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Siglo XIX > 1840-1849 > 1843

Certificación médica sobre la enfermedad y muerte de Victoria, por el médico Antonio González del Castillo.
Perote, marzo 22 de 1843.

El bachiller Antonio G. del Castillo, profesor de medicinas y cirugía.

Primer ayudante director del Hospital Militar de segunda clase de Perote.

Certifico bajo mi palabra de honor: que cuando me encargué de la curación del excelentísimo señor General de División Benemérito de la Patria don Guadalupe Victoria, que se hallaba gravemente enfermo en el pueblo de Santa María Tlapacoya, el 26 de noviembre del año pasado, e informándome de sus padecimientos, me hizo la relación siguiente, pues aunque el señor don Joaquín Quijano me hizo una narración de la enfermedad de Epilepsia de que estaba atacado y que como encargado de su curación por orden del señor gobernador de la fortaleza ínterin era un profesor recibido, le había ordenado las medicinas que según su concepto habían sido las más adecuadas a su enfermedad; que hacía cuatro años que padecía dicho ataque epiléptico del que lo habían curado diversos facultativos en la capital de Mégico, que mirando que continuaba malo, pasó a medicarse a Puebla, y a otros varios lugares, y últimamente a Tlapacoya donde se había agravado.

Que todos sus males provenían de unas afecciones vivas que tenía en su alma causadas por su patria, que se le presentaban muchas veces sensaciones de terror y otras de furor.

Que cuando le daba el ataque ni antes ni después sentía dolor, máximo sólo laxitudes en el estómago; pero que tomando alimento se le quitaban y quedaba en estado anterior que me había expresado.

En virtud de lo expuesto, clasifiqué la enfermedad de una epilepsia y ratifiqué más mi juicio cuando al día siguiente a las siete de la noche le dio el acceso y se presentaron los síntomas siguientes:

Invasión repentina, pérdida de conocimiento, caída no estando en pie, disborción de los ojos, contracciones involuntarias de estos órganos y los de la boca; hinchazón del cuello; gritos sonoros en el principio; convulsiones de los músculos de la cara, acompañadas de una espuma blanca y espesa arrojada por la boca; color del rostro al principio de púrpura en unos puntos y los labios de violeta; y al final del ataque se puso pálido y los labios amoratados, hinchazón del pecho y abdomen; disborciones de las extremidades superiores e inferiores; pulso intermitente y débil.

La accesión le duró veinte y cinco minutos, y cuando le pasó quedó por cerca de diez minutos en reposo y tranquilidad, quedando expedito después del ataque, y manifestándome se le diese alimento por la laxitud de estómago que sentía.

El método curativo que adopté durante la accesión, fue el revulsivo y estimulante, y en el tiempo que lo estuve curando usé el tónico y estimulante, uniendo muchas veces los antiespasmódicos y narcóticos, modificándolos según convenía.

Los alimentos fueron los más nutritivos y suculentos, prescribiéndole dieta de aquellos que conocía le eran nocivos, pues su debilidad era suma y la postración de fuerzas excesiva.

Por este medio conseguí restablecerlo en Tlapacoya y mirando que el temperamento de este pueblo no era análogo a su enfermedad por ser extremadamente caliente, lo transporté el 6 de diciembre del año pasado al pueblo de Tesuitlan, más adaptable para su reposición, pues el acceso epiléptico no le dio mas que dos veces, habiendo habido para ello causas suficientes, y no le duró cada uno mas que tres minutos.

Habiéndose repuesto mucho más, fue transportado a Perote el 9 de febrero del presente año cuyo temperamento era muy propio por ser frío, para las enfermedades de esta clase.

En efecto se logró en el mes que llevaba en la fortaleza, que se repusiese pues llegó el caso de que ya no quiso tomar ninguna medicina por encontrarse mejor.

Comía bien y dormía las noches con tranquilidad, no guardaba dieta de ninguna clase de alimentos.

Este estado me demostraba su verdadero restablecimiento, hasta el día 6 de marzo en que recargándose de ideas tristes su imaginación y comprimiéndose su espíritu hasta el grado de verle lágrimas, que según me expresó, eran por ver el estado de su patria, decayó en tal grado que al cuarto día en la mañana se afectó de un dolor de pecho tan agudo y vivo, dando tan fuertes quejidos, que no hallaba consuelo y habiéndoseme llamado en el mismo momento, hice mis observaciones para poder conocer y clasificar la enfermedad que le había atacado.

Los síntomas que se presentaban eran el dolor general del pecho, cesando en intervalos y volviéndose a aumentar; color de rostro y labios natural; bordes y centro de la lengua lo mismo; ninguna sed; suma inapetencia; vientre blando y suave; orina corta dejando un sedimento color de lasvillo; pulso irregular, débil y concentrado; enfriamiento de las extremidades superiores e inferiores.

Dichos síntomas me manifestaron haberse presentado una Hipertrophia en el corazón, enfermedad que a la verdad supera los recursos del arte.

El método curativo que adopté fue el revulsivo hemoliente y atemperante, usando al exterior el estimulante muchas veces, en su medio usé el de varios autores recomendables y modernos que traen varios métodos especiales para esta enfermedad.

Y últimamente usé el tónico y los narcóticos para hacer calmar la exacerbación de los síntomas y reanimar el sumo estado de debilidad por la falta de nutrición, pues su inapetencia fue tan grande que se negó completamente a tomar alimentos y cuando accedía no sería una onza la que contenía su estómago en las veinticuatro horas.

En este estado permaneció gravemente, diez días hasta el veintiuno que terminó su existencia a las doce y media del día.

Autopsia del cadáver.

Después de puestos los preparativos que se necesitan para la inspección, y los practicantes y ayudantes necesarios, se comenzó esta a las cinco y media de la tarde, dando principio por la cavidad del abdomen.

Ninguno de los órganos contenidos en ella tenían lesión alguna, lo mismo que los de la generación.

Se continuó con los del pecho y sólo el corazón era el que se hallaba hinchado y voluminoso y sus orificios estrechos tenían unas manchas al exterior circulares y amoratadas del diámetro de una pulgada y en los restantes puntos un color natural.

Habiéndolo dilatado se encontró dentro tanto en los ventrículo derecho e izquierdo, cantidad de fibrina en estado de maseración y en la unión de los dos ventrículos, hacia su parte media una abertura hasta el exterior del diámetro de cuatro líneas, demostrando haber reventado cuando expiró.

Pero entre el corazón y pericardio no había ningún derrame. Los pulmones y demás órganos ninguna lesión tenían.

Concluida la disección se procedió a lo siguiente.

Embalsamiento.

Este se hizo lo mejor que se pudo, pues el pueblo de Perote y lo corto del tiempo no permitía se hiciese según varios métodos modernos que hay de autores muy clásicos, para conservar las momias, y yo hubiera querido permaneciese por muchos años íntegra la de este valeroso atlecta, [sic] para que las generaciones futuras admirasen a este héroe primogénito de nuestra independencia, quien exhaló el último suspiro por su adorada patria.

La premura del tiempo no me permite difundirme con más extensión sobre la enfermedad, curación, autopsia y embalsamiento de este certificado.

Pido a la nación sea indulgente conmigo al llegar este a sus manos, lo mismo que a mis dignos comprofesores y sólo consideren que van a cerciorarse de la muerte de un gran hombre que buscó el lugar más oscuro para concluir, y que sólo la obediencia al gobierno y las relaciones de un amigo le hicieron trasladarse a la fortaleza de San Carlos, donde la parca le cortó el hilo a los cincuenta y ocho lustros de su edad.

Perote, marzo 22 de 1843.

Antonio González del Castillo.

[Rúbrica]

Fuente original:

SDN (Secretaría de la Defensa Nacional), Archivo de Cancelados, copia en INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia), Archivo de Guadalupe Victoria.

Fuente:

Carlos Herrejón Peredo y Carmen Saucedo Zarco. Guadalupe Victoria. Documentos. Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México. Secretaría de Educación Pública. México, 2012. Primera edición. 557 pp.