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Siglo XIX > 1840-1849 > 1845

Ángel María Salgado a José de Arrillaga, sobre la necesidad de recurrir por vía judicial, a la recuperación del capital y réditos que debe la testamentaría de Victoria al Juzgado de Capellanías.
México, junio 17 de 1845.

Señor don José de Arrillaga.

Muy señor mío de toda mi atención.

La noticia que presenta usted en su recomendable de 27 del próximo pasado mayo, del estado a que se halla reducida la testamentaría del señor general Victoria, es en extremo triste y desconsoladora.

Por una parte han desaparecido todos los llenos de las fincas, que según la prueba del señor Victoria, existían cuando se le dio el capital del juzgado de capellanías; por otra parte se han hecho considerables aplicaciones a algunos acreedores que sin derechos preferentes han aprovechado diestramente la proximidad de los lugares.

Todo se explica con la propuesta con que termina la precitada de usted, de recibir en adjudicación terrenos suficientes para cubrir los capitales, perdonando partes o todos los réditos vencidos.

Esta condición tan perjudicial y gravosa, basta por sí sola, para que el juzgado de capellanías, por lo menos esta defensoría, nunca pase por ese arreglo.

Una máxima constante de aquel es la de sólo tener por bien perdido lo que se pierde como resultado de un juicio, porque su verdadero interés consiste en seguir enérgicamente las vías judiciales, en atención a que sólo la decisión judicial puede poner a cubierto su responsabilidad interna en los quebrantos que sufran los capitales o réditos.

El oficio de esta defensoría debe limitarse pues, a seguir esa máxima que le sirve como de instrucción general para todos los negocios del juzgado.

Además, encuentro sobrados fundamentos para sostener los derechos del juzgado de capellanías, en la adjunta carta que dirige a usted mi estimado compañero el señor don Atilano Sánchez.

Con mejores datos y conocimiento de los negocios del señor Victoria, presenta razones en mi concepto muy fundadas para anular todas las adjudicaciones hechas por la testamentaría del señor Victoria en perjuicio de los derechos del juzgado de capellanías.

Yo adopto en todas sus partes la instrucción que contiene esta carta, y la trasmito a usted como una instrucción de esta defensoría que debe servir a usted de base, supuesto su favor para emprender el litigio o litigios que sean necesarios hasta reintegrar al juzgado en su capital y réditos.

La prelación de este, es incuestionable, y para conocerla basta atender a que de todos los créditos que usted menciona, el mejor y más privilegiado es el de los señores Torres y con todo, y con todo estos no pudieron demandarlo mas que en virtud de la escritura de venta y en dicha escritura y en los otros documentos que el señor Victoria presentó al juzgado de capellanías, consta que los señores Torres se dieron por satisfechos de todo el precio de la hacienda del Tobo, y que en consecuencia perdieron todo el privilegio que pudiera tener como acreedores de dominio, porque para conservarlo es menester que conste que parte del precio no ha sido pagado y que se hipoteque la finca vendida por ese crédito, de modo que en faltando ambas circunstancias o cualquiera de ellas, el crédito será simplemente personal y de menos preferencia que todos los hipotecarios.

Creo inútil encargarme de calificar los otros créditos que usted refiere, así porque notoriamente no tienen antelación sobre el del juzgado, como porque a este le conviene dirigirse de preferencia sobre los bienes raíces que no pueden ocultarse y que en virtud de la acción hipotecaria se hallan sujetos a las reclamaciones del juzgado, aunque estén en manos de tercero o más poseedores.

Siempre es conveniente evitar las cuestiones cuando no sean necesarias; por lo tanto, espero que omitiendo las explicaciones extrajudiciales, que en mi concepto sólo pueden dar por resultado pérdida de tiempo, se sirva usted previa la conciliación, dirigir la demanda ejecutiva en virtud de la escritura que tiene usted en su poder contra la testamentaría del señor Victoria, embargar a consecuencia las fincas y terrenos de que aún esté en posesión, protestando la mejora sobre los otros bienes que se descubran; y que en caso de que todos no basten para cubrir el capital, réditos y costas, se seguirá la acción contra los señores Torres o cualesquiera otros que posean las fincas hipotecadas.

Seguido el juicio con estas salvaguardas por lo pronto, se podrán valuar y vender los terrenos, sobre que no halla contradicción, y cuando se haya efectuado la aplicación de lo que resulte al juzgado de capellanías, se aprenderá el litigio por lo que falte contra los señores Torres.

Como puede suceder que usted u otra persona les convenga la adjudicación personal de los terrenos en representación del crédito del juzgado, lo único que esta defensoría puede aconsejar es que el interesado venga a esta capital y haga su proposición directamente al juzgado, porque sólo de este modo pueden discutirse una por una las condiciones y proporcionarse los arreglos en la inteligencia de que si fuere necesario el emprender uno o más litigios, el juzgado de capellanías confía en que usted le continuará su favor con la misma prudencia y eficacia de que ha hecho usted uso para instrucción del estado de la testamentaría del señor Victoria.

Con esta ocasión me repito de usted atento afectísimo servidor, que besa sus manos.

Ángel María Salgado.

Fuente original:

AGN (Archivo General de la Nación), Bienes Nacionales, leg. 1693, c. 2517, exp. 5.

Fuente:

Carlos Herrejón Peredo y Carmen Saucedo Zarco. Guadalupe Victoria. Documentos. Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México. Secretaría de Educación Pública. México, 2012. Primera edición. 557 pp.