos que apuréis vuestros esfuerzos y redobléis vuestras tareas para ocurrir á puntos de tan urgente y vital interés para la República.

La seguridad de ésta en lo exterior será juntamente otro de los constantes empeños del Gobierno. Con objeto tan importante procuraré conservar y fomentar las relaciones amistosas que nos ligan con las potencias extranjeras, precaviendo todo motivo de desavenencia y de discordia, dándolas gusto en todo lo que dependa del Gobierno; pero salvando siempre la soberanía, la independencia de la. República, su decoro y dignidad, y la observancia y respetabilidad de las leyes nacionales.

Ya habéis visto, señores, mis deseos, mis planes y mis votos. Para cumplirlos acabo de elegir un Ministerio compuesto de personas que satisfacen mi confianza, y deseo que merezcan la de toda la Nación.

Al elegirlas, desprendiéndome con todo sentimiento de los anteriores Ministros por su renuncia decidida, no me dejé llevar de mi propio concepto: lo sujeté gustoso al consejo espontáneo de mexicanos recomendables por su honradez y patriotismo, por su experiencia y su saber. Los elegí de vuestro mismo se no, con el importante objeto de patentizar, aun en esto, mi sincera y cordial armonía con el Cuerpo Legislativo.

Nada me resta, señores Diputados y Senadores, sino elevar mi corazón al Todopoderoso, implorando humilde su patrocinio y su favor.

¡Que el Padre de las luces se digne difundirlas en tan estimables legisladores!

¡Que el Dios de la justicia y de la paz tenga la bondad de concederlas á mi Gobierno!

¡Que el Dios de los ejércitos proteja al nuestro en la campaña!

¡Y que el día 16 de Septiembre de 1845, en que la Patria coloca sobre mis débiles hombros, el peso honroso, pero enorme, de su Suprema Magistratura, sirva alguna vez de grato recuerdo para la misma, á la manera que el ser político que tenemos en la sociedad universal de las naciones, nos hace hoy celebrar con júbilo el patriótico suceso concebido en igual día de 1810!—He dicho.

Respuesta del Presidente del Congreso, D. Demetrio Atontes de Oca.

Ciudadano Presidente:

Agobiada la Nación bajo el peso enorme de las desgracias que la oprimen desde el principio de su existencia: víctima de las continuas acciones y reacciones políticas, en que siempre se le ha prometido la destrucción de los abusos, el goce de la libertad verdadera, y todos los bienes de la sociedad civil, sin que jamás haya visto realizadas tan solemnes promesas; empobrecida, ultrajada, burlada sin cesar por las facciones fratricidas, que han usurpado alternativamente el nombre sagrado de la Patria para desgarrar sus entrañas con mano impía; esta Nación mil veces desgraciada, pero grande y magnánima, que con sólo un esfuerzo de su voluntad poderosa destruyó el ominoso despotismo que se había entronizado en su seno y humillado su excelsa dignidad; buscaba desde entonces con impaciente anhelo al hombre digno en quien de nuevo había de entregar el depósito de su honor, de su gloria, de su felicidad, para no ser otra vez engañada en sus esperanzas.

Los pueblos todos fijaron desde luego sus miradas en aquel ciudadano modesto y virtuoso, cuanto ilustre y benemérito, que siguiendo el impulso de la voluntad pública, restableció el imperio de las leyes, conservó incólumes las formas republicanas, y que llamado por la Carta Fundamental, empuñó desde esa feliz época las riendas del Gobierno en medio de las bendiciones de un pueblo entusiasta por su libertad, señalando su administración con pruebas continuadas de justificación y de prudencia en que se han enervado los conatos de la anarquía desoladora, que amenaza destruir la sociedad sembrando la discordia.

He aquí al hombre, dijeron, he aquí al hombre que la Providencia designa para curar las llagas de la Patria, estableciendo el reinado del orden, el dominio de la justicia; y el voto unánime de la Nación entera os escogió, ciudadano esclarecido, entre los grandes hombres de nuestro país, dignos también de los sufragios públicos, para claros la investidura sublime de Presidente Constitucional. ¡Voto del corazón, voto del reconocimiento, homenaje de honor y de confianza!

El juramento que habéis prestado en el seno del augusto Congreso Nacional. ha sido escuchado por los cielos, y la Nación lo ha recibido con verdadero júbilo porque lo ha formado un corazón recto, lo han pronunciado unos labios puros, y no es un juramento sacrílego que provoque la cólera de Dios, sino el vínculo más sagrado, más inviolable, más estrecho que os liga con la Patria y os empeña á consagraros á su felicidad.

La Nación tiene derecho de esperarlo, tiene confianza de obtenerlo: no teme ver frustrada su esperanza. Por eso os constituye depositario de su honor, tutor de sus derechos sacrosantos. ¡Y en qué día os entrega este depósito inestimable! 

En el gran día de la Patria, en el aniversario de aquel momento venturoso, en que el ilustre anciano de Dolores alzó su frente majestuosa, é inflamado con la gloria de un nuevo patriotismo puro, dió por primera vez en nuestro suelo el grito santo de Libertad, que propagándose con la rapidez del fuego eléctrico conmovió hasta el centro de las humildes chozas: él hizo temblar el trono de dos mundos!....

En este día solemne en que la Patria recuerda con placer las proezas de sus héroes, coloca en vuestras manos el timón del Estado para grabar más profundamente en vuestro corazón los terribles deberes que contraéis y poner ante vuestros ojos, los ejemplos sublimes de esos patricios venerandos, de cuyas glorias habéis tenido la dicha de participar.

Tremendos son, por cierto, esos deberes. Después de la crisis por que acaba de pasar la Nación, tiene mil males que curar: su remedio es difícil; pero ella está dócil para recibirlo. Aleccionada por una dolorosa experiencia, desea únicamente el reinado de la ley, la más estricta justicia, la energía inflexible en el castigo de los crímenes y en la represión de los desórdenes, la fijeza de los principios, la unidad de plan en la política del Gobierno, las mejoras físicas y morales que demanda la civilización del siglo y la estabilidad del orden público, sin el cual se mina la sociedad por sus cimientos y se precipita en su completa ruina.

Quiere que su voluntad sea respetada, sea obsequiada y obedecida, y este es sin duda el primer deber de un Magistrado popular; pero quiere que se distinga su verdadera voluntad, de la que supone la voz hipócrita de las facciones, ó el celo exagerado de los que por desear un optimismo repentino, impiden con su misma exigencia la acción del poder público, introducen la desconfianza y provocan al fin reacciones tempestuosas, que produciendo una incesante versatilidad, embarazan las mejoras sucesivas y graduales, únicas que pueden asegurar los progresos de la sociedad, como que se apoyan en las costumbres, se sostienen por la experiencia, y se conservan por los sentimientos profundos que engendran en las masas populares.

Este es el camino marcado por la naturaleza, y no puede abreviarse sin exponerse á una positiva retrogradación.

Quiere también cultivar la paz y la amistad con las altas Potencias: nada más satisfactorio para un pueblo culto que cumplir siempre con fidelidad los compromisos en que ha empeñado su fe: nada más grato que inspirar siempre sentimientos de benevolencia por la práctica de todos los deberes que la ley natural prescribe á las naciones soberanas: su gloria está cifrada en la observancia escrupulosa de esa ley eterna, que hace una familia sola de todo el género humano por los vínculos de la sociabilidad; pero íntimamente celosa de su honor y de sus derechos, quiere, sobre todo, que no se menoscabe su dignidad en las relaciones que guarda con los otros pueblos.

El sentimiento por la conservación de su independencia y de la plena soberanía que conquistó con su sangre, está grabado con caracteres indelebles en el corazón de todos sus hijos, desde aquel fausto día cuya memoria celebramos: es la herencia preciosa de nuestros padres, es nuestra vida, nuestra existencia misma: conservarla ilesa es el primer voto del pueblo mexicano.

Ve con dolor usurpada una rica porción de su territorio, vulnerados sus derechos más inconquistables, despreciada y ofendida su dignidad: quiere reivindicar tan altos bienes; y toda resistencia, todo, obstáculo que se oponga es efecto de intereses bastardos, no la voluntad nacional: es preciso vencerlos con mano fuerte, y este deberá ser el principal cuidado de vuestro gobierno.

Las reformas de la Constitución es una de las necesidades más imperiosas en el estado actual de la cosa pública: el Congreso está penetrado de su importancia; y en medio de las dificultades que presenta una época fecunda en acontecimientos críticos, seguirá con empeño la obra ya comenzada de introducir en el Código Fundamental las mejoras que aconseja la experiencia y el interés bien entendido del país, con aquella lealtad que debe distinguir á los representantes del pueblo: se complace de veros abundar en iguales deseos, y anhela porque se conserve siempre esa feliz uniformidad de designio, que facilitará este objeto grandioso, por el que tanto ha suspirado la Nación.

No debéis, pues, desanimaros en tan ardua empresa, si os dirigís por la guía segura y recta de la verdadera opinión nacional.

El Augusto Congreso ha visto con satisfacción el cuidadoso esmero que habéis puesto por elegir un Ministerio digno, formado de hombres llenos de saber y de experiencia y dueños de una reputación sin mancilla; y ha oído con especial agrado el programa de vuestra administración.

Él es dictado por los sanos principios, y no dudo que será fielmente observado por un Gobierno para quien la moralidad no es una quimera, y que reconoce la gran máxima del orador Romano, de que la mejor, la única política que puede asegurar la estabilidad de los gobiernos y la felicidad de los pueblos, es la que se funda en la exacta observancia de la justicia natural.

¡Que la Providencia divina se digne presidir en vuestros consejos! ¡Que se digne infundir en todos los ciudadanos el espíritu de rectitud; que asegure la obediencia de la ley, vínculo sin el cual no puede existir la sociedad!

¡Qué se digne sofocar la discordia y establecer la unión y la paz, primeros elementos de la prosperidad de las naciones, y únicos medios con que nos haremos respetar de nuestros enemigos!

Estos son los votos del Congreso, cuya cooperación os ofrece tan amplia y eficaz, como son sus deseos por la verdadera regeneración de nuestra sociedad.—He dicho.

Fuente:

Los presidentes de México ante la Nación : informes, manifiestos y documentos de 1821 a 1966. Editado por la XLVI Legislatura de la Cámara de Diputados. 5 tomos. México, Cámara de Diputados, 1966. Tomo 1. Informes y respuestas desde el 28 de septiembre de 1821 hasta el 16 de septiembre 1875.

Los cinco tomos fueron digitalizados por la Universidad de Texas:
http://lanic.utexas.edu/larrp/pm/sample2/mexican/history/index.html



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