Buscar en  
  Página principal

  Conquista

  Independencia

  Revolución

  Siglo XXI

  Siglo XX

  Siglo XIX

      1890-1899

      1880-1889

      1870-1879

      1860-1869

      1850-1859

      1840-1849

          1849

          1848

          1847

          1846

          1845

          1844

          1843

          1842

          1841

          1840

      1830-1839

      1820-1829

      1810-1819

      1800-1809

  Siglo XVIII

  Siglo XVII

  Siglo XVI

  Siglo XV

Siglo XIX > 1840-1849 > 1841

Manifiesto y Plan del general Paredes.
Guadalajara, 8 de agosto de 1841.

MANIFIESTO Y PLAN DEL GENERAL PAREDES.

GUADALAJARA, 8 DE AGOSTO DE 1841.

(..) sentimientos de los pueblos tiene también límites, señalados por sus propia felicidad (..) como con las innovaciones; mucho arriesga el país que, saltando de un ensayo (..) de un modo estable de manera de ser; pero ¿qué queda (..) es cierto, su tamaño inmenso y su correctivo inseguro?

   (..) que la República se halla en ese lamentable estado, al que cualquiera (...) que aventajar, es cerrar los ojos á la luz meridiana.

Un abismo sobre á nuestras plantas; preciso es cegarlo ó perecer en él. Largo tiempo há, (..) años, que los sucesos se encadenan de tal modo en este infortunado que se han quitado hasta la esperanza de salud; y la quietud aparente con (..) y tanto mal, no es, no, la satisfactoria aprobación del que goza: la desesperada resignación del que no halla posible el remedio á sus angustiosos (...)

   (..) con su sangre nuestros progenitores políticos su noble ardimiento; y se (..) que apenas comenzada la constancia que dieron á su patria, manos inestables la desempeñen en la sima que abrieron nuestros impecables destinos?

Y si sería (.. ) atribuir á los hombres de hoy toda la suma de males de que adolecen la patria, es sin duda una amarga verdad que la nación entera, los hombres de todos los partidos reconocen que estos existen, y que aquellos bien que se les quiera suponer la verdad, no alcanzarán el poder de conjurar la tormenta que truena sobre sus cabezas, que ellos van con una estólida tranquilidad.

Sin embargo, durante los últimos cuatro años, hemos visto ocupar los ministerios (...) que ofrecían mil y mil halagüeñas esperanzas ¡esperanzas engañosas!

Unos (...) abandonado sus sillas, otros se han conservado en ellas; y la nación no ha sentido (..) que la reagravación de sus males, que ya tocan al más lamentable de los estremos (..) funesta indecisión, una debilidad incapáz de vigorizarse, son los caracteres marcados, únicos con que el gobierno se ha distinguido, y que pasando, al parecer, por (..) los depositarios del poder público, han inspirado á la nación con el saludable terror (..) revoluciones, la resignación con el fin que amenaza á su existencia política.

Los paréntesis corresponden probablemente a números y letras utilizados para una clasificación.

¿Y lo veremos acercarse sin intentar siquiera desviarlo? ¿Podremos suponer que la nación entera ame su ruina?

Reposen en buena hora aquellos para quienes la suerte de su patria ha llegado á ser indiferente; aquellos que, afectando estar convencidos de que no tiene remedio, no son capaces de exhalar un suspiro por procurárselo; pero si (..) quien se duela del inmenso infortunio de la República; si hay quien se sienta la (..) bajo el pecho un corazón noble, capaz de sacrificarlo todo por su salvación, ¿du(..) hoy la vemos ya sepultarse?

En efecto, la República parece atacada de una decrepitud prematura, ó bien (..) una prolongada imbecilidad infantil.

Sean, enhorabuena, gran parte en nuestras desgracias, nuestra educación, no, bien olvidada, y nuestras nuevas costumbres, no (...) aprendidas; pero en veinte años, si no podríamos ya haber tocado el límite á que (...) los primeros pueblos de la tierra; no parece que debiéramos tampoco ser, como (...), el último, al sucumbir ya, apenas nacidos, á la ruina, al aniquilamiento que (...).

Seamos, pues, grandes; busquémos el camino de la prosperidad, y solo el intentarlo no será glorioso.

Pereceremos quizá; acaso el cielo que tanto favorecería nuestros primeros pasos para darnos un ser político, prepara en nosotros un grande escarmiento (..) mando; pero á los menos dejemos una memoria grata de nuestro tránsito por el camino de los pueblos libres; sea la ira de Dios (si nuestros humildes ruegos no logran desarmar su diestra) la que nos destruya, y en nuestro pobre y envilecido espíritu.

Si el silencioso sufrimiento de una honda pesadumbre bastara á templarla, ya tendríamos asegurada nuestra dicha, porque ¿qué pueblo ha sufrido más que el mejicano ni cuál ha sabido mejor devorar en silencio su pesar?

Recórranse nuestros sucesos políticos; acerquémonos á los ojos esa página, no concluida, de la historia de nuestros últimos años, y dígase luego si continuando tales como son hoy nuestro gobierno dados diversos ramos de su cuidado, deberemos esperar algo que no haga estremecer al (..) egoista de los mejicanos.

Salíamos apenas de la esclavitud, y con la candorosa sencillez de un niño, veíamos una íntima aliada en cada una de las otras naciones.

Dolorosos recuerdos, funesto se (..) de pesares forman la historia de nuestras relaciones diplomáticas, y por vergonzosa que parezca que continúan, preciso es conocer que el gobierno ha tenido gran parte en conducirnos a la embarazosa posición que hoy guardamos injusta de las otras naciones, porque sin ser bastante justo para satisfacer cumplidamente las demandas razonables de sus ministros, no ha sido bastantemente vigoroso para repelerlas cuando (..) en injustos pretestos, en injuriosos avances ni ha sido generoso hasta perdonar (..) gran crimen, ni enérgico hasta castigarlo ejemplarmente; ni ha sabido sucumbir con (..), ni resistir esforzadamente.

De aquí el favor á los enemigos de la integridad del territorio mejicano, dispensando sin contradicción; de aquí el vergonzoso término de la guerra con Francia, en que toda la gloria pertenece al puñado de valientes que expusieron su vida por la patria, y toda la oprobiosa mancha al gobierno que descuidado dio motivo al rompimiento para abandonar al azar la independencia nacional; de aquí las incesantes quejas de las demás naciones, su desvío y quizá su resolución no lejana de intervenir en nuestras interminables desavenencias, y dividir en fracciones el territorio nacional que ha principiado ya á desmoronarse.....

¿Qué hace entretanto el gobierno actual de la República? ¿Cuidará acaso de prevenir prudentemente este golpe, ya procurando mejorar el ejército, ya arreglando la hacienda, ya calmando las intestinas discordias y llamando á su derredor sinceramente á todos los mejicanos?

Los tristes sucesos con que terminó el funesto año de 1838, son la muestra de la solicitud del gobierno en asegurar la sagrada independencia de la nación, por medios á propósito para resistir las armas extrangeras.

Nuestros nietos, al leer la relación de esos terribles acontecimientos, dudarán de la verdad de la imparcial historia cuando refieran:

Que en San Juan de Ulúa no había pólvora con qué disparar sus baterías; que los pocos soldados destinados por el gobierno para defender á Veracruz, llegaron cuando la Ciudad no era defendible, y que á este abandono punible no se ha tenido vergüenza de decorarse con el distintivo honorífico con que la patria reconocida retribuye el cruento holocausto de los Hidalgos, Morelos é Iturbides.

De entonces acá se han prodigado, es cierto númerosos empleos, condecoraciones sin término á la escogida corte que rodea en Méjico al gobierno pero los más celosos defensores de la nación han esperimentado el abandono del gobierno mismo en los momentos del peligro; se han (...) nuestros puertos y fronteras se han hecho pasar sobre las tropas que debieran defender allí la independencia é integridad del territorio nacional toda la (...) del erario con la más espantosa desidia del gobierno, y dejando así al ejército vivir sobre el país, se le ha puesto en pugna con los pueblos que deberían ver en él la salvaguardia de sus derechos, se les ha obligado a tenerlo como un enemigo el mas encarnizado.

Para (...) á las necesidades de una parte de él no se hallo más sublime en cierta época que arruinar nuestra naciente industria y éste atentado que los representantes del pueblo no creían que merecían ni aun el examen que reclama la justicia el (...), hecho el sello á la odio (... )

¿Qué opondría hoy el gobierno á un puñado de aventureros que invadieron al (...), cuando á los franceses solo pudo oponerles, con ocho meses de prevenirla con cuantos cañones desmoronándose; cuando hace cuatro años se nos repite que se va á conquistar á Tejas; cuando los bárbaros entran á su placer en nuestras fronteras, y las (..) y propiedades de sus habitantes están defendidas por ellos solos y por unos cuantos soldados, valientes, sí, que al fin son mejicanos, pero olvidamos enteramente por el gobierno; cuando todas nuestras fortalezas están desmanteladas; cuando no tenemos un mejorable bote siquiera que oponer á la ridícula escuadrilla de Tejas; cuando en fin, el primer magistrado de la República se vió no hace muchos dias preso en su palacio y la capital ardiendo por la guerra civil.

Nada se ha hecho en el departamento de la guerra; ¿y el de hacienda? Las contribuciones abruman ya á los pueblos; cada día se provoca su sufrimiento con (..) é insuficientes gabelas; el comercio, la industria, las propiedades, todo cruje nuestro peso de las ecsacciones.

En vano clama el comercio por la correccion del malhadado arancel de la tiráncia pauta de comisos, por la modificación de ese quince por ciento odiosísimo; en vano reclama la industria el sostén de sus leyes protectoras, la libertad del tabaco á su estanco á favor de la nación; los propietarios se querían de tanta y tanta ¡mposición de diversos nombres; en vano grita la nación entera por la amortización del cobre; el gobierno sigue su marcha rutinera; empeña las rentas en ciento para cubrir los diez de la necesidad de hoy, y condenan á la miseria á los pueblos.

A este sistema, si tal puede llamarse, deben atribuirse fenómenos nunca vistos en política; el curso de la marcha de los agentes del gobierno paralizados por el gobierno mismo: la justicia mal administrada, y sus dispensadores huyendo de su santuario a buscar en otra parte con qué subsistir; en una palabra el crédito público inferior al del ciudadano más pobre.

¿Qué es, pues, lo que multiplica tanto las ecsacciones?.

Los magistrados, los empleados del gobierno, el ejército, las viudas, los retirados, todos se hallan sumergidos en la miseria; nada se atiende; á nadie se paga, y la deuda pública crece.

¿A qué se espera para arreglar la hacienda? ¿En qué pues se invierten las cuantiosas colectaciones de tanto tributo?

Parecía ya haberse apagado el fuego de las revoluciones cuando se eligió la última vez el supremo magistrado de la nación, sin embargo de que la nueva constitución (..), no satisfizo ninguna de las esperanzas que se alimentaran por el bienestar de la patria por se libracen concebir otras nuevas; se aguijonean los deseos, y no se tiene la energía de sofocar las exaltaciones, ni la dignidad de escucharlas quejas.

Una fría burla ha respondido á la espectación de las reformas constitucionales, y la reprobación general de las propuestas basta para calificar hasta donde puedan ocurrir á las exigencias públicas.

Entre tanto, por todas partes el gobierno carece de fuerza moral y física de los diputados se han desnudado del prestigio que deberían tener: el poder judicial mendiga hasta el papel en que escribir sus decisiones.

De aquí los intentos revolucionarios sin más objeto que probar otra suerte con otras personas; de aquí que la prolongación de la guerra civil, el envilecimiento de los empleados, la inseguridad de los caminos; de aquí la desmembracion del territorio nacional; de aquí, en fin, la ruina segura de la patria.

Apelemos, pues, en este general desquiciamiento á ella misma, ya que su voluntad no es acatada, aunque tan altamente demostrada, de sus actuales mandatarios; cese su influjo funesto en los negocios, y oigamos una vez sola siquiera la libre voz de todos los hombres de todos los partidos; todos quizá tienen quejas justas que exponer, todos tienen esperanzas de mejorar; todos en fin, son capaces de sacrificar estas quejas, estas esperanzas para salvar á la patria.

Reunámonos, pues, á su derredor, y buscando cordialmente el remedio á sus espantosos destinos futuros, zanjemos los cimientos de su ventura.

Estos son los motivos, éstos los fines, con que nos hemos decidido á proponer á la nación entera las bases siguientes. Ellas no son otra cosa, que la expresión de su voluntad misma.

Primera.- Se convocará un Congreso nacional extraordinario, elegido bajo las bases más amplias, y cumplidamente facultado para reformar la constitución, y con solo esta única exclusiva atribución.

Segunda.- Entre tanto la desempeña, el S. P. Conservador encargará el ejecutivo a un ciudadano de su confianza como facultado extraordinariamente, y dará cuenta de sus actos al primer Congreso Constitucional.

Tercera.- Al efecto, el actual Congreso, que se reunirá para estos solos actos, iniciará y el S. P. Conservador declarará la incapacidad del actual presidente de la República excitado el primero por la S. Corte de justicia, iniciará y el S. P. Conservador declarará la voluntad de la nación, respecto de la persona que haya de entrar al ejercicio del Ejecutivo.

Cuarta.- Este designará el día de la instalación del Congreso estraordinario, la forma de su elección y el tiempo que debe durar en su encargo.

Guadalajara, 8 de Agosto de 1841.

Como Comandante general de Departamento.

Fuente:

Román Iglesias González (Introducción y recopilación). Planes políticos, proclamas, manifiestos y otros documentos de la Independencia al México moderno, 1812-1940.  Universidad Nacional Autónoma de México. Instituto de Investigaciones Jurídicas. Serie C. Estudios Históricos, Núm. 74. Edición y formación en computadora al cuidado de Isidro Saucedo.  México, 1998. p. 191-195.