Buscar en  
  Página principal

  Conquista

  Independencia

  Revolución

  Siglo XXI

  Siglo XX

  Siglo XIX

      1890-1899

      1880-1889

      1870-1879

      1860-1869

      1850-1859

      1840-1849

          1849

          1848

          1847

          1846

          1845

          1844

          1843

          1842

          1841

          1840

      1830-1839

      1820-1829

      1810-1819

      1800-1809

  Siglo XVIII

  Siglo XVII

  Siglo XVI

  Siglo XV

Siglo XIX > 1840-1849 > 1844

Manifiesto de José Ignacio Gutiérrez.
Santa Anna de Tamaulipas, 19 de noviembre de 1844.

MANIFIESTO DE JOSÉ IGNACIO GUTIÉRREZ.

SANTA ANNA DE TAMAULIPAS, 19 DE NOVIEMBRE DE 1844.

Compatriotas:

Todas las revoluciones en su nacimiento se bautizan con los nombres más lisonjeros y las promesas más halagüeñas; pero rarísimas son las que teniendo objetos verdaderamente patrióticos y nacionales, corresponden á su programa y á las ilusiones que enjendran en el ánimo de un pueblo, como el nuestro, que cansado de padecer y derramar su sangre en los campos de la guerra civil, vé al fin que no ha hecho otra cosa que elevar algunos hombres, quedándose siempre ignorante, siempre pobre y degradado.

Parecía en estos últimos meses que habían acabado los partidos que por tanto tiempo han sacrificado la Nación, y que en medio de la paz y el orden todos pensaban en los grandes intereses de la República vinculados en el éxito de la campaña de Tejas; pero esta ilusiva esperanza desaparece, y una Asamblea departamental es la primera á dar el funesto ejemplo de rebelión contra el Congreso nacional queriendo imperiosamente la derogación de sus leyes supremas, contra las bases orgánicas pidiendo con altivez su reforma, contra el Gobierno establecido bajo pretextos frívolos.

¡Y luego se calumnia al ejército y dicen sus enemigos que los soldados son los que hacen las revoluciones y disponen de los destinos! Estas calumnias sin embargo no carecen absolutamente de motivo en el caso presente, porque también un General del ejército y algunos militares han secundado en Guadalajara el pronunciamiento de la Asamblea departamental.

Nadie ignora las causas que han lanzado al General Paredes al circo revolucionario: condecorado y distinguido por el Supremo Gobierno en el grado más alto que se conoce en la carrera de las armas, este General tan acreditado de valiente esquivó la expedición de Yucatán: rehusó la de Tejas, no quiso servir á su patria en la cámara de senadores, ni se creyó satisfecho con otras honoríficas consideraciones: abrigaba un añejo rencor, extraño de los pechos mejicanos, y quiere hoy una pueril venganza indigna de su decoro, y para conseguirla toma en boca el nombre de la Nación y del pueblo mejicano.

Tal es en compendio la revolución de Jalisco. Los hombres de todos los partidos, si son sensatos, la verán con repugnancia é indignacion, y por adversos que pudieran ser los sucesos de armas para el Supremo Gobierno, la Nación le hará justicia y execrará el nombre de todos los rebeldes.

Sea lo que fuere de las cuestiones políticas, en el alzamiento del General Paredes se trata de sus agravios personales nada mas, de sus intereses privados; y el haber perturbado la paz por motivos tan poco nobles, desde ahora le afrenta y le humilla, cualquiera que pueda ser el éxito de la lucha á despecho de los inmensos recursos del Gobierno.

Entretanto se decide, el General Paredes ha logrado por lo menos alarmar los ánimos, avivar la desunión y desconfianza, exaltar la inquietud, paralizar los giros é infundir temores para todos los cálculos.

No faltarán algunos anarquistas que intenten aprovecharse de las circunstancias para medrar en medio del desorden: sobre estos caerán indudablemente todo el poder de la justicia, y todas las consecuencias de su propia conducta, por que si en tiempo de paz poco se pierde en verles con sobrada tolerancia y desmedida induljencia, en tiempos críticos la paz es la salud de los pueblos y esta la suprema ley de las sociedades.

En el actual creo de absoluta necesidad que todos obremos alrededor del Gobierno Supremo para que cuanto antes concluya esa revolución que ya ha causado algunos males positivos y se restablezca la tranquilidad pública tan necesaria para salir de nuestros compromisos nacionales.

Es tiempo ya de que los mentidos patriotas no hagan del pueblo mejicano una víctima de escarnio.

¡Algún día hemos de tener un Gobierno estable que nos modere, nos corrija y nos haga justos, civilizados y verdaderamente libres!

Fuente:

Román Iglesias González (Introducción y recopilación). Planes políticos, proclamas, manifiestos y otros documentos de la Independencia al México moderno, 1812-1940.  Universidad Nacional Autónoma de México. Instituto de Investigaciones Jurídicas. Serie C. Estudios Históricos, Núm. 74. Edición y formación en computadora al cuidado de Isidro Saucedo.  México, 1998. p. 248-249.